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lunes, 25 de mayo de 2015

Capítulo 34.

Oigo mi móvil sonar. Estoy en el mismo sitio de antes, en el pasillo, en el suelo. Dejo que termine la llamada pero en seguida vuelve a sonar. Si lo cojo, ese alguien notará que me pasa algo y si no, también. Genial. Decido levantarme y con piernas temblorosas voy al recibidor donde he dejado el móvil nada más entrar. En la pantalla del móvil leo el nombre de Ian. A pesar del miedo que estoy pasando el corazón me da un vuelvo, es un alivio volver a tener esta sensación. Mientras pienso esto el teléfono deja de sonar y me invade una punzada de decepción. "¡Llama otra vez! Bueno no, no me llames. ¡Bueno sí! ¡No!". Cojo el móvil y me lo llevo conmigo hacia el salón, Loki está sentado en su cama. Que él esté tranquilo hace que me tranquilice también. Voy a la cocina a cenar, más que nada por hacer algo y mantenerme ocupada. Dejo el móvil sobre la encimera y me pongo a cocinarme unos huevos. Cuando termino me siento a comérmelos, en realidad no tengo hambre pero no sé que otra cosa hacer. Tras cenar y dejar el plato en el fregadero bajo todas las persianas de la casa. Ahora mucho mejor. El timbre de casa me hace dar un salto. Me quedo en el sitio, al lado de la ventana del salón, sin moverme. El pulso se me acelera de nuevo, pero de miedo. Loki corre hacia la puerta ladrando mientras el timbre suena de nuevo. Entonces alguien aporrea la puerta.
-¡Blair! -Grita la voz de Ian-. ¡Soy yo! ¡Ábreme!
Inmediatamente corro hacia la puerta y la abro, él me mira con expresión de pánico y sujeta un papel en la mano.
-¡¿Qué coño es esto?!
Cojo el papel, es una foto. Soy yo bajando la persiana de mi habitación y la foto está hecha desde la calle. Cojo el brazo de Ian y le hago entrar cerrando la puerta de un portazo. Con la llave cierro doble. No me doy cuenta de que estoy hiperventilando. La mano de Ian me agarra la muñeca y me hace darme la vuelta, hacia él. Con el pulgar de su otra mano me retira las lágrimas, tampoco me había dado cuenta de que estaba llorando.
-Es él... -Le digo con voz temblorosa-. Estoy segura... Antes... Antes.
-Tranquila, estoy contigo. No te va a pasar nada. ¿Antes qué?
-Me dejó una nota... En la puerta.
-¿Qué decía? -Intenta parecer tranquilo pero sé que no lo está, su mano tiembla alrededor de mi muñeca.
Niego con la cabeza, no quiero repetir esas palabras y menos en voz alta. Me dirijo a la cocina y él me sigue muy de cerca, abro el armario de debajo del fregadero, donde está la papelera y cojo el papel todo arrugado que he tirado. Ian me lo arrebata de las manos y frunce el ceño mientras lee. Después me mira, volviendo a arrugar el papel con fuerza en su mano, está furioso.
-¡¿Por qué no me has dicho nada?! O no a mí, ¡a alguien! Deberías haber llamado a la policía.
-¡¿Qué querías que hiciera?! ¡En ese momento no estaba para pensar, tenía miedo, no sabía que hacer! Yo... No sé...
Él tira el papel al suelo y me rodea con sus brazos, yo hundo la cara en su pecho y comienzo a llorar de nuevo.
-Siento haberte gritado. No te va a pasar nada mientras yo esté aquí. Si ese cabrón quiere hacerte algo tendrá que pasar por encima de mí.
Levanto la cabeza para mirarle.
-No digas eso por favor...
-¿El qué?
-Que tendrá que pasar por encima de ti...
-Es verdad.
-No, por favor...
Permanecemos abrazados durante mucho tiempo, finalmente se separa de mí y me acaricia el pelo.
-Voy a llamar a la policía, ¿de acuerdo?
Asiento con la cabeza. Ian me da un beso en la frente y se aleja de mí. Mejor, no quiero escuchar la conversación.

Más tarde la policía ha enviado dos coches patrulla, uno para vigilar en frente de mi casa y otro para revisar los alrededores por si le ven. También han registrado el edificio en busca de Casares pero no ha aparecido. No puede estar muy lejos si poco antes de llegar Ian ha dejado esa foto en mi puerta. Ian está abajo hablando con uno de los policías, yo mientras miro desde la ventana. Tengo miedo de verle ahí fuera, donde poco antes ha estado... Él. Poco después Ian vuelve a subir y realiza unas llamadas, en cuanto cuelga me acerco a él.
-¿Tienes que irte?
-No pienso dejarte sola.
-Aquí estoy bien, y la policía está vigilando. No me va a pasar nada.
-Aún así me voy a quedar.
Le sonrío sin alegría.
-Vale. ¿Sabes? Ahora tengo coche. -Le digo para cambiar de tema.
-¿Si?
Asiento.
-Da gusto volver a conducir.
-Mejor que lo tengas ahora. No quiero que estés andando por ahí con este tío suelto.

Después no volvemos a hablar, nos quedamos en el sofá viendo la tele sin verla realmente. Estamos algo separados y él no me toca. ¿Por qué? Tras un rato me levanto y me dirijo hacia mi habitación y me cubro la cara con las manos. ¿Estoy llorando otra vez? Tengo un problema. Ya no oigo la tele y noto sus manos en mis hombros.
-Habla conmigo por favor. ¿Qué te pasa?
Me doy la vuelta para mirarle.
-Que te quiero es lo que me pasa.
-¿Lloras porque me quieres?
-No, ahora mismo ni siquiera sé por qué lo hago. Es que te he echado tanto de menos y ahora... ¡No sé!
De repente junta sus labios con los míos y yo jadeo de sorpresa. Antes de que me de tiempo a reaccionar o a tocarle se separa. Pero su frente está en contacto con la mía.
-No quiero estar sin ti nunca más.
-Te prometo que no volveremos a estar separados.
-Te quiero.
-Y yo a ti.
Esta vez soy yo la que me lanzo a besarle. Él me agarra fuerte por la cintura y yo le rodeo el cuello. Nos besamos con fuerza, con pasión y solo se oyen nuestras respiraciones. Pongo las manos sobre su pecho y le empujo hacia atrás, cuando sus piernas chocan contra la cama le empujo más fuerte y caemos en ella. Le sigo besando mientras él me desabrocha los botones de la camisa. Cuando me la quita me desabrocho el sujetador y lo tiro a un lado de la cama, él me agarra por la cintura y me gira de modo que quedo debajo. Agarro el bajo de su camiseta y se la quito. Ian me besa en el cuello y yo le agarro el pelo. Sigue bajando, me besa entre los pechos y desciende por el vientre. Me desabrocha el pantalón y me lo quita junto con la ropa interior. Después él se quita todo lo demás. Se vuelve a poner encima mío y me mira a los ojos. Me acaricia el pelo y me dirige una mirada cargada de tanto amor que se me llenan los ojos de lágrimas.
-Te quiero. -Me da un beso en los labios.- Te quiero... -Me vuelve a dar otro y ya no deja de besarme.
Noto como lentamente entra dentro de mí y gimo mientras agarro su mano con fuerza.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Capítulo 33.

-Hola cielo. -Contesta mi padre al tercer tono.
-Hola papá.
-¿Llamas por si se sabe algo más?
-Bueno, primero te iba a preguntar como estás. -Me río.
-Bien, vaya. Todo lo bien que puedo estar, ¿y tú?
-Bien. -Miento.
-No me han vuelto a llamar, la última vez que hablé con Acosta fue en el mismo momento que tú.
Me viene la imagen de todas las fotos mías sobre el escritorio de Acosta.
-Pues ya llevan mucho tiempo sin decir nada.
-Será que no tienen nada que decir.
-Es que... Consiguieron tantas pistas en un momento. Y ahora de repente nada. Creo que Casares quería que las encontraran...
-Blair...
-No papá, es lo que creo.
Nos quedamos en silencio unos momentos.
-Y, bueno... -Empieza él-. ¿Qué tal con tu novio?
-Ay papá... -Se me quiebra la voz y se me humedecen los ojos.


-Me encanta. Me lo quedo.
-¿De verdad? ¿No te lo quieres pensar un poco?
Me encuentro en el coche de Brian, el hombre al que le dije que le compraría el coche. Estamos dando una vuelta para probarlo.
-No, ya está decidido.
-Bien entonces, te lo puedes quedar ahora mismo. Ya hemos acordado el precio y todo así que está hecho.
-Perfecto.
-¿Te importaría dejarme a un par de calles de aquí? Es donde tengo que ir.
-Claro, faltaría más.
Aprieto un poco más de la cuenta el acelerador y salimos disparados hacia delante. Estoy tan emocionada que quiero correr más, pero me contengo.


Estoy en el parque con Loki. Da la casualidad de que he ido al que suele ir Ian. Será que soy masoquista o algo. Me he escondido sentada entre unos árboles por si aparece él, para que no me vea. "¿Y si ve a tu perro qué? ¿Pensara que está aquí solo?". Ya me he chafado el plan. Estoy jugando con la hierba, cuando oigo una voz a mis espaldas.
-Hola.
Me doy la vuelta y veo a una chica morena, con el pelo por los hombros y castaño oscuro. Es guapa.
-Eh... Hola.
Ella sonríe.
-Lo siento, esto te parecerá raro. Soy Kat.
Kat, kat, kat... Ah sí, claro.
-¿Eres amiga de Ian no?
-Sí. -Señala un sitio a mi lado-. ¿Puedo sentarme?
-Claro.
Se sienta a mi lado. Debe de ser bajita porque estando sentada le saco una cabeza. Me quedo en silencio por qué no sé que decirle. Y ella tampoco. Esto es incómodo. Cuando me decido a preguntarle algo ella abre la boca al mismo tiempo también. Reímos las dos.
-Lo siento. -Dice-. Tú primero.
-¿Te ha pedido él que vengas?
-La verdad, no. Él tenía cosas que hacer y me ha pedido que le de una vuelta a Nietzsche.
-Claro, que tonta. -Río sin ganas.
-¿Hubieras preferido que fuera idea suya?
Miro mis manos, jugueteando con la hierba y me encojo de hombros.
-No lo sé.
-No está siendo él mismo estos días.
La miro, tiene a vista al frente y en su mirada se nota el cariño que le tiene al hablar de él. Espero a que siga hablando.
-Está tan... Triste. Me contó lo que pasó. Él te ha perdonado, ¿por qué le apartas?
-No puedo perdonarme a mi misma por haberle engañado.
-Bueno, en esa situación...
-¡No! -Le corto-. Lo siento, pero es que tengo la culpa. Me porté como una imbécil y no puedo usar a mi madre como excusa.
-Deja de disculparte. A la única que haces daño es a ti misma. Deja ya de torturarte. -Me coge una de mis manos y yo la miro con lágrimas de nuevo en los ojos-. Él te quiere, tú le quieres. ¿Cual es el problema?
-Yo.
Kat ríe.
-Déjalo ya. -Me dice con voz suave.
-Pero ponte en mi lugar, si te hubiera pasado a ti...
-Ya lo hago. -Me corta-. Claro que me sentiría mal, pero la persona a la que creo que he hecho daño me ha perdonado y no puedo seguir castigándome.
-No es fácil.
-Lo sé...
Retira su mano de la mía.
-Está muy enamorado de ti, Blair.
Él corazón se me acelera al oír esas palabras.
-Creo que yo lo estoy más.
-Bueno, ni tú ni yo sabemos eso.
Veo que se incorpora.
-Me tengo que ir. Piensa sobre lo que te he dicho.
-Lo haré.
-Encantada de conocerte. Ian no exageraba contigo.
Nos sonreímos.
-Lo mismo digo.


Llego a mi casa con Loki sin parar de darle vueltas a la conversación con Kat. Mis pensamientos se interrumpen cuando veo un posit pegado en la puerta de mi casa. Lo cojo. Es una nota.

Deberías empezar a cambiar tu actitud. Me aburres estando todo el día así. Quiero todo tu sufrimiento solo para mí.
J.C.

"¿Pero qué coño es esto?" J.C... Joder, ¿será él? Las manos me tiemblan tanto que se me cae el papel al suelo y miro a mi alrededor asustada. Sabe donde vivo y está aquí. Esta vez si que no son imaginaciones mías. Loki se pone a gruñir a mi lado. Saco las llaves de mi bolsillo a toda prisa y con los temblores se me caen al suelo dos veces. Consigo abrir la puerta y la cierro rápidamente, dándole doble vuelta a la llave. Loki sigue a mi lado. No ha salido corriendo por lo que no debe de haber nadie. Pero por si acaso será mejor que lo compruebe. Tras registrar toda la casa veo que es verdad, no hay nadie. Aún me tiemblan las manos y el corazón se me va a salir del pecho. Cojo mi móvil y voy a marcar el número de Matt pero me detengo. Si él está aquí no quiero arriesgarme a que se acerque a ninguna de las personas que me importan. No puedo llamar a nadie y tampoco contarlo. Les haría correr un riesgo muy grande y no puedo permitírmelo. Me siento en el suelo, abrazándome las rodillas y escondiendo la cabeza en ellas, intentando hacerme lo más pequeña posible.

sábado, 9 de mayo de 2015

Capítulo 32.

No sé muy bien qué hago aquí. Ni siquiera recuerdo como he llegado. Me encuentro en la puerta de entrada de la casa de Ian. Pero no me atrevo a llamar. Me sé el código pero no me parece bien abrirla yo. No me siento bien conmigo misma. Ayer mismo "estaba" con otro chico y ahora voy a por otro. Pero le necesito, no puedo estar sin él. No he sido yo misma del todo estos últimos días. Me quedo mirando la puerta gris oscuro como una tonta durante no sé cuanto tiempo y decido que no hago nada aquí. Él no quiere verme, seguro. Me giro hacia mi derecha y empiezo a andar. Oigo como se abre una puerta a mis espaldas. "No, por favor". 
-¿Blair? -Oigo detrás mío.
Me detengo en seco y giro sobre mí lentamente. Al verle un jadeo involuntario sale de mi boca. Está tan guapo y perfecto como siempre. ¿Es que no le ha afectado lo mas mínimo nuestra ruptura? Me quedo mirándole como si tuviera en frente un problema de matemáticas imposible de resolver. Atisbo a ver que tiene unas ligeras ojeras bajo los ojos.
-¿Qué... Qué haces aquí?
¿Qué hago aquí fuera? ¿O qué hago aquí sin más?
-Yo... Pues... -Sinceramente no sé que contestarle.
Ian se acerca a mí lentamente y yo no aparto la vista de él. Seguro que piensa que tengo algún problema en la cabeza.
-Quería... -Comienzo a decir cuando se queda a medio metro de mí-. Ver que estabas bien.
-Pues creo que puedes comprobar que no lo estoy.
Las lágrimas que tanto he derramado estos días amenazan con salir de nuevo. Él no está bien y es por mi culpa.
-Quise llamarte, pero...
-Lo siento. -Me interrumpe.
¿Qué?
-¿Que lo sientes? -Pregunto confusa.
-Sí, lo siento. Siento no haberte comprendido por lo que hiciste. Han sido unos días muy duros para ti por lo de tu madre, necesitabas a alguien que te comprendiera y te conociera de verdad y yo no era esa persona. -Se acerca medio paso a mí-. Entiendo que fueras a verle a él, entiendo que no pensabas con claridad por lo que sucedió antes entre tú y yo. Cuando nos viste a Nina y a mí... Pero estabas tan enfadada que no sabía como explicártelo. Y él último día que nos vimos, cuando encontré las palabras para explicarte lo que pasaba... Me soltaste eso y no supe como reaccionar. Y te fuiste sin dejarme asimilarlo, diciéndome que me querías como despedida.
-Espera, espera. -Le corto levantando la mano-. No quiero que te disculpes ni me des explicaciones de nada. Soy yo la que te tendría que estar dando una y no la tengo. Deberías haberte marchado en cuanto me has visto sin ni siquiera mirarme. ¿Es que no me odias? Porque yo me odio a mi misma por lo que he hecho.
-¿En serio crees que yo te...? -El sonido de su teléfono le interrumpe.
Nos miramos a los ojos, intentando decirnos con la mirada lo que no se puede explicar con palabras. Su teléfono sigue sonando pero él no aparta la vista de mí. Al cuarto tono lo saca de su bolsillo y contesta.
-Kat... Sí, iba para allí... Vale, sí... Hasta ahora. -Cuelga.
-Lo siento, tienes prisa. -Le digo mientras guarda su móvil.
-No la tengo. Ahora no.
Alarga su mano y me roza el pómulo con los dedos. Yo cierro los ojos ante su contacto y una lágrima corre por mi mejilla, chocando con uno de sus dedos. Se merece algo mejor que yo. Está disculpándose después de todo y soy yo la que debería hacerlo. Con mi mano derecha le acaricio el dorso de la suya y me aparto dándome la vuelta. Alejándome de allí.

Ian:

-No sé qué hacer Kat. No sé que decirle para que sepa lo mucho que la quiero, que no la odio, que no estoy ni siquiera algo enfadado por lo que hizo con él. Que comprendo lo difícil que está siendo todo para ella.
Katerina se incorpora en el sofá y me coge una de mis manos, que están en forma de puños sobre mis muslos.
-Por lo que me has contado de ella, es muy insegura. Te quiere más de lo que tu piensas. Te ha hecho daño y no puede perdonarse a sí misma. Lo último que podías hacer era pedirle perdón. Créeme, sé lo que se siente.
Claro que sé lo que se siente, estuvo durante todo un año sintiéndose como una mierda por culpa de aquel cabrón que no dejaba de usarla a su antojo y tratándola como un trapo viejo. No me quiso escuchar hasta que él la hizo daño de verdad. No pude estar sin hacer nada por más tiempo y fui a por él. ¿Quién coño se creía que era por hacer daño a una mujer? Por hacerle daño a ella, mi mejor amiga. Me froto los nudillos de mi mano derecha con la otra mano recordándome como quedaron después de...
-Entonces, ¿qué vas a hacer? -Me pregunta ella.
-No lo sé. La verdad que no lo sé. Pero no quiero perderla, Kat.
-No lo harás. Tú dale algo de tiempo, que se le pase lo que sea que le pasa.
-Tengo miedo de dejarla sola, con ese hijo de puta por ahí suelto.
Si le pasara algo, si le hiciera algo. Solo de imaginármelo... Me gustaría poderle encontrar yo mismo, hacerle pagar todo el sufrimiento que le está causando a ella y a su familia.

Blair:

Al día siguiente me levanto pronto para ir a trabajar, muy cansada. No he dormido mucho ya que no he parado de llorar hasta que el sueño me venció. ¿Cuándo va a acabar esto? Aún no sé por qué ayer me fui así, parecía que las cosas entre Ian y yo se iban a arreglar y la he vuelto a cagar.
Entro en la cafetería y Emily me saluda con un asentimiento seco de cabeza. Como se nota que es lunes. Cuando salgo de dejar las cosas en el almacén me acerco a la barra, hay un hombre esperando.
-¿Qué te pongo?
-Un cortado para llevar, por favor.
-En seguida.
Le cobro y en cuanto está listo se lo preparo en un vaso de cartón. Como no hay mucha gente no le he pedido el nombre.
-¿Te importaría que pusiera esto fuera? -Me enseña un trozo de papel.
En la foto hay un coche y debajo pone que se vende. Me fijo mejor en el coche, es un Chevrolet Sail en color rojo.
-Pues la verdad es que necesito comprarme un coche así que me interesaría.
-¡Genial! -Contesta-. Toma -Me tiende la hoja.
La cojo y la observo de más de cerca.
-Debajo está mi número, piénsatelo bien y si sigues interesada llámame.
-Bien, muchas gracias.
-A ti. -Me sonríe cogiendo el vaso del mostrador y se va.
Emily se acerca con tazas vacías en la bandeja.
-¿De qué hablabas con ese?
-Le voy a comprar el coche.
-Lo de todos los lunes entonces.
-Lo de todos los lunes.