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jueves, 27 de agosto de 2015

Capítulo 45.

Espero desde mi habitación a que Iván se aleje de Holly y pueda ir a hablar con ella unos segundos. Cruzo los dedos para que no se quede mirando como "trabaja" Holly, porque en realidad ella no ha venido a mirar la antena y no tiene ni idea de cables. Oigo voces amortiguadas y a continuación unos pasos. Corro hacia el armario y hago que rebusco entre la ropa. Iván se asoma.
-Hace rato que te he dicho que a comer. -Dice cabreado.
-Sí sí, solo quería cambiarme de ropa.
No contesta y sale de mi habitación. Me quedo quieta aguantando la respiración hasta que oigo sus pasos bajando las escaleras. Hecho a correr, en calcetines, para no hacer ruido y voy hacia la última habitación del pasillo, donde se encuentra Holly. Se gira en cuanto nota a alguien en la puerta y nos miramos unos segundos. Empiezo a sollozar y corro hacia ella, que me abre los brazos y yo me refugio en ellos de buen grado.
-Estás aquí... De verdad... -Digo entre sollozos.
-Sí, tranquila. Estoy aquí. -Me acaricia el pelo y noto por su voz que también está llorando.
Me aparta y me agarra por los hombros. Tiene los ojos llorosos.
-Escúchame, no tenemos mucho tiempo. He venido aquí con Héctor Acosta. Vamos a sacarte de aquí en cuanto hablemos con el FBI. Te lo explicaré todo cuando estés a salvo.
Asiento y me aferro a sus manos, aún en mis hombros. No quiero que se vaya.
-Venga, vuelve abajo con ese tío. No puede sospechar o todo se irá a la mierda.
La vuelvo a abrazar con fuerza.
-Te quiero. -Digo contra su hombro.
-Yo también te quiero.
Entonces me separo de ella y salgo de la habitación, sin mirar atrás.

Holly

-¡Ian escúchame! No puedes venir aquí. Ni siquiera a mí me dejaran estar cuando la saquen.
Le he contado toda la historia y él se ha puesto como un loco. Creo que ha sido un error decirle donde está ella, tengo miedo de que venga aquí y ponga en peligro la operación. Estoy en un coche alquilado con Héctor. Me lleva de vuelta a Los Ángeles y comenzará con la operación. Mañana será el rescate.
-¡No esperarás que me quede aquí sin hacer nada...!
-¡Sí, espero que lo hagas! -Le corto.
Oigo su respiración agitada al otro lado.
-Y ni una palabra a Matt sobre esto. -Prosigo- No hasta que todo se solucione, no creo que pudiera contenerle a él. Contigo me está costando pero...
-No le diré nada. -Dice derrotado.
-Hablaremos cuando llegue. Ella saldrá de esta. -Y corto.

Blair

No he podido dormir prácticamente en toda la noche. Holly me dijo que me sacarían de aquí pero no cuando. Podría ser ahora, dentro de una hora, mañana o en dos días... Espero que Iván no sospeche nada porque podría ser mi última oportunidad de escapar. Podría matarme ahora  mismo... Entre temblores me quedo dormida.

Un portazo me despierta y abro los ojos de golpe. En seguida Iván abre mi puerta y la estampa contra la pared, furioso.
-¡¿En serio creías que soy tan estúpido?!
No entiendo nada por lo que me limito a mirarle con miedo. Se acerca a mi cama y me planta un papel en la cara. Entorno los ojos para acostumbrar la vista. Es un foto de Holly y mía, paseando por Los Ángeles. "Mierda". Le vuelvo a mirar, me taladra con la mirada. Entonces coge impulso con la mano y me planta un bofetón que me gira la cara y caigo sobre la almohada. Sin darme tiempo a asimilar el dolor me coge por el brazo y me saca de la cama.
-No te molestes en vestirte, nos vamos de aquí.
Me aprieta con fuerza el brazo, me hace daño, y me arrastra escaleras abajo. En la última escalera frena en seco y yo me precipito hacia el suelo. Pero me endereza con un tirón y oigo un "crac" en mi hombro, seguido de dolor. Mucho peor que el bofetón, me tapa la boca con la mano cuando suelto un grito de dolor. Intento que me suelte porque el hombro me duele, intentado retirarle la mano pero no lo suelta si no que me agarra más fuerte. Suelto un quejido y se me llenan los ojos de lágrimas. ¿Por qué estamos aquí parados?
-¡Mierda, joder! -Grita antes de oír un estruendo en la puerta.
Un par de hombres con pistolas, chaleco antibalas con la palabra FBI escrita irrumpen en la casa. La presión en mi brazo desaparece e Iván me empuja hacia delante. Por lo que caigo en el suelo, por suerte sobre el otro brazo. Uno de los hombres se agacha a mi lado, protegiéndome y entran otros dos hombres, entre ellos distingo a Héctor Acosta. Que me dirige una mirada.
-¡O'Brien! -Grita al hombre que está a mi lado- Quédate con ella y sácala de aquí. ¡Los demás conmigo!
Y seguidamente desaparece escaleras arriba seguido por sus hombres.
O'Brien me sujeta por el hombro herido y me levanta, yo grito de dolor. Entonces se coloca a mi otro lado y me coloca el hombro bueno alrededor de su cuello mientras que me rodea la cintura con su brazo.
-Vamos Blair, ya estás a salvo. Aguanta un poco. -Me dice mientras salimos de la casa, lo último que oigo antes de desmayarme son disparos.

Cuando me despierto estoy en un coche. Me vienen flashes del momento antes de que me salvaran. Estoy a salvo. Todo se ha acabado. Me remuevo en el asiento y noto una punzada de dolor en el hombro. Lo tengo inmovilizado con un cabestrillo improvisado.
-Lo tenías dislocado, yo mismo te lo encajé de nuevo en su sitio. -Escucho.
Persigo la voz, proviene del asiento del conductor. Donde se encuentra O'Brien. A mi lado está Héctor, que me mira con expresión de culpabilidad.
-¿Cómo te encuentras? -Me pregunta Héctor.
-Todo lo bien que se puede estar cuando llevas no sé cuantos días secuestrada. -Digo con una chispa de sarcasmo.
-Tenía que preguntarlo.
-¿A dónde vamos? ¿Qué ha pasado con Iván? -Me recorre un escalofrío al pronunciar su nombre.
-Volvemos a Los Ángeles. -No dice nada más.
Nos quedamos mirándonos, esperando aún a que me conteste a la segunda pregunta. Héctor suspira, rindiéndose.
-Ugarte va en el coche que nos sigue, herido. Intentó escapar y le disparé.
-¿Qué va a pasar con él?
-Se pudrirá en la cárcel.
-Bien. -Contesto y miro por mi ventana.
De momento no deseo saber nada más. Apoyo la cabeza en el cristal y cierro los ojos, quedándome dormida.

-Despierta, Blair.
Alguien me sacude el hombro suavemente y abro los ojos. A través de la ventana reconozco la entrada a la comisaría de Los Ángeles.
-Pensaba que iría a mi casa.
Miro a Héctor. Tiene cara de cansado.
-Primero tenemos que hacerte unas preguntas. Lo siento.
-Vale. -Digo bostezando.
Abro la puerta y salgo del coche. Héctor se coloca a mi lado y posa una mano en mi espalda mientras caminamos. O'Brien nos adelanta. Me doy cuenta de que ya no llevo el cabestrillo, como él me colocó el hombro ya no me duele.
Traspasamos la puerta y le siento antes de verle. Alzo la vista que tenía dirigida hacia el suelo y contemplo como un montón de gente se vuelve hacia mí. Pero sólo le veo a él. Ian me mira como si no creyera que estuviera aquí. Fugazmente veo quién está con él. Kat, Matt, Holly, Melanie, Olivia, Noah, Emily, Isaac, Marnie, incluso Emma y Mike, que los conocí en la fiesta de Emily hace tanto tiempo ya.
Me alejo del contacto de Héctor y corro hacia Ian. Él hace lo mismo y en un par de segundos estoy entre sus brazos. Hundo la cara en su pecho y en cuanto aspiro su olor comienzo a llorar.
-Ya está mi amor, ya ha pasado todo. -Me dice con voz temblorosa mientras me acaricia el pelo.
-Pensaba que no te volvería a ver. -Alzo la cabeza para mirarle.
Observo sus ojos azules, algo húmedos pero no llegan a desbordar las lágrimas. Me coge la cara con las manos y me limpia las lágrimas con los pulgares.
-No sabes lo que he... Pensaba... Yo...
Seguidamente junto mis labios con los suyos, interrumpiéndole. Al cerrar los ojos nuevas lágrimas corren por mis mejillas. Le abrazo muy fuerte mientras nos besamos. Queriendo fundirnos en uno. Podría estar así siempre, con él. No deseo estar con nadie más, ni nada más.
Cuando separamos nuestras bocas recuerdo que hay más gente que estaba esperándome. Apenas me da tiempo a reaccionar cuando Matt corre hacia mí y me abraza muy fuerte. Le rodeo el cuello y con la otra mano le acaricio el pelo para tranquilizarle. Sin parar de llorar.
-Joder Blair. -Dice con la voz amortiguada por los sollozos.
Él me ciñe la cintura con fuerza.
-Estoy aquí. -Le digo en un susurro.
Después fue una sucesión de abrazos y más lágrimas. Ian no se separó de mi lado y llegó un momento en que no sabía de quien era cada abrazo. Lo único que quería era irme a casa.
-Espera aquí un momento. -Me dice Ian al oído y se aparta de mi lado.
Recorro con la mirada a donde va, ansiosa porque se haya separado de mí. Veo que está hablando con Héctor.
-Que alegría tenerte de vuelta. -Me dice Isaac a mi lado.
Le miro y le dirijo una sonrisa cansada. En realidad estoy agotada a pesar de haber estado dormida todo el viaje.
Vuelvo a mirar a Ian, veo que Héctor asiente y se dan una palmada amistosa en el hombro. Después vuelve hacia mí. En cuanto llega a mi lado alargo mi mano para coger la suya, anhelando ya tocarle.
-Nos vamos a casa. -Me dice.
-Pero Héctor dijo que...
-Ya está todo arreglado. -Me interrumpe.
-¿Vienes conmigo? -Le pregunto esperanzada.
Me mira como si fuera obvia la respuesta.
-No te vas a librar de mí tan fácilmente.
Seguidamente me da un beso en los labios.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Capítulo 44.

Ángela suspira y se incorpora, apoyando los brazos cruzados sobre la mesa. El movimiento es brusco y yo me hecho hacia atrás en mi silla, sin querer. Ella me mira con curiosidad y Héctor pone una mano en mi brazo para tranquilizarme. Tras unos segundos Ángela aparta la mirada de mí y la posa en él.
-Mi número aparecía en la guía de teléfonos como canguro. Ya había tenido experiencia antes y al mes de poner el anuncio los Ugarte me llamaron para que cuidara a sus hijos, por tiempo indefinido. Acepté y para la semana siguiente empecé a cuidarlos. Nunca me han gustado los varones, y fue una suerte que en mis anteriores trabajos todas fueran niñas.
Me estremezco ante su tono.
-Dejé que pasara una semana para que se acostumbraran a mí, sobre todo él. Ese niño me sacaba de quicio, cada cosa que hacía me cabreaba. No sé... Es... -Su rostro transmite rabia- A menudo le pegaba cuando se portaba mal...
-Incluso cuando no lo hacía. -La interrumpo, cortante.
Ella me ignora y prosigue.
-Me sorprendió que ni él ni su hermana le dijeran nada a sus padres. Mejor para mí, podría seguir haciéndolo sin peligro. -Se encoge de hombros y me dan ganas de abalanzarme sobre ella y arrancarle la cabeza- Cuando sus padres preguntaban por sus heridas les decía que se caía jugando, y me creían. La verdad, observé que no se preocupaban tanto por el niño que por la niña.
>>Pasaba el tiempo y sus padres estaban muy contentos conmigo así que me invitaron con ellos a una casa cercana a un lago, de vacaciones. Desde hacía tiempo quería quedarme con el niño, criarlo yo y así usarlo a mi antojo. Porque no conocería otra cosa que la violencia.
Se me llenan los ojos de lágrimas y mi cuerpo se tensa, estoy a punto de explotar. Héctor lo debe de notar porque me vuelve a poner la mano en el brazo y aprieta ligeramente.
-El plan era perfecto. Una tarde los niños se fueron a jugar al lago y los seguí. Jugaban a hacer carreras. Iván era más rápido que Marta por lo que llegó en seguida al otro lado del lago. Mientras que Marta, enfadada, volvió a la orilla. Yo ya le estaba esperando allí, al niño. En cuanto llegó miró a su alrededor en busca de su hermana y aprovechando que estaba de espaldas a mí, lo cogí por la nuca y lo hundí en el agua. Lo justo para que perdiera el conocimiento.
>>Después lo saqué del agua y le inyecté (____) ¿Sabes lo de Andrés? -Me pregunta a mí.
Estaba tan inmersa en la historia y en mi rabia hacia ella que su pregunta me pilla desprevenida.
-¿Quién?
-Andrés Otero. Trabajaba en un hospital de aquí, donde vivían los Ugarte. -Responde Héctor- Le proporcionaba a ella los medicamentos con los que drogaba a los niños para secuestrarlos. -Dice con tono marcado de repugnancia hacia ella.
No me extraña.
-Exacto. Bueno, el (____) es una droga que te para el corazón por un tiempo. Así que convencí a la familia de que Iván había muerto tras intentar reanimarlo. Informé a Andrés en el hospital de la ciudad cercana al lago. Días antes le dije que viniera para ayudarme con el niño sin sospechas. Era un buen médico por lo que le permitieron el traspaso. Una vez en la morgue, saqué al niño de allí, que ya estaba despierto y me lo llevé.
>>Le conté que nunca volvería a ver a su familia y se pasaba el día llorando, por lo que le pegaba para que parara. A medida que pasaban los años tenía que pegarle más fuerte porque ya ni se inmutaba. -Lo dice con orgullo. Siento náuseas- Pero con quince años escapó de casa, no pude impedírselo porque ya no era un niño debilucho. Así que fui a lo grande. Secuestrar niños era fácil, y no tenía que preocuparme de lo que le hicieran a sus nuevos dueños.
-¿Por qué lo hacías? -Pregunto en un susurro, asustada por la historia o la naturalidad con la que lo cuenta.
-Las mujeres hemos sufrido mucho en el pasado. Ahora les toca a ellos.
-Son niños. Eran niños.
-Niños que se convertirían en hombres. -Dice con la mirada clavada en mí, como intentando atravesarme.
Héctor saca la foto del diario y la deja encima de la mesa, para que ella la vea. La coge y la mira con atención.
-Era un amor de niña. -Dice mirando con cariño la foto. ¿Pero qué le pasa a esta tía?- ¿Qué ha sido de ella?
-Murió, creemos a manos de un hombre que puede ser su hermano y que ahora tiene secuestrada a la hija de Marta.
-Vaya. -Dice asombrada pero con un deje de orgullo en la voz.
-¿Dónde está ese lago? -Pregunta Héctor.
-En Carolina del Sur.
Suelto un jadeo, estoy segura de que está allí. Miro a Héctor, que tiene la mirada fija en Ángela. ¿A qué espera? Podemos ir a buscarla. Finalmente, él habla.
-Gracias por contárnoslo, Ángela.
-Es un placer. -Sonríe ella.

Blair

Han pasado tres días desde que llamé a Ian. Tenía la esperanza de que rastrearan la llamada y les llevara hacia aquí. Pero Iván me dijo, para hundirme aún más, que la llamada les llevaría a ese teléfono, que ahora se encontraba a unos trescientos kilómetros de aquí, en una cuneta. Estuvo toda una tarde de viaje y para asegurarse de que no me volvía a escapar me encerró en mi habitación. Cuando volvió me abrió la puerta de nuevo, y nada más. No me dirigió la palabra.
Me tumbo en la cama y me centro en el rostro de Ian. La única forma de estar con él es soñando y no sueño con él desde hace mucho. "Hace mucho no me hacía falta, le tenía a mi lado". Pienso con amargura. Cierro los ojos, pensando en su mirada azul, en sus manos sobre mi cuerpo, en sus besos...

Está ahí de pie, de espaldas, alto y musculoso. Con una camiseta blanca de algodón y unos vaqueros negros ajustados. Hasta con la camiseta se notan las curvas de su espalda, tan perfectamente esculpidas... Me acerco a él y le rodeo con mis brazos la cintura, apoyando la mejilla en su hombro. Su perfume inhunda mi nariz, es un aroma tan agradable...
Al notar mi contacto gira su cabeza para mirarme y me dirige su sonrisa, mostrándome sus dientes blancos y perfectos. ¿Por qué todo en él es tan perfecto? 
-Te echo mucho de menos. -Le digo.
Él se gira para quedar frente a mí y me acaricia el pelo con una mano.
-Y yo a ti. Muchísimo... -Roza su nariz con la mía y después me da un beso en los labios- Vuelve a mí por favor. 
-Lo haré. -Juro.
Esta vez le beso yo, y tras un instante de contacto nos besamos con más fuerza. Un gemido brota de mi garganta. Le quiero tanto, le necesito tanto.

Un sonido en la puerta me despierta. Ahogo un quejido, estaba teniendo un sueño tan... Perfecto. Abuso mucho de esta palabra en lo referido a Ian. Es como si nos hubiéramos estado besando de verdad, aún noto el olor de su perfume como si lo tuviera a mi lado...
Tengo que salir de aquí.
El pomo gira y aparece el rostro de Iván.
-La comida. -Dice secamente y vuelve a desaparecer.
A regañadientes me levanto de la cama, pero solo porque me ruge la tripa. Tengo muchísima hambre. Bajo las escaleras con lentitud y a mitad de camino suena el timbre de casa. Me quedo rígida en el sitio. Iván aparece al pie de las escaleras para abrir la puerta de casa. Sea quien sea no puedo ver quien es, la figura de Iván me impide ver.
-¿Puedo ayudarte? -Pregunta Iván con voz suave.
Farsante de mierda...
-Buenas tardes, vengo a hacer la revisión de la antena. Hace unos días que debía haber venido pero esto está un poco alejado de todo.
Al oír esa voz tan conocida se me para el corazón por un momento. Holly. Es Holly. Obligo a mis piernas a moverse y corro escaleras abajo. Pero me quedo detrás de Iván. No puedo dejar que vea que la conozco.
-Sí, es por aquí. -Dice él- Sígame, por favor...
-Usted primero. -Dice ella.
En cuanto Iván se gira Holly clava su mirada en mí. Yo no he apartado la vista de ella. Holly me dice con la mirada que disimule antes de pasar por mi lado. Siguiendo a Iván. No sin antes darme un fuerte apretón en el brazo. Necesito toda mi fuerza de voluntad para no agarrarla, darle un abrazo y no soltarla nunca.
Me debato entre si seguirlos o no. Decido lo primero. No quiero perder de vista a Holly. Podría ser la última vez que la vea.

Capítulo 43.

Holly

Me dirijo a la cafetería más cercana y pido un café. No debería ilusionarme por como están yendo las cosas. Si luego resulta que esta pista no lleva a ningún sitio la decepción será enorme. Pero no puedo perder la esperanza, muy mal tiene que ir la cosa para que la pierda.
Te echo de menos Blair, vuelve por favor.

Al cabo de una hora y media, y otro café, me llama un número desconocido. Contesto.
-¿Si?
-Señorita Moore, si no le importa, ¿podría volver para hablar?
-Claro, estoy justo al lado. En seguida voy.
-Gracias.
Y cuelga. Dejo el dinero encima de la mesa y me apresuro para salir de la cafetería. Camino hasta el final de la calle, que es donde está la comisaría. Voy directa al despacho de Héctor. Llamo a la puerta y entro.
-Ya está aquí. -Dice Héctor a modo de saludo desde su mesa- Siéntese, por favor.
Obedezco y me siento en la misma silla de antes, espero a que hable, ansiosa por saber si yo estaba en lo cierto.
-Creo que puede tener razón. Todo lo que me ha contado antes y este diario tienen su lógica.
Por dentro me da un subidón de alegría, pero remite en seguida al recordar que Blair sigue desaparecida.
-He buscado en la base de datos y él aparece, Iván Ugarte. Muerto el 4 de agosto de 1989. Pero no demos por cierto ese hecho todavía. Primero he pensado que podría ir a hablar con Ángela Bernal para obtener respuestas y me gustaría que me acompañara.
-Por supuesto. -Contesto en seguida.
-He concertado una cita para mañana por la tarde. En una prisión a las afueras de Madrid.
Siempre he querido visitar esa ciudad, es una lástima que sea en estas condiciones. Asiento con la cabeza haciéndole saber que estoy de acuerdo.
-Esta noche le mandaré un mensaje con los detalles del viaje. Yo me encargo de todo.
-Estupendo.
Me levanto y él me imita. Me tiende la mano y se la estrecho.
-Gracias otra vez, Holly.
-De nada, señor.
-Llámame Héctor por favor.
-Héctor. -Sonrío.

Blair.

"Esto es una pesadilla. Una puta pesadilla". Me repito esto una y otra vez mientras hundo la cabeza en mi almohada. Quiero que acabe de una vez, no lo soporto más. No entiendo por qué me retiene aquí. Maldito hijo de puta, no le bastó con matar a mi madre y provocarnos un sufrimiento indescriptible a mi y a mi padre, ahora me tiene que torturar de esta forma.
De repente se me ocurre una idea. Me levanto rápidamente de la cama y salgo de la habitación. Busco a Iván por toda la casa y me doy cuenta de que se está duchando. Voy hacia su habitación, la puerta está cerrada, abro y busco su móvil en ella. Tiene que tener algo para llamar. Finalmente lo encuentro dentro del bolsillo de su chaqueta, colgada sobre el pomo de la puerta. Miro la pantalla. En lo primero que me fijo es que estamos a viernes. Llevo una semana aquí.
Desbloqueo la pantalla, que no tiene código y tecleo el número de Ian, que me sé de memoria. Mierda, no hay cobertura. Salgo de la habitación y recorro el pasillo, pero nada. Bajo al piso de abajo, y aparece una rallita. Bien. Vuelvo a marcar. Suena un pitido. Dos. Tres.
-¿Si? -Oigo su voz al otro lado.
Noto que está apagada, casi sin vida. Pero estoy a punto de llorar de alegría al oírle. Es como si estuviera a su lado. De repente desaparece el teléfono de mi oreja y suelto un grito ahogado. Me doy la vuelta. Iván está ahí plantado, con una toalla alrededor de la cintura y el pelo rubio mojado, le gotea sobre los hombros. Mi corazón empieza una carrera.
-¡¿Blair?! -Vuelvo a oír su voz desde el teléfono, antes de que Iván presione el botón de colgar.
Se acabó ahora sí que la he jodido. Iván me coge por el cuello y me empuja contra la pared más cercana, dándome un golpe contra ella en la cabeza. Pega su cuerpo al mío, sin dejarme hacer el mínimo movimiento. Su mano presiona mi cuello y me empieza a faltar la respiración.
-¡¿Así pagas lo bien que te estoy tratando?! -Me grita a la cara.
Con mis manos intento apartar la suya de mí, inútilmente. Me empiezo a marear por la falta de aire.
-¡Ahora tendré que deshacerme de este puto teléfono para que no lo rastreen! ¡JODER!
Aparta la mano de mi cuello, a la vez que su cuerpo y me doblo sobre mí buscando aire a grandes bocanadas. Tengo los ojos llenos de lágrimas por el esfuerzo y la garganta me arde. Me quedo mirando el suelo, respirando. No me atrevo a alzar la vista hacia él.
Al cabo de un momento oigo sus pisadas sobre las escaleras. Me tumbo sobre el parqué y me hago un ovillo. Ahora sí que no conseguiré salir de aquí.

Ian

-¡Blair! -Grito al teléfono, pero la comunicación se ha cortado.
Mierda, joder, mierda. Estoy seguro de que era ella. Algo ha pasado. Pero he reconocido esa respiración. ¡Era ella! Seguro que se puede rastrear la llamada. Recorro mi casa a la carrera y salgo de ella, me meto en mi coche y arranco. Giro con un derrape y conduzco como un loco hacia la comisaría.
Te voy a pillar, hijo de puta, desearás no haber nacido. Desearás no haberle tocado nunca un pelo de la cabeza.

Holly

El vuelo ha sido rápido y Héctor es una compañía bastante agradable. Porque no siente la necesidad de llenar el silencio y no le incomoda no tener nada que decir.
Nos encontramos en la prisión. Héctor está hablando con el encargado y este busca en una lista si estamos apuntados.
-Tiene que ser nuevo. En esta prisión todo el mundo me conoce. -Me dice Héctor en voz baja.
Pues ya debe de ser importante.
-Aquí están, Acosta y Moore, a las siete y media. -Levanta la vista hacia nosotros- Esperen un momento para que avise a alguien que les acompañe.
-No creo que haga falta.
El chico frunce el ceño, confundido.
-Señor...
-Inspector Acosta. -Le corrige él.
-Oh, lo siento. No lo sabía. -Nos tiende unos pases- Pasen por favor.
-Gracias. -Contesta él secamente y se encamina hacia el pasillo de detrás del mostrador.
Yo le sigo, nerviosa.

Antes de entrar a la sala de interrogatorios, Héctor se gira hacia mí.
-Cuando entremos, déjame hablar a mí primero. Cuando termine con ella podrás preguntar todo lo que quieras, ¿vale?
-Sí.
-Te lo digo porque creo que te pondrías en actitud protectora por descubrir donde está Blair. No conviene alterar a Ángela porque tenemos que conseguir que nos lo cuente todo.
-Sí -Repito- Lo entiendo.
-Bien.
Se vuelve a girar y un guardia situado al lado de la puerta nos abre, cuando entramos dentro cierra con llave. En lo primero que me fijo es que la sala es igual que en las películas, pero apenas empiezo a pensar sobre ello la mujer sentada en la mesa capta toda mi atención.
Tiene el pelo cortado por los hombros y castaño oscuro. Son visibles algunas canas en el nacimiento del pelo en la frente. Sus ojos son verdes muy oscuros, un color que no había visto nunca. Me doy cuenta de que no ha cambiado prácticamente nada desde la foto que vi de ella, en el lago, hasta ahora. Ella nos dirige una sonrisa forzada.
-Vaya vaya, Héctor. Cuando tiempo sin verte, ¿quién es tu amiga?
¿Se conocen? Puede que fuera él quien la pusiera entre rejas. Me fijo en que no tiene las manos atadas con esposas. ¿No la consideran peligrosa?
-Ella es Holly, trabaja conmigo en un caso.
-¿Y por qué crees que yo os puedo ayudar?
-Tiene que ver con Iván Ugarte.
Su expresión relajada se transforma en una completamente alterada. Pero en seguida se recompone.
-¿Te acuerdas verdad? -Sigue Héctor.
-Como olvidarlo. -Se apoya en el respaldo de su silla, intentado parecer despreocupada.
Héctor posa una mano en mi espalda y nos dirigimos a las dos sillas plateadas colocadas al otro lado de la mesa. Nos sentamos. Ángela vigila atentamente nuestros movimientos.
-Queremos que nos cuentes todo lo que paso desde que los Ugarte te contrataron para cuidar a sus hijos. No te saltes nada, por favor.