Aún seguimos en la misma posición cuando oigo una voz. Más bien un carraspeo, a nuestro lado. Levanto la cabeza para mirar la procedencia del sonido, pero mantengo los brazos alrededor del cuello de Ian, y él los suyos en mi cintura.
Es Héctor.
-Blair, ya tenemos todo lo que nos hacía falta. De tu declaración quiero decir. -Después mira a Ian- En cuanto a ti Ian, haremos que este incidente nunca ha pasado. Entre vosotros y yo... Se merece eso y más.
Me separo de Ian en cuanto él se levanta y me coloco frente a Héctor.
-Gracias, señor Acosta. Por todo. -Le digo.
-De nada Blair, Ian. -Dice a modo de despedida y vuelve hacia el despacho de Dayle.
Me giro hacia Ian. Nos quedamos mirándonos, comunicándonos con la mirada durante un rato que parece una eternidad. Por un momento me acuerdo de mi perrito. Abro mucho los ojos, asustada. Cuando Iván me secuestró Loki estaba en casa. Ian imita mi expresión, alarmado por mi cambio.
-¿Qué pasa?
-¿Loki?
Se relaja en seguida.
-Está bien, Holly se lo llevó a su casa mientras tú... Ya sabes.
Llamo a Holly para avisarle de que vamos a pasar por allí para coger a Loki y para yo hablar con ella de todo, ya que la noche anterior no tuvimos oportunidad. Me dice que Matt también se pasará. Intento no pensar en todo lo que habrán pasado...
Cuando aparcamos cerca de casa de Holly me fijo en las manos de Ian, en el volante. Aún tiene los nudillos manchados. Él apaga el motor y se dispone a salir.
-Espera.
Ian se detiene con la mano en la puerta y me mira confundido. Abro la guantera y saco un paquete de pañuelos.
-Dame tus manos.
Él lo comprende en seguida tras mirárselas.
-Me había olvidado... -Dice en un susurro- Dame, lo hago yo.
-No, quiero hacerlo yo.
Me tiende una de sus manos, froto con el pañuelo pero la sangre está seca. En la misma guantera hay una botella de agua. Dejo su mano en mi regazo y abro la botella. Vierto un poco de agua en el pañuelo y vuelvo a frotar su mano, esta vez se va. Después repito el proceso con la otra mano.
-Espero no volver a tener que hacer esto. -Le digo y para tranquilizarle le dirijo una sonrisa, que creo que no me sale muy convincente.
-Tenlo por seguro. -Me dice con otra sonrisa igual.
Echo de menos verle sonreír de verdad. No quiero que esté así por mí.
-Ven aquí.
Él se acerca leyendo mis intenciones en mi mirada y se acerca todo lo posible que nos permite el coche. Juntamos nuestros labios y los movemos, insistentes mientras mezclamos nuestras lenguas. Enredo una mano en su pelo y le intento acercar más a mí, aunque es imposible. Su mano acaricia mi pierna y sube más arriba, hacia el vértice de mis muslos. El pulso me atrona los oídos cuando llega a su destino y suelto un gemido en su boca, él sonríe contra mis labios. Esto es lo que quería.
Por un momento recuerdo por qué estamos aquí.
-Como sigamos así no saldremos nunca del coche, y tendremos espectadores. -Digo rozando su labio inferior con los dientes.
-Mmm... Te diría que no me importa en cuanto lo primero que has dicho. Pero no quiero que nadie más vea lo perfecta que eres más que yo.
-Sabes que soy solo tuya. -Me separo un poco y le miro a los ojos.
Él me devuelve su mirada azul, más animada que hace unos segundos.
-Y yo que soy solo tuyo.
Nos sonreímos como dos tontos y volvemos a besarnos una última vez antes de salir del coche.
Tras mil abrazos de parte de Holly, otros tantos de Matt y con Loki pegado a mí me decido a hablar de todo lo que ha pasado estas últimas dos semanas. Nos sentamos alrededor de la mesa de la cocina con una cerveza cada uno. Cuento una vez más la historia, con muchos más detalles de los que he contado en comisaría. Observo como Ian se encoge a mi lado, Matt aprieta su mano alrededor de la cerveza, temo que al final acabe rompiendo el cristal y Holly con lágrimas en los ojos.
-Hasta que llegaste tú. -Miro a Holly- Y aquí estoy. -No quiero contarles nada más, no quiero verles así- ¿Cómo supisteis dónde estaba? -Le pregunto a ella.
Holly sorbe por la nariz. Acerco mi silla a la suya y le paso un brazo por los hombros, abrazándola.
-No lo cuentes si no quieres.
-No, no. Tengo que hacerlo. -Se pasa el dorso de la mano por las mejillas y suspira- Fui a Málaga por una corazonada, creía que Jorge... Esto Iván, tenía algo que ver con tu familia. Hablé con tu padre y me enseñó los diarios de tu madre. Dentro contaba muchas cosas, pero leí cuando tus abuelos contrataron a una niñera, que a menudo le pegaba a él, sólo a él.
>>La niñera está desde hace tiempo en la cárcel, por tráfico de niños. -Las dos nos estremecemos a la vez- También leí que fueron de vacaciones a una casa de un lago y tus abuelos invitaron a la niñera. Después no describe mucho más, si no que el hermano de Marta murió ahogado.
>>Llevé ese diario a Héctor Acosta y decidió que mis sospechas tenían sentido por lo que fuimos a hablar con Ángela, la niñera. Ella nos contó la misma historia pero con más detalles en la última parte. Hizo que tu tío perdiera el conocimiento en el agua y le inyectó una droga que para el corazón por un tiempo. Todos creían que había muerto. Ella lo sacó más adelante de la morgue y se lo quedó. Cuando él cumplió quince años se largó y después... Lo de... Tu madre...
Me quedo unos instantes en silencio analizando lo que me ha contado, ella sigue hablando.
-Nos dijo donde estaba la casa y fuimos Héctor y yo para investigar. Esa parte la recuerdas perfectamente. Pensaba que el plan se iba a la mierda cuando me miraste y te quedaste paralizada.
Aprieto más mi brazo a su alrededor.
-No te imaginas la alegría que sentí en aquellos momentos. Tuve que contenerme... No te imaginas cuanto para no abrazarte en ese momento.
Ella entrelaza su mano con la mía y me sonríe.
-Después hablamos con el FBI y se puso en marcha el plan. Mientras ellos iban hacia la casa a mí me obligaron a volver a Los Ángeles. De milagro evito que este tío de aquí -alarga el brazo y le da un manotazo a Ian por encima de la mesa- no viniera a toda pastilla y echara a perder la operación.
Todos nos reímos menos Matt.
-¿Por qué no me dijiste nada?
-Porque con lo cabezota que eres hubieras ido hasta corriendo.
Matt se pone colorado, sabe que es verdad. Todos nos volvemos a reír. Yo me levanto y me coloco detrás de Matt, le rodeo con los brazos y le doy un beso en la mejilla.
-Venga no te enfades.
-No lo hago. -Espeta.
Suelto una carcajada.
-Sí lo haces, síiiiiiiiiii. -Le revuelvo el pelo.
No lo puede evitar y se peina riéndose.
Tras dejarnos a Loki y a mí en casa Ian se marcha a la suya, ya que mañana tiene muchas cosas que hacer. Recuperar el tiempo de trabajo que ha perdido por mi culpa. Claro que él no lo ha expresado así. Nada más tumbarme en la cama ya le echo de menos. Alargo la mano hacia mi mesita en busca del móvil. Pero recuerdo que Iván me lo quitó. "Genial".
Loki viene corriendo a mi habitación y se tumba a mi lado en la cama, le acaricio mecánicamente debajo del hocico y me acabo quedando dormida con la ropa puesta.
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sábado, 5 de septiembre de 2015
martes, 1 de septiembre de 2015
Capítulo 46.
Una vez en casa de Ian nos vamos directamente a su habitación. Rebusca en su armario y saca una camiseta suya gris. Me dispongo a desvestirme.
-Espera. -Dice acercándose a mí- Déjame hacerlo a mí.
Me acerco a él hasta que nuestros cuerpos casi se tocan.
-Adelante. -Le digo.
Ian deja la camiseta sobre la cama, que está a nuestro lado y se vuelve a girar para mirarme. Me coge el bajo de la sudadera que llevo puesta y estiro los brazos para ayudarle. Me la saca por la cabeza seguida de la camiseta que tengo debajo. Después se agacha, me coge un pie y me quita la zapatilla y el calcetín. Seguidamente hace lo mismo con el otro pie. Al levantarse me desabrocha el botón de mis vaqueros y me los saca lentamente. Una vez abajo levanto un pie, apoyándome en su hombro y después el otro. Se levanta y se queda mirándome, a los ojos.
-Ahora quiero hacerlo yo. -Le digo.
Asiente y me sonríe con ternura. Yo le devuelvo la sonrisa. Deslizo por sus hombros la chaqueta de cuero que cae al suelo con un ruido sordo y agarro el bajo de su suéter. Él sube los brazos y se inclina para que pueda quitársela. Después hago lo mismo que ha hecho él conmigo con sus zapatos. Me levanto y le desato el cinturón, después desabrocho el botón de sus pantalones y se los quito. Nos quedamos los dos en ropa interior.
Ian se dispone a coger la camiseta que me iba a dejar pero agarro su mano para detenerle.
-Déjala.
Él no pregunta. Me acaricia el pómulo con un dedo y se inclina para besarme. Vierto todo mi amor en ese beso, haciéndole saber que estoy aquí de verdad. Que le quiero y que soy suya.
-Te quiero tanto... -Susurra contra mis labios.
Sonrío contra ellos.
-Tanto como yo a ti.
Vuelvo a besarle, con fuerza. Todo lo que he pasado estos días queda atrás, escondido en un rincón de mi mente. Le aprieto contra mí y nos disponemos a recuperar el tiempo perdido.
Cuando me despierto me encuentro con la mirada de Ian, observándome.
-¿Cuánto llevas despierto?
Tengo una pierna suya entre las mías y uno de sus brazos me rodea. Con los dedos me acaricia la espalda.
-No mucho.
Veo en sus ojos la preocupación y acerco mi cara a la suya para darle un beso, quiero borrarle la preocupación a besos.
Cuando me separo sigue con la misma expresión.
-¿Por qué me miras así?
-Han sido las dos peores semanas de mi vida. Por un momento creí que...
Pongo un dedo en sus labios.
-No hablemos de eso, por favor. Ahora estoy aquí, ya ha pasado todo. ¿No basta con eso?
Junta su frente con la mía.
-Sí...
Y volvemos a besarnos.
Nos dirigimos a comisaria en el coche de Ian. Aún me tienen que hacer unas preguntas. Al menos tuvo la decencia de dejarme ir a casa después de todo lo que pasé. Pienso esto mientras golpeo rítmicamente mi pierna con los dedos. La mano derecha de Ian atrapa la mía haciendo que pare.
-¿Estás nerviosa?
-Un poco...
-Tranquila, estaré a tu lado todo el tiempo. -Dicho esto se lleva mi mano a los labios y me besa los nudillos.
Me estremezco ante su roce.
-¿Crees que te dejarán entrar?
Llevo mi mano, entrelazada con la suya, a mi regazo.
-Más les vale.
Aparca en frente de la puerta y bajamos del coche. En un momento le tengo a mi lado y me vuelve a coger la mano. Vamos hacia la comisaría en silencio.
En cuanto entramos la agente que ocupa una mesa cerca de la entrada clava la mirada en mí. Nos acercamos ahí.
-Señorita Cooper, la estábamos esperando. Pase al despacho del inspector Dayle directamente, por favor. Creo que su amigo conoce muy bien el camino. -Dice con cierto sarcasmo.
Observo como Ian alza una ceja interrogante, pero tira de mi mano y nos dirigimos hacia allí.
-¿A qué ha venido eso? -Le pregunto.
-Venía todos los días aquí. Por si había noticias tuyas.
Se me encoge el corazón. Me lo imagino viniendo hacia aquí, día tras día, sin que se supiera nada.
-Oye. -Sigue diciendo él-. No pasa nada, ya estás aquí como tú has dicho ¿no? Acabemos con esto.
Sé que en realidad no cree lo que ha dicho pero decido no contestar. En cuanto estamos frente a una puerta él llama con los nudillos y a continuación abre la puerta del todo para que se me vea a mi también.
Dentro veo a un tipo entrado en años con el pelo ligeramente cano y facciones duras, que supongo que será Dayle y a su lado a Héctor.
-Pasa, Blair. -Me dice Héctor amablemente.
Ian se dispone a entrar conmigo.
-Señor Somerhalder, ¿le importaría esperar fuera?
-¿Por qué? -Espeta Ian.
Con mi mano libre le aprieto el brazo.
-No pasa nada, luego nos veremos.
Él clava su mirada en mí y se relaja visiblemente. Suelta mi mano y antes de irse me acaricia rápidamente la mejilla.
Entro y cierro la puerta detrás de mí.
-Se te ve mucho mejor. -Dayle señala una silla en frente de ellos dos y yo me siento. No recuerdo haberle visto anoche.
-¿Qué tal has pasado la noche? -Me pregunta Héctor.
-Bien, bien... -Y me sonrojo al recordar lo ocurrido cuando llegamos a casa de Ian.
Dayle y Héctor se remueven incómodos al ver mi expresión. Tengo que evitar reírme.
-Sentimos que tengas que volver aquí de nuevo, pero necesitamos tu declaración. -Dice Dayle.
-No pasa nada, lo entiendo.
Héctor me observa a su lado, en silencio.
-¿Puedes contarnos todo lo que ocurrió hace dos semanas desde que saliste del trabajo?
Un escalofrío me recorre la columna al recordarlo. Pero cuento la historia sin detenerme, a pesar de los continuos temblores que acuden a mí cuando revivo todo en mi mente. Cuando me abordó en la calle y me desperté en aquella habitación vacía. Cuando me llevó a esa habitación llena de cosas y pasaban los días mientras estaba allí encerrada. La tarde que Iván acudió a la habitación y me contó su historia, como intenté escapar y fallé en el intento. Exactamente todo hasta la llegada de Holly y cuando al día siguiente me sacaron de allí.
Dayle apunta cosas en su libreta mientras hablo, también observo la cámara de vídeo que me estaba grabando desde que me senté y a Héctor con la misma expresión de antes.
-¿Seguro que no te olvidas de nada? Es importante.
-Estoy completamente segura.
-Bien. -Dayle apunta una última cosa.
-¿Qué va a pasar con mi t... con Iván?
-Lo más seguro es que pase buena parte de lo que le queda de vida en la cárcel. -Contesta Héctor.
-¿Está aquí? -Pregunto en un susurro.
Él asiente con la cabeza y no dice nada más. Tampoco quiero saberlo.
Seguidamente se oye jaleo fuera. Como mucha gente junta de repente. Héctor y Dayle se levantan rápidamente y yo les imito. Les piso los talones cuando salen fuera del despacho y corren hacia la derecha. Me tapan la vista por lo que no veo nada. Por un momento, entre ellos veo a alguien en el suelo y a otra persona encima.
Es Ian. Golpeando como un loco a Iván, que está tendido en el suelo intentando protegerse con los brazos. Dos hombres intentan apartarlo de encima sin conseguirlo y por detrás vienen más.
-¡Ian! -Grito mientras de un empujón aparto a Dayle y Héctor y corro hacia él. -¡IAN! -Vuelvo a gritar sin obtener señales de que él me haya oído.
Finalmente llego a él y agarro su brazo, que iba dirigido de nuevo hacia la cara de Iván. Consiguen apartar a Ian de él, que tiene la cara ensangrentada y gira la cabeza, escupiendo sangre en el suelo.
Mientras los oficiales continúan agarrando a Ian, que lucha por librarse de ellos. Voy hacia él y agarro su cara obligándole a mirarme.
-¡Ian mírame!
Él baja su mirada hacia mí. Sus ojos azules están oscurecidos por la rabia y su expresión totalmente descompuesta. Respira agitadamente y no aparta la vista de mí.
-Eso es... Ya está.
Junta su frente con la mía y cierra los ojos, intentado calmarse. Los agentes aún no le han soltado por lo que es el único contacto que tenemos.
-¡Jodida puta! -Oigo a mis espaldas.
Giro la cabeza mientras veo como Dayle, O'Brien y Héctor intentan llevarse a Iván. Este último lanza de nuevo un escupitajo sanguinolento en mi dirección.
-¡Estás muerta! -Grita de nuevo.
Por un momento Ian se revuelve de nuevo y libera un brazo pero consiguen detenerle. Yo me coloco en frente de él mientras se debate entre los brazos que lo sujetan.
-¡No merece la pena! ¡No le hagas caso!
Los agentes le obligan a moverse para alejarlo de allí y yo voy al lado de Ian todo el tiempo. Temblorosa por lo ocurrido. Una vez en la sala de espera le sientan en una de las sillas.
-Yo me ocupo. -Les digo a los tres hombres.
Ellos me miran sin dar muestras de moverse. Hablo en voz baja para que solo me oigan ellos.
-Por favor, lo peor ya ha pasado. Yo puedo calmarle.
-Está bien, -dice el que está en el centro, el más joven- pero nos mantendremos cerca.
Se alejan y me doy la vuelta para mirar a mi chico. Tiene los codos apoyados en las rodillas y las manos en su pelo, veo rastros de sangre en sus nudillos.
-¡Debería volver y matarle! -Dice con la vista en el suelo.
Espero un momento a que se calme y me arrodillo entre sus piernas, le alzo la barbilla para mirarle. Esta vez su mirada de dulcifica cuando me mira.
-¿Estás bien? -Le pregunto tras unos instantes.
-Lo siento. -Dice evitando mi pregunta.
-¿Por qué?
-Por todo lo que ha pasado.
-No hay nada que sentir, no deberían haberlo sacado con nosotros aquí...
-No digo eso.
Le acaricio el pelo, esperando a que siga hablando.
-Lo siento por todo. Si hubiera estado contigo todo el tiempo desde el principio, él no te hubiera cogido, todo estaría bien y no tendría que haberle golpeado hasta...
-Calla. -Le digo interrumpiéndole- No... ¿En serio piensas que esto es culpa tuya?
Él me devuelve la mirada, confirmando mi pregunta.
-¡Ni se te ocurra pensar eso!
Me acerco más a él hasta que nuestros rostros quedan a milímetros.
-No quiero volver a oír nada sobre este tema entre nosotros, ¿entendido?
Ian me mira en silencio.
-Prométemelo.
-Pero...
-¡Prométemelo!
Suspira y su aliento me acaricia la cara. Siento ganas de besarle, pero antes quiero oír esa palabra...
-Te lo prometo. -Dice en voz muy baja.
-Bien. -Seguidamente junto mis labios a los suyos durante unos segundos mientras me levanto.
Al separarnos él sigue sentado, por lo que le miro desde arriba. Le abrazo y el apoya la cabeza en mi pecho, rodeándome la cintura. Hundo la cara en su pelo y aspiro su aroma.
-Espera. -Dice acercándose a mí- Déjame hacerlo a mí.
Me acerco a él hasta que nuestros cuerpos casi se tocan.
-Adelante. -Le digo.
Ian deja la camiseta sobre la cama, que está a nuestro lado y se vuelve a girar para mirarme. Me coge el bajo de la sudadera que llevo puesta y estiro los brazos para ayudarle. Me la saca por la cabeza seguida de la camiseta que tengo debajo. Después se agacha, me coge un pie y me quita la zapatilla y el calcetín. Seguidamente hace lo mismo con el otro pie. Al levantarse me desabrocha el botón de mis vaqueros y me los saca lentamente. Una vez abajo levanto un pie, apoyándome en su hombro y después el otro. Se levanta y se queda mirándome, a los ojos.
-Ahora quiero hacerlo yo. -Le digo.
Asiente y me sonríe con ternura. Yo le devuelvo la sonrisa. Deslizo por sus hombros la chaqueta de cuero que cae al suelo con un ruido sordo y agarro el bajo de su suéter. Él sube los brazos y se inclina para que pueda quitársela. Después hago lo mismo que ha hecho él conmigo con sus zapatos. Me levanto y le desato el cinturón, después desabrocho el botón de sus pantalones y se los quito. Nos quedamos los dos en ropa interior.
Ian se dispone a coger la camiseta que me iba a dejar pero agarro su mano para detenerle.
-Déjala.
Él no pregunta. Me acaricia el pómulo con un dedo y se inclina para besarme. Vierto todo mi amor en ese beso, haciéndole saber que estoy aquí de verdad. Que le quiero y que soy suya.
-Te quiero tanto... -Susurra contra mis labios.
Sonrío contra ellos.
-Tanto como yo a ti.
Vuelvo a besarle, con fuerza. Todo lo que he pasado estos días queda atrás, escondido en un rincón de mi mente. Le aprieto contra mí y nos disponemos a recuperar el tiempo perdido.
Cuando me despierto me encuentro con la mirada de Ian, observándome.
-¿Cuánto llevas despierto?
Tengo una pierna suya entre las mías y uno de sus brazos me rodea. Con los dedos me acaricia la espalda.
-No mucho.
Veo en sus ojos la preocupación y acerco mi cara a la suya para darle un beso, quiero borrarle la preocupación a besos.
Cuando me separo sigue con la misma expresión.
-¿Por qué me miras así?
-Han sido las dos peores semanas de mi vida. Por un momento creí que...
Pongo un dedo en sus labios.
-No hablemos de eso, por favor. Ahora estoy aquí, ya ha pasado todo. ¿No basta con eso?
Junta su frente con la mía.
-Sí...
Y volvemos a besarnos.
Nos dirigimos a comisaria en el coche de Ian. Aún me tienen que hacer unas preguntas. Al menos tuvo la decencia de dejarme ir a casa después de todo lo que pasé. Pienso esto mientras golpeo rítmicamente mi pierna con los dedos. La mano derecha de Ian atrapa la mía haciendo que pare.
-¿Estás nerviosa?
-Un poco...
-Tranquila, estaré a tu lado todo el tiempo. -Dicho esto se lleva mi mano a los labios y me besa los nudillos.
Me estremezco ante su roce.
-¿Crees que te dejarán entrar?
Llevo mi mano, entrelazada con la suya, a mi regazo.
-Más les vale.
Aparca en frente de la puerta y bajamos del coche. En un momento le tengo a mi lado y me vuelve a coger la mano. Vamos hacia la comisaría en silencio.
En cuanto entramos la agente que ocupa una mesa cerca de la entrada clava la mirada en mí. Nos acercamos ahí.
-Señorita Cooper, la estábamos esperando. Pase al despacho del inspector Dayle directamente, por favor. Creo que su amigo conoce muy bien el camino. -Dice con cierto sarcasmo.
Observo como Ian alza una ceja interrogante, pero tira de mi mano y nos dirigimos hacia allí.
-¿A qué ha venido eso? -Le pregunto.
-Venía todos los días aquí. Por si había noticias tuyas.
Se me encoge el corazón. Me lo imagino viniendo hacia aquí, día tras día, sin que se supiera nada.
-Oye. -Sigue diciendo él-. No pasa nada, ya estás aquí como tú has dicho ¿no? Acabemos con esto.
Sé que en realidad no cree lo que ha dicho pero decido no contestar. En cuanto estamos frente a una puerta él llama con los nudillos y a continuación abre la puerta del todo para que se me vea a mi también.
Dentro veo a un tipo entrado en años con el pelo ligeramente cano y facciones duras, que supongo que será Dayle y a su lado a Héctor.
-Pasa, Blair. -Me dice Héctor amablemente.
Ian se dispone a entrar conmigo.
-Señor Somerhalder, ¿le importaría esperar fuera?
-¿Por qué? -Espeta Ian.
Con mi mano libre le aprieto el brazo.
-No pasa nada, luego nos veremos.
Él clava su mirada en mí y se relaja visiblemente. Suelta mi mano y antes de irse me acaricia rápidamente la mejilla.
Entro y cierro la puerta detrás de mí.
-Se te ve mucho mejor. -Dayle señala una silla en frente de ellos dos y yo me siento. No recuerdo haberle visto anoche.
-¿Qué tal has pasado la noche? -Me pregunta Héctor.
-Bien, bien... -Y me sonrojo al recordar lo ocurrido cuando llegamos a casa de Ian.
Dayle y Héctor se remueven incómodos al ver mi expresión. Tengo que evitar reírme.
-Sentimos que tengas que volver aquí de nuevo, pero necesitamos tu declaración. -Dice Dayle.
-No pasa nada, lo entiendo.
Héctor me observa a su lado, en silencio.
-¿Puedes contarnos todo lo que ocurrió hace dos semanas desde que saliste del trabajo?
Un escalofrío me recorre la columna al recordarlo. Pero cuento la historia sin detenerme, a pesar de los continuos temblores que acuden a mí cuando revivo todo en mi mente. Cuando me abordó en la calle y me desperté en aquella habitación vacía. Cuando me llevó a esa habitación llena de cosas y pasaban los días mientras estaba allí encerrada. La tarde que Iván acudió a la habitación y me contó su historia, como intenté escapar y fallé en el intento. Exactamente todo hasta la llegada de Holly y cuando al día siguiente me sacaron de allí.
Dayle apunta cosas en su libreta mientras hablo, también observo la cámara de vídeo que me estaba grabando desde que me senté y a Héctor con la misma expresión de antes.
-¿Seguro que no te olvidas de nada? Es importante.
-Estoy completamente segura.
-Bien. -Dayle apunta una última cosa.
-¿Qué va a pasar con mi t... con Iván?
-Lo más seguro es que pase buena parte de lo que le queda de vida en la cárcel. -Contesta Héctor.
-¿Está aquí? -Pregunto en un susurro.
Él asiente con la cabeza y no dice nada más. Tampoco quiero saberlo.
Seguidamente se oye jaleo fuera. Como mucha gente junta de repente. Héctor y Dayle se levantan rápidamente y yo les imito. Les piso los talones cuando salen fuera del despacho y corren hacia la derecha. Me tapan la vista por lo que no veo nada. Por un momento, entre ellos veo a alguien en el suelo y a otra persona encima.
Es Ian. Golpeando como un loco a Iván, que está tendido en el suelo intentando protegerse con los brazos. Dos hombres intentan apartarlo de encima sin conseguirlo y por detrás vienen más.
-¡Ian! -Grito mientras de un empujón aparto a Dayle y Héctor y corro hacia él. -¡IAN! -Vuelvo a gritar sin obtener señales de que él me haya oído.
Finalmente llego a él y agarro su brazo, que iba dirigido de nuevo hacia la cara de Iván. Consiguen apartar a Ian de él, que tiene la cara ensangrentada y gira la cabeza, escupiendo sangre en el suelo.
Mientras los oficiales continúan agarrando a Ian, que lucha por librarse de ellos. Voy hacia él y agarro su cara obligándole a mirarme.
-¡Ian mírame!
Él baja su mirada hacia mí. Sus ojos azules están oscurecidos por la rabia y su expresión totalmente descompuesta. Respira agitadamente y no aparta la vista de mí.
-Eso es... Ya está.
Junta su frente con la mía y cierra los ojos, intentado calmarse. Los agentes aún no le han soltado por lo que es el único contacto que tenemos.
-¡Jodida puta! -Oigo a mis espaldas.
Giro la cabeza mientras veo como Dayle, O'Brien y Héctor intentan llevarse a Iván. Este último lanza de nuevo un escupitajo sanguinolento en mi dirección.
-¡Estás muerta! -Grita de nuevo.
Por un momento Ian se revuelve de nuevo y libera un brazo pero consiguen detenerle. Yo me coloco en frente de él mientras se debate entre los brazos que lo sujetan.
-¡No merece la pena! ¡No le hagas caso!
Los agentes le obligan a moverse para alejarlo de allí y yo voy al lado de Ian todo el tiempo. Temblorosa por lo ocurrido. Una vez en la sala de espera le sientan en una de las sillas.
-Yo me ocupo. -Les digo a los tres hombres.
Ellos me miran sin dar muestras de moverse. Hablo en voz baja para que solo me oigan ellos.
-Por favor, lo peor ya ha pasado. Yo puedo calmarle.
-Está bien, -dice el que está en el centro, el más joven- pero nos mantendremos cerca.
Se alejan y me doy la vuelta para mirar a mi chico. Tiene los codos apoyados en las rodillas y las manos en su pelo, veo rastros de sangre en sus nudillos.
-¡Debería volver y matarle! -Dice con la vista en el suelo.
Espero un momento a que se calme y me arrodillo entre sus piernas, le alzo la barbilla para mirarle. Esta vez su mirada de dulcifica cuando me mira.
-¿Estás bien? -Le pregunto tras unos instantes.
-Lo siento. -Dice evitando mi pregunta.
-¿Por qué?
-Por todo lo que ha pasado.
-No hay nada que sentir, no deberían haberlo sacado con nosotros aquí...
-No digo eso.
Le acaricio el pelo, esperando a que siga hablando.
-Lo siento por todo. Si hubiera estado contigo todo el tiempo desde el principio, él no te hubiera cogido, todo estaría bien y no tendría que haberle golpeado hasta...
-Calla. -Le digo interrumpiéndole- No... ¿En serio piensas que esto es culpa tuya?
Él me devuelve la mirada, confirmando mi pregunta.
-¡Ni se te ocurra pensar eso!
Me acerco más a él hasta que nuestros rostros quedan a milímetros.
-No quiero volver a oír nada sobre este tema entre nosotros, ¿entendido?
Ian me mira en silencio.
-Prométemelo.
-Pero...
-¡Prométemelo!
Suspira y su aliento me acaricia la cara. Siento ganas de besarle, pero antes quiero oír esa palabra...
-Te lo prometo. -Dice en voz muy baja.
-Bien. -Seguidamente junto mis labios a los suyos durante unos segundos mientras me levanto.
Al separarnos él sigue sentado, por lo que le miro desde arriba. Le abrazo y el apoya la cabeza en mi pecho, rodeándome la cintura. Hundo la cara en su pelo y aspiro su aroma.
jueves, 27 de agosto de 2015
Capítulo 45.
Espero desde mi habitación a que Iván se aleje de Holly y pueda ir a hablar con ella unos segundos. Cruzo los dedos para que no se quede mirando como "trabaja" Holly, porque en realidad ella no ha venido a mirar la antena y no tiene ni idea de cables. Oigo voces amortiguadas y a continuación unos pasos. Corro hacia el armario y hago que rebusco entre la ropa. Iván se asoma.
-Hace rato que te he dicho que a comer. -Dice cabreado.
-Sí sí, solo quería cambiarme de ropa.
No contesta y sale de mi habitación. Me quedo quieta aguantando la respiración hasta que oigo sus pasos bajando las escaleras. Hecho a correr, en calcetines, para no hacer ruido y voy hacia la última habitación del pasillo, donde se encuentra Holly. Se gira en cuanto nota a alguien en la puerta y nos miramos unos segundos. Empiezo a sollozar y corro hacia ella, que me abre los brazos y yo me refugio en ellos de buen grado.
-Estás aquí... De verdad... -Digo entre sollozos.
-Sí, tranquila. Estoy aquí. -Me acaricia el pelo y noto por su voz que también está llorando.
Me aparta y me agarra por los hombros. Tiene los ojos llorosos.
-Escúchame, no tenemos mucho tiempo. He venido aquí con Héctor Acosta. Vamos a sacarte de aquí en cuanto hablemos con el FBI. Te lo explicaré todo cuando estés a salvo.
Asiento y me aferro a sus manos, aún en mis hombros. No quiero que se vaya.
-Venga, vuelve abajo con ese tío. No puede sospechar o todo se irá a la mierda.
La vuelvo a abrazar con fuerza.
-Te quiero. -Digo contra su hombro.
-Yo también te quiero.
Entonces me separo de ella y salgo de la habitación, sin mirar atrás.
Holly
-¡Ian escúchame! No puedes venir aquí. Ni siquiera a mí me dejaran estar cuando la saquen.
Le he contado toda la historia y él se ha puesto como un loco. Creo que ha sido un error decirle donde está ella, tengo miedo de que venga aquí y ponga en peligro la operación. Estoy en un coche alquilado con Héctor. Me lleva de vuelta a Los Ángeles y comenzará con la operación. Mañana será el rescate.
-¡No esperarás que me quede aquí sin hacer nada...!
-¡Sí, espero que lo hagas! -Le corto.
Oigo su respiración agitada al otro lado.
-Y ni una palabra a Matt sobre esto. -Prosigo- No hasta que todo se solucione, no creo que pudiera contenerle a él. Contigo me está costando pero...
-No le diré nada. -Dice derrotado.
-Hablaremos cuando llegue. Ella saldrá de esta. -Y corto.
Blair
No he podido dormir prácticamente en toda la noche. Holly me dijo que me sacarían de aquí pero no cuando. Podría ser ahora, dentro de una hora, mañana o en dos días... Espero que Iván no sospeche nada porque podría ser mi última oportunidad de escapar. Podría matarme ahora mismo... Entre temblores me quedo dormida.
Un portazo me despierta y abro los ojos de golpe. En seguida Iván abre mi puerta y la estampa contra la pared, furioso.
-¡¿En serio creías que soy tan estúpido?!
No entiendo nada por lo que me limito a mirarle con miedo. Se acerca a mi cama y me planta un papel en la cara. Entorno los ojos para acostumbrar la vista. Es un foto de Holly y mía, paseando por Los Ángeles. "Mierda". Le vuelvo a mirar, me taladra con la mirada. Entonces coge impulso con la mano y me planta un bofetón que me gira la cara y caigo sobre la almohada. Sin darme tiempo a asimilar el dolor me coge por el brazo y me saca de la cama.
-No te molestes en vestirte, nos vamos de aquí.
Me aprieta con fuerza el brazo, me hace daño, y me arrastra escaleras abajo. En la última escalera frena en seco y yo me precipito hacia el suelo. Pero me endereza con un tirón y oigo un "crac" en mi hombro, seguido de dolor. Mucho peor que el bofetón, me tapa la boca con la mano cuando suelto un grito de dolor. Intento que me suelte porque el hombro me duele, intentado retirarle la mano pero no lo suelta si no que me agarra más fuerte. Suelto un quejido y se me llenan los ojos de lágrimas. ¿Por qué estamos aquí parados?
-¡Mierda, joder! -Grita antes de oír un estruendo en la puerta.
Un par de hombres con pistolas, chaleco antibalas con la palabra FBI escrita irrumpen en la casa. La presión en mi brazo desaparece e Iván me empuja hacia delante. Por lo que caigo en el suelo, por suerte sobre el otro brazo. Uno de los hombres se agacha a mi lado, protegiéndome y entran otros dos hombres, entre ellos distingo a Héctor Acosta. Que me dirige una mirada.
-¡O'Brien! -Grita al hombre que está a mi lado- Quédate con ella y sácala de aquí. ¡Los demás conmigo!
Y seguidamente desaparece escaleras arriba seguido por sus hombres.
O'Brien me sujeta por el hombro herido y me levanta, yo grito de dolor. Entonces se coloca a mi otro lado y me coloca el hombro bueno alrededor de su cuello mientras que me rodea la cintura con su brazo.
-Vamos Blair, ya estás a salvo. Aguanta un poco. -Me dice mientras salimos de la casa, lo último que oigo antes de desmayarme son disparos.
Cuando me despierto estoy en un coche. Me vienen flashes del momento antes de que me salvaran. Estoy a salvo. Todo se ha acabado. Me remuevo en el asiento y noto una punzada de dolor en el hombro. Lo tengo inmovilizado con un cabestrillo improvisado.
-Lo tenías dislocado, yo mismo te lo encajé de nuevo en su sitio. -Escucho.
Persigo la voz, proviene del asiento del conductor. Donde se encuentra O'Brien. A mi lado está Héctor, que me mira con expresión de culpabilidad.
-¿Cómo te encuentras? -Me pregunta Héctor.
-Todo lo bien que se puede estar cuando llevas no sé cuantos días secuestrada. -Digo con una chispa de sarcasmo.
-Tenía que preguntarlo.
-¿A dónde vamos? ¿Qué ha pasado con Iván? -Me recorre un escalofrío al pronunciar su nombre.
-Volvemos a Los Ángeles. -No dice nada más.
Nos quedamos mirándonos, esperando aún a que me conteste a la segunda pregunta. Héctor suspira, rindiéndose.
-Ugarte va en el coche que nos sigue, herido. Intentó escapar y le disparé.
-¿Qué va a pasar con él?
-Se pudrirá en la cárcel.
-Bien. -Contesto y miro por mi ventana.
De momento no deseo saber nada más. Apoyo la cabeza en el cristal y cierro los ojos, quedándome dormida.
-Despierta, Blair.
Alguien me sacude el hombro suavemente y abro los ojos. A través de la ventana reconozco la entrada a la comisaría de Los Ángeles.
-Pensaba que iría a mi casa.
Miro a Héctor. Tiene cara de cansado.
-Primero tenemos que hacerte unas preguntas. Lo siento.
-Vale. -Digo bostezando.
Abro la puerta y salgo del coche. Héctor se coloca a mi lado y posa una mano en mi espalda mientras caminamos. O'Brien nos adelanta. Me doy cuenta de que ya no llevo el cabestrillo, como él me colocó el hombro ya no me duele.
Traspasamos la puerta y le siento antes de verle. Alzo la vista que tenía dirigida hacia el suelo y contemplo como un montón de gente se vuelve hacia mí. Pero sólo le veo a él. Ian me mira como si no creyera que estuviera aquí. Fugazmente veo quién está con él. Kat, Matt, Holly, Melanie, Olivia, Noah, Emily, Isaac, Marnie, incluso Emma y Mike, que los conocí en la fiesta de Emily hace tanto tiempo ya.
Me alejo del contacto de Héctor y corro hacia Ian. Él hace lo mismo y en un par de segundos estoy entre sus brazos. Hundo la cara en su pecho y en cuanto aspiro su olor comienzo a llorar.
-Ya está mi amor, ya ha pasado todo. -Me dice con voz temblorosa mientras me acaricia el pelo.
-Pensaba que no te volvería a ver. -Alzo la cabeza para mirarle.
Observo sus ojos azules, algo húmedos pero no llegan a desbordar las lágrimas. Me coge la cara con las manos y me limpia las lágrimas con los pulgares.
-No sabes lo que he... Pensaba... Yo...
Seguidamente junto mis labios con los suyos, interrumpiéndole. Al cerrar los ojos nuevas lágrimas corren por mis mejillas. Le abrazo muy fuerte mientras nos besamos. Queriendo fundirnos en uno. Podría estar así siempre, con él. No deseo estar con nadie más, ni nada más.
Cuando separamos nuestras bocas recuerdo que hay más gente que estaba esperándome. Apenas me da tiempo a reaccionar cuando Matt corre hacia mí y me abraza muy fuerte. Le rodeo el cuello y con la otra mano le acaricio el pelo para tranquilizarle. Sin parar de llorar.
-Joder Blair. -Dice con la voz amortiguada por los sollozos.
Él me ciñe la cintura con fuerza.
-Estoy aquí. -Le digo en un susurro.
Después fue una sucesión de abrazos y más lágrimas. Ian no se separó de mi lado y llegó un momento en que no sabía de quien era cada abrazo. Lo único que quería era irme a casa.
-Espera aquí un momento. -Me dice Ian al oído y se aparta de mi lado.
Recorro con la mirada a donde va, ansiosa porque se haya separado de mí. Veo que está hablando con Héctor.
-Que alegría tenerte de vuelta. -Me dice Isaac a mi lado.
Le miro y le dirijo una sonrisa cansada. En realidad estoy agotada a pesar de haber estado dormida todo el viaje.
Vuelvo a mirar a Ian, veo que Héctor asiente y se dan una palmada amistosa en el hombro. Después vuelve hacia mí. En cuanto llega a mi lado alargo mi mano para coger la suya, anhelando ya tocarle.
-Nos vamos a casa. -Me dice.
-Pero Héctor dijo que...
-Ya está todo arreglado. -Me interrumpe.
-¿Vienes conmigo? -Le pregunto esperanzada.
Me mira como si fuera obvia la respuesta.
-No te vas a librar de mí tan fácilmente.
Seguidamente me da un beso en los labios.
-Hace rato que te he dicho que a comer. -Dice cabreado.
-Sí sí, solo quería cambiarme de ropa.
No contesta y sale de mi habitación. Me quedo quieta aguantando la respiración hasta que oigo sus pasos bajando las escaleras. Hecho a correr, en calcetines, para no hacer ruido y voy hacia la última habitación del pasillo, donde se encuentra Holly. Se gira en cuanto nota a alguien en la puerta y nos miramos unos segundos. Empiezo a sollozar y corro hacia ella, que me abre los brazos y yo me refugio en ellos de buen grado.
-Estás aquí... De verdad... -Digo entre sollozos.
-Sí, tranquila. Estoy aquí. -Me acaricia el pelo y noto por su voz que también está llorando.
Me aparta y me agarra por los hombros. Tiene los ojos llorosos.
-Escúchame, no tenemos mucho tiempo. He venido aquí con Héctor Acosta. Vamos a sacarte de aquí en cuanto hablemos con el FBI. Te lo explicaré todo cuando estés a salvo.
Asiento y me aferro a sus manos, aún en mis hombros. No quiero que se vaya.
-Venga, vuelve abajo con ese tío. No puede sospechar o todo se irá a la mierda.
La vuelvo a abrazar con fuerza.
-Te quiero. -Digo contra su hombro.
-Yo también te quiero.
Entonces me separo de ella y salgo de la habitación, sin mirar atrás.
Holly
-¡Ian escúchame! No puedes venir aquí. Ni siquiera a mí me dejaran estar cuando la saquen.
Le he contado toda la historia y él se ha puesto como un loco. Creo que ha sido un error decirle donde está ella, tengo miedo de que venga aquí y ponga en peligro la operación. Estoy en un coche alquilado con Héctor. Me lleva de vuelta a Los Ángeles y comenzará con la operación. Mañana será el rescate.
-¡No esperarás que me quede aquí sin hacer nada...!
-¡Sí, espero que lo hagas! -Le corto.
Oigo su respiración agitada al otro lado.
-Y ni una palabra a Matt sobre esto. -Prosigo- No hasta que todo se solucione, no creo que pudiera contenerle a él. Contigo me está costando pero...
-No le diré nada. -Dice derrotado.
-Hablaremos cuando llegue. Ella saldrá de esta. -Y corto.
Blair
No he podido dormir prácticamente en toda la noche. Holly me dijo que me sacarían de aquí pero no cuando. Podría ser ahora, dentro de una hora, mañana o en dos días... Espero que Iván no sospeche nada porque podría ser mi última oportunidad de escapar. Podría matarme ahora mismo... Entre temblores me quedo dormida.
Un portazo me despierta y abro los ojos de golpe. En seguida Iván abre mi puerta y la estampa contra la pared, furioso.
-¡¿En serio creías que soy tan estúpido?!
No entiendo nada por lo que me limito a mirarle con miedo. Se acerca a mi cama y me planta un papel en la cara. Entorno los ojos para acostumbrar la vista. Es un foto de Holly y mía, paseando por Los Ángeles. "Mierda". Le vuelvo a mirar, me taladra con la mirada. Entonces coge impulso con la mano y me planta un bofetón que me gira la cara y caigo sobre la almohada. Sin darme tiempo a asimilar el dolor me coge por el brazo y me saca de la cama.
-No te molestes en vestirte, nos vamos de aquí.
Me aprieta con fuerza el brazo, me hace daño, y me arrastra escaleras abajo. En la última escalera frena en seco y yo me precipito hacia el suelo. Pero me endereza con un tirón y oigo un "crac" en mi hombro, seguido de dolor. Mucho peor que el bofetón, me tapa la boca con la mano cuando suelto un grito de dolor. Intento que me suelte porque el hombro me duele, intentado retirarle la mano pero no lo suelta si no que me agarra más fuerte. Suelto un quejido y se me llenan los ojos de lágrimas. ¿Por qué estamos aquí parados?
-¡Mierda, joder! -Grita antes de oír un estruendo en la puerta.
Un par de hombres con pistolas, chaleco antibalas con la palabra FBI escrita irrumpen en la casa. La presión en mi brazo desaparece e Iván me empuja hacia delante. Por lo que caigo en el suelo, por suerte sobre el otro brazo. Uno de los hombres se agacha a mi lado, protegiéndome y entran otros dos hombres, entre ellos distingo a Héctor Acosta. Que me dirige una mirada.
-¡O'Brien! -Grita al hombre que está a mi lado- Quédate con ella y sácala de aquí. ¡Los demás conmigo!
Y seguidamente desaparece escaleras arriba seguido por sus hombres.
O'Brien me sujeta por el hombro herido y me levanta, yo grito de dolor. Entonces se coloca a mi otro lado y me coloca el hombro bueno alrededor de su cuello mientras que me rodea la cintura con su brazo.
-Vamos Blair, ya estás a salvo. Aguanta un poco. -Me dice mientras salimos de la casa, lo último que oigo antes de desmayarme son disparos.
Cuando me despierto estoy en un coche. Me vienen flashes del momento antes de que me salvaran. Estoy a salvo. Todo se ha acabado. Me remuevo en el asiento y noto una punzada de dolor en el hombro. Lo tengo inmovilizado con un cabestrillo improvisado.
-Lo tenías dislocado, yo mismo te lo encajé de nuevo en su sitio. -Escucho.
Persigo la voz, proviene del asiento del conductor. Donde se encuentra O'Brien. A mi lado está Héctor, que me mira con expresión de culpabilidad.
-¿Cómo te encuentras? -Me pregunta Héctor.
-Todo lo bien que se puede estar cuando llevas no sé cuantos días secuestrada. -Digo con una chispa de sarcasmo.
-Tenía que preguntarlo.
-¿A dónde vamos? ¿Qué ha pasado con Iván? -Me recorre un escalofrío al pronunciar su nombre.
-Volvemos a Los Ángeles. -No dice nada más.
Nos quedamos mirándonos, esperando aún a que me conteste a la segunda pregunta. Héctor suspira, rindiéndose.
-Ugarte va en el coche que nos sigue, herido. Intentó escapar y le disparé.
-¿Qué va a pasar con él?
-Se pudrirá en la cárcel.
-Bien. -Contesto y miro por mi ventana.
De momento no deseo saber nada más. Apoyo la cabeza en el cristal y cierro los ojos, quedándome dormida.
-Despierta, Blair.
Alguien me sacude el hombro suavemente y abro los ojos. A través de la ventana reconozco la entrada a la comisaría de Los Ángeles.
-Pensaba que iría a mi casa.
Miro a Héctor. Tiene cara de cansado.
-Primero tenemos que hacerte unas preguntas. Lo siento.
-Vale. -Digo bostezando.
Abro la puerta y salgo del coche. Héctor se coloca a mi lado y posa una mano en mi espalda mientras caminamos. O'Brien nos adelanta. Me doy cuenta de que ya no llevo el cabestrillo, como él me colocó el hombro ya no me duele.
Traspasamos la puerta y le siento antes de verle. Alzo la vista que tenía dirigida hacia el suelo y contemplo como un montón de gente se vuelve hacia mí. Pero sólo le veo a él. Ian me mira como si no creyera que estuviera aquí. Fugazmente veo quién está con él. Kat, Matt, Holly, Melanie, Olivia, Noah, Emily, Isaac, Marnie, incluso Emma y Mike, que los conocí en la fiesta de Emily hace tanto tiempo ya.
Me alejo del contacto de Héctor y corro hacia Ian. Él hace lo mismo y en un par de segundos estoy entre sus brazos. Hundo la cara en su pecho y en cuanto aspiro su olor comienzo a llorar.
-Ya está mi amor, ya ha pasado todo. -Me dice con voz temblorosa mientras me acaricia el pelo.
-Pensaba que no te volvería a ver. -Alzo la cabeza para mirarle.
Observo sus ojos azules, algo húmedos pero no llegan a desbordar las lágrimas. Me coge la cara con las manos y me limpia las lágrimas con los pulgares.
-No sabes lo que he... Pensaba... Yo...
Seguidamente junto mis labios con los suyos, interrumpiéndole. Al cerrar los ojos nuevas lágrimas corren por mis mejillas. Le abrazo muy fuerte mientras nos besamos. Queriendo fundirnos en uno. Podría estar así siempre, con él. No deseo estar con nadie más, ni nada más.
Cuando separamos nuestras bocas recuerdo que hay más gente que estaba esperándome. Apenas me da tiempo a reaccionar cuando Matt corre hacia mí y me abraza muy fuerte. Le rodeo el cuello y con la otra mano le acaricio el pelo para tranquilizarle. Sin parar de llorar.
-Joder Blair. -Dice con la voz amortiguada por los sollozos.
Él me ciñe la cintura con fuerza.
-Estoy aquí. -Le digo en un susurro.
Después fue una sucesión de abrazos y más lágrimas. Ian no se separó de mi lado y llegó un momento en que no sabía de quien era cada abrazo. Lo único que quería era irme a casa.
-Espera aquí un momento. -Me dice Ian al oído y se aparta de mi lado.
Recorro con la mirada a donde va, ansiosa porque se haya separado de mí. Veo que está hablando con Héctor.
-Que alegría tenerte de vuelta. -Me dice Isaac a mi lado.
Le miro y le dirijo una sonrisa cansada. En realidad estoy agotada a pesar de haber estado dormida todo el viaje.
Vuelvo a mirar a Ian, veo que Héctor asiente y se dan una palmada amistosa en el hombro. Después vuelve hacia mí. En cuanto llega a mi lado alargo mi mano para coger la suya, anhelando ya tocarle.
-Nos vamos a casa. -Me dice.
-Pero Héctor dijo que...
-Ya está todo arreglado. -Me interrumpe.
-¿Vienes conmigo? -Le pregunto esperanzada.
Me mira como si fuera obvia la respuesta.
-No te vas a librar de mí tan fácilmente.
Seguidamente me da un beso en los labios.
miércoles, 26 de agosto de 2015
Capítulo 44.
Ángela suspira y se incorpora, apoyando los brazos cruzados sobre la mesa. El movimiento es brusco y yo me hecho hacia atrás en mi silla, sin querer. Ella me mira con curiosidad y Héctor pone una mano en mi brazo para tranquilizarme. Tras unos segundos Ángela aparta la mirada de mí y la posa en él.
-Mi número aparecía en la guía de teléfonos como canguro. Ya había tenido experiencia antes y al mes de poner el anuncio los Ugarte me llamaron para que cuidara a sus hijos, por tiempo indefinido. Acepté y para la semana siguiente empecé a cuidarlos. Nunca me han gustado los varones, y fue una suerte que en mis anteriores trabajos todas fueran niñas.
Me estremezco ante su tono.
-Dejé que pasara una semana para que se acostumbraran a mí, sobre todo él. Ese niño me sacaba de quicio, cada cosa que hacía me cabreaba. No sé... Es... -Su rostro transmite rabia- A menudo le pegaba cuando se portaba mal...
-Incluso cuando no lo hacía. -La interrumpo, cortante.
Ella me ignora y prosigue.
-Me sorprendió que ni él ni su hermana le dijeran nada a sus padres. Mejor para mí, podría seguir haciéndolo sin peligro. -Se encoge de hombros y me dan ganas de abalanzarme sobre ella y arrancarle la cabeza- Cuando sus padres preguntaban por sus heridas les decía que se caía jugando, y me creían. La verdad, observé que no se preocupaban tanto por el niño que por la niña.
>>Pasaba el tiempo y sus padres estaban muy contentos conmigo así que me invitaron con ellos a una casa cercana a un lago, de vacaciones. Desde hacía tiempo quería quedarme con el niño, criarlo yo y así usarlo a mi antojo. Porque no conocería otra cosa que la violencia.
Se me llenan los ojos de lágrimas y mi cuerpo se tensa, estoy a punto de explotar. Héctor lo debe de notar porque me vuelve a poner la mano en el brazo y aprieta ligeramente.
-El plan era perfecto. Una tarde los niños se fueron a jugar al lago y los seguí. Jugaban a hacer carreras. Iván era más rápido que Marta por lo que llegó en seguida al otro lado del lago. Mientras que Marta, enfadada, volvió a la orilla. Yo ya le estaba esperando allí, al niño. En cuanto llegó miró a su alrededor en busca de su hermana y aprovechando que estaba de espaldas a mí, lo cogí por la nuca y lo hundí en el agua. Lo justo para que perdiera el conocimiento.
>>Después lo saqué del agua y le inyecté (____) ¿Sabes lo de Andrés? -Me pregunta a mí.
Estaba tan inmersa en la historia y en mi rabia hacia ella que su pregunta me pilla desprevenida.
-¿Quién?
-Andrés Otero. Trabajaba en un hospital de aquí, donde vivían los Ugarte. -Responde Héctor- Le proporcionaba a ella los medicamentos con los que drogaba a los niños para secuestrarlos. -Dice con tono marcado de repugnancia hacia ella.
No me extraña.
-Exacto. Bueno, el (____) es una droga que te para el corazón por un tiempo. Así que convencí a la familia de que Iván había muerto tras intentar reanimarlo. Informé a Andrés en el hospital de la ciudad cercana al lago. Días antes le dije que viniera para ayudarme con el niño sin sospechas. Era un buen médico por lo que le permitieron el traspaso. Una vez en la morgue, saqué al niño de allí, que ya estaba despierto y me lo llevé.
>>Le conté que nunca volvería a ver a su familia y se pasaba el día llorando, por lo que le pegaba para que parara. A medida que pasaban los años tenía que pegarle más fuerte porque ya ni se inmutaba. -Lo dice con orgullo. Siento náuseas- Pero con quince años escapó de casa, no pude impedírselo porque ya no era un niño debilucho. Así que fui a lo grande. Secuestrar niños era fácil, y no tenía que preocuparme de lo que le hicieran a sus nuevos dueños.
-¿Por qué lo hacías? -Pregunto en un susurro, asustada por la historia o la naturalidad con la que lo cuenta.
-Las mujeres hemos sufrido mucho en el pasado. Ahora les toca a ellos.
-Son niños. Eran niños.
-Niños que se convertirían en hombres. -Dice con la mirada clavada en mí, como intentando atravesarme.
Héctor saca la foto del diario y la deja encima de la mesa, para que ella la vea. La coge y la mira con atención.
-Era un amor de niña. -Dice mirando con cariño la foto. ¿Pero qué le pasa a esta tía?- ¿Qué ha sido de ella?
-Murió, creemos a manos de un hombre que puede ser su hermano y que ahora tiene secuestrada a la hija de Marta.
-Vaya. -Dice asombrada pero con un deje de orgullo en la voz.
-¿Dónde está ese lago? -Pregunta Héctor.
-En Carolina del Sur.
Suelto un jadeo, estoy segura de que está allí. Miro a Héctor, que tiene la mirada fija en Ángela. ¿A qué espera? Podemos ir a buscarla. Finalmente, él habla.
-Gracias por contárnoslo, Ángela.
-Es un placer. -Sonríe ella.
Blair
Han pasado tres días desde que llamé a Ian. Tenía la esperanza de que rastrearan la llamada y les llevara hacia aquí. Pero Iván me dijo, para hundirme aún más, que la llamada les llevaría a ese teléfono, que ahora se encontraba a unos trescientos kilómetros de aquí, en una cuneta. Estuvo toda una tarde de viaje y para asegurarse de que no me volvía a escapar me encerró en mi habitación. Cuando volvió me abrió la puerta de nuevo, y nada más. No me dirigió la palabra.
Me tumbo en la cama y me centro en el rostro de Ian. La única forma de estar con él es soñando y no sueño con él desde hace mucho. "Hace mucho no me hacía falta, le tenía a mi lado". Pienso con amargura. Cierro los ojos, pensando en su mirada azul, en sus manos sobre mi cuerpo, en sus besos...
Está ahí de pie, de espaldas, alto y musculoso. Con una camiseta blanca de algodón y unos vaqueros negros ajustados. Hasta con la camiseta se notan las curvas de su espalda, tan perfectamente esculpidas... Me acerco a él y le rodeo con mis brazos la cintura, apoyando la mejilla en su hombro. Su perfume inhunda mi nariz, es un aroma tan agradable...
Al notar mi contacto gira su cabeza para mirarme y me dirige su sonrisa, mostrándome sus dientes blancos y perfectos. ¿Por qué todo en él es tan perfecto?
-Te echo mucho de menos. -Le digo.
Él se gira para quedar frente a mí y me acaricia el pelo con una mano.
-Y yo a ti. Muchísimo... -Roza su nariz con la mía y después me da un beso en los labios- Vuelve a mí por favor.
-Lo haré. -Juro.
Esta vez le beso yo, y tras un instante de contacto nos besamos con más fuerza. Un gemido brota de mi garganta. Le quiero tanto, le necesito tanto.
Un sonido en la puerta me despierta. Ahogo un quejido, estaba teniendo un sueño tan... Perfecto. Abuso mucho de esta palabra en lo referido a Ian. Es como si nos hubiéramos estado besando de verdad, aún noto el olor de su perfume como si lo tuviera a mi lado...
Tengo que salir de aquí.
El pomo gira y aparece el rostro de Iván.
-La comida. -Dice secamente y vuelve a desaparecer.
A regañadientes me levanto de la cama, pero solo porque me ruge la tripa. Tengo muchísima hambre. Bajo las escaleras con lentitud y a mitad de camino suena el timbre de casa. Me quedo rígida en el sitio. Iván aparece al pie de las escaleras para abrir la puerta de casa. Sea quien sea no puedo ver quien es, la figura de Iván me impide ver.
-¿Puedo ayudarte? -Pregunta Iván con voz suave.
Farsante de mierda...
-Buenas tardes, vengo a hacer la revisión de la antena. Hace unos días que debía haber venido pero esto está un poco alejado de todo.
Al oír esa voz tan conocida se me para el corazón por un momento. Holly. Es Holly. Obligo a mis piernas a moverse y corro escaleras abajo. Pero me quedo detrás de Iván. No puedo dejar que vea que la conozco.
-Sí, es por aquí. -Dice él- Sígame, por favor...
-Usted primero. -Dice ella.
En cuanto Iván se gira Holly clava su mirada en mí. Yo no he apartado la vista de ella. Holly me dice con la mirada que disimule antes de pasar por mi lado. Siguiendo a Iván. No sin antes darme un fuerte apretón en el brazo. Necesito toda mi fuerza de voluntad para no agarrarla, darle un abrazo y no soltarla nunca.
Me debato entre si seguirlos o no. Decido lo primero. No quiero perder de vista a Holly. Podría ser la última vez que la vea.
-Mi número aparecía en la guía de teléfonos como canguro. Ya había tenido experiencia antes y al mes de poner el anuncio los Ugarte me llamaron para que cuidara a sus hijos, por tiempo indefinido. Acepté y para la semana siguiente empecé a cuidarlos. Nunca me han gustado los varones, y fue una suerte que en mis anteriores trabajos todas fueran niñas.
Me estremezco ante su tono.
-Dejé que pasara una semana para que se acostumbraran a mí, sobre todo él. Ese niño me sacaba de quicio, cada cosa que hacía me cabreaba. No sé... Es... -Su rostro transmite rabia- A menudo le pegaba cuando se portaba mal...
-Incluso cuando no lo hacía. -La interrumpo, cortante.
Ella me ignora y prosigue.
-Me sorprendió que ni él ni su hermana le dijeran nada a sus padres. Mejor para mí, podría seguir haciéndolo sin peligro. -Se encoge de hombros y me dan ganas de abalanzarme sobre ella y arrancarle la cabeza- Cuando sus padres preguntaban por sus heridas les decía que se caía jugando, y me creían. La verdad, observé que no se preocupaban tanto por el niño que por la niña.
>>Pasaba el tiempo y sus padres estaban muy contentos conmigo así que me invitaron con ellos a una casa cercana a un lago, de vacaciones. Desde hacía tiempo quería quedarme con el niño, criarlo yo y así usarlo a mi antojo. Porque no conocería otra cosa que la violencia.
Se me llenan los ojos de lágrimas y mi cuerpo se tensa, estoy a punto de explotar. Héctor lo debe de notar porque me vuelve a poner la mano en el brazo y aprieta ligeramente.
-El plan era perfecto. Una tarde los niños se fueron a jugar al lago y los seguí. Jugaban a hacer carreras. Iván era más rápido que Marta por lo que llegó en seguida al otro lado del lago. Mientras que Marta, enfadada, volvió a la orilla. Yo ya le estaba esperando allí, al niño. En cuanto llegó miró a su alrededor en busca de su hermana y aprovechando que estaba de espaldas a mí, lo cogí por la nuca y lo hundí en el agua. Lo justo para que perdiera el conocimiento.
>>Después lo saqué del agua y le inyecté (____) ¿Sabes lo de Andrés? -Me pregunta a mí.
Estaba tan inmersa en la historia y en mi rabia hacia ella que su pregunta me pilla desprevenida.
-¿Quién?
-Andrés Otero. Trabajaba en un hospital de aquí, donde vivían los Ugarte. -Responde Héctor- Le proporcionaba a ella los medicamentos con los que drogaba a los niños para secuestrarlos. -Dice con tono marcado de repugnancia hacia ella.
No me extraña.
-Exacto. Bueno, el (____) es una droga que te para el corazón por un tiempo. Así que convencí a la familia de que Iván había muerto tras intentar reanimarlo. Informé a Andrés en el hospital de la ciudad cercana al lago. Días antes le dije que viniera para ayudarme con el niño sin sospechas. Era un buen médico por lo que le permitieron el traspaso. Una vez en la morgue, saqué al niño de allí, que ya estaba despierto y me lo llevé.
>>Le conté que nunca volvería a ver a su familia y se pasaba el día llorando, por lo que le pegaba para que parara. A medida que pasaban los años tenía que pegarle más fuerte porque ya ni se inmutaba. -Lo dice con orgullo. Siento náuseas- Pero con quince años escapó de casa, no pude impedírselo porque ya no era un niño debilucho. Así que fui a lo grande. Secuestrar niños era fácil, y no tenía que preocuparme de lo que le hicieran a sus nuevos dueños.
-¿Por qué lo hacías? -Pregunto en un susurro, asustada por la historia o la naturalidad con la que lo cuenta.
-Las mujeres hemos sufrido mucho en el pasado. Ahora les toca a ellos.
-Son niños. Eran niños.
-Niños que se convertirían en hombres. -Dice con la mirada clavada en mí, como intentando atravesarme.
Héctor saca la foto del diario y la deja encima de la mesa, para que ella la vea. La coge y la mira con atención.
-Era un amor de niña. -Dice mirando con cariño la foto. ¿Pero qué le pasa a esta tía?- ¿Qué ha sido de ella?
-Murió, creemos a manos de un hombre que puede ser su hermano y que ahora tiene secuestrada a la hija de Marta.
-Vaya. -Dice asombrada pero con un deje de orgullo en la voz.
-¿Dónde está ese lago? -Pregunta Héctor.
-En Carolina del Sur.
Suelto un jadeo, estoy segura de que está allí. Miro a Héctor, que tiene la mirada fija en Ángela. ¿A qué espera? Podemos ir a buscarla. Finalmente, él habla.
-Gracias por contárnoslo, Ángela.
-Es un placer. -Sonríe ella.
Blair
Han pasado tres días desde que llamé a Ian. Tenía la esperanza de que rastrearan la llamada y les llevara hacia aquí. Pero Iván me dijo, para hundirme aún más, que la llamada les llevaría a ese teléfono, que ahora se encontraba a unos trescientos kilómetros de aquí, en una cuneta. Estuvo toda una tarde de viaje y para asegurarse de que no me volvía a escapar me encerró en mi habitación. Cuando volvió me abrió la puerta de nuevo, y nada más. No me dirigió la palabra.
Me tumbo en la cama y me centro en el rostro de Ian. La única forma de estar con él es soñando y no sueño con él desde hace mucho. "Hace mucho no me hacía falta, le tenía a mi lado". Pienso con amargura. Cierro los ojos, pensando en su mirada azul, en sus manos sobre mi cuerpo, en sus besos...
Está ahí de pie, de espaldas, alto y musculoso. Con una camiseta blanca de algodón y unos vaqueros negros ajustados. Hasta con la camiseta se notan las curvas de su espalda, tan perfectamente esculpidas... Me acerco a él y le rodeo con mis brazos la cintura, apoyando la mejilla en su hombro. Su perfume inhunda mi nariz, es un aroma tan agradable...
Al notar mi contacto gira su cabeza para mirarme y me dirige su sonrisa, mostrándome sus dientes blancos y perfectos. ¿Por qué todo en él es tan perfecto?
-Te echo mucho de menos. -Le digo.
Él se gira para quedar frente a mí y me acaricia el pelo con una mano.
-Y yo a ti. Muchísimo... -Roza su nariz con la mía y después me da un beso en los labios- Vuelve a mí por favor.
-Lo haré. -Juro.
Esta vez le beso yo, y tras un instante de contacto nos besamos con más fuerza. Un gemido brota de mi garganta. Le quiero tanto, le necesito tanto.
Un sonido en la puerta me despierta. Ahogo un quejido, estaba teniendo un sueño tan... Perfecto. Abuso mucho de esta palabra en lo referido a Ian. Es como si nos hubiéramos estado besando de verdad, aún noto el olor de su perfume como si lo tuviera a mi lado...
Tengo que salir de aquí.
El pomo gira y aparece el rostro de Iván.
-La comida. -Dice secamente y vuelve a desaparecer.
A regañadientes me levanto de la cama, pero solo porque me ruge la tripa. Tengo muchísima hambre. Bajo las escaleras con lentitud y a mitad de camino suena el timbre de casa. Me quedo rígida en el sitio. Iván aparece al pie de las escaleras para abrir la puerta de casa. Sea quien sea no puedo ver quien es, la figura de Iván me impide ver.
-¿Puedo ayudarte? -Pregunta Iván con voz suave.
Farsante de mierda...
-Buenas tardes, vengo a hacer la revisión de la antena. Hace unos días que debía haber venido pero esto está un poco alejado de todo.
Al oír esa voz tan conocida se me para el corazón por un momento. Holly. Es Holly. Obligo a mis piernas a moverse y corro escaleras abajo. Pero me quedo detrás de Iván. No puedo dejar que vea que la conozco.
-Sí, es por aquí. -Dice él- Sígame, por favor...
-Usted primero. -Dice ella.
En cuanto Iván se gira Holly clava su mirada en mí. Yo no he apartado la vista de ella. Holly me dice con la mirada que disimule antes de pasar por mi lado. Siguiendo a Iván. No sin antes darme un fuerte apretón en el brazo. Necesito toda mi fuerza de voluntad para no agarrarla, darle un abrazo y no soltarla nunca.
Me debato entre si seguirlos o no. Decido lo primero. No quiero perder de vista a Holly. Podría ser la última vez que la vea.
Capítulo 43.
Holly
Me dirijo a la cafetería más cercana y pido un café. No debería ilusionarme por como están yendo las cosas. Si luego resulta que esta pista no lleva a ningún sitio la decepción será enorme. Pero no puedo perder la esperanza, muy mal tiene que ir la cosa para que la pierda.
Te echo de menos Blair, vuelve por favor.
Al cabo de una hora y media, y otro café, me llama un número desconocido. Contesto.
-¿Si?
-Señorita Moore, si no le importa, ¿podría volver para hablar?
-Claro, estoy justo al lado. En seguida voy.
-Gracias.
Y cuelga. Dejo el dinero encima de la mesa y me apresuro para salir de la cafetería. Camino hasta el final de la calle, que es donde está la comisaría. Voy directa al despacho de Héctor. Llamo a la puerta y entro.
-Ya está aquí. -Dice Héctor a modo de saludo desde su mesa- Siéntese, por favor.
Obedezco y me siento en la misma silla de antes, espero a que hable, ansiosa por saber si yo estaba en lo cierto.
-Creo que puede tener razón. Todo lo que me ha contado antes y este diario tienen su lógica.
Por dentro me da un subidón de alegría, pero remite en seguida al recordar que Blair sigue desaparecida.
-He buscado en la base de datos y él aparece, Iván Ugarte. Muerto el 4 de agosto de 1989. Pero no demos por cierto ese hecho todavía. Primero he pensado que podría ir a hablar con Ángela Bernal para obtener respuestas y me gustaría que me acompañara.
-Por supuesto. -Contesto en seguida.
-He concertado una cita para mañana por la tarde. En una prisión a las afueras de Madrid.
Siempre he querido visitar esa ciudad, es una lástima que sea en estas condiciones. Asiento con la cabeza haciéndole saber que estoy de acuerdo.
-Esta noche le mandaré un mensaje con los detalles del viaje. Yo me encargo de todo.
-Estupendo.
Me levanto y él me imita. Me tiende la mano y se la estrecho.
-Gracias otra vez, Holly.
-De nada, señor.
-Llámame Héctor por favor.
-Héctor. -Sonrío.
Blair.
"Esto es una pesadilla. Una puta pesadilla". Me repito esto una y otra vez mientras hundo la cabeza en mi almohada. Quiero que acabe de una vez, no lo soporto más. No entiendo por qué me retiene aquí. Maldito hijo de puta, no le bastó con matar a mi madre y provocarnos un sufrimiento indescriptible a mi y a mi padre, ahora me tiene que torturar de esta forma.
De repente se me ocurre una idea. Me levanto rápidamente de la cama y salgo de la habitación. Busco a Iván por toda la casa y me doy cuenta de que se está duchando. Voy hacia su habitación, la puerta está cerrada, abro y busco su móvil en ella. Tiene que tener algo para llamar. Finalmente lo encuentro dentro del bolsillo de su chaqueta, colgada sobre el pomo de la puerta. Miro la pantalla. En lo primero que me fijo es que estamos a viernes. Llevo una semana aquí.
Desbloqueo la pantalla, que no tiene código y tecleo el número de Ian, que me sé de memoria. Mierda, no hay cobertura. Salgo de la habitación y recorro el pasillo, pero nada. Bajo al piso de abajo, y aparece una rallita. Bien. Vuelvo a marcar. Suena un pitido. Dos. Tres.
-¿Si? -Oigo su voz al otro lado.
Noto que está apagada, casi sin vida. Pero estoy a punto de llorar de alegría al oírle. Es como si estuviera a su lado. De repente desaparece el teléfono de mi oreja y suelto un grito ahogado. Me doy la vuelta. Iván está ahí plantado, con una toalla alrededor de la cintura y el pelo rubio mojado, le gotea sobre los hombros. Mi corazón empieza una carrera.
-¡¿Blair?! -Vuelvo a oír su voz desde el teléfono, antes de que Iván presione el botón de colgar.
Se acabó ahora sí que la he jodido. Iván me coge por el cuello y me empuja contra la pared más cercana, dándome un golpe contra ella en la cabeza. Pega su cuerpo al mío, sin dejarme hacer el mínimo movimiento. Su mano presiona mi cuello y me empieza a faltar la respiración.
-¡¿Así pagas lo bien que te estoy tratando?! -Me grita a la cara.
Con mis manos intento apartar la suya de mí, inútilmente. Me empiezo a marear por la falta de aire.
-¡Ahora tendré que deshacerme de este puto teléfono para que no lo rastreen! ¡JODER!
Aparta la mano de mi cuello, a la vez que su cuerpo y me doblo sobre mí buscando aire a grandes bocanadas. Tengo los ojos llenos de lágrimas por el esfuerzo y la garganta me arde. Me quedo mirando el suelo, respirando. No me atrevo a alzar la vista hacia él.
Al cabo de un momento oigo sus pisadas sobre las escaleras. Me tumbo sobre el parqué y me hago un ovillo. Ahora sí que no conseguiré salir de aquí.
Ian
-¡Blair! -Grito al teléfono, pero la comunicación se ha cortado.
Mierda, joder, mierda. Estoy seguro de que era ella. Algo ha pasado. Pero he reconocido esa respiración. ¡Era ella! Seguro que se puede rastrear la llamada. Recorro mi casa a la carrera y salgo de ella, me meto en mi coche y arranco. Giro con un derrape y conduzco como un loco hacia la comisaría.
Te voy a pillar, hijo de puta, desearás no haber nacido. Desearás no haberle tocado nunca un pelo de la cabeza.
Holly
El vuelo ha sido rápido y Héctor es una compañía bastante agradable. Porque no siente la necesidad de llenar el silencio y no le incomoda no tener nada que decir.
Nos encontramos en la prisión. Héctor está hablando con el encargado y este busca en una lista si estamos apuntados.
-Tiene que ser nuevo. En esta prisión todo el mundo me conoce. -Me dice Héctor en voz baja.
Pues ya debe de ser importante.
-Aquí están, Acosta y Moore, a las siete y media. -Levanta la vista hacia nosotros- Esperen un momento para que avise a alguien que les acompañe.
-No creo que haga falta.
El chico frunce el ceño, confundido.
-Señor...
-Inspector Acosta. -Le corrige él.
-Oh, lo siento. No lo sabía. -Nos tiende unos pases- Pasen por favor.
-Gracias. -Contesta él secamente y se encamina hacia el pasillo de detrás del mostrador.
Yo le sigo, nerviosa.
Antes de entrar a la sala de interrogatorios, Héctor se gira hacia mí.
-Cuando entremos, déjame hablar a mí primero. Cuando termine con ella podrás preguntar todo lo que quieras, ¿vale?
-Sí.
-Te lo digo porque creo que te pondrías en actitud protectora por descubrir donde está Blair. No conviene alterar a Ángela porque tenemos que conseguir que nos lo cuente todo.
-Sí -Repito- Lo entiendo.
-Bien.
Se vuelve a girar y un guardia situado al lado de la puerta nos abre, cuando entramos dentro cierra con llave. En lo primero que me fijo es que la sala es igual que en las películas, pero apenas empiezo a pensar sobre ello la mujer sentada en la mesa capta toda mi atención.
Tiene el pelo cortado por los hombros y castaño oscuro. Son visibles algunas canas en el nacimiento del pelo en la frente. Sus ojos son verdes muy oscuros, un color que no había visto nunca. Me doy cuenta de que no ha cambiado prácticamente nada desde la foto que vi de ella, en el lago, hasta ahora. Ella nos dirige una sonrisa forzada.
-Vaya vaya, Héctor. Cuando tiempo sin verte, ¿quién es tu amiga?
¿Se conocen? Puede que fuera él quien la pusiera entre rejas. Me fijo en que no tiene las manos atadas con esposas. ¿No la consideran peligrosa?
-Ella es Holly, trabaja conmigo en un caso.
-¿Y por qué crees que yo os puedo ayudar?
-Tiene que ver con Iván Ugarte.
Su expresión relajada se transforma en una completamente alterada. Pero en seguida se recompone.
-¿Te acuerdas verdad? -Sigue Héctor.
-Como olvidarlo. -Se apoya en el respaldo de su silla, intentado parecer despreocupada.
Héctor posa una mano en mi espalda y nos dirigimos a las dos sillas plateadas colocadas al otro lado de la mesa. Nos sentamos. Ángela vigila atentamente nuestros movimientos.
-Queremos que nos cuentes todo lo que paso desde que los Ugarte te contrataron para cuidar a sus hijos. No te saltes nada, por favor.
Me dirijo a la cafetería más cercana y pido un café. No debería ilusionarme por como están yendo las cosas. Si luego resulta que esta pista no lleva a ningún sitio la decepción será enorme. Pero no puedo perder la esperanza, muy mal tiene que ir la cosa para que la pierda.
Te echo de menos Blair, vuelve por favor.
Al cabo de una hora y media, y otro café, me llama un número desconocido. Contesto.
-¿Si?
-Señorita Moore, si no le importa, ¿podría volver para hablar?
-Claro, estoy justo al lado. En seguida voy.
-Gracias.
Y cuelga. Dejo el dinero encima de la mesa y me apresuro para salir de la cafetería. Camino hasta el final de la calle, que es donde está la comisaría. Voy directa al despacho de Héctor. Llamo a la puerta y entro.
-Ya está aquí. -Dice Héctor a modo de saludo desde su mesa- Siéntese, por favor.
Obedezco y me siento en la misma silla de antes, espero a que hable, ansiosa por saber si yo estaba en lo cierto.
-Creo que puede tener razón. Todo lo que me ha contado antes y este diario tienen su lógica.
Por dentro me da un subidón de alegría, pero remite en seguida al recordar que Blair sigue desaparecida.
-He buscado en la base de datos y él aparece, Iván Ugarte. Muerto el 4 de agosto de 1989. Pero no demos por cierto ese hecho todavía. Primero he pensado que podría ir a hablar con Ángela Bernal para obtener respuestas y me gustaría que me acompañara.
-Por supuesto. -Contesto en seguida.
-He concertado una cita para mañana por la tarde. En una prisión a las afueras de Madrid.
Siempre he querido visitar esa ciudad, es una lástima que sea en estas condiciones. Asiento con la cabeza haciéndole saber que estoy de acuerdo.
-Esta noche le mandaré un mensaje con los detalles del viaje. Yo me encargo de todo.
-Estupendo.
Me levanto y él me imita. Me tiende la mano y se la estrecho.
-Gracias otra vez, Holly.
-De nada, señor.
-Llámame Héctor por favor.
-Héctor. -Sonrío.
Blair.
"Esto es una pesadilla. Una puta pesadilla". Me repito esto una y otra vez mientras hundo la cabeza en mi almohada. Quiero que acabe de una vez, no lo soporto más. No entiendo por qué me retiene aquí. Maldito hijo de puta, no le bastó con matar a mi madre y provocarnos un sufrimiento indescriptible a mi y a mi padre, ahora me tiene que torturar de esta forma.
De repente se me ocurre una idea. Me levanto rápidamente de la cama y salgo de la habitación. Busco a Iván por toda la casa y me doy cuenta de que se está duchando. Voy hacia su habitación, la puerta está cerrada, abro y busco su móvil en ella. Tiene que tener algo para llamar. Finalmente lo encuentro dentro del bolsillo de su chaqueta, colgada sobre el pomo de la puerta. Miro la pantalla. En lo primero que me fijo es que estamos a viernes. Llevo una semana aquí.
Desbloqueo la pantalla, que no tiene código y tecleo el número de Ian, que me sé de memoria. Mierda, no hay cobertura. Salgo de la habitación y recorro el pasillo, pero nada. Bajo al piso de abajo, y aparece una rallita. Bien. Vuelvo a marcar. Suena un pitido. Dos. Tres.
-¿Si? -Oigo su voz al otro lado.
Noto que está apagada, casi sin vida. Pero estoy a punto de llorar de alegría al oírle. Es como si estuviera a su lado. De repente desaparece el teléfono de mi oreja y suelto un grito ahogado. Me doy la vuelta. Iván está ahí plantado, con una toalla alrededor de la cintura y el pelo rubio mojado, le gotea sobre los hombros. Mi corazón empieza una carrera.
-¡¿Blair?! -Vuelvo a oír su voz desde el teléfono, antes de que Iván presione el botón de colgar.
Se acabó ahora sí que la he jodido. Iván me coge por el cuello y me empuja contra la pared más cercana, dándome un golpe contra ella en la cabeza. Pega su cuerpo al mío, sin dejarme hacer el mínimo movimiento. Su mano presiona mi cuello y me empieza a faltar la respiración.
-¡¿Así pagas lo bien que te estoy tratando?! -Me grita a la cara.
Con mis manos intento apartar la suya de mí, inútilmente. Me empiezo a marear por la falta de aire.
-¡Ahora tendré que deshacerme de este puto teléfono para que no lo rastreen! ¡JODER!
Aparta la mano de mi cuello, a la vez que su cuerpo y me doblo sobre mí buscando aire a grandes bocanadas. Tengo los ojos llenos de lágrimas por el esfuerzo y la garganta me arde. Me quedo mirando el suelo, respirando. No me atrevo a alzar la vista hacia él.
Al cabo de un momento oigo sus pisadas sobre las escaleras. Me tumbo sobre el parqué y me hago un ovillo. Ahora sí que no conseguiré salir de aquí.
Ian
-¡Blair! -Grito al teléfono, pero la comunicación se ha cortado.
Mierda, joder, mierda. Estoy seguro de que era ella. Algo ha pasado. Pero he reconocido esa respiración. ¡Era ella! Seguro que se puede rastrear la llamada. Recorro mi casa a la carrera y salgo de ella, me meto en mi coche y arranco. Giro con un derrape y conduzco como un loco hacia la comisaría.
Te voy a pillar, hijo de puta, desearás no haber nacido. Desearás no haberle tocado nunca un pelo de la cabeza.
Holly
El vuelo ha sido rápido y Héctor es una compañía bastante agradable. Porque no siente la necesidad de llenar el silencio y no le incomoda no tener nada que decir.
Nos encontramos en la prisión. Héctor está hablando con el encargado y este busca en una lista si estamos apuntados.
-Tiene que ser nuevo. En esta prisión todo el mundo me conoce. -Me dice Héctor en voz baja.
Pues ya debe de ser importante.
-Aquí están, Acosta y Moore, a las siete y media. -Levanta la vista hacia nosotros- Esperen un momento para que avise a alguien que les acompañe.
-No creo que haga falta.
El chico frunce el ceño, confundido.
-Señor...
-Inspector Acosta. -Le corrige él.
-Oh, lo siento. No lo sabía. -Nos tiende unos pases- Pasen por favor.
-Gracias. -Contesta él secamente y se encamina hacia el pasillo de detrás del mostrador.
Yo le sigo, nerviosa.
Antes de entrar a la sala de interrogatorios, Héctor se gira hacia mí.
-Cuando entremos, déjame hablar a mí primero. Cuando termine con ella podrás preguntar todo lo que quieras, ¿vale?
-Sí.
-Te lo digo porque creo que te pondrías en actitud protectora por descubrir donde está Blair. No conviene alterar a Ángela porque tenemos que conseguir que nos lo cuente todo.
-Sí -Repito- Lo entiendo.
-Bien.
Se vuelve a girar y un guardia situado al lado de la puerta nos abre, cuando entramos dentro cierra con llave. En lo primero que me fijo es que la sala es igual que en las películas, pero apenas empiezo a pensar sobre ello la mujer sentada en la mesa capta toda mi atención.
Tiene el pelo cortado por los hombros y castaño oscuro. Son visibles algunas canas en el nacimiento del pelo en la frente. Sus ojos son verdes muy oscuros, un color que no había visto nunca. Me doy cuenta de que no ha cambiado prácticamente nada desde la foto que vi de ella, en el lago, hasta ahora. Ella nos dirige una sonrisa forzada.
-Vaya vaya, Héctor. Cuando tiempo sin verte, ¿quién es tu amiga?
¿Se conocen? Puede que fuera él quien la pusiera entre rejas. Me fijo en que no tiene las manos atadas con esposas. ¿No la consideran peligrosa?
-Ella es Holly, trabaja conmigo en un caso.
-¿Y por qué crees que yo os puedo ayudar?
-Tiene que ver con Iván Ugarte.
Su expresión relajada se transforma en una completamente alterada. Pero en seguida se recompone.
-¿Te acuerdas verdad? -Sigue Héctor.
-Como olvidarlo. -Se apoya en el respaldo de su silla, intentado parecer despreocupada.
Héctor posa una mano en mi espalda y nos dirigimos a las dos sillas plateadas colocadas al otro lado de la mesa. Nos sentamos. Ángela vigila atentamente nuestros movimientos.
-Queremos que nos cuentes todo lo que paso desde que los Ugarte te contrataron para cuidar a sus hijos. No te saltes nada, por favor.
viernes, 31 de julio de 2015
Capítulo 42.
Holly
Empiezo por las cajas de la izquierda, me aseguro de que todas tienen el nombre de Marta y comienzo. La mayoría son de ropa así que las cierro y sigo. Tras un buen rato sin encontrar nada útil acabo en el extremo derecho de la pared, se están acabando las cajas. Abro otra y dentro encuentro unos cuadernos simples con la palabra "diario" escrita en la portada. Los saco y abro por la primera página. Leo "1 de enero de 2005". Será mejor empezar desde el primero por lo que lo guardo y rebusco al fondo de la caja. Saco otro diario y abro otra vez por la primera página. "27 de julio de 1986". Calculo que tendría 7 años.
Hojeo las páginas sin encontrar nada que me pueda ayudar. Por lo que paso al siguiente diario, este es un año después. Repito el proceso y nada, pero descubro que tenía un hermano, Iván. Es algo que no sabía, Blair nunca me habló de él. Pero sigo leyendo. Al tercer diario, con 9 años empiezo a encontrar algo.
7 de marzo de 1989
Mamá y papá han contratado una niñera para que nos cuide a Iván y a mí. Se llama Ángela y su apellido es Bernal. Es un nombre bonito. Me gusta. Mamá y papá se han vuelto a ir de viaje y nos hemos quedado solos con ella. Nos ha hecho tarta y nos ha dejado quedarnos hasta tarde viendo la tele. Podría vivir con Ángela todos los días.
Adelanto las hojas.
10 de abril de 1989
Ángela ha vuelto a pegar a Iván. He sido yo quien ha tirado sin querer su bote de pintauñas al suelo y se ha roto. Pero ha sido sin querer. Iván lloraba y yo no se lo he dicho. Tenía miedo, no quería que me pegara a mi.
Frunzo el ceño leyendo esto y vuelvo unas páginas atrás.
26 de marzo de 1989
Hoy es el cumpleaños de Ángela y yo le he regalado un dibujo de ella, Iván y yo. Me ha dado las gracias y me ha dejado coger una natilla de la nevera. Iván no le ha regalado nada y ella le ha pegado, en la cara. Yo me he asustado porque ella es buena y no pensaba que hacía esas cosas. He ido corriendo a mi habitación pero ya no me he comido la natilla y la he dejado en la mesa de mi cama.
Tengo un mal presentimiento, pero sigo leyendo.
20 de abril de 1989
Mis papás han vuelto de su viaje. Al ver a Iván con ese moratón en la cara han preguntado a Ángela que ha pasado. Pero no parecían preocupados. Cuando yo me hago daño sí se preocupan. Ángela les ha dicho que se cayó jugando en el parque. Es mentira, fue ella. Le pegó con el cinturón. Pero no puedo decir nada, tengo miedo.
Después de aquello no vuelve a decir nada sobre Iván o la niñera. Sigo pasando páginas, la mayoría apenas escribe una frase. Un día me llama la atención porque ha vuelto a mencionarles a ellos dos.
1 de agosto de 1989
Mamá, papá, Iván y yo vamos a ir de vacaciones a la casa del lago. Tengo muchas ganas de ir. Pero han invitado a Ángela y ya no quiero. Ella es mala. No quiero que venga.
4 de agosto de 1989
Estoy muy triste. Muy triste. Iván y yo hemos ido al lago y hemos jugado a hacer carreras. Él era más rápido que yo y me enfadé porque me ganaba. Me quedé en la orilla y el siguió nadando y no le vi más. Oí un grito, era la voz de Ángela. Di la vuelta a todo el lago y vi a Iván en el suelo con los ojos cerrados. Ángela le apretaba el pecho con las dos manos y me decía que él no respiraba. Después vinieron mamá y papá pero Iván no se movía. Decían que se había muerto. Pero no me lo creo, Iván no se puede morir. Mi hermanito tiene que estar conmigo siempre.
Ahora entiendo por qué Blair no me habló de él. Murió. Paso la página pero el diario acaba allí, las demás hojas están en blanco. De pronto me quedo mirando al vacío. Sigo pensando que el que tiene a Blair tiene que ver con su familia. ¿Podría ser él? ¿Iván? Tengo que encontrar a la niñera. Me da algo de miedo, esa mujer está trastornada, pero tengo que hablar con ella. Al final del diario encuentro una foto. Salen Marta, de pequeña, sus padres y una chica morena al lado. Supongo que será la niñera. ¿Por qué no sale Iván? Guardo todo en la caja, menos ese diario con la foto. Después salgo del trastero. Tengo esperanzas.
Ian
No puedo más. Sencillamente no puedo más. Se sigue sin saber nada y yo aquí sentado. Me siento completamente un inútil, porque no puedo hacer nada. Encima Holly se pira a Málaga, no sé que espera encontrar allí, más que un padre destrozado. He estado a punto de acompañarla, pero no podía soportar ver a su padre, que se parece a ella. Ni siquiera salgo de casa, tampoco he ido al rodaje desde su desaparición. No puedo hacer nada, sólo sentarme en el sofá y pensar.
Me dirijo al cuarto de baño y me meto en la ducha, por hacer algo. Abro el grifo y el agua golpea mis hombros, está fría pero no me importa. Mientras se va calentando cierro los ojos y apoyo los antebrazos sobre la pared, a la vez que bajo la cabeza y cierro los ojos. El agua, ya caliente, casi ardiendo, se desliza por mi espalda y por todo el cuerpo. Reprimo las ganas de llorar, tengo que ser fuerte.
¿Dónde estás, Blair?
Holly
Tras mucho discutir conmigo misma, decido ir a la policía con esta. Pregunto a Javier con quien hablaron él y su hija cuando se enteraron de lo de Marta y voy hacia allí. Espero en una sala blanca y fría, con sillas bastante incómodas. Tras unos diez minutos un hombre sale de uno de los despachos.
Como soy la única de la sala dirige su mirada hacia mí.
-¿Holly Moore?
-Sí. -Respondo firme.
Tengo que parecer segura de mi misma, me tienen que creer en lo que he descubierto.
-Acompáñeme, por favor.
Me levanto y sigo a ese hombre, que me fijo en que es bastante atractivo. Entro en su despacho y él cierra la puerta.
-Soy Héctor Acosta. -Me tiende la mano.
Se la estrecho, sin decir nada.
-Siéntese. -Señala un par de sillas en frente de su escritorio y él se sienta detrás de él.
-Siento lo de su amiga.
-Gracias. -Digo por educación.
-¿Es muy amiga suya?
Asiento.
-Casi hermanas.
-Ya... -Se cruza de brazos- Me han informado de que tiene algunas sospechas, ¿le importaría compartirlas conmigo?
-Para eso he venido pero... Me preocupa que no me crea. Es bastante... -No sé como describirlo.
-He oído muchas historias señorita Moore, algunas muy creativas. No es fácil impresionarme.
-Vale... -Me aclaro la garganta- Vine aquí porque quería ver a su padre y necesitaba respuestas. Quiero encontrar a mi amiga y quiero aportar algo para ayudar a hacerlo. Estuve pensando y seguí una corazonada, creía y creo que Jorge Casares tiene algo que ver con la familia Cooper.
Acosta frunce el ceño, más interesado ahora. Me anima a seguir con un breve asentimiento.
-Hablé con su padre y le pregunté sobre él, pero no sabe nada sobre eso. Me llevó al trastero donde estuve mirando las cosas de Marta. Allí encontré diarios suyos. Empecé por el primero y descubrí que tenía un hermano. Blair nunca me habló de él, pero seguí leyendo.
-¿Cómo se llama su hermano? -Pregunta él.
-Llamaba... -Le corrijo- Iván.
Anota algo en su libreta.
-Siga, por favor.
Saco el diario de mi bolso y lo dejo sobre mi regazo. Héctor lo mira con curiosidad. Cuando empiezo a hablar me vuelve a mirar a mí.
-Los padres de Marta e Iván trabajaban mucho y a menudo fuera de casa. Así que contrataron a una niñera. Ángela Bernal...
-Perdone, ¿quién ha dicho? -Me interrumpe.
-Ángela Bernal.
Héctor entreabre la boca por la sorpresa. Mi corazón se acelera.
-¿Sabe quien es?
-Sí, está entre rejas. Por tráfico de niños y maltrato.
La bilis se me sube a la garganta.
-Eh... Ella... -Me tiembla la voz- Le pegaba... A Iván y poco a poco fue a peor. Aquí está todo. -Alzo el diario y de repente parece que pesa diez kilos- Un día estaban veraneando en una casa en un lago y Marta perdió de vista a su hermano. Escuchó un grito de la niñera y corrió hacia allí. Estaba intentando reanimar a Iván, que parece ser que se ahogó.
Héctor permanece mudo, totalmente concentrado. Su pecho sube y baja rítmicamente. Necesito que diga algo.
-¿Le importa dejarme el diario para analizarlo?
-Claro. -Se lo tiendo y él lo coge- Dentro hay una foto de la familia con la niñera, pero Iván no aparece.
-Estoy muy sorprendido. ¿Nunca ha pensado trabajar para la policía?
Sonrío sin muchas ganas.
-En realidad sí.
Héctor me devuelve una sonrisa cansada.
-Lo haría muy bien.
Permanecemos en silencio mientras él hojea el diario. Después mira su reloj.
-¿Le importaría esperar un par de horas mientras leo el diario? Quiero acabar con esto cuanto antes. Me refiero a llegar a alguna parte.
Asiento.
-¿Me da su número por favor?
Mientras le dicto los números el lo apunta en pósit.
-Gracias. No se vaya muy lejos, en cuanto acabe la llamo para volver a hablar con usted.
Me levanto de la silla y él se levanta también.
-Muchas gracias, de verdad. Esto es realmente importante y agradezco mucho su aporte.
-De nada.
A continuación salgo del despacho, con una esperanza mayor a la que tenía al salir del trastero.
Empiezo por las cajas de la izquierda, me aseguro de que todas tienen el nombre de Marta y comienzo. La mayoría son de ropa así que las cierro y sigo. Tras un buen rato sin encontrar nada útil acabo en el extremo derecho de la pared, se están acabando las cajas. Abro otra y dentro encuentro unos cuadernos simples con la palabra "diario" escrita en la portada. Los saco y abro por la primera página. Leo "1 de enero de 2005". Será mejor empezar desde el primero por lo que lo guardo y rebusco al fondo de la caja. Saco otro diario y abro otra vez por la primera página. "27 de julio de 1986". Calculo que tendría 7 años.
Hojeo las páginas sin encontrar nada que me pueda ayudar. Por lo que paso al siguiente diario, este es un año después. Repito el proceso y nada, pero descubro que tenía un hermano, Iván. Es algo que no sabía, Blair nunca me habló de él. Pero sigo leyendo. Al tercer diario, con 9 años empiezo a encontrar algo.
7 de marzo de 1989
Mamá y papá han contratado una niñera para que nos cuide a Iván y a mí. Se llama Ángela y su apellido es Bernal. Es un nombre bonito. Me gusta. Mamá y papá se han vuelto a ir de viaje y nos hemos quedado solos con ella. Nos ha hecho tarta y nos ha dejado quedarnos hasta tarde viendo la tele. Podría vivir con Ángela todos los días.
Adelanto las hojas.
10 de abril de 1989
Ángela ha vuelto a pegar a Iván. He sido yo quien ha tirado sin querer su bote de pintauñas al suelo y se ha roto. Pero ha sido sin querer. Iván lloraba y yo no se lo he dicho. Tenía miedo, no quería que me pegara a mi.
Frunzo el ceño leyendo esto y vuelvo unas páginas atrás.
26 de marzo de 1989
Hoy es el cumpleaños de Ángela y yo le he regalado un dibujo de ella, Iván y yo. Me ha dado las gracias y me ha dejado coger una natilla de la nevera. Iván no le ha regalado nada y ella le ha pegado, en la cara. Yo me he asustado porque ella es buena y no pensaba que hacía esas cosas. He ido corriendo a mi habitación pero ya no me he comido la natilla y la he dejado en la mesa de mi cama.
Tengo un mal presentimiento, pero sigo leyendo.
20 de abril de 1989
Mis papás han vuelto de su viaje. Al ver a Iván con ese moratón en la cara han preguntado a Ángela que ha pasado. Pero no parecían preocupados. Cuando yo me hago daño sí se preocupan. Ángela les ha dicho que se cayó jugando en el parque. Es mentira, fue ella. Le pegó con el cinturón. Pero no puedo decir nada, tengo miedo.
Después de aquello no vuelve a decir nada sobre Iván o la niñera. Sigo pasando páginas, la mayoría apenas escribe una frase. Un día me llama la atención porque ha vuelto a mencionarles a ellos dos.
1 de agosto de 1989
Mamá, papá, Iván y yo vamos a ir de vacaciones a la casa del lago. Tengo muchas ganas de ir. Pero han invitado a Ángela y ya no quiero. Ella es mala. No quiero que venga.
4 de agosto de 1989
Estoy muy triste. Muy triste. Iván y yo hemos ido al lago y hemos jugado a hacer carreras. Él era más rápido que yo y me enfadé porque me ganaba. Me quedé en la orilla y el siguió nadando y no le vi más. Oí un grito, era la voz de Ángela. Di la vuelta a todo el lago y vi a Iván en el suelo con los ojos cerrados. Ángela le apretaba el pecho con las dos manos y me decía que él no respiraba. Después vinieron mamá y papá pero Iván no se movía. Decían que se había muerto. Pero no me lo creo, Iván no se puede morir. Mi hermanito tiene que estar conmigo siempre.
Ahora entiendo por qué Blair no me habló de él. Murió. Paso la página pero el diario acaba allí, las demás hojas están en blanco. De pronto me quedo mirando al vacío. Sigo pensando que el que tiene a Blair tiene que ver con su familia. ¿Podría ser él? ¿Iván? Tengo que encontrar a la niñera. Me da algo de miedo, esa mujer está trastornada, pero tengo que hablar con ella. Al final del diario encuentro una foto. Salen Marta, de pequeña, sus padres y una chica morena al lado. Supongo que será la niñera. ¿Por qué no sale Iván? Guardo todo en la caja, menos ese diario con la foto. Después salgo del trastero. Tengo esperanzas.
Ian
No puedo más. Sencillamente no puedo más. Se sigue sin saber nada y yo aquí sentado. Me siento completamente un inútil, porque no puedo hacer nada. Encima Holly se pira a Málaga, no sé que espera encontrar allí, más que un padre destrozado. He estado a punto de acompañarla, pero no podía soportar ver a su padre, que se parece a ella. Ni siquiera salgo de casa, tampoco he ido al rodaje desde su desaparición. No puedo hacer nada, sólo sentarme en el sofá y pensar.
Me dirijo al cuarto de baño y me meto en la ducha, por hacer algo. Abro el grifo y el agua golpea mis hombros, está fría pero no me importa. Mientras se va calentando cierro los ojos y apoyo los antebrazos sobre la pared, a la vez que bajo la cabeza y cierro los ojos. El agua, ya caliente, casi ardiendo, se desliza por mi espalda y por todo el cuerpo. Reprimo las ganas de llorar, tengo que ser fuerte.
¿Dónde estás, Blair?
Holly
Tras mucho discutir conmigo misma, decido ir a la policía con esta. Pregunto a Javier con quien hablaron él y su hija cuando se enteraron de lo de Marta y voy hacia allí. Espero en una sala blanca y fría, con sillas bastante incómodas. Tras unos diez minutos un hombre sale de uno de los despachos.
Como soy la única de la sala dirige su mirada hacia mí.
-¿Holly Moore?
-Sí. -Respondo firme.
Tengo que parecer segura de mi misma, me tienen que creer en lo que he descubierto.
-Acompáñeme, por favor.
Me levanto y sigo a ese hombre, que me fijo en que es bastante atractivo. Entro en su despacho y él cierra la puerta.
-Soy Héctor Acosta. -Me tiende la mano.
Se la estrecho, sin decir nada.
-Siéntese. -Señala un par de sillas en frente de su escritorio y él se sienta detrás de él.
-Siento lo de su amiga.
-Gracias. -Digo por educación.
-¿Es muy amiga suya?
Asiento.
-Casi hermanas.
-Ya... -Se cruza de brazos- Me han informado de que tiene algunas sospechas, ¿le importaría compartirlas conmigo?
-Para eso he venido pero... Me preocupa que no me crea. Es bastante... -No sé como describirlo.
-He oído muchas historias señorita Moore, algunas muy creativas. No es fácil impresionarme.
-Vale... -Me aclaro la garganta- Vine aquí porque quería ver a su padre y necesitaba respuestas. Quiero encontrar a mi amiga y quiero aportar algo para ayudar a hacerlo. Estuve pensando y seguí una corazonada, creía y creo que Jorge Casares tiene algo que ver con la familia Cooper.
Acosta frunce el ceño, más interesado ahora. Me anima a seguir con un breve asentimiento.
-Hablé con su padre y le pregunté sobre él, pero no sabe nada sobre eso. Me llevó al trastero donde estuve mirando las cosas de Marta. Allí encontré diarios suyos. Empecé por el primero y descubrí que tenía un hermano. Blair nunca me habló de él, pero seguí leyendo.
-¿Cómo se llama su hermano? -Pregunta él.
-Llamaba... -Le corrijo- Iván.
Anota algo en su libreta.
-Siga, por favor.
Saco el diario de mi bolso y lo dejo sobre mi regazo. Héctor lo mira con curiosidad. Cuando empiezo a hablar me vuelve a mirar a mí.
-Los padres de Marta e Iván trabajaban mucho y a menudo fuera de casa. Así que contrataron a una niñera. Ángela Bernal...
-Perdone, ¿quién ha dicho? -Me interrumpe.
-Ángela Bernal.
Héctor entreabre la boca por la sorpresa. Mi corazón se acelera.
-¿Sabe quien es?
-Sí, está entre rejas. Por tráfico de niños y maltrato.
La bilis se me sube a la garganta.
-Eh... Ella... -Me tiembla la voz- Le pegaba... A Iván y poco a poco fue a peor. Aquí está todo. -Alzo el diario y de repente parece que pesa diez kilos- Un día estaban veraneando en una casa en un lago y Marta perdió de vista a su hermano. Escuchó un grito de la niñera y corrió hacia allí. Estaba intentando reanimar a Iván, que parece ser que se ahogó.
Héctor permanece mudo, totalmente concentrado. Su pecho sube y baja rítmicamente. Necesito que diga algo.
-¿Le importa dejarme el diario para analizarlo?
-Claro. -Se lo tiendo y él lo coge- Dentro hay una foto de la familia con la niñera, pero Iván no aparece.
-Estoy muy sorprendido. ¿Nunca ha pensado trabajar para la policía?
Sonrío sin muchas ganas.
-En realidad sí.
Héctor me devuelve una sonrisa cansada.
-Lo haría muy bien.
Permanecemos en silencio mientras él hojea el diario. Después mira su reloj.
-¿Le importaría esperar un par de horas mientras leo el diario? Quiero acabar con esto cuanto antes. Me refiero a llegar a alguna parte.
Asiento.
-¿Me da su número por favor?
Mientras le dicto los números el lo apunta en pósit.
-Gracias. No se vaya muy lejos, en cuanto acabe la llamo para volver a hablar con usted.
Me levanto de la silla y él se levanta también.
-Muchas gracias, de verdad. Esto es realmente importante y agradezco mucho su aporte.
-De nada.
A continuación salgo del despacho, con una esperanza mayor a la que tenía al salir del trastero.
Capítulo 41.
Llego a casa, por fin. He tenido un examen de matemáticas. Solo quiero tumbarme en la cama y leer algo. Papá ya está en casa, hoy llega pronto. Me acerco a él, que está en la cocina, preparando la comida.
-Hola papi. -Le doy un beso en la mejilla.
-Hola cielo, ¿qué tal en clase?
-Bien, bueno. He tenido examen y no me ha salido muy bien.
-¿Matemáticas?
Me río y asiento.
-Vete a tu habitación si quieres, cuando esté la comida lista te aviso. No quedará mucho para que llegue tu madre.
-Vaaaale.
Salgo de la cocina y voy a mi habitación. Me tiro encima de la cama y me quedo mirando el techo. Tengo que comprarle algo a mamá, dentro de poco es su cumpleaños. Pero no se me ocurre nada. Mientras pienso esto oigo el móvil de papá a lo lejos. Sigo dándole vueltas al regalo cuando oigo un estruendo, como una cazuela cayéndose al suelo y luego silencio. Demasiado silencio.
Me levanto rápidamente de la cama y corro a la cocina.
-¡¿Papá?!
Está con el teléfono en la oreja, apoyado sobre la encimera y prácticamente no respira. Me acerco a toda prisa a él y le sacudo el hombro.
-¡Papá! ¡¿Qué pasa?!
Finalmente me mira, tiene los ojos llenos de lágrimas que finalmente, cuando me mira y parpadea, se desbordan. Yo le miro espantada, esperando que me diga que pasa.
-Tu... Tu madre ha... Ha tenido un accidente con el coche.
El corazón se me acelera.
-¿Qué ha pasado? ¿Está bien? -Digo mientras las lágrimas acuden a mis ojos.
Mi padre cierra los ojos y las lágrimas inundan sus mejillas. Yo me quedo paralizada.
-Ha muerto. -Dice con voz rota..
Mi mundo se detiene. El corazón se me para. Mamá no. Ella no. Me dejo caer de rodillas en el suelo y rompo a llorar, los sollozos desgarran mi pecho. No puede ser verdad. Los brazos de mi padre me rodean y sus sollozos sacuden mi cuerpo. Me abandono al dolor.
Abro los ojos lentamente y recuerdo el sueño. Me doy cuenta de que estoy llorando y la almohada está empapada. ¿Dónde estoy? Miro a los pies de la cama, es la misma habitación. Pensaba que todo había sido una pesadilla y que seguía en mi cama, pero no. Entonces lo recuerdo, intenté escapar pero... Me desmayé. ¿Cómo?
Nunca saldré de aquí. Estoy segura. Al menos no sola. Necesito hacer saber a alguien que estoy aquí, pero no sé cómo. Ahora mismo quiero que todo termine de una vez. Que Iván termine lo que ha empezado, y rápido.
Holly
Han pasado tres días y aún no me hago a la idea de que mi mejor amiga ha desaparecido. Todos creemos que ha sido el asesino de su madre quien la tiene. ¿Pero dónde? Desde ayer he estado investigando por mi cuenta pero no se me da bien. Lo poco que sé de ese tío es lo mismo que la policía le contó a Blair en su momento. Si no lo han cogido ellos poco puedo hacer yo.
Cuando fui a la comisaría me encontré con Ian, que desde la noticia va todos los días. Estaba destrozado, su rostro era la imagen de un hombre consumido. Aún así se las arreglaba para estar guapísimo. No sé como lo hace.
Loki se acerca a mí gimoteando. Pobre. Hace días que no ve a su dueña. Fui a su casa para buscarlo, el pobre llevaba todo un día sin comer y estaba tumbado en su cama, sin moverse. Le rasco entre las orejas y él me mira fijamente.
Al día siguiente, al despertarme. Decido ir a Málaga para hablar con el padre de Blair. Alguna vez nos hemos visto, cuando él ha venido aquí a visitarla. No quiero hablar con él por teléfono, necesito hacerlo cara a cara. El problema es que no sé exactamente dónde vive. Ian lo sabrá, él fue con ella. Le mando un mensaje, en vez de llamarle, porque no quiero oír su voz, está demasiado rota y no quiero perder la esperanza.
10:13 Yo: Necesito que me digas la dirección del padre de Blair, en Málaga. Por favor.
Para mi sorpresa, contesta en seguida. El pobre estará con el móvil en la mano esperando noticias.
10:14 Ian: Calle ____, número 15, tercero A.
10:14 Yo: Gracias.
Me levanto de la cama y después de desayunar, llamo a Matt para que se encargue de Loki. Voy a mi habitación y saco una maleta de debajo de la cama. Suspiro. Va a ser un viaje largo.
Blair
Iván me ha traído el desayuno y al marcharse ha dejado la puerta abierta. No lo entiendo. Sin tocar la comida me levanto y salgo de la habitación. Recorro el camino del otro día al intentar escapar. Bajo las escaleras al primer piso y me encuentro a Iván sentado en un sofá del salón, de espaldas a mí, viendo la tele. Me fijo en la pantalla, está viendo las noticias. Aparece una foto mía y debajo el titular "aún desaparecida". Suelto un jadeo e Iván se gira hacia mí.
-No te preocupes, no te encontrarán. -Dice secamente.
Le miro horrorizada. Se levanta y se dirige hacia mí.
-He decidido dejarte suelta por aquí. Debe de ser aburrido estar todo el día encerrada. -Se va acercando mientras habla- No te hagas ilusiones, no podrás salir.
Abro la boca para decir algo pero él me interrumpe. Su cara ya queda a unos centímetros de la mía.
-Y como se te ocurra algo, como vuelvas a intentar escaparte. No seré tan bueno, te lo aseguro.
-¿Por qué no me matas ya?
-Oh Blair, lo haré. Te lo aseguro.
Cierro los ojos un momento, queriendo despertar de esta pesadilla. Cuando los abro él ya no está delante de mí. Me giro y observo su espalda desaparecer por la puerta de la cocina.
Holly
Al día siguiente por la noche, tarde, llego a la dirección que Ian me mandó. Durante el viaje he pensado que todo esto de Jorge Casares... Él tiene algo que ver con la familia, primero la madre y ahora va a por la hija.
Me acerco al portal y toco al telefonillo.
-¿Si? -Suena la voz de una mujer.
¿Me habré equivocado?
-¿Vive aquí Javier?
-Sí, ¿quien es?
Será su novia, claro.
-Holly, una amiga de Blair.
Se oye un zumbido y entro. Ya en el piso correcto camino hacia la puerta que está entreabierta. Enciendo la luz del rellano y una mujer me abre la puerta.
-Hola, soy Elena.
-Encantada... ¿Cómo está él?
Su rostro se entristece.
-Mal, muy mal... Por favor, pasa. -Abre la puerta del todo.
-Gracias. -Seguidamente entro en la casa.
Elena pasa delante de mí y se apoya en el marco de la puerta del comedor.
-Javi, cielo. Una amiga de Blair ha venido.
Su padre levanta la vista de lo que sea que está leyendo sentado en la mesa. Unas grandes ojeras enmarcan sus ojos y tiene el pelo despeinado. Su cara no refleja otra cosa que dolor. Elena nos deja solos y yo me acerco a la mesa.
-Siéntate, por favor...
Hago lo que me dice y me siento en una silla contigua a la suya. Señala con la cabeza hacia los papeles que tiene desperdigados encima de la mesa. Hay muchos recortes de periódicos, fotografías y documentos.
-Intento entender... Como es él, lo que hace, como actúa pero... Todo se me escapa, no llego a ningún sitio. -Su voz se quiebra en la última palabra.
-Yo también lo he intentado y obtengo el mismo resultado.
Se tapa la cara con las manos y tras unos segundos sus hombros se sacuden, está llorando. Apoyo una mano en su hombro, a modo de consuelo.
-Es culpa mía... -Sus palabras suenan amortiguadas al tener las manos sobre la cara y las retira, un surco de lágrimas recorre sus mejillas- Le dije que se quedara cuando vino, pero no cedió. Si lo hubiera intentado mejor ahora... No estaría...
-Lo que ha pasado no es culpa tuya, nadie podía saber que aquello iba a ocurrir.
Permanecemos un rato en silencio. Finalmente decido que no sirve de nada, tenemos que centrarnos en lo realmente importante. Encontrarla.
-Javier, necesito saber si Casares tiene algo que ver con tu familia. -Decido ir al grano.
-¿Por qué lo dices? -El me mira extrañado.
-Es una corazonada.
-Pues... No lo sé. No quiero pensar en él como tal.
Se calla un momento y sigue hablando.
-Marta llevaba escribiendo diarios desde niña, es una manía que no consiguió quitarse. -Sonríe con cariño y nostalgia- Tengo todas sus cosas guardadas, puede que te sirva de algo.
-Me ayudaría mucho.
Él se levanta de la mesa lentamente y me mira.
-Acompáñame por favor.
Salimos de la casa y nos dirigimos al ascensor, después subimos hasta el último piso. Salimos y se extiende ante nosotros un pasillo con puertas a ambos lados. Los trasteros. Sigo a Javier hasta llegar a una puerta situada más o menos a la mitad, en el lado izquierdo. Saca una llave de su bolsillo y abre la puerta. Me hace una señal para que entre pero él se queda fuera. Señala hacia el fondo de la pequeña habitación.
-En esa pared están todas sus cosas. Su nombre está en las cajas. -Después deposita una llave en mi mano- Cierra cuando salgas por favor.
-Lo haré, y gracias.
Javier asiente y se marcha. Oigo sus pasos y finalmente la puerta del ascensor cerrándose. Cierro la puerta del trastero y me dirijo a la pared del fondo. Esto va a necesitar tiempo. Bueno, todo es por Blair.
-Hola papi. -Le doy un beso en la mejilla.
-Hola cielo, ¿qué tal en clase?
-Bien, bueno. He tenido examen y no me ha salido muy bien.
-¿Matemáticas?
Me río y asiento.
-Vete a tu habitación si quieres, cuando esté la comida lista te aviso. No quedará mucho para que llegue tu madre.
-Vaaaale.
Salgo de la cocina y voy a mi habitación. Me tiro encima de la cama y me quedo mirando el techo. Tengo que comprarle algo a mamá, dentro de poco es su cumpleaños. Pero no se me ocurre nada. Mientras pienso esto oigo el móvil de papá a lo lejos. Sigo dándole vueltas al regalo cuando oigo un estruendo, como una cazuela cayéndose al suelo y luego silencio. Demasiado silencio.
Me levanto rápidamente de la cama y corro a la cocina.
-¡¿Papá?!
Está con el teléfono en la oreja, apoyado sobre la encimera y prácticamente no respira. Me acerco a toda prisa a él y le sacudo el hombro.
-¡Papá! ¡¿Qué pasa?!
Finalmente me mira, tiene los ojos llenos de lágrimas que finalmente, cuando me mira y parpadea, se desbordan. Yo le miro espantada, esperando que me diga que pasa.
-Tu... Tu madre ha... Ha tenido un accidente con el coche.
El corazón se me acelera.
-¿Qué ha pasado? ¿Está bien? -Digo mientras las lágrimas acuden a mis ojos.
Mi padre cierra los ojos y las lágrimas inundan sus mejillas. Yo me quedo paralizada.
-Ha muerto. -Dice con voz rota..
Mi mundo se detiene. El corazón se me para. Mamá no. Ella no. Me dejo caer de rodillas en el suelo y rompo a llorar, los sollozos desgarran mi pecho. No puede ser verdad. Los brazos de mi padre me rodean y sus sollozos sacuden mi cuerpo. Me abandono al dolor.
Abro los ojos lentamente y recuerdo el sueño. Me doy cuenta de que estoy llorando y la almohada está empapada. ¿Dónde estoy? Miro a los pies de la cama, es la misma habitación. Pensaba que todo había sido una pesadilla y que seguía en mi cama, pero no. Entonces lo recuerdo, intenté escapar pero... Me desmayé. ¿Cómo?
Nunca saldré de aquí. Estoy segura. Al menos no sola. Necesito hacer saber a alguien que estoy aquí, pero no sé cómo. Ahora mismo quiero que todo termine de una vez. Que Iván termine lo que ha empezado, y rápido.
Holly
Han pasado tres días y aún no me hago a la idea de que mi mejor amiga ha desaparecido. Todos creemos que ha sido el asesino de su madre quien la tiene. ¿Pero dónde? Desde ayer he estado investigando por mi cuenta pero no se me da bien. Lo poco que sé de ese tío es lo mismo que la policía le contó a Blair en su momento. Si no lo han cogido ellos poco puedo hacer yo.
Cuando fui a la comisaría me encontré con Ian, que desde la noticia va todos los días. Estaba destrozado, su rostro era la imagen de un hombre consumido. Aún así se las arreglaba para estar guapísimo. No sé como lo hace.
Loki se acerca a mí gimoteando. Pobre. Hace días que no ve a su dueña. Fui a su casa para buscarlo, el pobre llevaba todo un día sin comer y estaba tumbado en su cama, sin moverse. Le rasco entre las orejas y él me mira fijamente.
Al día siguiente, al despertarme. Decido ir a Málaga para hablar con el padre de Blair. Alguna vez nos hemos visto, cuando él ha venido aquí a visitarla. No quiero hablar con él por teléfono, necesito hacerlo cara a cara. El problema es que no sé exactamente dónde vive. Ian lo sabrá, él fue con ella. Le mando un mensaje, en vez de llamarle, porque no quiero oír su voz, está demasiado rota y no quiero perder la esperanza.
10:13 Yo: Necesito que me digas la dirección del padre de Blair, en Málaga. Por favor.
Para mi sorpresa, contesta en seguida. El pobre estará con el móvil en la mano esperando noticias.
10:14 Ian: Calle ____, número 15, tercero A.
10:14 Yo: Gracias.
Me levanto de la cama y después de desayunar, llamo a Matt para que se encargue de Loki. Voy a mi habitación y saco una maleta de debajo de la cama. Suspiro. Va a ser un viaje largo.
Blair
Iván me ha traído el desayuno y al marcharse ha dejado la puerta abierta. No lo entiendo. Sin tocar la comida me levanto y salgo de la habitación. Recorro el camino del otro día al intentar escapar. Bajo las escaleras al primer piso y me encuentro a Iván sentado en un sofá del salón, de espaldas a mí, viendo la tele. Me fijo en la pantalla, está viendo las noticias. Aparece una foto mía y debajo el titular "aún desaparecida". Suelto un jadeo e Iván se gira hacia mí.
-No te preocupes, no te encontrarán. -Dice secamente.
Le miro horrorizada. Se levanta y se dirige hacia mí.
-He decidido dejarte suelta por aquí. Debe de ser aburrido estar todo el día encerrada. -Se va acercando mientras habla- No te hagas ilusiones, no podrás salir.
Abro la boca para decir algo pero él me interrumpe. Su cara ya queda a unos centímetros de la mía.
-Y como se te ocurra algo, como vuelvas a intentar escaparte. No seré tan bueno, te lo aseguro.
-¿Por qué no me matas ya?
-Oh Blair, lo haré. Te lo aseguro.
Cierro los ojos un momento, queriendo despertar de esta pesadilla. Cuando los abro él ya no está delante de mí. Me giro y observo su espalda desaparecer por la puerta de la cocina.
Holly
Al día siguiente por la noche, tarde, llego a la dirección que Ian me mandó. Durante el viaje he pensado que todo esto de Jorge Casares... Él tiene algo que ver con la familia, primero la madre y ahora va a por la hija.
Me acerco al portal y toco al telefonillo.
-¿Si? -Suena la voz de una mujer.
¿Me habré equivocado?
-¿Vive aquí Javier?
-Sí, ¿quien es?
Será su novia, claro.
-Holly, una amiga de Blair.
Se oye un zumbido y entro. Ya en el piso correcto camino hacia la puerta que está entreabierta. Enciendo la luz del rellano y una mujer me abre la puerta.
-Hola, soy Elena.
-Encantada... ¿Cómo está él?
Su rostro se entristece.
-Mal, muy mal... Por favor, pasa. -Abre la puerta del todo.
-Gracias. -Seguidamente entro en la casa.
Elena pasa delante de mí y se apoya en el marco de la puerta del comedor.
-Javi, cielo. Una amiga de Blair ha venido.
Su padre levanta la vista de lo que sea que está leyendo sentado en la mesa. Unas grandes ojeras enmarcan sus ojos y tiene el pelo despeinado. Su cara no refleja otra cosa que dolor. Elena nos deja solos y yo me acerco a la mesa.
-Siéntate, por favor...
Hago lo que me dice y me siento en una silla contigua a la suya. Señala con la cabeza hacia los papeles que tiene desperdigados encima de la mesa. Hay muchos recortes de periódicos, fotografías y documentos.
-Intento entender... Como es él, lo que hace, como actúa pero... Todo se me escapa, no llego a ningún sitio. -Su voz se quiebra en la última palabra.
-Yo también lo he intentado y obtengo el mismo resultado.
Se tapa la cara con las manos y tras unos segundos sus hombros se sacuden, está llorando. Apoyo una mano en su hombro, a modo de consuelo.
-Es culpa mía... -Sus palabras suenan amortiguadas al tener las manos sobre la cara y las retira, un surco de lágrimas recorre sus mejillas- Le dije que se quedara cuando vino, pero no cedió. Si lo hubiera intentado mejor ahora... No estaría...
-Lo que ha pasado no es culpa tuya, nadie podía saber que aquello iba a ocurrir.
Permanecemos un rato en silencio. Finalmente decido que no sirve de nada, tenemos que centrarnos en lo realmente importante. Encontrarla.
-Javier, necesito saber si Casares tiene algo que ver con tu familia. -Decido ir al grano.
-¿Por qué lo dices? -El me mira extrañado.
-Es una corazonada.
-Pues... No lo sé. No quiero pensar en él como tal.
Se calla un momento y sigue hablando.
-Marta llevaba escribiendo diarios desde niña, es una manía que no consiguió quitarse. -Sonríe con cariño y nostalgia- Tengo todas sus cosas guardadas, puede que te sirva de algo.
-Me ayudaría mucho.
Él se levanta de la mesa lentamente y me mira.
-Acompáñame por favor.
Salimos de la casa y nos dirigimos al ascensor, después subimos hasta el último piso. Salimos y se extiende ante nosotros un pasillo con puertas a ambos lados. Los trasteros. Sigo a Javier hasta llegar a una puerta situada más o menos a la mitad, en el lado izquierdo. Saca una llave de su bolsillo y abre la puerta. Me hace una señal para que entre pero él se queda fuera. Señala hacia el fondo de la pequeña habitación.
-En esa pared están todas sus cosas. Su nombre está en las cajas. -Después deposita una llave en mi mano- Cierra cuando salgas por favor.
-Lo haré, y gracias.
Javier asiente y se marcha. Oigo sus pasos y finalmente la puerta del ascensor cerrándose. Cierro la puerta del trastero y me dirijo a la pared del fondo. Esto va a necesitar tiempo. Bueno, todo es por Blair.
jueves, 30 de julio de 2015
Capítulo 40.
Ian
-¡¿Cómo que no se sabe nada?! -Golpeo la mesa con el puño, furioso.
Y asustado. Muy asustado. Necesito encontrarla.
Me encuentro hablando con el inspector Dayle, en su despacho. Han pasado 3 horas desde que Matt me llamó. Él también está a mi lado y estamos perdiendo el tiempo, estos payasos no saben nada. No sé que pintan ejerciendo este trabajo.
-Lo que le estoy diciendo. -Dice Dayle sin perder la calma. Como ya sabréis la estábamos vigilando, al estar bajo protección. Pusimos un agente en la salida del trabajo y otro cerca de su casa. Ella no llegó, por lo que pasó en medio del trayecto. Se nos escapó.
-Que se les... -Matt se interrumpe en medio de la frase y se coloca el puño cerrado entre los dientes, supongo que para no gritar.
-Miren no es un tipo fácil de coger. Desde su última detención, hace nueve años no se le ha vuelto a ver. Hacemos lo que podemos.
Matt se dispone a decir algo, a juzgar por su expresión, algo poco agradable. Le pongo una mano en el pecho.
-No, déjalo. Vámonos. -A continuación me dirijo a Dayle-. Llámenos si sabe algo, por favor. -Digo más calmado.
-Por supuesto.
Salimos del despacho y seguidamente al calor de la calle, en pleno Junio. No sé qué hacer, estoy totalmente perdido. Si la policía no ha podido hacer nada en todo este tiempo, ¿qué voy a poder hacer yo? Matt apoya la espalda en la pared.
-Voy a matar a ese hijo de puta. -Dice.
-¿Al inspector?
-No, el cabrón que la tiene. -Se pasa la mano por el pelo, nervioso.
La ama, y mucho. No sé si Blair lo sabrá pero Matt no ha dejado de quererla. Hace tiempo que lo sé.
-Lo único que podemos hacer ahora es esperar.
Matt suspira.
-Eso es lo que me mata.
Blair
Han pasado dos días y sigo en la misma habitación, sin poder salir. Por suerte la habitación tiene baño. Por la mañana Jorge me trae el desayuno, al mediodía la comida y por la noche, la cena. No me ha vuelto a dirigir la palabra y me estoy empezando a desesperar. ¿Qué es lo que alarga tanto? Si quiere matarme, ¿por qué no lo hace de una vez?
Me levanto de la cama y me dirijo a la estantería que hay encima del escritorio. Elijo uno de los libros, Orgullo y prejuicio, y vuelvo a tumbarme en la cama. Lo que me sorprende es todo esto, tengo libros en la habitación y un armario lleno de ropa exactamente de mi talla, incluso ropa interior. No entiendo nada. Si no fuera porque estoy encerrada con llave parecería que estoy de vacaciones. Aún así tengo miedo, siento que es peor que como si me tratara igual que en mis pesadillas.
Por la tarde, lo supongo por la posición del sol en el cielo. Oigo una llave girando en la cerradura. Cierro el libro y me incorporo en la cama. Aún no es la hora de cenar.
Jorge abre la puerta, con la misma expresión que no transmite nada. Es como si no sintiera. Le miro sin comprender, asustada por su mirada.
-¿De verdad no sabes quien soy?
Niego con la cabeza porque no me salen las palabras. Él entra en la habitación, sin cerrar la puerta. Gran error. Evito que mis ojos se dirijan allí, no quiero que adivine mi siguiente movimiento. Puedo salir corriendo, puedo escapar. Se sienta a mi lado en la cama y rehuyo su mirada, por lo que me miro las manos.
-¿Tu madre no te habló de mí? -Dice mirándome mientras le sube y baja el pecho muy rápido, se está empezando a enfadar.
-¿Por qué me hablaría de ti? -Digo con voz ronca, con rabia y me muerdo la lengua para no soltar una risa histérica, menudo cabrón.
Inesperadamente me coge del pelo y tira de él para obligarme a mirar esos oscuros ojos.
-Me llamo Iván Ugarte. ¿Te suena de algo?
Se me para el corazón. Claro que me suena. Iván es el hermano de mi madre, mi tío. Mi tío muerto. No puede ser él, este pirado que me retiene en su casa a saber dónde.
-Mi tío está muerto. -Mi voz apenas sobrepasa un susurro.
Él deja libre mi pelo y suelta una carcajada. Para en seco y se queda mirando el vacío. Entonces empieza a hablar.
-Esta casa... -Dice mirando toda la habitación- Esta casa lo vio todo.
Clava otra vez esa mirada en mí, un escalofrío me recorre la espalda.
-Tus abuelos nunca tuvieron tiempo para nosotros, al menos para mí. El trabajo era lo primero y cuando eramos niños lo comprendía, pero conforme pasaba el tiempo... Dejé de entenderlo.
>>Ángela fue contratada cuando yo tenía ocho años y tu madre nueve, para cuidarnos. Al principio todo fue bien, pero a medida que pasaba el tiempo, ella se enfadaba conmigo por cualquier tontería, siempre me echaba la culpa a mí y yo me callaba. Igual que Marta.
Yo ahogo un jadeo al oír el nombre de mi madre.
-Mas adelante Ángela empezó a abusar de mí, me pegaba. Con cualquier cosa que encontraba, lo que más le gustaba era el cinturón... Cuando me dejaba marcas a mis padres les decía que me había caído jugando fuera de casa. Tu madre lo veía todo, y no dijo nada. Yo no le dije nada a mis padres porque temía que la niñera se enterara y sus palizas fueran peores.
Su expresión no se altera lo más mínimo mientras cuenta la historia.
-Un día, estábamos de vacaciones en la casa del lago. -Señala la habitación-. Mis padres decidieron invitar al niñera como agradecimiento por cuidarnos. Mi hermana y yo fuimos a jugar al lago, nos metíamos dentro y hacíamos carreras. Ella se cansaba rápido y yo llegue al otro lado del lago sin detenerme. Me gire para mirar si Marta me seguía, pero no. De repente noté que algo me agarraba de la cabeza y me sumergía en el agua. Luché contra ello pero finalmente perdí el conocimiento.
>>Cuando lo recobré me encontraba en una especie de ataúd. Estaba tan confuso que ni sentía miedo. Poco después me sacaron de ahí, estaba en la morgue de un hospital, y vi el rostro de Ángela. -Se encoge al recordarlo, yo me quedo sorprendida por esa muestra de emoción- Sin decir palabra me agarró y me sacó del hospital a toda prisa. Yo no entendía nada. Cuando llegamos a un motel me dijo que se supone que yo estaba muerto. Nunca volvería a ver a mis padres ni a mi hermana. Todo fue a peor, ya no tenía que tener cuidado con dejarme marcas por si mis padres las veían.
>>En cuanto cumplí quince años me escapé. Conseguí sobrevivir a base de robar. Se me daba bien y cuando me pillaban bueno, soportaba bien el dolor.
Escucho con expresión de espanto la historia y no sé que responder. Iván se vuelve para mirarme. Carente de emociones de nuevo.
-Tu madre siempre fue la favorita. Incluso lo fue de Ángela y por eso se ensañó conmigo. Ella tuvo una vida perfecta y yo vivía día a día aterrado por lo que pasaría después.
Tengo un mal presentimiento de lo que va a venir a continuación.
-Pasaron los años e investigué sobre mi hermana. Tenía una vida perfecta, con un marido perfecto y una hija perfecta. Mientras que yo no tenía nada, por su culpa. No se lo merecía, por lo que un día, cuando volvía del trabajo la intercepté en la carretera. Ya está, se acabó, tuvo lo que le correspondía.
Las lágrimas. Lágrimas de dolor, de rabia, empiezan a acumularse en mis ojos. Finalmente se desbordan y me empiezan a temblar las manos.
-Mas adelante pensé, en ti, llevas su sangre, estás igual de maldita que ella. No podía dejar que hicieras algo parecido a lo que ella me hizo a mí. Así que aquí estás. -Se encoge de hombros, como si todo esto fuera natural.
Está loco, es un monstruo, es una persona vacía. Pienso en mi madre y en lo que le hizo, lo que nos provocó a mi padre y a mí. Alargo la mano izquierda hacia el libro que estaba leyendo, y cogiendo todo el impulso que puedo, lo estampo contra su cabeza, haciendo que caiga al suelo, rápidamente cojo la lámpara de la mesita y la tiro con fuerza otra vez contra su cabeza. Sin detenerme salgo por la puerta y corro hacia las escaleras, que recuerdo cuando me sacó de la habitación vacía.
Bajo al piso de abajo, pero la puerta no está ahí, corro hacia la izquierda y me topo con un salón enorme. Tampoco está la puerta ahí. El pulso me late en los oídos y me impide oír si me sigue. Miro a mi alrededor y encuentro una puerta corredera, al fondo del salón, será la puerta de atrás. Corro hacia allí y me enredo con el pestillo, la abro con fuerza y corro al exterior. No sé dónde estoy pero sigo corriendo dejando atrás árboles y más árboles. En un momento noto una punzada en la espalda, pero no le hago caso y sigo corriendo. A medida que corro se me va nublando la vista y me fallan las piernas. No, no, tengo que salir de aquí. Finalmente caigo sobre la tierra y pierdo el conocimiento.
-¡¿Cómo que no se sabe nada?! -Golpeo la mesa con el puño, furioso.
Y asustado. Muy asustado. Necesito encontrarla.
Me encuentro hablando con el inspector Dayle, en su despacho. Han pasado 3 horas desde que Matt me llamó. Él también está a mi lado y estamos perdiendo el tiempo, estos payasos no saben nada. No sé que pintan ejerciendo este trabajo.
-Lo que le estoy diciendo. -Dice Dayle sin perder la calma. Como ya sabréis la estábamos vigilando, al estar bajo protección. Pusimos un agente en la salida del trabajo y otro cerca de su casa. Ella no llegó, por lo que pasó en medio del trayecto. Se nos escapó.
-Que se les... -Matt se interrumpe en medio de la frase y se coloca el puño cerrado entre los dientes, supongo que para no gritar.
-Miren no es un tipo fácil de coger. Desde su última detención, hace nueve años no se le ha vuelto a ver. Hacemos lo que podemos.
Matt se dispone a decir algo, a juzgar por su expresión, algo poco agradable. Le pongo una mano en el pecho.
-No, déjalo. Vámonos. -A continuación me dirijo a Dayle-. Llámenos si sabe algo, por favor. -Digo más calmado.
-Por supuesto.
Salimos del despacho y seguidamente al calor de la calle, en pleno Junio. No sé qué hacer, estoy totalmente perdido. Si la policía no ha podido hacer nada en todo este tiempo, ¿qué voy a poder hacer yo? Matt apoya la espalda en la pared.
-Voy a matar a ese hijo de puta. -Dice.
-¿Al inspector?
-No, el cabrón que la tiene. -Se pasa la mano por el pelo, nervioso.
La ama, y mucho. No sé si Blair lo sabrá pero Matt no ha dejado de quererla. Hace tiempo que lo sé.
-Lo único que podemos hacer ahora es esperar.
Matt suspira.
-Eso es lo que me mata.
Blair
Han pasado dos días y sigo en la misma habitación, sin poder salir. Por suerte la habitación tiene baño. Por la mañana Jorge me trae el desayuno, al mediodía la comida y por la noche, la cena. No me ha vuelto a dirigir la palabra y me estoy empezando a desesperar. ¿Qué es lo que alarga tanto? Si quiere matarme, ¿por qué no lo hace de una vez?
Me levanto de la cama y me dirijo a la estantería que hay encima del escritorio. Elijo uno de los libros, Orgullo y prejuicio, y vuelvo a tumbarme en la cama. Lo que me sorprende es todo esto, tengo libros en la habitación y un armario lleno de ropa exactamente de mi talla, incluso ropa interior. No entiendo nada. Si no fuera porque estoy encerrada con llave parecería que estoy de vacaciones. Aún así tengo miedo, siento que es peor que como si me tratara igual que en mis pesadillas.
Por la tarde, lo supongo por la posición del sol en el cielo. Oigo una llave girando en la cerradura. Cierro el libro y me incorporo en la cama. Aún no es la hora de cenar.
Jorge abre la puerta, con la misma expresión que no transmite nada. Es como si no sintiera. Le miro sin comprender, asustada por su mirada.
-¿De verdad no sabes quien soy?
Niego con la cabeza porque no me salen las palabras. Él entra en la habitación, sin cerrar la puerta. Gran error. Evito que mis ojos se dirijan allí, no quiero que adivine mi siguiente movimiento. Puedo salir corriendo, puedo escapar. Se sienta a mi lado en la cama y rehuyo su mirada, por lo que me miro las manos.
-¿Tu madre no te habló de mí? -Dice mirándome mientras le sube y baja el pecho muy rápido, se está empezando a enfadar.
-¿Por qué me hablaría de ti? -Digo con voz ronca, con rabia y me muerdo la lengua para no soltar una risa histérica, menudo cabrón.
Inesperadamente me coge del pelo y tira de él para obligarme a mirar esos oscuros ojos.
-Me llamo Iván Ugarte. ¿Te suena de algo?
Se me para el corazón. Claro que me suena. Iván es el hermano de mi madre, mi tío. Mi tío muerto. No puede ser él, este pirado que me retiene en su casa a saber dónde.
-Mi tío está muerto. -Mi voz apenas sobrepasa un susurro.
Él deja libre mi pelo y suelta una carcajada. Para en seco y se queda mirando el vacío. Entonces empieza a hablar.
-Esta casa... -Dice mirando toda la habitación- Esta casa lo vio todo.
Clava otra vez esa mirada en mí, un escalofrío me recorre la espalda.
-Tus abuelos nunca tuvieron tiempo para nosotros, al menos para mí. El trabajo era lo primero y cuando eramos niños lo comprendía, pero conforme pasaba el tiempo... Dejé de entenderlo.
>>Ángela fue contratada cuando yo tenía ocho años y tu madre nueve, para cuidarnos. Al principio todo fue bien, pero a medida que pasaba el tiempo, ella se enfadaba conmigo por cualquier tontería, siempre me echaba la culpa a mí y yo me callaba. Igual que Marta.
Yo ahogo un jadeo al oír el nombre de mi madre.
-Mas adelante Ángela empezó a abusar de mí, me pegaba. Con cualquier cosa que encontraba, lo que más le gustaba era el cinturón... Cuando me dejaba marcas a mis padres les decía que me había caído jugando fuera de casa. Tu madre lo veía todo, y no dijo nada. Yo no le dije nada a mis padres porque temía que la niñera se enterara y sus palizas fueran peores.
Su expresión no se altera lo más mínimo mientras cuenta la historia.
-Un día, estábamos de vacaciones en la casa del lago. -Señala la habitación-. Mis padres decidieron invitar al niñera como agradecimiento por cuidarnos. Mi hermana y yo fuimos a jugar al lago, nos metíamos dentro y hacíamos carreras. Ella se cansaba rápido y yo llegue al otro lado del lago sin detenerme. Me gire para mirar si Marta me seguía, pero no. De repente noté que algo me agarraba de la cabeza y me sumergía en el agua. Luché contra ello pero finalmente perdí el conocimiento.
>>Cuando lo recobré me encontraba en una especie de ataúd. Estaba tan confuso que ni sentía miedo. Poco después me sacaron de ahí, estaba en la morgue de un hospital, y vi el rostro de Ángela. -Se encoge al recordarlo, yo me quedo sorprendida por esa muestra de emoción- Sin decir palabra me agarró y me sacó del hospital a toda prisa. Yo no entendía nada. Cuando llegamos a un motel me dijo que se supone que yo estaba muerto. Nunca volvería a ver a mis padres ni a mi hermana. Todo fue a peor, ya no tenía que tener cuidado con dejarme marcas por si mis padres las veían.
>>En cuanto cumplí quince años me escapé. Conseguí sobrevivir a base de robar. Se me daba bien y cuando me pillaban bueno, soportaba bien el dolor.
Escucho con expresión de espanto la historia y no sé que responder. Iván se vuelve para mirarme. Carente de emociones de nuevo.
-Tu madre siempre fue la favorita. Incluso lo fue de Ángela y por eso se ensañó conmigo. Ella tuvo una vida perfecta y yo vivía día a día aterrado por lo que pasaría después.
Tengo un mal presentimiento de lo que va a venir a continuación.
-Pasaron los años e investigué sobre mi hermana. Tenía una vida perfecta, con un marido perfecto y una hija perfecta. Mientras que yo no tenía nada, por su culpa. No se lo merecía, por lo que un día, cuando volvía del trabajo la intercepté en la carretera. Ya está, se acabó, tuvo lo que le correspondía.
Las lágrimas. Lágrimas de dolor, de rabia, empiezan a acumularse en mis ojos. Finalmente se desbordan y me empiezan a temblar las manos.
-Mas adelante pensé, en ti, llevas su sangre, estás igual de maldita que ella. No podía dejar que hicieras algo parecido a lo que ella me hizo a mí. Así que aquí estás. -Se encoge de hombros, como si todo esto fuera natural.
Está loco, es un monstruo, es una persona vacía. Pienso en mi madre y en lo que le hizo, lo que nos provocó a mi padre y a mí. Alargo la mano izquierda hacia el libro que estaba leyendo, y cogiendo todo el impulso que puedo, lo estampo contra su cabeza, haciendo que caiga al suelo, rápidamente cojo la lámpara de la mesita y la tiro con fuerza otra vez contra su cabeza. Sin detenerme salgo por la puerta y corro hacia las escaleras, que recuerdo cuando me sacó de la habitación vacía.
Bajo al piso de abajo, pero la puerta no está ahí, corro hacia la izquierda y me topo con un salón enorme. Tampoco está la puerta ahí. El pulso me late en los oídos y me impide oír si me sigue. Miro a mi alrededor y encuentro una puerta corredera, al fondo del salón, será la puerta de atrás. Corro hacia allí y me enredo con el pestillo, la abro con fuerza y corro al exterior. No sé dónde estoy pero sigo corriendo dejando atrás árboles y más árboles. En un momento noto una punzada en la espalda, pero no le hago caso y sigo corriendo. A medida que corro se me va nublando la vista y me fallan las piernas. No, no, tengo que salir de aquí. Finalmente caigo sobre la tierra y pierdo el conocimiento.
lunes, 27 de julio de 2015
Capítulo 39.
"¿Dónde estoy?". Es lo primero que pienso cuando recupero la consciencia. Debe de haberme hecho algo al subir al coche porque a partir de ahí lo recuerdo todo negro. Estoy en el suelo, tumbada de lado. Me incorporo. Estoy en una habitación, bastante grande, pero vacía. Las paredes son color crema y con solo una ventana doble. Me levanto rápidamente y corro hacia allí. Solo veo bosque, estoy en un segundo piso, o primero no lo sé. Mas adelante, no muy lejos, observo un lago, rodeado de árboles, "¿Dónde estoy?".
Me doy la vuelta rápidamente al oír un ruido al otro lado de una puerta, justo en frente de la ventana, al otro lado de la habitación. El pomo empieza a girar.
Ian
-¡Corten! -Se oye la voz del director.
Separo mis labios de los de Nina. Esta es la peor parte de mi trabajo. Tener que besar a mi ex cuando estoy con otra.
-Buena escena. -Me dice ella antes de darse la vuelta y marcharse.
Por fin se ha acabado el rodaje de hoy. Se me estaba haciendo eterno y este no es precisamente uno de los mejores episodios de la serie. Lo único que quiero es salir de aquí y ver a Blair. No le voy a avisar de que voy a verla para darle una sorpresa.
Salgo del estudio y me meto en mi coche. Conduzco pensando en ella todo el camino. Sus ojos, su pelo, su boca, su sonrisa, sus caricias... Por poco me la pego en una esquina al pensar en esto último.
Aparco debajo de su casa y camino hacia el portal. Abro la puerta, que sigue sin arreglarse y subo por las escaleras. Llego a su puerta y toco al timbre. Loki se acerca a la puerta ladrando, como siempre que vengo. Nadie abre la puerta. ¿Estará durmiendo? No. Si no ya se hubiera despertado. Habrá salido. Me invade una punzada de decepción. Suelto un suspiro y me dispongo a volver a mi coche.
Blair
No he llegado a ver quien era el que estaba al otro lado de la puerta. Solo he visto una mano con una bandeja. La dejaba en el suelo y volvía a cerrar la puerta, con llave. La bandeja tiene un plato de ensalada y un vaso de agua. Tengo mucha hambre por lo que voy corriendo hacia allí. Me acabo la comida en un momento y me apoyo sobre la pared, al lado de la puerta. Por extraño que parezca, no tengo miedo. Si yo estoy aquí, las personas que me importan están a salvo.
Más tarde, no sé cuanto tiempo pasa, vuelvo a oír ruidos al otro lado de la puerta. Estoy al lado por lo que a gatas corro al otro lado de la habitación, asustada ya. Al abrirse la puerta aparece el hombre que me secuestró. Mira a sus pies, la bandeja vacía y sonríe.
-No pensaba que tocarías la comida.
No le contesto, me quedo mirándole, paralizada. Se acerca lentamente a mí y se agacha, a la altura de mis ojos. Es él, Casares, estoy completamente segura. No tiene la misma cara pero son sus ojos. Esa mirada no es algo que se pueda olvidar fácilmente. Ahora tiene el pelo algo más largo y rubio, los pómulos están mas rellenos, al igual que los labios. Por eso el FBI no consiguió encontrar nada, porque no lo perseguían a él. Si no al Casares de antes, o como se llame.
-¿Qué es lo que quieres? -Digo en un susurro.
Él suelta una carcajada, sin ganas.
-Evitar que hagas lo mismo que tu madre.
¿Qué coño significa eso?
-No menciones a mi madre.
-Se merece lo que le pasó y más.
Alargo el brazo rápidamente, decidida a pegarle pero me agarra la muñeca. Cierro los ojos, esperando un golpe que no llega y los vuelvo a abrir. Jorge me sigue mirando unos instantes, finalmente suelta mi muñeca y vuelve hacia la puerta. Coge la bandeja y se va, cerrando la puerta.
Si no fuera por la ventana abierta hubiera perdido la noción del tiempo, es de noche. Muy tarde ya, por el tiempo que llevo observando la luna. Me levanto, la ventana no tiene manilla para abrirla. ¿Será porque puedo saltar? Miro hacia abajo, hay césped pero aún así no estoy muy segura de que mi torpeza me ayudara a sobrevivir. Pero podría intentarlo. Qué puedo perder.
El problema es que no tengo con que romper la ventana, ya que la habitación está vacía. La puerta se vuelve a abrir.
-Ven. -Dice Jorge desde el umbral.
Decido que obedecer será lo mejor así que lentamente me acerco a él. Cuando llego a la puerta me coge del brazo y salimos a un pasillo. Al mirar a la derecha veo unas escaleras que conducen hacia abajo pero me gira hacia el otro lado bruscamente y no consigo ver más. Una alfombra granate recorre todo el pasillo, paso por una cómoda con un jarrón encima y más adelante otra exactamente igual, pero esta vez el jarrón tiene flores. Llegamos a otra puerta y la abre, también cerrada con llave.
-Tu habitación. -Dice al hacerme pasar dentro.
Sin apenas mirarla me vuelvo hacia él. Confusa.
-No te hagas ilusiones, niña. Aún estoy pensando la mejor forma de acabar con esto. -Y cierra, dejándome sola de nuevo.
Ian
¿Por qué no coge el teléfono? Me empiezo a preocupar de verdad. He vuelto a ir a su casa y no hay nadie, a excepción de Loki. Si le ha pasado algo yo... No, no, no. Está bien, seguro que está bien. Puede que hoy necesite un poco de espacio. Mañana será otro día, la veré y todo volverá a la normalidad. En el fondo no pienso eso, sé que algo va mal. Pero necesito tener esperanzas.
Salgo a la parte de atrás de mi casa, a la piscina. Necesito tomar el aire. Me siento en una de las hamacas colocadas al lado de la piscina y pruebo a llamarla otra vez. Una, dos veces, nada. Con los codos apoyados sobre las rodillas me cubro la cara de las manos y reprimo las ganas de gritar. Le ha pasado algo. Le ha pasado algo. Mi móvil suena y pegando un bote lo cojo, esperando ver el nombre de Blair en la pantalla. Sin embargo, es Matt. Con un gruñido cuelgo y vuelvo a la misma posición de antes. Vuelve a llamar, lo ignoro. A la tercera vez, cabreado pulso responder.
-Qué. -Digo cortante.
-Ian -Dice ansioso, con la respiración entrecortada- Es Blair ha...
-¿Ha qué? -Digo temiéndome lo peor.
Le ha pasado algo. Le ha pasado algo. Blair, te quiero. Por favor, que estés bien.
-Ha desaparecido.
Me doy la vuelta rápidamente al oír un ruido al otro lado de una puerta, justo en frente de la ventana, al otro lado de la habitación. El pomo empieza a girar.
Ian
-¡Corten! -Se oye la voz del director.
Separo mis labios de los de Nina. Esta es la peor parte de mi trabajo. Tener que besar a mi ex cuando estoy con otra.
-Buena escena. -Me dice ella antes de darse la vuelta y marcharse.
Por fin se ha acabado el rodaje de hoy. Se me estaba haciendo eterno y este no es precisamente uno de los mejores episodios de la serie. Lo único que quiero es salir de aquí y ver a Blair. No le voy a avisar de que voy a verla para darle una sorpresa.
Salgo del estudio y me meto en mi coche. Conduzco pensando en ella todo el camino. Sus ojos, su pelo, su boca, su sonrisa, sus caricias... Por poco me la pego en una esquina al pensar en esto último.
Aparco debajo de su casa y camino hacia el portal. Abro la puerta, que sigue sin arreglarse y subo por las escaleras. Llego a su puerta y toco al timbre. Loki se acerca a la puerta ladrando, como siempre que vengo. Nadie abre la puerta. ¿Estará durmiendo? No. Si no ya se hubiera despertado. Habrá salido. Me invade una punzada de decepción. Suelto un suspiro y me dispongo a volver a mi coche.
Blair
No he llegado a ver quien era el que estaba al otro lado de la puerta. Solo he visto una mano con una bandeja. La dejaba en el suelo y volvía a cerrar la puerta, con llave. La bandeja tiene un plato de ensalada y un vaso de agua. Tengo mucha hambre por lo que voy corriendo hacia allí. Me acabo la comida en un momento y me apoyo sobre la pared, al lado de la puerta. Por extraño que parezca, no tengo miedo. Si yo estoy aquí, las personas que me importan están a salvo.
Más tarde, no sé cuanto tiempo pasa, vuelvo a oír ruidos al otro lado de la puerta. Estoy al lado por lo que a gatas corro al otro lado de la habitación, asustada ya. Al abrirse la puerta aparece el hombre que me secuestró. Mira a sus pies, la bandeja vacía y sonríe.
-No pensaba que tocarías la comida.
No le contesto, me quedo mirándole, paralizada. Se acerca lentamente a mí y se agacha, a la altura de mis ojos. Es él, Casares, estoy completamente segura. No tiene la misma cara pero son sus ojos. Esa mirada no es algo que se pueda olvidar fácilmente. Ahora tiene el pelo algo más largo y rubio, los pómulos están mas rellenos, al igual que los labios. Por eso el FBI no consiguió encontrar nada, porque no lo perseguían a él. Si no al Casares de antes, o como se llame.
-¿Qué es lo que quieres? -Digo en un susurro.
Él suelta una carcajada, sin ganas.
-Evitar que hagas lo mismo que tu madre.
¿Qué coño significa eso?
-No menciones a mi madre.
-Se merece lo que le pasó y más.
Alargo el brazo rápidamente, decidida a pegarle pero me agarra la muñeca. Cierro los ojos, esperando un golpe que no llega y los vuelvo a abrir. Jorge me sigue mirando unos instantes, finalmente suelta mi muñeca y vuelve hacia la puerta. Coge la bandeja y se va, cerrando la puerta.
Si no fuera por la ventana abierta hubiera perdido la noción del tiempo, es de noche. Muy tarde ya, por el tiempo que llevo observando la luna. Me levanto, la ventana no tiene manilla para abrirla. ¿Será porque puedo saltar? Miro hacia abajo, hay césped pero aún así no estoy muy segura de que mi torpeza me ayudara a sobrevivir. Pero podría intentarlo. Qué puedo perder.
El problema es que no tengo con que romper la ventana, ya que la habitación está vacía. La puerta se vuelve a abrir.
-Ven. -Dice Jorge desde el umbral.
Decido que obedecer será lo mejor así que lentamente me acerco a él. Cuando llego a la puerta me coge del brazo y salimos a un pasillo. Al mirar a la derecha veo unas escaleras que conducen hacia abajo pero me gira hacia el otro lado bruscamente y no consigo ver más. Una alfombra granate recorre todo el pasillo, paso por una cómoda con un jarrón encima y más adelante otra exactamente igual, pero esta vez el jarrón tiene flores. Llegamos a otra puerta y la abre, también cerrada con llave.
-Tu habitación. -Dice al hacerme pasar dentro.
Sin apenas mirarla me vuelvo hacia él. Confusa.
-No te hagas ilusiones, niña. Aún estoy pensando la mejor forma de acabar con esto. -Y cierra, dejándome sola de nuevo.
Ian
¿Por qué no coge el teléfono? Me empiezo a preocupar de verdad. He vuelto a ir a su casa y no hay nadie, a excepción de Loki. Si le ha pasado algo yo... No, no, no. Está bien, seguro que está bien. Puede que hoy necesite un poco de espacio. Mañana será otro día, la veré y todo volverá a la normalidad. En el fondo no pienso eso, sé que algo va mal. Pero necesito tener esperanzas.
Salgo a la parte de atrás de mi casa, a la piscina. Necesito tomar el aire. Me siento en una de las hamacas colocadas al lado de la piscina y pruebo a llamarla otra vez. Una, dos veces, nada. Con los codos apoyados sobre las rodillas me cubro la cara de las manos y reprimo las ganas de gritar. Le ha pasado algo. Le ha pasado algo. Mi móvil suena y pegando un bote lo cojo, esperando ver el nombre de Blair en la pantalla. Sin embargo, es Matt. Con un gruñido cuelgo y vuelvo a la misma posición de antes. Vuelve a llamar, lo ignoro. A la tercera vez, cabreado pulso responder.
-Qué. -Digo cortante.
-Ian -Dice ansioso, con la respiración entrecortada- Es Blair ha...
-¿Ha qué? -Digo temiéndome lo peor.
Le ha pasado algo. Le ha pasado algo. Blair, te quiero. Por favor, que estés bien.
-Ha desaparecido.
jueves, 23 de julio de 2015
Capítulo 38.
Ha pasado una hora y aún no se nos ha bajado el alcohol. Decido llamar a Ian. Son las once y media de la noche, no es tan tarde. Marco su número.
-Oye, tu novio no se enfadará porque estés conmigo ¿no? -Dice Isaac nervioso, paseándose por delante del coche.
-Claro que no. -Río, me sale risa de borracha.
Al reírme yo Isaac se ríe también. Ian me coge al tercer tono, en mitad de mi risa.
-Vaya, si que debo de ser gracioso, ni si quiera he dicho nada. -Oigo su voz.
Eso hace que me ría aún más.
-Hola.
-Hola.
-Tengo un problema.
-¿Cuál? -Pregunta preocupado.
-Pueeeeees, estaba con Isaac, un amigo. Y decidimos beber un poquitín poquitín de nada y nos hemos dado cuenta de que no podemos conducir.
Al otro lado Ian se empieza a reír.
-¿Qué pasa? -Sonrío al teléfono.
-Resultas muy graciosa cuando te emborrachas.
-No lo estoy.
-Claro, lo que tú digas. -Dice divertido- ¿Dónde estás?
-Pues no lo sé, es la primera vez que vengo, ¿te mando la ubicación por mensaje?
Nos reímos los dos.
-Vale.
-Vale.
-Venga, Hazel Grace. Cuelga ya.
Río más alto.
-Vaaaaaale. -Y cuelgo.
-Cada vez vas pareciendo menos un tipo duro. Ahora tiene que venir un chico a rescatarte.
Isaac se ríe.
-Bueno, como a ti también te tienen que rescatar no cuenta.
En ese momento unas luces iluminan el camino, es el coche de Ian. Aparca al lado de mi coche y yo me acerco al lado del conductor mientras sale, apenas le doy tiempo a cerrar la puerta cuando me lanzo sobre él, subiéndome a sus caderas. Él en un acto reflejo me rodea la cintura. Me mira sonriéndome.
-Te he echado de menos.
-Y yo a ti, borrachilla.
Suelto una risita y junto mis labios con los suyos. Se oye un carraspeo al otro lado del coche. Separamos nuestras bocas a regañadientes y me dispongo a fulminar a Isaac con la mirada, pero no es él.
-Él es Paul, mi compañero de rodaje. -Dice mientras me baja.
Rodeamos el coche para colocarnos al lado de Paul e Isaac se acerca a nosotros.
-Hola. -Le digo con timidez.
Es rubio y alto, guapísimo. De hombros anchos y brazos fuertes. Se me queda cara de tonta y me recompongo en seguida.
-Hola Blair. -Dice divertido- Me han hablado mucho de ti.
Miro de refilón a Ian.
-¿Ah si?
-Sí. Todo el día Blair por aquí, Blair por allá...
Ian le da un puñetazo en el hombro, interrumpiéndole.
-Ya vale. -Se ríe.
De repente me acuerdo de Isaac. Me separo de Ian para colocarme a su lado.
-Él es Isaac.
Ian le estrecha la mano y después le sigue Paul.
-Nos dimos cuenta de que no podríamos volver a la ciudad algo tarde. -Dice culpable.
Los cuatro nos reímos.
Suena la alarma y me despierto, pero no abro los ojos. Tengo resaca, genial. Algo me ciñe la cintura con fuerza. El brazo de Ian. Recuerdo que se quedó a dormir conmigo, después de frenar el arrebato de pasión que me dio hacia él. Decía que estaba borracha y que al día siguiente tenía que trabajar. Me da un poco de vergüenza. Después de eso me enfurruñé y le di la espalda, intentando dormirme. Pero él se acercó y me abrazó por detrás. Como no me puedo resistir a él, no le aparté.
Ian se remueve a mi lado y aparta el brazo de mí. Me siento mal por hacer que se despierte tan pronto. Cuando abro los ojos para mirarle me encuentro con su mirada azul, observándome.
-Buenos días. -Me dice.
-Malos días.
Él se ríe, algo dormido.
-Siento que por mi culpa te tengas que despertar tan pronto.
-Bueno, en realidad dentro de una hora me hubiera tenido que despertar igual así que no pasa nada.
Bostezo y me estiro, a mi lado Ian se levanta de la cama.
-¿A dónde vas?
-A preparar el desayuno.
Mientras sale por la puerta observo su espalda desnuda y suspiro, encantada.
Al salir del trabajo tengo una extraña sensación. Como si alguien me siguiera. Supongo que estaré paranoica. La sensación empezó cuando atendí a un hombre en la cafetería. Me dirigió una mirada... Con unos ojos penetrantes. Recuerdo que es el mismo hombre que habló con aquellos policías cuando Casares me había estado vigilando en mi casa. No, no puede ser él, no se parecía en nada. "Blair, necesitas una buena siesta". Intento pensar en otra cosa, por ejemplo en Ian, durante el camino a casa.
A dos calles de llegar un coche para a mi lado. Un Sedán negro con los cristales tintados. Por un momento me quedo paralizada, cuando el mismo hombre sale del lado del conductor. Hacia mí. Todo mi cuerpo me pide que eche a correr pero mis piernas no responden.
-Hola Blair. -Dice con una sonrisa inquietante, acercándose a mí.
En un acto reflejo doy un paso atrás. Miro a ambos lados de mí.
-No no, no corras. Te he estado esperando mucho tiempo. No me dejarás aquí cuando he estado tanto tiempo esperando, ¿no? -Sigue hablando como si esto fuera la cosa mas natural del mundo.
Mis piernas reaccionan y empiezo a correr pero él me agarra por el brazo y me gira.
-Ahora mismo vas a entrar en el coche. Piensa en tus amigos, o en tu novio. O en la poca familia que te queda. Piensa en todos ellos. Ahora entra en el coche.
-Oye, tu novio no se enfadará porque estés conmigo ¿no? -Dice Isaac nervioso, paseándose por delante del coche.
-Claro que no. -Río, me sale risa de borracha.
Al reírme yo Isaac se ríe también. Ian me coge al tercer tono, en mitad de mi risa.
-Vaya, si que debo de ser gracioso, ni si quiera he dicho nada. -Oigo su voz.
Eso hace que me ría aún más.
-Hola.
-Hola.
-Tengo un problema.
-¿Cuál? -Pregunta preocupado.
-Pueeeeees, estaba con Isaac, un amigo. Y decidimos beber un poquitín poquitín de nada y nos hemos dado cuenta de que no podemos conducir.
Al otro lado Ian se empieza a reír.
-¿Qué pasa? -Sonrío al teléfono.
-Resultas muy graciosa cuando te emborrachas.
-No lo estoy.
-Claro, lo que tú digas. -Dice divertido- ¿Dónde estás?
-Pues no lo sé, es la primera vez que vengo, ¿te mando la ubicación por mensaje?
Nos reímos los dos.
-Vale.
-Vale.
-Venga, Hazel Grace. Cuelga ya.
Río más alto.
-Vaaaaaale. -Y cuelgo.
-Cada vez vas pareciendo menos un tipo duro. Ahora tiene que venir un chico a rescatarte.
Isaac se ríe.
-Bueno, como a ti también te tienen que rescatar no cuenta.
En ese momento unas luces iluminan el camino, es el coche de Ian. Aparca al lado de mi coche y yo me acerco al lado del conductor mientras sale, apenas le doy tiempo a cerrar la puerta cuando me lanzo sobre él, subiéndome a sus caderas. Él en un acto reflejo me rodea la cintura. Me mira sonriéndome.
-Te he echado de menos.
-Y yo a ti, borrachilla.
Suelto una risita y junto mis labios con los suyos. Se oye un carraspeo al otro lado del coche. Separamos nuestras bocas a regañadientes y me dispongo a fulminar a Isaac con la mirada, pero no es él.
-Él es Paul, mi compañero de rodaje. -Dice mientras me baja.
Rodeamos el coche para colocarnos al lado de Paul e Isaac se acerca a nosotros.
-Hola. -Le digo con timidez.
Es rubio y alto, guapísimo. De hombros anchos y brazos fuertes. Se me queda cara de tonta y me recompongo en seguida.
-Hola Blair. -Dice divertido- Me han hablado mucho de ti.
Miro de refilón a Ian.
-¿Ah si?
-Sí. Todo el día Blair por aquí, Blair por allá...
Ian le da un puñetazo en el hombro, interrumpiéndole.
-Ya vale. -Se ríe.
De repente me acuerdo de Isaac. Me separo de Ian para colocarme a su lado.
-Él es Isaac.
Ian le estrecha la mano y después le sigue Paul.
-Nos dimos cuenta de que no podríamos volver a la ciudad algo tarde. -Dice culpable.
Los cuatro nos reímos.
Suena la alarma y me despierto, pero no abro los ojos. Tengo resaca, genial. Algo me ciñe la cintura con fuerza. El brazo de Ian. Recuerdo que se quedó a dormir conmigo, después de frenar el arrebato de pasión que me dio hacia él. Decía que estaba borracha y que al día siguiente tenía que trabajar. Me da un poco de vergüenza. Después de eso me enfurruñé y le di la espalda, intentando dormirme. Pero él se acercó y me abrazó por detrás. Como no me puedo resistir a él, no le aparté.
Ian se remueve a mi lado y aparta el brazo de mí. Me siento mal por hacer que se despierte tan pronto. Cuando abro los ojos para mirarle me encuentro con su mirada azul, observándome.
-Buenos días. -Me dice.
-Malos días.
Él se ríe, algo dormido.
-Siento que por mi culpa te tengas que despertar tan pronto.
-Bueno, en realidad dentro de una hora me hubiera tenido que despertar igual así que no pasa nada.
Bostezo y me estiro, a mi lado Ian se levanta de la cama.
-¿A dónde vas?
-A preparar el desayuno.
Mientras sale por la puerta observo su espalda desnuda y suspiro, encantada.
Al salir del trabajo tengo una extraña sensación. Como si alguien me siguiera. Supongo que estaré paranoica. La sensación empezó cuando atendí a un hombre en la cafetería. Me dirigió una mirada... Con unos ojos penetrantes. Recuerdo que es el mismo hombre que habló con aquellos policías cuando Casares me había estado vigilando en mi casa. No, no puede ser él, no se parecía en nada. "Blair, necesitas una buena siesta". Intento pensar en otra cosa, por ejemplo en Ian, durante el camino a casa.
A dos calles de llegar un coche para a mi lado. Un Sedán negro con los cristales tintados. Por un momento me quedo paralizada, cuando el mismo hombre sale del lado del conductor. Hacia mí. Todo mi cuerpo me pide que eche a correr pero mis piernas no responden.
-Hola Blair. -Dice con una sonrisa inquietante, acercándose a mí.
En un acto reflejo doy un paso atrás. Miro a ambos lados de mí.
-No no, no corras. Te he estado esperando mucho tiempo. No me dejarás aquí cuando he estado tanto tiempo esperando, ¿no? -Sigue hablando como si esto fuera la cosa mas natural del mundo.
Mis piernas reaccionan y empiezo a correr pero él me agarra por el brazo y me gira.
-Ahora mismo vas a entrar en el coche. Piensa en tus amigos, o en tu novio. O en la poca familia que te queda. Piensa en todos ellos. Ahora entra en el coche.
martes, 21 de julio de 2015
Capítulo 37.
-¿Y qué ha pasado contigo estos últimos días? -Me pregunta Isaac.
Nos encontramos a las afueras de Los Ángeles, en una pequeña colina desde la que se ve toda la ciudad. Sentados sobre el capó de mi coche.
-Muchas cosas. Hay algo en especial que te quería contar porque... No lo sé. Pero es sobre mi madre.
-¿Sobre tu madre? -Se pone serio-. Cuéntame.
Me abrazo las rodillas y miro al frente.
-Fui a Málaga, donde vivía, por una llamada de mi padre. Era sobre el caso de mi madre y no fue un accidente.
Le miro par ver su reacción y él abre un poco la boca para decir algo y la vuelve a cerrar. Sin saber que decir.
-Hablamos con la policía y nos enseñaron la foto del sospechoso. Desde entonces tengo pesadillas prácticamente todas las noches. -Me miro las manos- el segundo día que fuimos me enseñaron unas fotos. Todas eran mías, aquí en Los Ángeles.
Recuerdo todas las fotos que había, o al menos las que Casares quería que encontráramos y Isaac no salía en ninguna, lo cual es un alivio.
-¡Joder! -Contesta y me mira- Joder... -Repite.
-Lo sé...
-No entiendo como... Alguien puede hacer algo así, quitarle la vida a alguien con familia, con personas que le quieren. Cómo puede... -Deja de mirarme y aprieta la mandíbula, a la vez que los puños- Sé lo que es perder a un padre pero no me imagino...
-Lo sé... -Repito.
Nos quedamos unos minutos sin decir nada.
-Espero que lo cojan pronto. -Rompe Isaac el silencio.
-Cada vez tengo menos esperanzas.
-No digas eso Blair, es lo último que puedes perder. No lo hagas.
-Pero es difícil... -Me empieza a temblar la voz al asomar las lágrimas.
Respiro hondo intentando tranquilizarme, estoy harta de llorar.
-Eh... -Isaac pone una mano en mi hombro- Lo siento, no llores. Hablemos de otra cosa.
Le miro y sonrío, me sale una sonrisa algo patética y nos reímos los dos.
-¿Sabes lo que necesito? -Le pregunto.
-¿Qué? -Contesta intrigado.
-Beber. Alcohol. Pillarme una borrachera.
-Pues bebamos.
-¿Si? -Contesto animada.
-Sí. -Me sonríe.
Volvemos a la ciudad en busca de un supermercado y compramos una botella de vodka, después pasamos por un McDonald's y cogemos la cena. Decidimos volver al mismo sitio de antes.
-Dios, que gustazo da tener coche. -Digo cuando aparcamos en la colina, exactamente en el mismo sitio.
-¿Es el primero que tienes? -Pregunta mientras se desabrocha el cinturón.
-No, el primero que tuve lo empotré. -Me río.
Más tarde, hemos vaciado media botella de alcohol y decidimos jugar a contarnos nuestros secretos. Isaac me pasa la botella.
-A ver. -Digo arrastrando un poco las palabras- Tengo envidia de la ex de mi novio. -Bebo un trago.
-Ah, ¿habéis vuelvo? -Coge la botella cuando se la ofrezco.
Asiento.
-Te toca.
-Cuando me levanto en mitad de la noche para ir al baño tengo que encender todas las luces de la casa. -Bebe un trago.
Se vuelve para mirarme y yo intento aguantarme la risa.
-Venga, ríete si quieres. -Dice divertido.
-Lo siento es que no me lo imaginaba, pareces un tipo duro.
-Bueeeeeeno, pues estando en casa por la noche no lo soy tanto. -Se ríe.
Me pasa la botella y la cojo. Pienso durante unos instantes.
-A veces quiero desaparecer por un tiempo sin avisar a nadie. -Bebo.
-Bueno, si alguna vez desapareces me avisas.
Nos reímos y me coge la botella. Isaac respira hondo.
-Me siento atraído por ti desde el primer momento que te vi. -Bebe un buen trago y seguidamente me mira.
Le devuelvo la mirada sin saber que decir. Él me sonríe para tranquilizarme.
-Tenía que decirlo, de eso va el juego ¿no? -Me pasa la botella y la cojo en un acto reflejo.
-Sinceramente, también me siento atraída por ti desde ese momento pero... -Se me va la vista, casi hemos acabado la botella.
Bebo un trago y seguidamente bebo otro.
-Me alegra saberlo. -Me guiña un ojo Isaac.
Que fácil es hablar con él.
-Toma, termínala. -Le tiendo la botella y él lo hace.
-Mierda. -Digo de repente mirando al frente, hacia la ciudad.
-¿Qué?
-¿Cómo volvemos ahora?
-Mmm, ¿en tu coche? -Me dice como si fuera tonta.
No puedo evitar reírme.
-Estamos como cubas por si no lo has notado.
-Mierda, es verdad.
Nos empezamos a reír los dos a carcajadas. No puedo parar de reír y me tengo que tumbar sobre el capó. Me quedo mirando las estrellas y paro de reír en seco.
-Mira. -Le digo a Isaac señalando el cielo.
Él se tumba a mi lado y mira hacia donde señalo.
-Solía mirar las estrellas con mi madre -sigo- ahora cada vez que veo una estrella fugaz pienso que es ella que me saluda desde allí, para decirme que está bien.
Isaac sigue a mi lado en silencio, mirando el cielo. En ese momento pasa una estrella fugaz.
-Hola mamá. -Digo mientras me corre una lágrima por la mejilla.
-Hola, papá.
Giro la cabeza para mirarle, también está llorando.
-Los dos están bien.
-Sí, lo están.
Me acerco más a él y apoyo la cabeza sobre su hombro, él me pasa un brazo alrededor de los míos y nos quedamos así, mirando el cielo.
Nos encontramos a las afueras de Los Ángeles, en una pequeña colina desde la que se ve toda la ciudad. Sentados sobre el capó de mi coche.
-Muchas cosas. Hay algo en especial que te quería contar porque... No lo sé. Pero es sobre mi madre.
-¿Sobre tu madre? -Se pone serio-. Cuéntame.
Me abrazo las rodillas y miro al frente.
-Fui a Málaga, donde vivía, por una llamada de mi padre. Era sobre el caso de mi madre y no fue un accidente.
Le miro par ver su reacción y él abre un poco la boca para decir algo y la vuelve a cerrar. Sin saber que decir.
-Hablamos con la policía y nos enseñaron la foto del sospechoso. Desde entonces tengo pesadillas prácticamente todas las noches. -Me miro las manos- el segundo día que fuimos me enseñaron unas fotos. Todas eran mías, aquí en Los Ángeles.
Recuerdo todas las fotos que había, o al menos las que Casares quería que encontráramos y Isaac no salía en ninguna, lo cual es un alivio.
-¡Joder! -Contesta y me mira- Joder... -Repite.
-Lo sé...
-No entiendo como... Alguien puede hacer algo así, quitarle la vida a alguien con familia, con personas que le quieren. Cómo puede... -Deja de mirarme y aprieta la mandíbula, a la vez que los puños- Sé lo que es perder a un padre pero no me imagino...
-Lo sé... -Repito.
Nos quedamos unos minutos sin decir nada.
-Espero que lo cojan pronto. -Rompe Isaac el silencio.
-Cada vez tengo menos esperanzas.
-No digas eso Blair, es lo último que puedes perder. No lo hagas.
-Pero es difícil... -Me empieza a temblar la voz al asomar las lágrimas.
Respiro hondo intentando tranquilizarme, estoy harta de llorar.
-Eh... -Isaac pone una mano en mi hombro- Lo siento, no llores. Hablemos de otra cosa.
Le miro y sonrío, me sale una sonrisa algo patética y nos reímos los dos.
-¿Sabes lo que necesito? -Le pregunto.
-¿Qué? -Contesta intrigado.
-Beber. Alcohol. Pillarme una borrachera.
-Pues bebamos.
-¿Si? -Contesto animada.
-Sí. -Me sonríe.
Volvemos a la ciudad en busca de un supermercado y compramos una botella de vodka, después pasamos por un McDonald's y cogemos la cena. Decidimos volver al mismo sitio de antes.
-Dios, que gustazo da tener coche. -Digo cuando aparcamos en la colina, exactamente en el mismo sitio.
-¿Es el primero que tienes? -Pregunta mientras se desabrocha el cinturón.
-No, el primero que tuve lo empotré. -Me río.
Más tarde, hemos vaciado media botella de alcohol y decidimos jugar a contarnos nuestros secretos. Isaac me pasa la botella.
-A ver. -Digo arrastrando un poco las palabras- Tengo envidia de la ex de mi novio. -Bebo un trago.
-Ah, ¿habéis vuelvo? -Coge la botella cuando se la ofrezco.
Asiento.
-Te toca.
-Cuando me levanto en mitad de la noche para ir al baño tengo que encender todas las luces de la casa. -Bebe un trago.
Se vuelve para mirarme y yo intento aguantarme la risa.
-Venga, ríete si quieres. -Dice divertido.
-Lo siento es que no me lo imaginaba, pareces un tipo duro.
-Bueeeeeeno, pues estando en casa por la noche no lo soy tanto. -Se ríe.
Me pasa la botella y la cojo. Pienso durante unos instantes.
-A veces quiero desaparecer por un tiempo sin avisar a nadie. -Bebo.
-Bueno, si alguna vez desapareces me avisas.
Nos reímos y me coge la botella. Isaac respira hondo.
-Me siento atraído por ti desde el primer momento que te vi. -Bebe un buen trago y seguidamente me mira.
Le devuelvo la mirada sin saber que decir. Él me sonríe para tranquilizarme.
-Tenía que decirlo, de eso va el juego ¿no? -Me pasa la botella y la cojo en un acto reflejo.
-Sinceramente, también me siento atraída por ti desde ese momento pero... -Se me va la vista, casi hemos acabado la botella.
Bebo un trago y seguidamente bebo otro.
-Me alegra saberlo. -Me guiña un ojo Isaac.
Que fácil es hablar con él.
-Toma, termínala. -Le tiendo la botella y él lo hace.
-Mierda. -Digo de repente mirando al frente, hacia la ciudad.
-¿Qué?
-¿Cómo volvemos ahora?
-Mmm, ¿en tu coche? -Me dice como si fuera tonta.
No puedo evitar reírme.
-Estamos como cubas por si no lo has notado.
-Mierda, es verdad.
Nos empezamos a reír los dos a carcajadas. No puedo parar de reír y me tengo que tumbar sobre el capó. Me quedo mirando las estrellas y paro de reír en seco.
-Mira. -Le digo a Isaac señalando el cielo.
Él se tumba a mi lado y mira hacia donde señalo.
-Solía mirar las estrellas con mi madre -sigo- ahora cada vez que veo una estrella fugaz pienso que es ella que me saluda desde allí, para decirme que está bien.
Isaac sigue a mi lado en silencio, mirando el cielo. En ese momento pasa una estrella fugaz.
-Hola mamá. -Digo mientras me corre una lágrima por la mejilla.
-Hola, papá.
Giro la cabeza para mirarle, también está llorando.
-Los dos están bien.
-Sí, lo están.
Me acerco más a él y apoyo la cabeza sobre su hombro, él me pasa un brazo alrededor de los míos y nos quedamos así, mirando el cielo.
miércoles, 10 de junio de 2015
Capítulo 36.
Melanie ha venido con todo un arsenal de comida seguida por Olivia, y no de la sana precisamente. Tras ponernos al día y contar de nuevo mi historia decidimos tener un maratón de pelis Disney, empezando por Frozen. En vez de sentarnos en el sofá estamos en el suelo, apoyando la espalda sobre este, con toda la comida en el suelo también, en frente de nosotras.
-¿Cuál vemos ahora? -Pregunta Liv terminando el segundo cuenco de palomitas.
-Mmm... -Pienso y doy unas palmaditas porque ya he decidido la película que quiero.
Melanie me mira.
-¿Hércules verdad?
-Síííí. -Digo emocionada.
-Sigo enamorada de él... -Digo mientras salen los créditos del final.
-¿De quién? -Me pregunta extrañada Holly.
-De Hércules. -Suspiro.
-Idiota, pensaba que ibas a decir Matt.
Me río y las demás se unen a mis risas. Me dirijo a gatas hacia el DVD para cambiar de peli.
-Blair, ¿quieres que nos quedemos contigo esta noche? Para que no estés sola. -Dice Liv a mis espaldas.
Me giro un momento.
-Pues me encantaría.
-Pues listo.
-¡Por ti lo que sea tíaaa! -Dice Melanie con voz de chico.
Suelto una carcajada.
-Vale pero tu duermes en el fregadero.
-¡Mi sitio favorito!
Me sigo riendo mientras pongo Anastasia en el reproductor.
Antes de acostarme miro mi móvil, que acaba de sonar. Es un mensaje de Isaac. Al verme la cara las demás, que también son unas cotillas se apelotonan a mi lado.
-¡¿Quién es?! -Chilla Mel.
-Isaac. -Contesto como si me diera igual.
-¿El tío de la discoteca?
-Sep.
-¿Qué tío de la discoteca? -Pregunta Holly.
La miro culpable por no contárselo. Holly entorna los ojos.
-Muchas cosas te estás callando tú éh.
Me encojo de hombros a modo de disculpa.
-Lo siento.
-Bueno, ¿qué te pone?
Les enseño la pantalla.
23:17 Isaac: Qué es de tu vida?
Me acuerdo de Isaac y su padre. El me entendería en lo que estoy pasando, bueno en casi todo. Creo que me vendría bien quedar con él para hablar. No les cuento esto a las chicas, no quiero que me recuerden que estoy con Ian porque no voy a hacer nada con Isaac.
00:15 Yo: La misma de siempre, tú?
-Dile que tienes una amiga que esta soltera, es muy guapa y está buena. -Dice Melanie apoyando la cabeza en mi hombro.
Yo suelto una carcajada.
-¿Y qué pasa con Ethan?
Ethan es el rollo de Melanie.
-No sé, me apetece algo nuevo.
-A ese chaval lo tienes loco y está tremendo, ¿qué más quieres? -Interviene Liv.
-Lo mismo digo. -Añado.
-Bueno vale vale. -Mel hace un mohín.
Le acaricio el pelo como si fuera un perrito.
-Ea ea ea.
Ella me da un manotazo y me vuelve a sonar el móvil.
00:17 Isaac: Más de lo mismo. Podríamos quedar, hace tiempo que no nos vemos.
00:17 Yo: Claro, estaría guay.
00:18 Isaac: Bien, mañana hablamos.
00:18 Yo: Ooookey :)
Bloqueo el móvil y lo dejo encima de la mesita. Hemos traído la otra cama de la habitación de invitados y las hemos juntado así que cabemos bien las cuatro. Apagamos la luz con la intención de dormir pero no paramos de cotorrear y sin darnos cuenta se nos hacen las tres de la mañana. Al final acabamos cayendo una a una.
Un grito me despierta y me incorporo de golpe asustada, igual que las demás. Liv agarra la almohada para defenderse. Resulta que Holly se ha caído de la cama, con el edredón y todo. A pesar de estar medio dormida me empiezo a reír a carcajadas, Liv se une a mis risas. Holly se asoma por el borde de la cama con cara de zombi y pelos de loca, al verle la cara nos reímos aún más y yo me vuelvo a tumbar agarrándome la tripa.
-JA JA. -Dice Holly volviendo a subirse a la cama.
-Es que ha sido muy bueno. -Dice Liv secándose las lágrimas.
-Pues anda que tú, llega a ser un asesino o algo y como pretendieras defenderte con una almohada...
Liv, aún con la almohada en las manos coge impulso y le da a Holly en la cabeza, y esta cae hacia atrás en la cama del golpe.
-¡Toma si defiende! -Grita Liv.
-Hijas de puta, dejarme dormir. -Dice Melanie, que se ha hecho una croqueta con el edredón.
-Bua, verás. -Holly coge su almohada y persigue a Liv que ha salido corriendo de la habitación.
Me rasco la cabeza mientras bostezo y mirando el reloj veo que son las 11 y media. Me quedo unos minutos mirando la pared, oyendo los gritos de Liv y Holly y me levanto para ir al baño.
-¡Hostias que jaleo montáis! -Chilla Melanie desde mi habitación.
Me río muy alto para que me oiga y al poco aparece ella en el baño con cara de mala leche, así que dejo de reírme. Nadie se atreve a enfrentarse a Devil Melanie por las mañanas.
A la hora de comer, Holly se marcha porque ha quedado con su novio y Olivia también. Así que nos quedamos Mel y yo. Como a las dos nos encantan las películas nos ponemos a ver Malditos Bastardos para hacer hambre.
-Pero que guapo es Brad Pitt por dios. -Digo en mitad de la película.
-Buf, y el Fassbender.
-Y Brühl.
-Todos. -Me río.
Un rato más tarde empiezo a hacer la comida mientras ella sigue viendo la película. Cuando la llamo para comer pone en pausa la peli y nos sentamos a comer.
-¡Mmm espaguetis!
-Ah sí, los dos son para mí, para ti esto. -Le quito el plato y le dejo solo el vaso lleno de agua.
Ella hace como que llora y yo me río a lo malvada.
-Anda trae.
Le devuelvo el plato.
-Ahora que estamos así en tranquilidad, paz, armonía y amor. -Le digo-. ¿Qué te pasa con Ethan?
-En realidad no lo sé. Me gusta mucho y tal pero... Tengo miedo de pifiarla, él ha estado con muchas antes y sé que ya no es así pero puede que no llegue a ser lo suficientemente buena. No sé...
-Si está contigo es porque ya lo eres.
-Pero...
-No. -Le interrumpo-. Conoces su pasado, era un poco golfo, vale, y estaba con una chica diferente cada dos semanas prácticamente. ¿Y cuánto lleváis quedando y liándoos?
-Un mes.
-Ya está, el no puede dar el paso porque no está acostumbrado a tener más. Tienes que darlo tú.
-¿Y si me rechaza?
-Si no lo ha hecho ya no lo va a hacer, he visto como te mira las pocas veces que hemos estado todos juntos. No seas idiota.
-Vale.
-Bieeeeeeeeen.
Después seguimos hablando de series mientras comemos.
Por la tarde, después de dejar a Melanie en su casa, conduzco hacia la academia de baile de Isaac, donde he quedado con él. Aparco y salgo del coche, me apoyo sobre la puerta del conductor y espero a que salgan. Unos cinco minutos empieza a salir gente, la mayoría de mi edad. Distingo a Marnie entre ellos. Al verme me saluda con la mano.
-¡Blair! -Me dice a modo de saludo viniendo hacia mí.
-¡Hola! -Le saludo con alegría, su entusiasmo se te pega siempre.
Cuando llega donde estoy me da un beso en la mejilla.
-¿Esperas a Isaac?
-Sí, ¿ha venido no?
-Sí sí, de normal siempre le cuesta. Por sus problemas mentales y eso.
-¿Qué? -Digo alarmada.
Marnie se ríe a carcajadas.
-¡Es broma!
Yo hago las mismas bromas con mis amigas, no sé por qué me lo he creído. Me río con ella.
-Bueno me tengo que ir, que tengo una prueba.
-¿Si? Pues buena suerte.
-¡Gracias! Nos vemos.
-Hasta luego.
En cuanto se aleja, Isaac sale por la puerta. Con una bolsa de deporte colgada al hombro y el pelo mojado, supongo que por la ducha. Está más guapo que la última vez que le vi. Se acerca a mí.
-Perdona, busco a una chica así guapa, morena con el pelo largo que baila un poco mal por lo que comprobé hace unos días, ¿la has visto? ¿No? Vale gracias, muy amable.
Se empieza a alejar y yo me río tirándole las llaves del coche, que le dan en el brazo. Él se vuelve a dar la vuelta mientras se ríe y viene hacia mí de nuevo.
-Muy gracioso.
-Yo siempre.
-Bueno señor gracioso, ¿a dónde quiere ir?
-Eres la del coche, tú mandas.
-Bien, adentro.
-¿Cuál vemos ahora? -Pregunta Liv terminando el segundo cuenco de palomitas.
-Mmm... -Pienso y doy unas palmaditas porque ya he decidido la película que quiero.
Melanie me mira.
-¿Hércules verdad?
-Síííí. -Digo emocionada.
-Sigo enamorada de él... -Digo mientras salen los créditos del final.
-¿De quién? -Me pregunta extrañada Holly.
-De Hércules. -Suspiro.
-Idiota, pensaba que ibas a decir Matt.
Me río y las demás se unen a mis risas. Me dirijo a gatas hacia el DVD para cambiar de peli.
-Blair, ¿quieres que nos quedemos contigo esta noche? Para que no estés sola. -Dice Liv a mis espaldas.
Me giro un momento.
-Pues me encantaría.
-Pues listo.
-¡Por ti lo que sea tíaaa! -Dice Melanie con voz de chico.
Suelto una carcajada.
-Vale pero tu duermes en el fregadero.
-¡Mi sitio favorito!
Me sigo riendo mientras pongo Anastasia en el reproductor.
Antes de acostarme miro mi móvil, que acaba de sonar. Es un mensaje de Isaac. Al verme la cara las demás, que también son unas cotillas se apelotonan a mi lado.
-¡¿Quién es?! -Chilla Mel.
-Isaac. -Contesto como si me diera igual.
-¿El tío de la discoteca?
-Sep.
-¿Qué tío de la discoteca? -Pregunta Holly.
La miro culpable por no contárselo. Holly entorna los ojos.
-Muchas cosas te estás callando tú éh.
Me encojo de hombros a modo de disculpa.
-Lo siento.
-Bueno, ¿qué te pone?
Les enseño la pantalla.
23:17 Isaac: Qué es de tu vida?
Me acuerdo de Isaac y su padre. El me entendería en lo que estoy pasando, bueno en casi todo. Creo que me vendría bien quedar con él para hablar. No les cuento esto a las chicas, no quiero que me recuerden que estoy con Ian porque no voy a hacer nada con Isaac.
00:15 Yo: La misma de siempre, tú?
-Dile que tienes una amiga que esta soltera, es muy guapa y está buena. -Dice Melanie apoyando la cabeza en mi hombro.
Yo suelto una carcajada.
-¿Y qué pasa con Ethan?
Ethan es el rollo de Melanie.
-No sé, me apetece algo nuevo.
-A ese chaval lo tienes loco y está tremendo, ¿qué más quieres? -Interviene Liv.
-Lo mismo digo. -Añado.
-Bueno vale vale. -Mel hace un mohín.
Le acaricio el pelo como si fuera un perrito.
-Ea ea ea.
Ella me da un manotazo y me vuelve a sonar el móvil.
00:17 Isaac: Más de lo mismo. Podríamos quedar, hace tiempo que no nos vemos.
00:17 Yo: Claro, estaría guay.
00:18 Isaac: Bien, mañana hablamos.
00:18 Yo: Ooookey :)
Bloqueo el móvil y lo dejo encima de la mesita. Hemos traído la otra cama de la habitación de invitados y las hemos juntado así que cabemos bien las cuatro. Apagamos la luz con la intención de dormir pero no paramos de cotorrear y sin darnos cuenta se nos hacen las tres de la mañana. Al final acabamos cayendo una a una.
Un grito me despierta y me incorporo de golpe asustada, igual que las demás. Liv agarra la almohada para defenderse. Resulta que Holly se ha caído de la cama, con el edredón y todo. A pesar de estar medio dormida me empiezo a reír a carcajadas, Liv se une a mis risas. Holly se asoma por el borde de la cama con cara de zombi y pelos de loca, al verle la cara nos reímos aún más y yo me vuelvo a tumbar agarrándome la tripa.
-JA JA. -Dice Holly volviendo a subirse a la cama.
-Es que ha sido muy bueno. -Dice Liv secándose las lágrimas.
-Pues anda que tú, llega a ser un asesino o algo y como pretendieras defenderte con una almohada...
Liv, aún con la almohada en las manos coge impulso y le da a Holly en la cabeza, y esta cae hacia atrás en la cama del golpe.
-¡Toma si defiende! -Grita Liv.
-Hijas de puta, dejarme dormir. -Dice Melanie, que se ha hecho una croqueta con el edredón.
-Bua, verás. -Holly coge su almohada y persigue a Liv que ha salido corriendo de la habitación.
Me rasco la cabeza mientras bostezo y mirando el reloj veo que son las 11 y media. Me quedo unos minutos mirando la pared, oyendo los gritos de Liv y Holly y me levanto para ir al baño.
-¡Hostias que jaleo montáis! -Chilla Melanie desde mi habitación.
Me río muy alto para que me oiga y al poco aparece ella en el baño con cara de mala leche, así que dejo de reírme. Nadie se atreve a enfrentarse a Devil Melanie por las mañanas.
A la hora de comer, Holly se marcha porque ha quedado con su novio y Olivia también. Así que nos quedamos Mel y yo. Como a las dos nos encantan las películas nos ponemos a ver Malditos Bastardos para hacer hambre.
-Pero que guapo es Brad Pitt por dios. -Digo en mitad de la película.
-Buf, y el Fassbender.
-Y Brühl.
-Todos. -Me río.
Un rato más tarde empiezo a hacer la comida mientras ella sigue viendo la película. Cuando la llamo para comer pone en pausa la peli y nos sentamos a comer.
-¡Mmm espaguetis!
-Ah sí, los dos son para mí, para ti esto. -Le quito el plato y le dejo solo el vaso lleno de agua.
Ella hace como que llora y yo me río a lo malvada.
-Anda trae.
Le devuelvo el plato.
-Ahora que estamos así en tranquilidad, paz, armonía y amor. -Le digo-. ¿Qué te pasa con Ethan?
-En realidad no lo sé. Me gusta mucho y tal pero... Tengo miedo de pifiarla, él ha estado con muchas antes y sé que ya no es así pero puede que no llegue a ser lo suficientemente buena. No sé...
-Si está contigo es porque ya lo eres.
-Pero...
-No. -Le interrumpo-. Conoces su pasado, era un poco golfo, vale, y estaba con una chica diferente cada dos semanas prácticamente. ¿Y cuánto lleváis quedando y liándoos?
-Un mes.
-Ya está, el no puede dar el paso porque no está acostumbrado a tener más. Tienes que darlo tú.
-¿Y si me rechaza?
-Si no lo ha hecho ya no lo va a hacer, he visto como te mira las pocas veces que hemos estado todos juntos. No seas idiota.
-Vale.
-Bieeeeeeeeen.
Después seguimos hablando de series mientras comemos.
Por la tarde, después de dejar a Melanie en su casa, conduzco hacia la academia de baile de Isaac, donde he quedado con él. Aparco y salgo del coche, me apoyo sobre la puerta del conductor y espero a que salgan. Unos cinco minutos empieza a salir gente, la mayoría de mi edad. Distingo a Marnie entre ellos. Al verme me saluda con la mano.
-¡Blair! -Me dice a modo de saludo viniendo hacia mí.
-¡Hola! -Le saludo con alegría, su entusiasmo se te pega siempre.
Cuando llega donde estoy me da un beso en la mejilla.
-¿Esperas a Isaac?
-Sí, ¿ha venido no?
-Sí sí, de normal siempre le cuesta. Por sus problemas mentales y eso.
-¿Qué? -Digo alarmada.
Marnie se ríe a carcajadas.
-¡Es broma!
Yo hago las mismas bromas con mis amigas, no sé por qué me lo he creído. Me río con ella.
-Bueno me tengo que ir, que tengo una prueba.
-¿Si? Pues buena suerte.
-¡Gracias! Nos vemos.
-Hasta luego.
En cuanto se aleja, Isaac sale por la puerta. Con una bolsa de deporte colgada al hombro y el pelo mojado, supongo que por la ducha. Está más guapo que la última vez que le vi. Se acerca a mí.
-Perdona, busco a una chica así guapa, morena con el pelo largo que baila un poco mal por lo que comprobé hace unos días, ¿la has visto? ¿No? Vale gracias, muy amable.
Se empieza a alejar y yo me río tirándole las llaves del coche, que le dan en el brazo. Él se vuelve a dar la vuelta mientras se ríe y viene hacia mí de nuevo.
-Muy gracioso.
-Yo siempre.
-Bueno señor gracioso, ¿a dónde quiere ir?
-Eres la del coche, tú mandas.
-Bien, adentro.
domingo, 7 de junio de 2015
Capítulo 35.
Me despierto, pero no abro los ojos. Quiero saborear un poco más este momento de absoluta felicidad que estoy viviendo. Tengo la cabeza apoyada sobre el brazo de Ian, que lo tiene extendido a lo ancho de la cama. A pesar de lo que estoy pasando, esta noche ha sido lo mejor que he tenido en mucho tiempo. Me ha hecho olvidarme de todo lo demás y centrarme sólo en él. Y madre mía, el sexo con Ian es alucinante. Noto calor en las mejillas al pensar esto. Oigo la respiración regular de él, sigue dormido. Abro los ojos y con cuidado me giro para mirarle, la perfección de su perfil, sus labios, la línea de su mandíbula, los músculos de su torso perfectamente esculpidos. Me cuesta creer que este hombre sea mío. Al volver a mirar su rostro no puedo evitar alargar la mano y tocarlo, recorro su frente hacia abajo, desciendo por la nariz y recorro su labio inferior con el dedo, con cuidado de no despertarle. Pero el mueve un poco la cabeza y abre los ojos. Retiro la mano y me hago la dormida, acurrucada a su lado. Noto como se mueve y sus labios me rozan el pelo y paran cerca de mi oreja.
-Sé que estás despierta. -Me susurra.
Se me escapa una sonrisa y vuelvo a abrir los ojos para mirarle.
-Buenos días. -Le digo.
-Los mejores de mi vida por cierto.
-Me has leído la mente.
Dicho esto le beso en los labios. Empieza como un suave beso y gana intensidad. Recorro la línea de su espalda mientras nos besamos y me coloco encima de él. Me separo un poco para mirarle a los ojos, para encontrarme con esa mirada azul que tanto me gusta. Me retira un mechón de pelo que cae sobre su rostro y me sonríe. Le devuelvo la sonrisa y me inclino de nuevo para besarle. Empujo con mi lengua la suya y bajo mi mano derecha por su torso. Dejo de besarle y me incorporo quedando a horcajadas sobre él. Él recorre con la mirada mi cuerpo con deseo y ese gesto me enciende al instante, más de lo que estoy. Cuando vuelve a mis ojos se incorpora también y quedamos frente a frente. Sin dejar de mirarle a los ojos agarro su miembro y lo introduzco dentro de mí, abriendo ligeramente la boca mientras me llena. Ian deja escapar un pequeño gemido. Con las dos manos agarro su pelo y me muevo arriba y abajo, tirando ligeramente de su pelo. Gimo y hecho la cabeza hacia atrás, él me abraza por la cintura hasta casi dejarme sin respiración pero no me importa. Quiero que lo haga más fuerte. Me besa en el cuello y con la lengua sube por mi mandíbula hasta mi oreja, mordiendo el lóbulo suavemente. Oigo sus jadeos en mi oído y me muevo más rápido sin dejar de gemir. Él también se mueve debajo de mí y los dos nos vamos acercando. Junto su frente con la mía y exploto alrededor de él, gritando su nombre. Ian llega al clímax con un sollozo lastimero y nos quedamos mirándonos mientras nuestras respiraciones se van calmando. Observo su rostro mientras le acaricio la mejilla.
-Te quiero. -Le susurro mientras vuelvo a juntar mis labios con los suyos.
Me asomo a la ventana y observo que sigue el coche patrulla aparcado en frente. Pero no debe de ser el mismo de ayer, pues los policías son otros que los que estaban hablando anoche con Ian. Uno de ellos está fuera hablando con un hombre rubio y alto. El policía señala arriba, hacia mi piso y el hombre sigue la dirección hacia el mismo. Su mirada se clava en mi por unos instantes. "¿Qué querrá ese?". Me aparto de la ventana y al darme la vuelta bruscamente me choco con Ian.
-Lo siento. -Le digo riéndome.
Él se une a mis risas y se acerca a la ventana.
-¿Qué quiere ese? -Repite la misma pregunta que me he hecho a mí misma hace unos instantes.
-No lo sé, será algún cotilla.
Le abrazo por la espalda mientras mira hacia la calle y me asomo por encima de su hombro. Él gira la cabeza para mirarme y aprovecho para darle un beso en la punta de la nariz.
-¿Desayunamos fuera? Necesito salir.
-Claro. -Dice animado y mientras apoyo la barbilla en su hombro me da un beso en la frente.
Esta mañana no he ido a trabajar, uno de los policías se ha pasado por casa para informarme y me ha aconsejado que no vaya a ningún lugar que suelo frecuentar, al menos en un par de días. Él mismo ha llamado a mi jefe y yo a Emily para contarle. Lo cual es un alivio porque con lo de esta noche y el revolcón de esta mañana se me ha pasado la hora completamente. Ian y yo entramos a un Dunkin' Donuts y mientras él pide cojo un sitio al lado de la ventana. Noto como vibra mi móvil en el bolsillo y lo saco, es Matt.
-Hoooola.
-¿Estás bien? -Pregunta ansioso.
-¿Por qué no iba a estarlo?
-No me vengas con esas, Ian me ha mandado un mensaje resumiéndome lo que pasa y que tú me explicarías detalles.
"Pero, ¿se hablan?".
-No quería decírtelo por teléfono.
-Es igual, cuéntamelo.
Le explico lo sucedido desde que llegué a mi casa y no me interrumpe en todo el relato, lo cual es raro. Tiene que estar muy cabreado. Ian llega con una bandeja y se sienta en frente de mí.
-¿Y la policía no sabe nada?
-Nada de nada.
Noto la vista de Ian clavada en mí mientras hablo.
-Pues que buen trabajo hacen.
-No es culpa de ellos. Este tío es prácticamente invisible.
-¿Y el FBI? ¿No se supone que te vigilaban?
-Eso me dijeron en Málaga, pero no lo sé.
-Igual deberías hablar con ellos. Pon orden.
Me río.
-Pues igual lo hago.
-En cuanto sepas algo más no dudes en llamarme.
-Lo haré, cuídate mucho y no te pierdas por la calle sin mí.
Matt se ríe.
-Lo intentaré, adiós.
Cuelgo y dejo el móvil sobre la mesa.
-¿Quién era? -Pregunta Ian mientras da un bocado a su dónut.
-Matt. -Digo en voz baja.
-Ajá... -Contesta mientras mastica.
Echo azúcar en mi café y lo remuevo.
-Tengo una pregunta. -Dice él.
-¿Cuál? -Le miro y doy un sorbo al café.
-Si eres española... ¿Por qué te llamas Blair Cooper?
Río un poco.
-Mi madre era española, pero mi padre no. Bueno, toda su vida estuvo en Málaga pero mis abuelos paternos son americanos. Y a mis padres les gustaba la idea de ponerme un nombre en inglés.
-Claro, tiene sentido. -Me sonríe.
-Yo tengo otra.
-Dime.
-¿Te acuerdas cuando me dejaste tu chaqueta poco después de conocernos y la tuve unos días conmigo?
-Como para olvidarlo.
-Cuando te la devolví, en tu coche aquella noche -veo que su facciones se endurecen cuando recuerda también esa noche por otro motivo, cuando aquel yonki me asaltó- aún la tenía conmigo y la miraste de refilón y... Como que te reíste por algo.
Su expresión cambia y una sonrisa asoma sus labios.
-No se te pasan los pequeños detalles éh.
Niego con la cabeza y le sonrío.
-Al estar la chaqueta tanto tiempo contigo y tenerla pegada a ti. Se le quedaría tu olor y me hizo gracia que cuando no estuviera contigo solo me bastaría con olerla.
-¿Y lo hiciste? -Muerdo un dónut.
-Un par de veces... Multiplicado por mil.
Reímos los dos.
-Yo a menudo lo hacía cuando la tenía en mi casa.
-Y aquí estamos.
-Aquí estamos. -Le sonrío.
Ian me acaba de dejar en mi casa y tras marcharse veo a Holly sentada en la escalera del portal. En cuanto me ve se levanta de golpe.
-¡Te voy a matar! -Me chilla.
-¡¿Por qué?! -Le digo con fingido miedo y levanto las manos como para protegerme.
Ella se acerca a mí y me da un abrazo.
-Me he tenido que enterar por Matt de lo que te ha pasado. -Dice mientras se separa.
-Pensaba contártelo...
-Ya claro.
-Venga, vamos arriba. No quiero estar aquí fuera. ¿Te quedas a comer?
-Claro, te va a costar librarte de mí.
-Ese cabrón te está jodiendo pero bien. -Dice Holly mientras terminamos de comer.
-Dímelo a mí.
-¿Y qué vas a hacer?
-Seguir con mi vida. No voy a dejar de hacer lo que hago por su culpa.
-Bien dicho.
-Oye, ¿te importa que llame a Melanie y a Olivia? Tengo que contarles lo que ha pasado y me apetece una tarde solo de chicas.
-Claro que no, además hace mucho que no las veo. ¡EH! -Dice de repente.
-¿QUÉ?
-¡¿Vemos Frozen?!
Río a carcajadas.
-¡SÍ!
Mojo un dedo en el vaso de agua y le salpico a Holly en la cara.
-Sé que estás despierta. -Me susurra.
Se me escapa una sonrisa y vuelvo a abrir los ojos para mirarle.
-Buenos días. -Le digo.
-Los mejores de mi vida por cierto.
-Me has leído la mente.
Dicho esto le beso en los labios. Empieza como un suave beso y gana intensidad. Recorro la línea de su espalda mientras nos besamos y me coloco encima de él. Me separo un poco para mirarle a los ojos, para encontrarme con esa mirada azul que tanto me gusta. Me retira un mechón de pelo que cae sobre su rostro y me sonríe. Le devuelvo la sonrisa y me inclino de nuevo para besarle. Empujo con mi lengua la suya y bajo mi mano derecha por su torso. Dejo de besarle y me incorporo quedando a horcajadas sobre él. Él recorre con la mirada mi cuerpo con deseo y ese gesto me enciende al instante, más de lo que estoy. Cuando vuelve a mis ojos se incorpora también y quedamos frente a frente. Sin dejar de mirarle a los ojos agarro su miembro y lo introduzco dentro de mí, abriendo ligeramente la boca mientras me llena. Ian deja escapar un pequeño gemido. Con las dos manos agarro su pelo y me muevo arriba y abajo, tirando ligeramente de su pelo. Gimo y hecho la cabeza hacia atrás, él me abraza por la cintura hasta casi dejarme sin respiración pero no me importa. Quiero que lo haga más fuerte. Me besa en el cuello y con la lengua sube por mi mandíbula hasta mi oreja, mordiendo el lóbulo suavemente. Oigo sus jadeos en mi oído y me muevo más rápido sin dejar de gemir. Él también se mueve debajo de mí y los dos nos vamos acercando. Junto su frente con la mía y exploto alrededor de él, gritando su nombre. Ian llega al clímax con un sollozo lastimero y nos quedamos mirándonos mientras nuestras respiraciones se van calmando. Observo su rostro mientras le acaricio la mejilla.
-Te quiero. -Le susurro mientras vuelvo a juntar mis labios con los suyos.
Me asomo a la ventana y observo que sigue el coche patrulla aparcado en frente. Pero no debe de ser el mismo de ayer, pues los policías son otros que los que estaban hablando anoche con Ian. Uno de ellos está fuera hablando con un hombre rubio y alto. El policía señala arriba, hacia mi piso y el hombre sigue la dirección hacia el mismo. Su mirada se clava en mi por unos instantes. "¿Qué querrá ese?". Me aparto de la ventana y al darme la vuelta bruscamente me choco con Ian.
-Lo siento. -Le digo riéndome.
Él se une a mis risas y se acerca a la ventana.
-¿Qué quiere ese? -Repite la misma pregunta que me he hecho a mí misma hace unos instantes.
-No lo sé, será algún cotilla.
Le abrazo por la espalda mientras mira hacia la calle y me asomo por encima de su hombro. Él gira la cabeza para mirarme y aprovecho para darle un beso en la punta de la nariz.
-¿Desayunamos fuera? Necesito salir.
-Claro. -Dice animado y mientras apoyo la barbilla en su hombro me da un beso en la frente.
Esta mañana no he ido a trabajar, uno de los policías se ha pasado por casa para informarme y me ha aconsejado que no vaya a ningún lugar que suelo frecuentar, al menos en un par de días. Él mismo ha llamado a mi jefe y yo a Emily para contarle. Lo cual es un alivio porque con lo de esta noche y el revolcón de esta mañana se me ha pasado la hora completamente. Ian y yo entramos a un Dunkin' Donuts y mientras él pide cojo un sitio al lado de la ventana. Noto como vibra mi móvil en el bolsillo y lo saco, es Matt.
-Hoooola.
-¿Estás bien? -Pregunta ansioso.
-¿Por qué no iba a estarlo?
-No me vengas con esas, Ian me ha mandado un mensaje resumiéndome lo que pasa y que tú me explicarías detalles.
"Pero, ¿se hablan?".
-No quería decírtelo por teléfono.
-Es igual, cuéntamelo.
Le explico lo sucedido desde que llegué a mi casa y no me interrumpe en todo el relato, lo cual es raro. Tiene que estar muy cabreado. Ian llega con una bandeja y se sienta en frente de mí.
-¿Y la policía no sabe nada?
-Nada de nada.
Noto la vista de Ian clavada en mí mientras hablo.
-Pues que buen trabajo hacen.
-No es culpa de ellos. Este tío es prácticamente invisible.
-¿Y el FBI? ¿No se supone que te vigilaban?
-Eso me dijeron en Málaga, pero no lo sé.
-Igual deberías hablar con ellos. Pon orden.
Me río.
-Pues igual lo hago.
-En cuanto sepas algo más no dudes en llamarme.
-Lo haré, cuídate mucho y no te pierdas por la calle sin mí.
Matt se ríe.
-Lo intentaré, adiós.
Cuelgo y dejo el móvil sobre la mesa.
-¿Quién era? -Pregunta Ian mientras da un bocado a su dónut.
-Matt. -Digo en voz baja.
-Ajá... -Contesta mientras mastica.
Echo azúcar en mi café y lo remuevo.
-Tengo una pregunta. -Dice él.
-¿Cuál? -Le miro y doy un sorbo al café.
-Si eres española... ¿Por qué te llamas Blair Cooper?
Río un poco.
-Mi madre era española, pero mi padre no. Bueno, toda su vida estuvo en Málaga pero mis abuelos paternos son americanos. Y a mis padres les gustaba la idea de ponerme un nombre en inglés.
-Claro, tiene sentido. -Me sonríe.
-Yo tengo otra.
-Dime.
-¿Te acuerdas cuando me dejaste tu chaqueta poco después de conocernos y la tuve unos días conmigo?
-Como para olvidarlo.
-Cuando te la devolví, en tu coche aquella noche -veo que su facciones se endurecen cuando recuerda también esa noche por otro motivo, cuando aquel yonki me asaltó- aún la tenía conmigo y la miraste de refilón y... Como que te reíste por algo.
Su expresión cambia y una sonrisa asoma sus labios.
-No se te pasan los pequeños detalles éh.
Niego con la cabeza y le sonrío.
-Al estar la chaqueta tanto tiempo contigo y tenerla pegada a ti. Se le quedaría tu olor y me hizo gracia que cuando no estuviera contigo solo me bastaría con olerla.
-¿Y lo hiciste? -Muerdo un dónut.
-Un par de veces... Multiplicado por mil.
Reímos los dos.
-Yo a menudo lo hacía cuando la tenía en mi casa.
-Y aquí estamos.
-Aquí estamos. -Le sonrío.
Ian me acaba de dejar en mi casa y tras marcharse veo a Holly sentada en la escalera del portal. En cuanto me ve se levanta de golpe.
-¡Te voy a matar! -Me chilla.
-¡¿Por qué?! -Le digo con fingido miedo y levanto las manos como para protegerme.
Ella se acerca a mí y me da un abrazo.
-Me he tenido que enterar por Matt de lo que te ha pasado. -Dice mientras se separa.
-Pensaba contártelo...
-Ya claro.
-Venga, vamos arriba. No quiero estar aquí fuera. ¿Te quedas a comer?
-Claro, te va a costar librarte de mí.
-Ese cabrón te está jodiendo pero bien. -Dice Holly mientras terminamos de comer.
-Dímelo a mí.
-¿Y qué vas a hacer?
-Seguir con mi vida. No voy a dejar de hacer lo que hago por su culpa.
-Bien dicho.
-Oye, ¿te importa que llame a Melanie y a Olivia? Tengo que contarles lo que ha pasado y me apetece una tarde solo de chicas.
-Claro que no, además hace mucho que no las veo. ¡EH! -Dice de repente.
-¿QUÉ?
-¡¿Vemos Frozen?!
Río a carcajadas.
-¡SÍ!
Mojo un dedo en el vaso de agua y le salpico a Holly en la cara.
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