-Mi número aparecía en la guía de teléfonos como canguro. Ya había tenido experiencia antes y al mes de poner el anuncio los Ugarte me llamaron para que cuidara a sus hijos, por tiempo indefinido. Acepté y para la semana siguiente empecé a cuidarlos. Nunca me han gustado los varones, y fue una suerte que en mis anteriores trabajos todas fueran niñas.
Me estremezco ante su tono.
-Dejé que pasara una semana para que se acostumbraran a mí, sobre todo él. Ese niño me sacaba de quicio, cada cosa que hacía me cabreaba. No sé... Es... -Su rostro transmite rabia- A menudo le pegaba cuando se portaba mal...
-Incluso cuando no lo hacía. -La interrumpo, cortante.
Ella me ignora y prosigue.
-Me sorprendió que ni él ni su hermana le dijeran nada a sus padres. Mejor para mí, podría seguir haciéndolo sin peligro. -Se encoge de hombros y me dan ganas de abalanzarme sobre ella y arrancarle la cabeza- Cuando sus padres preguntaban por sus heridas les decía que se caía jugando, y me creían. La verdad, observé que no se preocupaban tanto por el niño que por la niña.
>>Pasaba el tiempo y sus padres estaban muy contentos conmigo así que me invitaron con ellos a una casa cercana a un lago, de vacaciones. Desde hacía tiempo quería quedarme con el niño, criarlo yo y así usarlo a mi antojo. Porque no conocería otra cosa que la violencia.
Se me llenan los ojos de lágrimas y mi cuerpo se tensa, estoy a punto de explotar. Héctor lo debe de notar porque me vuelve a poner la mano en el brazo y aprieta ligeramente.
-El plan era perfecto. Una tarde los niños se fueron a jugar al lago y los seguí. Jugaban a hacer carreras. Iván era más rápido que Marta por lo que llegó en seguida al otro lado del lago. Mientras que Marta, enfadada, volvió a la orilla. Yo ya le estaba esperando allí, al niño. En cuanto llegó miró a su alrededor en busca de su hermana y aprovechando que estaba de espaldas a mí, lo cogí por la nuca y lo hundí en el agua. Lo justo para que perdiera el conocimiento.
>>Después lo saqué del agua y le inyecté (____) ¿Sabes lo de Andrés? -Me pregunta a mí.
Estaba tan inmersa en la historia y en mi rabia hacia ella que su pregunta me pilla desprevenida.
-¿Quién?
-Andrés Otero. Trabajaba en un hospital de aquí, donde vivían los Ugarte. -Responde Héctor- Le proporcionaba a ella los medicamentos con los que drogaba a los niños para secuestrarlos. -Dice con tono marcado de repugnancia hacia ella.
No me extraña.
-Exacto. Bueno, el (____) es una droga que te para el corazón por un tiempo. Así que convencí a la familia de que Iván había muerto tras intentar reanimarlo. Informé a Andrés en el hospital de la ciudad cercana al lago. Días antes le dije que viniera para ayudarme con el niño sin sospechas. Era un buen médico por lo que le permitieron el traspaso. Una vez en la morgue, saqué al niño de allí, que ya estaba despierto y me lo llevé.
>>Le conté que nunca volvería a ver a su familia y se pasaba el día llorando, por lo que le pegaba para que parara. A medida que pasaban los años tenía que pegarle más fuerte porque ya ni se inmutaba. -Lo dice con orgullo. Siento náuseas- Pero con quince años escapó de casa, no pude impedírselo porque ya no era un niño debilucho. Así que fui a lo grande. Secuestrar niños era fácil, y no tenía que preocuparme de lo que le hicieran a sus nuevos dueños.
-¿Por qué lo hacías? -Pregunto en un susurro, asustada por la historia o la naturalidad con la que lo cuenta.
-Las mujeres hemos sufrido mucho en el pasado. Ahora les toca a ellos.
-Son niños. Eran niños.
-Niños que se convertirían en hombres. -Dice con la mirada clavada en mí, como intentando atravesarme.
Héctor saca la foto del diario y la deja encima de la mesa, para que ella la vea. La coge y la mira con atención.
-Era un amor de niña. -Dice mirando con cariño la foto. ¿Pero qué le pasa a esta tía?- ¿Qué ha sido de ella?
-Murió, creemos a manos de un hombre que puede ser su hermano y que ahora tiene secuestrada a la hija de Marta.
-Vaya. -Dice asombrada pero con un deje de orgullo en la voz.
-¿Dónde está ese lago? -Pregunta Héctor.
-En Carolina del Sur.
Suelto un jadeo, estoy segura de que está allí. Miro a Héctor, que tiene la mirada fija en Ángela. ¿A qué espera? Podemos ir a buscarla. Finalmente, él habla.
-Gracias por contárnoslo, Ángela.
-Es un placer. -Sonríe ella.
Blair
Han pasado tres días desde que llamé a Ian. Tenía la esperanza de que rastrearan la llamada y les llevara hacia aquí. Pero Iván me dijo, para hundirme aún más, que la llamada les llevaría a ese teléfono, que ahora se encontraba a unos trescientos kilómetros de aquí, en una cuneta. Estuvo toda una tarde de viaje y para asegurarse de que no me volvía a escapar me encerró en mi habitación. Cuando volvió me abrió la puerta de nuevo, y nada más. No me dirigió la palabra.
Me tumbo en la cama y me centro en el rostro de Ian. La única forma de estar con él es soñando y no sueño con él desde hace mucho. "Hace mucho no me hacía falta, le tenía a mi lado". Pienso con amargura. Cierro los ojos, pensando en su mirada azul, en sus manos sobre mi cuerpo, en sus besos...
Está ahí de pie, de espaldas, alto y musculoso. Con una camiseta blanca de algodón y unos vaqueros negros ajustados. Hasta con la camiseta se notan las curvas de su espalda, tan perfectamente esculpidas... Me acerco a él y le rodeo con mis brazos la cintura, apoyando la mejilla en su hombro. Su perfume inhunda mi nariz, es un aroma tan agradable...
Al notar mi contacto gira su cabeza para mirarme y me dirige su sonrisa, mostrándome sus dientes blancos y perfectos. ¿Por qué todo en él es tan perfecto?
-Te echo mucho de menos. -Le digo.
Él se gira para quedar frente a mí y me acaricia el pelo con una mano.
-Y yo a ti. Muchísimo... -Roza su nariz con la mía y después me da un beso en los labios- Vuelve a mí por favor.
-Lo haré. -Juro.
Esta vez le beso yo, y tras un instante de contacto nos besamos con más fuerza. Un gemido brota de mi garganta. Le quiero tanto, le necesito tanto.
Un sonido en la puerta me despierta. Ahogo un quejido, estaba teniendo un sueño tan... Perfecto. Abuso mucho de esta palabra en lo referido a Ian. Es como si nos hubiéramos estado besando de verdad, aún noto el olor de su perfume como si lo tuviera a mi lado...
Tengo que salir de aquí.
El pomo gira y aparece el rostro de Iván.
-La comida. -Dice secamente y vuelve a desaparecer.
A regañadientes me levanto de la cama, pero solo porque me ruge la tripa. Tengo muchísima hambre. Bajo las escaleras con lentitud y a mitad de camino suena el timbre de casa. Me quedo rígida en el sitio. Iván aparece al pie de las escaleras para abrir la puerta de casa. Sea quien sea no puedo ver quien es, la figura de Iván me impide ver.
-¿Puedo ayudarte? -Pregunta Iván con voz suave.
Farsante de mierda...
-Buenas tardes, vengo a hacer la revisión de la antena. Hace unos días que debía haber venido pero esto está un poco alejado de todo.
Al oír esa voz tan conocida se me para el corazón por un momento. Holly. Es Holly. Obligo a mis piernas a moverse y corro escaleras abajo. Pero me quedo detrás de Iván. No puedo dejar que vea que la conozco.
-Sí, es por aquí. -Dice él- Sígame, por favor...
-Usted primero. -Dice ella.
En cuanto Iván se gira Holly clava su mirada en mí. Yo no he apartado la vista de ella. Holly me dice con la mirada que disimule antes de pasar por mi lado. Siguiendo a Iván. No sin antes darme un fuerte apretón en el brazo. Necesito toda mi fuerza de voluntad para no agarrarla, darle un abrazo y no soltarla nunca.
Me debato entre si seguirlos o no. Decido lo primero. No quiero perder de vista a Holly. Podría ser la última vez que la vea.
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