.

martes, 31 de marzo de 2015

Capítulo 25.

Me despierto de golpe al notar dolor en la espalda. Abro los ojos, me he caído de la cama y he arrastrado el edredón conmigo. Me incorporo lentamente pues aún sigo algo ida y miro el reloj de la mesita. Son las 6 de la mañana, demasiado pronto. Suspiro y me subo a la cama como puedo, sé que algo me inquieta pero ahora mismo no puedo recordar el qué. Con los ojos cerrados me pongo la almohada en la cabeza y me vuelvo a dormir.

Camino por la calle, sin rumbo. Miro a mi alrededor y reconozco el sitio, es la calle donde vivo. Al cabo de unos cuantos pasos más miro a mi derecha, ahí está mi portal. Ian está dentro, observándome a través del cristal y yo le devuelvo la mirada. ¿Por qué no viene conmigo? De repente su expresión cambia, ahora su rostro refleja puro pánico. Mi corazón empieza a latir más rápido. ¿Por qué se asusta? ¿Qué pasa? Ya no está mirandome a mí, si no detrás mío. Lentamente sigo la dirección de su mirada. Pego un grito ahogado, ahí está el supuesto asesino de mi madre. Me sonríe, y viene hacia mí. Estoy paralizada en el sitio y no puedo retroceder.

Me despierto gritando. El grito es tan potente que me hace daño a los oídos. Cuando acaba respiro agitadamente. Mis pensamientos se alinean en seguida y recuerdo qué es lo que me preocupaba. La pesadilla ha sido un reflejo de eso. Recuerdo cuando Ian me llevaba hacia mi casa en brazos. Lo que vi por encima de su hombro, aquel hombre. Era él, Jorge Casares. Nos estaba observando. Estaba demasiado ida para pensar con claridad. He tenido al asesino de mi madre a unos cuantos metros. ¿Pero cómo ha podido estar tan cerca de mí? Se supone que estoy bajo la protección de la policía. Según Héctor, no podría ni acercarse a mí. Un ramalazo de pánico me recorre. Ian volvió a la calle después de dejarme aquí. Puede que Jorge le hubiera estado esperando. ¿Y si le ha pasado algo? ¿Si le ha hecho daño? Mi corazón empieza un sprint y busco desesperada mi móvil. Busco en la agenda el número de Ian y marco. No responde. Vuelvo a marcar, respirando con dificultad. Sigue sin contestar. Otro ramalazo de pánico. Sigo llamando unas 6 veces más y sigue sin contestar. Mis manos tiemblan de tal modo que no sé como no se me ha caído el móvil al suelo. Me levanto de la cama de golpe y con las prisas me golpeo el pie descalzo con una pata de la cama. Grito de dolor pero no me detengo. Me visto con lo primero que pillo y no me molesto ni en peinarme ni en lavarme los dientes. Salgo de casa a toda pastilla, recuerdo el camino hacia su casa. No hay tiempo para esperar el autobús, ni siquiera sé que hora es, así que hecho a correr. Al cabo de un rato me cuesta respirar de correr. Me paro unos segundos, para tomar algo de aire y sigo corriendo. Ya estoy cerca y me arden los pulmones. En estos momentos me cabreo conmigo misma por haber estampado mi coche hace tanto tiempo ya. Veo la puerta de entrada a lo lejos. Por alguna clase de milagro me acuerdo del código que tecleó y la puerta se abre con demasiada lentitud. Cuando hay un grosor lo suficientemente amplio para que quepa corro dentro, hasta llegar a la puerta de casa. Siento que el cuerpo me pesa como si fuera de plomo. Toco el timbre con una mano y con el puño derecho aporreo la puerta. Sin parar. Vale, no está. Le ha pasado algo. Ese hijo de puta le habrá hecho algo para hacerme daño a mí y no sé por qué. De repente la puerta se abre de golpe y aparece él. Ian me mira con pánico al reconocerme. Menuda pinta debo de tener. Me fallan las piernas y me tambaleo hacia él respirando con demasiada dificultad. Él me toma en sus brazos y comienzo a sollozar en su pecho.
-¡¿Blair qué te pasa?! -Le tiembla la voz.
-Pensaba que te había pasado algo yo... -Digo contra su camiseta.
-¿Por qué me iba a pasar algo? -Me intenta separar para mirarme pero yo sigo aferrada a él.
-Es que... Da igual, es una tontería... -Los hombros se me agitan por los sollozos.
Finalmente consigue apartarme de su pecho y me acaricia el pelo con las dos manos. Decido contárselo.
-Ayer, cuando me llevaste a casa... Hubo un momento que abrí los ojos y le vi... Cerca nuestro, mirándonos.
-¿A quién?
No quiero decir el nombre, así que me limito a mirarle mientras nuevas lágrimas recorren mis mejillas y él me las quita. Con mi mirada sabe a quien me refiero y él niega con la cabeza.
-Eso es imposible...
-Estoy segura de que era él. Luego tuve otra pesadilla... Él venía hacia mí. -Un escalofrío me recorre la espalda-. Y al despertarme me recordó a lo que vi cuando llegamos, que era él. -La voz me vuelve a temblar-. Tú volviste a salir después de dejarme y pensé que quizá él...
Me pone un dedo en los labios. De repente me doy cuenta de que lo que digo suena un poco estúpido y bajo la cabeza de vergüenza. Me coge la barbilla para que le mire.
-Blair, si me hubiera hecho algo. Estaría... De alguna forma contento de que fuera a mí y no a ti.
-¡No digas eso! ¡Ni siquiera lo pienses!
-Es la verdad.
-No para mí.
La idea de que él pudiera hacerle daño me duele más que si me lo hiciera a mí.
-¿Has venido hasta aquí corriendo?
Asiento con la cabeza y él me aprieta contra su pecho, abrazándome. Cada vez me doy más cuenta de que he actuado de un modo precipitado por el pánico y me siento completamente imbécil.
-¿Ian? -Se oye una voz desde dentro de la casa-. ¿Qué...?
Me aparto de él para mirar quién es y veo a Nina ahí plantada. La cara se me queda como si me hubieran puesto anestesia en el dentista, con la boca medio abierta.
-Vaya, lo siento. He oído gritos y... -Sigue diciendo ella.
¿Qué hace esta aquí? ¿Y por qué Ian me mira con cara de culpa? Hay dos cosas que quiero hacer. Primero, ir hacia ella y darle un guantazo, después darme la vuelta e irme. La primera no la cumplo, así que me pongo en marcha y me empiezo a marchar. Mientras bajo las escaleras veo que ellos dos discuten en voz baja pero no sé que dicen. Tampoco es que me importe mucho. Acelero el paso y una mano me agarra del brazo y me da la vuelta.
-¿A dónde vas?
-¿Tú que crees? -Le espeto.
-No es lo que piensas... Ella solo.
Me tapo los oídos como una niña pequeña.
-¡No quiero oírlo! Me da igual. Bueno, no me da igual pero ya me entiendes. -Estoy tan enfadada que ni me salen las lágrimas-. Desde el primer momento que os vi juntos sabía que aún pasaba algo. -El abre la boca para decir algo pero sigo hablando-. ¿Por qué estabas conmigo si la sigues queriendo?
-Blair por favor, yo no...
-Déjalo.
Me doy la vuelta pero Ian me vuelve a agarrar y estoy de cara a él otra vez. Suelto mi brazo de un tirón.
-Al menos déjame que te lleve, por favor...
Su mirada está cargada de dolor y por un momento temo que vuelva a lanzarme a sus brazos, pedirle perdón por comportarme así, decirle que me da igual lo que haga con Nina, pero que no me deje. No puedo hacer eso.
-Quiero estar sola. Además Matt no vive lejos.
Creo que eso es un golpe bajo así que me doy la vuelta rápidamente para irme, sin mirarle para no echarme a llorar de nuevo y me marcho con paso rápido.

viernes, 27 de marzo de 2015

Capítulo 24.

Observo las fotos. Sin saber cómo reaccionar. Muchas son mías sola, otras con mi perro, con mis amigos, incluso en otras salgo con Ian.  De repente me siento mareada y me tambaleo hacia un lado. Oigo que dos sillas se mueven y varios brazos me sostienen antes de que me estrelle contra el suelo.
-Blair, tranquila. -Dice mi padre-. No te va a pasar nada, no se acercará a ti.
-Cierto. -Sigue diciendo Héctor-. Hemos hablado con el FBI. Cuando vuelvas a Los Ángeles, estarás bajo vigilancia. Si el sospechoso te sigue o intenta algo no podrá acercarse, ni mucho menos tocarte. Aunque no podrá salir del país, todos los aeropuertos están informados.
-Necesito salir fuera...
-Claro, cielo. Te acompaño. -Después se dirige a Héctor-. Ahora vuelvo.
-Tómate tu tiempo. -Contesta este.
Al salir por la puerta mi padre me sujeta por la cintura, pues aún estoy algo mareada o asustada. Una mezcla de las dos cosas. No pasa mucho tiempo hasta que oigo la voz de Ian a mi lado.
-¿Qué pasa? -Me acaricia el pelo y le miro-. ¿Qué os han dicho?
Intento contestarle pero mi padre se adelanta.
-En seguida te lo contará ella, yo tengo que volver a entrar para averiguar más. -Luego me dice a mí, cogiéndome la mano-. Estate tranquila, no te va a pasar nada. -Me da un beso en la mejilla y vuelve al despacho, cerrando la puerta.
Ambos brazos de Ian me sostienen ahora, aunque ya no me siento mareada. Pero la expresión de pánico aún no se ha ido.
-Blair por favor contéstame. -Dice angustiado-. ¿A qué se refiere con que no te va a pasar nada?
Intento controlar mi expresión para no preocuparle. Por una parte me extraña que Elena no se haya acercado, miro a mi alrededor y veo que no está. Vuelvo la mirada a Ian.
-Han... -Me sale voz ronca y me aclaro la garganta-. Han encontrado un garaje... Que tenía el tío este... Jorge se hace llamar ahora. Estaba todo lleno de fotos -me tiembla la voz- mías.
Los brazos de Ian se tensan a mi alrededor. Antes de que hable le sigo contando.
-En Los Ángeles. -Se me quiebra la voz y no puedo decir nada más.
Él abre la boca para decir algo, pero la vuelve a cerrar. Repite el mismo movimiento dos veces. Nos miramos sin decir nada, durante varios minutos. Finalmente apoyo la cabeza en su pecho, esperando que él me aprete contra él con sus brazos, y lo hace. No necesito nada más, no necesito que me diga que todo va a ir bien, que no me va a pasar nada, solo necesito su contacto. Es el único consuelo que necesito, y lo hace.

-Cielo por favor, no hace falta que te vayas... Es más, no quiero que te vayas. -Me dice mi padre mientras termino de recoger mis cosas en la maleta-. No me quedaré tranquilo si estás tan lejos. Con ese cabrón merodeando por ahí.
Me giro para mirarle.
-Papá, no me va a pasar nada. No estoy sola. Ya oíste a Héctor, el FBI me protegerá. Además seguramente no podrá salir del país. Lo cogerán pronto. -En realidad no creía esto último, pero quería convencerme a mi misma.
-Por favor, quédate.
Me costaba mucho irme si me lo pedía así.
-Papá, allí tengo vida. Y dos trabajos. He conseguido que me cubran esta semana, pero no creo que les haga mucha gracia cubrirme otra semana más.
-Pues no vuelvas. Te mantendré yo.
Suelto una risita.
-¿Quieres que vuelva a dar guerra por aquí?
-Sí. -Me dice y me sonríe.
Pongo los ojos en blanco, pero le acabo devolviendo la sonrisa.

Estamos en el aeropuerto, esperando a que salga nuestro vuelo. Mi padre y Elena han venido a llevarnos, también están Marcos y Ester. Estos dos últimos sueltan unas cuantas lágrimas mientras nos despedimos. Al final acabo llorando yo también.
-No tardes tanto tiempo en volver. -Me dice Ester mientras nos abrazamos.
-Pues venid vosotros, mi casa está abierta. -Le digo apartándome y enjugándome las lágrimas con la mano-. Bueno no abierta, está bien cerrada...
Las dos reímos. Marcos me pasa un brazo por los hombros y me da un beso en la mejilla.
-¿No se te puede convencer de que te quedes más tiempo?
-No lo intentéis porque al final acabaré por ceder. -Le digo riendo.
Veo que Ester mira a Ian, sin saber como despedirse. Este se acerca a ella y le da un abrazo, como no ella se hecha a llorar otra vez.
Mi padre y Elena me dan un último abrazo y Ian y yo nos vamos alejando de ellos. En todo el camino no paro de mirar atrás y despedirme de ellos con la mano. El brazo de mi padre alrededor de la cintura de Elena, la cabeza de Ester apoyada en el hombro de Marcos mientras este la rodea con sus brazos, es la última imagen que tengo de ellos.

-Despierta, preciosa. Ya hemos llegado.
Poco a poco me voy desperezando, Ian ha aparcado en frente de mi casa. Se me hace raro volver aquí, más aún cuando estaba soñando que aún seguía en Málaga. Fuera es de noche. No sé ni qué día es ni qué hora.
-Mmm... -Me estiro y bostezo.
-¿Qué? -Pregunta Ian divertido.
-Estoy un poco desubicada.
Él ríe entre dientes.
-Estamos en Los Ángeles, California, Estados Unidos, La Tierr...
Le interrumpo dándole un manotazo en el brazo mientras me río, sin fuerzas. Se me vuelven a cerrar los ojos.
-Es sábado. -Dice riéndose también-. Acaban de dar las 11 de la noche.
-Tendría... -Bostezo otra vez-. Que ir a trabajar... Puedo... -Cierro los ojos-. Llegar...
Estoy completamente ida, noto como Ian me coge en brazos y oigo cerrarse la puerta del coche. Por un momento abro los ojos un poco, y veo por encima de su hombro. Un hombre nos está mirando, escondido entre dos coches. Para cuando comienzo a intentar pensar sobre eso, me quedo dormida.

martes, 24 de marzo de 2015

Capítulo 23.

-¿Alguna noticia? -Le pregunto a mi padre.
Estamos en la cocina, me apoyo de espaldas en la encimera y veo como hace la cena.
-No. La verdad, no tengo muchas esperanzas.
-¿Por qué? -Contesto algo enfadada.
-Si no encontraron nada la primera vez no van a encontrar nada ahora.
-No seas tan pesimista.
-Lo siento cielo. Es solo que... -Suspira-. En parte quiero creer que fue un simple accidente.
Me acerco a él y apoyo la cabeza en su hombro.
-Ya, yo también...
Noto que me da un beso en el pelo.
-¿Necesitas ayuda, Javi? -Se oye la voz de Elena, al entrar en la cocina.
Levanto la cabeza del hombro de mi padre y la miro.
-Pues no me vendría mal, siempre que intento hacer los huevos fritos se me rompen.
Elena y yo reímos y ésta se acerca para coger la espumadera de la mano de mi padre, empujándole en plan broma con un golpe de cadera. Ambos ríen y de repente siento que sobro, así que me voy al comedor. Ian está sentado en el sofá, haciendo zapping en la tele. Alza la cabeza cuando entro por la puerta. Yo me apoyo en el marco de la puerta y nos quedamos mirándonos unos momentos. No sé cuánto tiempo pasa hasta que habla.
-¿Qué tal estás?
Me encojo de hombros.
-Bien.
Da unas palmaditas en el sofá, a su lado. Para que me siente. Sin dudar voy hacia allí y me siento, pegada a él. Me acaricia el pelo y me da un beso en la frente, yo cierro los ojos mientras dura el beso. Suena mi móvil, que está encima de la mesa de café en frente del sofá y me estiro para cogerlo. Miro quién llama: Matt. Suspiro de alivio, me estaba empezando a preocupar al no tener noticias de él. Pulso "responder"
-¿Si?
-¡Blair! Siento no haberte llamado antes. -Habla tan rápido que se le atropellan las palabras-. No sé que hice con el móvil que lo deje por ahí por casa y se quedó sin batería. Entonces no pude llamarme a mi mismo y...
-¡Matt! -Le interrumpo con una carcajada.
Él ríe también.
-¿Qué tal todo? ¿Qué te han dicho de tu madre?
Le cuento la visita a Héctor Acosta, palabra por palabra, pues me acuerdo de todo. También le describo la foto del que creen que la mató. Al contarle esta última parte oigo que hace rechinar los dientes. Ian juega un un mechón de mi pelo durante toda la conversación y eso me distrae un poco.
-El viernes vuelvo para allí. -Le digo.
-Pensaba que te quedarías más.
-¿Pues?
-No sé...
Mi padre entra al comedor con un plato en cada mano, seguido de Elena.
-Te tengo que dejar, vamos a cenar ya...
-Vale, avísame cuando sepas algo más.
-Lo haré, adiós.
-Adiós. Te... Bueno, adiós.
Y cuelga. ¿Por qué ha dudado en decirme que me quiere? Ambos sabemos que nos queremos mutuamente. Me quedo con el teléfono en la oreja mientras pienso eso.
-¿Estás bien? -Me pregunta Ian sacándome de mi ensoñación.
-Sí. -Le dirijo una sonrisa algo forzada y me levanto en seguida para que no se dé cuenta.

Más tarde, estamos cada uno en su habitación. Estoy a punto de meterme en la cama cuando pienso que no quiero estar sola. Sin detenerme mucho a pensar en ello, salgo de mi habitación haciendo el menor ruido posible y me dirijo al cuarto de invitados. Toco la puerta con los nudillos suavemente dos veces y abro la puerta un poco.
-¿Si? -Dice Ian.
Abro la puerta del todo y me quedo ahí. Sin saber que decirle. Me da vergüenza preguntarle si puedo dormir con él. Él está sentado al borde de la cama, con el móvil en las manos y con unos pantalones cortos de deporte, sin camiseta. Intento apartar la vista de su torso.
-¿Blair?, ¿qué pasa? ¿estás bien?
Entro y cierro la puerta detrás de mí.
-Sí, es que... Bueno...
Se levanta y viene hacia mí, me coge la barbilla y la alza para que le mire. Noto que me he puesto roja.
-¿Qué pasa? -Intenta reprimir una sonrisa.
Me muerdo el labio pensando cómo decírselo. ¿Por qué me cuesta tanto preguntarle simplemente si podemos dormir juntos? Solo dormir... Ian alza una ceja, esperando a que le conteste.
-Eh... ¿Puedo dormir contigo?
Él sonríe.
-¿Por qué te ha costado tanto decírmelo?
Me encojo de hombros, aún algo colorada.
-No sé.
-No hacía falta ni que preguntaras. Con haber venido aquí y tumbarte a mi lado hubiera bastado.
-Bueno, pensaba que sería mejor avisar.
Vuelve a sonreír.
-Anda, vamos a dormir.
Me dirijo al lado contrario al que él estaba sentado y me meto en la cama. Ian hace lo mismo. Cuando estoy tumbada giro la cabeza a mi derecha para mirarle. Ian apaga la luz de la lamparita. La ventana está justo encima de la cama, y como no ha bajado la persiana se cuela la luz de la luna, que hoy está llena así que puedo verle perfectamente. Me parece que estamos demasiado lejos así que me arrastro hacia él y apoyo la cabeza en su pecho. Él me rodea con los brazos y me abraza. No decimos nada. Con el pulgar me acaricia el hombro durante no sé cuánto tiempo. Esa caricia me relaja y me voy adormilando, hasta que me quedo dormida.

Antes de abrir los ojos sé que algo va mal. No puedo moverme a pesar de estar sentada. Parpadeo para adaptarme a la poca luz que hay, una lámpara sencilla cuelga del techo justo encima de mí. Sólo hay un círculo de luz a mi alrededor de un metro de diámetro más o menos, más allá de él no veo nada. Tiro de mis manos y noto un dolor punzante. Bajo la vista y veo que tengo los tobillos agarrados a ambas patas delanteras de la silla con cuerdas, mis manos están atadas a mi espalda, de ahí la sensación de quemazón al haber tirado con fuerza. Oigo un ruido por delante de mí y entorno los ojos para ver mejor. Mi corazón late enloquecido. Una figura aparece de entre las sombras y entra en el círculo de luz. Distingo al tipo de la foto. Se acerca a mí y se agacha para quedar a mi altura. Me mira con esos ojos penetrantes que hacen que me estremezca de miedo. Alarga una mano para acariciarme el pelo. Intento apartarme pero no puedo, al estar atada.
-Eres igualita que tu madre...
Un escalofrío me recorre toda la espalda. De repente un pañuelo me rodea la cabeza a la altura de la boca y sofoca el grito que suelto.
-¡Blair!
Reconocería esa voz en cualquier parte. Pero, ¿de dónde viene?
-¡Blair! -Repite la voz. 
Cierro los ojos. Si este es mi final, estoy feliz de morir escuchando su voz...
-¡Blair, despierta!
Noto que me sacuden el hombro con fuerza. Abro los ojos de golpe y me incorporo rápidamente, jadeando. Miro a mi alrededor desorientada y por último a mi derecha. De donde provenía su voz. Ian me mira con cara de pánico. De repente recuerdo el sueño que me ha hecho despertarme así y empiezo a sollozar, las lágrimas bañan mis mejillas. Inmediatamente me lanzo sobre Ian y rodeo su cuello con los brazos, abrazándolo. Él me rodea la cintura y me abraza muy fuerte.
-Ya está, tranquila. Solo era una pesadilla. -Sube una mano para acariciarme el pelo-. No es real...
Su voz y su contacto me tranquilizan y los sollozos van remitiendo. Ian me separa un poco de él para cogerme la cara entre sus manos y me retira las lágrimas con los pulgares.
-¿Quieres contármelo?
-No... Ya está, no ha sido nada. -Intento sonreírle.
-Nada es precisamente lo que no parecía.
Miro hacia otro lado, rehuyendo su mirada para que no se preocupe.
-¿Estamos solos? -Pregunto al darme cuenta de que no se oye nada aparte de nuestras voces.
-Tu padre ha recibido una llamada... -Se interrumpe.
Vuelvo la vista a él, sabiendo ya a lo que se refiere.
-Se han ido poco después. -Sigue diciendo.
-¿Cuánto hace?
Agarra mi muñeca, donde tengo el reloj que olvidé quitármelo para dormir.
-Hace una hora y poco.
Aparto mi muñeca de entre sus manos bruscamente. Para suavizar el gesto le doy un beso en la mejilla y me levanto de la cama. Ian me mira con una ceja alzada ante mis prisas.
-Voy a ir allí, por supuesto.
-Lo imaginaba. -Me sonríe y se levanta también. Veo que esta vestido ya-. Voy contigo.
-¿Aún no te cansas de mí? -Digo en broma, pero mi tono está teñido de un ligero miedo.
Se acerca a mí hasta que nuestros cuerpos se tocan.
-Eso nunca. -Me dedica su sonrisa de lado y no puedo evitar sonreírle también.
Pongo mis manos a ambos lados de sus mejillas y le beso. Tras unos segundos así, me aparto. Él tarda un poco en abrir los ojos.
-Voy a vestirme. -Le digo y acto seguido voy a mi habitación.

Entramos en la misma sala de espera de la otra vez. Veo a Elena sentada en una de las sillas y voy hacia ella. Esta se levanta y viene hacia mí. Como si la conociera de toda la vida me lanzo a sus brazos y ella me rodea con los suyos. Las lágrimas amenazan con salir nuevamente, pero las retengo.
-No queríamos despertarte. Lo siento. -Me dice cuando nos separamos.
-No pasa nada... ¿Sabes algo?
Se encoge ligeramente de hombros.
-Nada, no me han dejado entrar.
-A mí seguro que sí.
Me doy la vuelta, dejando a Ian y Elena con expresión sorprendida y me dirijo al despacho de Héctor. Entro sin llamar y cierro la puerta detrás de mí. Mi padre y Héctor se sobresaltan con mi entrada. Sin darles tiempo a reaccionar me acerco a la mesa.
-Blair, hola. -Dice mi padre.
Hay unas fotos sobre el escritorio. Pero Héctor se inclina sobre ellas, cruzando los brazos y no puedo verlas bien.
-Hola, papá. -Le saludo sentándome a su lado. Me mira ansioso, como si yo estuviera en alguna clase de peligro.
-Señorita Cooper. -Me saluda Héctor a modo de saludo.
Le dirijo una sonrisa nerviosa.
-¿Saben algo?
Héctor no aparta la vista de mí y me revuelvo incómoda en la silla.
-Hemos encontrado un garaje privado. Otro registro de su antiguo apartamento nos llevó hasta allí. También está abandonado. Lo único que había dentro eran fotos por todas partes. -Se para en seco.
-¿Qué fotos?
Ninguno de los dos dice nada. Miro a mi padre, sigue con la misma mirada que antes, pero mantiene la vista clavada en la mesa.
-¿Qué fotos? -Repito mirando a Héctor.
Este retira los brazos de la mesa y se apoya en el respaldo. Me levanto de la silla y me inclino sobre la mesa para verlas mejor. Esperaba ver fotos parecidas a las que encontraron en su apartamento. Pero al verlas me quedo helada sobre la mesa. Todas son fotos mías, en Los Ángeles.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Capítulo 22.

Día siguiente. Esta mañana he decidido ir a visitar a mis dos mejores amigos de aquí. Cuando aún vivía en esta ciudad tenía muchos más, pero el contacto se fue perdiendo. Creo que me saludarían si me vieran, pero nada más. Primero voy a ver a mi amigo Marcos. Quiero darle una sorpresa así que llamo a otro piso diciendo que me he dejado la llave del portal y me abren. Subo por las escaleras ya que es el primer piso. Ian ha ido con mi padre y Elena a ver la ciudad. Si hubiera sido al revés me hubiera resultado incómodo quedarme sola con sus padres, pero él estaba tan tranquilo. Llego a la puerta de la derecha al llegar al piso y toco al timbre. Al poco oigo unos pasos acercarse. Cuando se abre la puerta aparece alguien disfrazado de rosquilla rosa como la de los Simpson. Doy un pequeño bote por el susto y veo que el que está disfrazado así es Marcos, pues lo he reconocido al ver su cabeza asomar por un hueco en el disfraz. Acto seguido suelto una carcajada, él abre mucho los ojos al verme.
-¡Blaaaaaair!
-¡Hooooola! -Chillo con la misma intensidad que él.
En seguida nos abrazamos muy fuerte, nos tambaleamos de tal manera que casi nos caemos al suelo, debido a la dificultad de abrazarse con ese disfraz. Al separarnos deja las manos en mis hombros y me mira.
-¿Cómo así no avisas? -Dice aún con la sorpresa en la cara.
-Fue repentino, además quería darte una sorpresa.
-Pues lo has conseguido. Ven, vamos dentro. -Cierra la puerta.
-Por cierto, ¿qué haces vestido así? -Le señalo y me río.
Vamos hacia la cocina, él tiene un brazo alrededor de mis hombros.
-Me aburría y me he puesto a probarme viejos disfraces...
-Yo que tú, saldría así a la calle. Seguro que ligas un montón.
Hace una especie de mueca cuando digo esto último.
-¿Qué? ¿Estás con alguien? -Le pregunto.
Asiente, se pone rojo y sonríe.
-Ooooooooooy, ¿quién? ¿la conozco? ¿cuanto lleváis?
Llegamos a la cocina y yo me siento en una silla de la mesa.
-Mmm... Espera que me cambie, no creo que vestido así me tomes en serio. -Nos reímos los dos-. Sírvete lo que quieras, ahora vengo. -Me revuelve el pelo y se va.
Me levanto y abro la nevera, como si estuviera en mi casa. Sonrío al saber que esa confianza no se ha perdido. Saco una lata de cocacola y cierro la nevera. La abro y bebo un sorbo. No me había dado cuenta de la sed que tenía y bebo un trago más largo. Marcos vuelve, ya sin disfraz. Ha crecido desde la última vez que le vi, hace un año y poco. Ahora es más alto que yo. Se acerca y me imita sacando una lata de la nevera, pero de cerveza. Después nos sentamos en la mesa.
-¿Y bien? Cuéntame todo.
Él sonríe.
-No te lo vas a creer pero... Estoy con Ester -Se pone colorado de nuevo.
Casi escupo la cocacola que tenía en la boca.
-¡¿Qué dices?!
Ester es mi otra amiga que tenía pensado visitar después. Ellos dos se conocen algo pero nunca había pensado que acabarían juntos.
-Sí maja, sí. -Bebe un trago de su cerveza.
-¿Y cómo pasó? Que fuerte, ay que ilu.
Él se ríe.
-Bueno, tú sabes que nos conocemos. Pues íbamos los tres a la misma clase. El verano que te fuiste quedamos un día y... Pues pasó, pero no empezamos a salir hasta hace unos 7 meses.
-Que fuerte. -Repito-. Tenía pensado ir a verla más tarde.
-No será necesario. Viene hacia aquí. -Sonríe-. Además le he dicho que estabas aquí y creo que viene más rápido.
-No os besuqueéis mucho mientras estoy presente. -Digo con un sonrisa forzada.
Marcos se ríe.
-Contigo aquí no hija. Además hoy eres la prota. ¿Hasta cuando te quedas?
-Pues unos días. He venido porque me llamo mi padre... -Ya no sonrío-. Hay noticias sobre mi madre. Cuando llegue Ester os cuento a los dos.
-¿Sobre tu madre? -Frunce el ceño.
-Sí... -Termino mi lata de un trago.
Más tarde seguimos en la cocina, con otra lata cada uno, hablando de nuestras cosas cuando suena el telefonillo.
-Será ella. -Dice Marcos.
Se levanta y sale de la cocina con paso apresurado. Al cabo de un minuto oigo la puerta.
-¡¿Dónde está?! -Se oye la voz de Ester.
Me río y voy hacia el recibidor prácticamente corriendo. Al verme chilla y corremos a nuestro encuentro, abrazándonos. Veo por encima de su hombro como Marcos se ríe mientras Ester me estrangula en un abrazo de oso. Yo la abrazo con la misma fuerza. Al separarse veo que tiene lágrimas por las mejillas.
-¡No llores, que si no lloraré yo también! -La vuelvo a abrazar.
-Es que te he echado mucho de menos...
Marcos se une a nosotras y nos abraza a las dos.

-¿QUE ESTÁS CON QUIÉN? -Chilla Ester cuando le cuento que estoy con Ian.
Pego un bote y después me río. Ya acostumbrada a que todo el mundo sepa quien es menos yo. Les he contado ya lo de mi madre y he pasado a hablarles sobre él, para animar un poco la conversación.
-Con Ian Somerhalder.
-AY DIOS MÍO. PERO, ¿ME LO DICES EN SERIO? ¿CÓMO? -Sigue gritando.
Marcos y yo nos reímos a carcajadas.
-Los Ángeles es el centro de los famosos. Pero cuando le conocí no sabía que lo era.
Ella prácticamente hiperventila.
-¿Puedo conocerle? Porfi porfi porfi.
-Claro que sí, hoy mismo si quieres.
-¡SI!
-Espero que te pongas así de emocionada cada vez que quedas conmigo. -Dice Marcos.
-Claro, claro... -Ester mira al techo y se pone a silbar.
Marcos le lanza un cojín y le da en la cara. Ester se lo devuelve, lanzándolo con fuerza pero no se acerca ni de lejos. Yo me río mientras los observo.

Estamos Ester y yo por la calle, de camino a la cafetería donde Ian se encuentra para reunirse conmigo. Le he avisado de que voy con una fan emocionada para que no se asuste y él me ha contestado con que ya está acostumbrado. Ester me agarra fuerte del brazo y respira agitadamente de los nervios. Yo me río todo el rato viendo las caras que pone. Cuando estamos a unos metros de la cafetería, Ian está fuera, hablando por teléfono. Ester se para en seco con la boca abierta y cara de haber visto un fantasma. Me paro con ella.
-¿Ester?
-Está... Ahí... Es él... De verdad. -Dice respirando profundamente después de cada palabra.
-Sí, es él. A ver si te va a dar un chungo.
Ian cuelga el teléfono y nos mira, a lo lejos. Sonríe al ver a mi amiga. Y Ester ahoga un jadeo, le empiezan a temblar las manos. La cojo del brazo y la obligo a andar.
-Dios mío... ¿Estoy soñando no? -Dice en el mismo tono que antes.
Ian sigue con esa sonrisa que haría que cualquiera que la viera se desmayara. Ester empieza a llorar a mi lado. Cuando llegamos donde él Ian se acerca a ella y la abraza, algo emocionado también. Como soy muy sensible, se me humedecen los ojos al verla llorar de felicidad. Los dos se separan un poco e Ian le coge la cara con las manos.
-No llores... Que voy a llorar yo.
-Es que... No me creo que te haya conocido.
Ian sonríe y la vuelve a abrazar, yo lloro un poco viéndoles. Al separarse le pasa un brazo por los hombros y ella se seca las lágrimas con el dorso de la mano. Me mira y me sonríe con ojos llorosos, le devuelvo la sonrisa. Ian me sonríe también.
-Hola. -Le digo y le guiño un ojo.
-Hola. -Estira el brazo libre para darme una rápida caricia en la mejilla con el dedo índice.

Estoy tumbada en mi cama, a punto de irme a dormir. Intento hacer algo de sueño mirando las fotos que sube la gente a Instagram y sonrío al ver las miles que ha subido Ester con Ian. La primera salimos Marcos, ella y yo. La segunda es en la cafetería, salimos las dos con Ian en medio, dándole un beso en cada mejilla. Y otras tantas que se ha hecho con él, que no ha rechistado en ningún momento. Me alegra saber que no es un famoso de esos que no tiene paciencia con los fans. Le doy a "me gusta" a todas esas fotos y decido llamar a Matt antes de dormir. Marco el número y espero, pero no contesta. Qué raro, si allí será por la tarde. Intento llamar otra vez y me sale el buzón. Ya lo intentaré mañana. Mando un Whatsapp a Holly, Emily, Mel, Liv y Noah para que vean que estoy bien y dejo el móvil sobre la mesita. Me doy la vuelta e intento dormirme, imaginándome que Ian está a mi lado, abrazándome.

domingo, 15 de marzo de 2015

Capítulo 21.

Me despierto, hacía tiempo que no dormía tan bien. Es como volver a estar en casa... Espera, estoy en casa. Miro a mi alrededor. Mi habitación sigue igual como la dejé, no me llevé todo a California. Encima del escritorio hay una estantería con trofeos de natación, algunos libros y fotos con mis amigos de aquí. Tengo que ir a visitarles ahora que he vuelto. El ordenador tiene pegatinas de gatitos, estrellitas, alguna que otra de los Backstreet Boys... Sonrío y me incorporo lentamente. Miro la hora en el móvil, son las 12 del mediodía. Me acuerdo de Ian, seguramente esté despierto ya. Salgo de la cama y me miro en el espejo del armario, que también tiene alguna pegatina que otra por ahí, me arreglo un poco el moño despeinado y salgo de la habitación. La puerta del cuarto de invitados está abierta, pero no hay nadie. Se oye el ruido de la ducha en el baño. Ian se estará duchando. Mis pensamientos empiezan a subir de tono y meneo la cabeza, para quitármelos de encima. Me voy al otro baño, el que está en la habitación de mi padre. Antes de entrar veo en la pared de la habitación un cuadro con una foto de mi madre y mi padre. Me alegra que no lo haya quitado, y me alegra saber que Elena lo comprende. Se me humedecen los ojos, pero no quiero llorar.
Veo que no hay nadie en casa, solo estamos nosotros dos. Me he bebido un colacao y voy por el pasillo a mi habitación cuando Ian sale del baño, con una toalla en la cintura y el torso algo húmedo. Casi se me descuelga la mandíbula. No lo había visto desnudo de cintura para arriba en persona. Pero que bueno está por dios. Me ruborizo y hago grandes esfuerzos para apartar la vista de sus abdominales.
-Bu... Buenos días. -Le saludo.
-Buenos días. ¿Disfrutando de la vista?
Me pongo aún más colorada y él se ríe a carcajadas, paso al lado de él dándole un puñetazo suave en el hombro, algo enfadada y me dirijo a mi habitación. Noto que tiran de mí por la cintura y me encuentro de cara a Ian, pegada a él. Tiene la piel ardiendo por la ducha. De repente yo también estoy ardiendo, con el pulso y la respiración acelerados.
-No te enfades, era broma.
Hago un mohín.
-No me enfado.
-Sí lo has hecho.
-Que no. -Suspiro.
Intento olvidar que lo tengo desnudo pegado a mí, que solo nos separa una toalla. Acerca su boca a mi cuello y me empieza a dar besos, yo cierro los ojos y ahogo un jadeo. Va subiendo por mi mandíbula hasta acabar en mi boca y me besa con intensidad. Con una mano le toco la mejilla y la otra la poso en su fuerte espalda, le araño con suavidad y el gime ligeramente. Me empuja hacia atrás, contra la pared y me sigue besando. Nuestras respiraciones se mezclan. Bajo mi mano de su mejilla hacia abajo, recorriendo su torso, sus abdominales... Se oye la puerta del ascensor y las voces de mi padre y Elena. Ian y yo nos separamos y nos miramos alarmados.
-¡Corre! ¡Métete en la habitación! -Le empujo el pecho.
-Sí, señora. -Me da un último beso en los labios y se va al cuarto.
Me arreglo un poco el pelo y hago como que voy al comedor cuando se abre la puerta.
-¡Hombre! -Dice mi padre-. La costumbre de dormir hasta las tantas cuando puedes no se te quita.
Le sonrío, aún algo acalorada.
-Hola Blair. -Me saluda Elena.
-Hola. -Le sonrío también.
-¿Y tu novio? -Pregunta mi padre.
-En su cuarto, acaba de salir de la ducha.
La expresión de mi padre cambia, no sé identificarla. Me mira de arriba abajo y al ver que llevo el pijama aún se queda mas tranquilo, porque se relaja al instante. "No, papá, no nos hemos duchado juntos. Aunque ganas no me han faltado...".

Estamos los cuatro alrededor de la mesa del comedor, tomando un café. Son alrededor de las 4 de la tarde. Estamos teniendo un acalorado debate sobre si deberíamos cenar pizza o hamburguesa cuando suena un móvil. Supongo que es el de mi padre porque se pone rígido, nos miramos. Se levanta de golpe y corre a la cocina. Aguzo el oído para ver que dice y distingo algo como "Si" "Lo entiendo" Muchos "ajás" Y un "allí estaremos mi hija y yo" al final. Me levanto y voy a la cocina, mi padre se da la vuelta y me mira.
-¿Qué pasa? -Pregunto.
-Eran los de la fuerza y cuerpo de seguridad. Quieren hablar con nosotros esta tarde, sobre las 6.
Suelto el aire que tenía retenido.
-¿No te han dicho nada más?
-No.
Me rodea el cuello con un brazo, me da un beso en la frente y así nos dirigimos de vuelta al comedor.

Ian, mi padre y yo estamos en una sala de espera, sentados. Esperando a que nos llamen. Elena se ha ido a trabajar. Tengo un tic nervioso en las piernas y no puedo dejar de moverlas, de lo nerviosa que estoy. Ian, que está a mi lado, me coge la mano y entrelaza sus dedos con los míos. Me aprieta la mano suavemente para intentar calmarme. De una puerta sale un hombre trajeado, alto y delgado, con cara de cansado.
-¿Señor Cooper? -Mira a su alrededor hasta que le localiza con la mirada, a la vez que mi padre y yo nos levantamos de golpe.
Mi padre carraspea.
-Sí.
-Pasen, por favor.
Mi padre se adelanta a mí, miro a Ian.
-Te esperaré aquí.
Le miro unos segundos más y él asiente con la cabeza, dándome ánimos. Me doy la vuelta y entro en el despacho del hombre. Cuando entramos cierra la puerta y se acerca a su mesa.
-Siéntense, por favor.
Hacemos lo que nos dice, todo a la vez, como si estuviéramos sincronizados. El hombre se sienta y se inclina hacia delante, juntando sus manos encima de la mesa.
-Me llamo Héctor Acosta. Y llevo el caso de Marta Ugarte. Hicimos revisión de casos que quedaron sin resolver y el de su mujer estaba entre ellos.
-¿Quiere decir que ya sospechaban algo así desde el principio? -Pregunta mi padre.
-Sí, lo sospechábamos. Pero no llegamos a ninguna parte, por lo que lo archivamos.
Me empiezo a encender por dentro.
-¿Por qué no nos dijeron nada? -Intervengo.
-Solo eran sospechas, y como he dicho, no llegamos a nada. Por lo que no quisimos preocuparles.
-Teníamos derecho a saber. -Digo.
-Lo sé, y lo siento. Pero lo hicimos por eso.
Decido callarme.
-¿Y qué es lo que tienen? -Pregunta mi padre de nuevo.
-Las frenadas que había en la carretera no eran del coche de Marta, si no de otro. Reconocimos el modelo y hicimos una investigación sobre los propietarios de ese modelo de coche. La lista era muy larga y la reducimos a los que tenían antecedentes. Eso nos facilitó mucho el trabajo. Hemos estado investigándolos a todos estas últimas semanas y tenemos un posible sospechoso.
-¡¿Quién?! -Salto.
-Blair. -Me reprende mi padre-. Continúe, por favor.
-Bien, no sabemos aún su nombre real, pues ha estado cambiándolo constantemente. El último que ha sido registrado es Jorge Casares. -Dice mirando un papel en su mesa y cogiendo su foto, acto seguido nos la muestra.
Me lanzo hacia ella y prácticamente se la arranco de las manos. Es un tipo mayor, de unos cuarenta y pico años. Tiene el pelo negro y se le empiezan a notar las entradas. Sus ojos son marrones muy oscuros y penetrantes. Me estremezco solo de mirarle y se la paso a mi padre, que la mira detenidamente. Después se la devuelve a Héctor.
-La semana pasada encontramos su apartamento. O más bien su antiguo apartamento. Ya no vive ahí, pues hemos estado vigilando la propiedad y nadie ha entrado. En una de las habitaciones encontramos recortes de diferentes periódicos sobre el accidente de Marta y fotos de ella antes de morir, sola, con usted, -señala a mi padre- con su hija, los tres juntos... Seguimos buscándolo, pero está resultando complicado. Es muy escurridizo. Cumplió condena cuando tenía 20 años por agresión, y unos años más tarde por violación y no es el único caso así de él. Los demás delitos que ha cometido han sido menores. Pero como he dicho, es difícil encontrarle.
-¡Pues inténtenlo mejor! -Grito.
-Hacemos lo que podemos, señorita Cooper.
Mi padre me agarra el brazo y deja su mano ahí, para tranquilizarme. ¿Cómo puede mantener la calma?
-Tenemos algunas pistas, pero es todo lo que os puedo contar, el resto es confidencial. En cuanto sepamos algo, os volveremos a llamar.
Bueno, algo es algo.
-Bien, muchas gracias señor Acosta.
Los tres nos levantamos, mi padre y Héctor se estrechan la mano, yo hago lo mismo. Héctor nos acompaña hasta la puerta.
-Créanme, cogeremos a ese cabrón.
Salimos del despacho y me dirijo a Ian que se ha levantado de un salto y se dirige a mí. Prácticamente corro hacia él y me lanzo a sus brazos. Oigo que mi padre habla por teléfono y la puerta de Héctor se cierra. Ian me acaricia el pelo con delicadeza.
-¿Cómo ha ido?
Separo la cabeza de su pecho para mirarle.
-Tienen un sospechoso. -Intento contener las lágrimas que amenazan con salir.- También tienen algunas pistas para encontrarle, pero no ha querido contarnos nada más.
-Le cogerán, ya lo verás. O si no lo haré yo mismo. -Veo que aprieta la mandíbula con rabia.
Vuelvo a hundir la cara en su pecho, oliendo su aroma y dejo caer mis lágrimas.

viernes, 13 de marzo de 2015

Capítulo 20.

Estamos ya sentados en el avión, esperando a que despegue. Me aprieto bien el cinturón porque estaba algo suelto y junto las manos en mi regazo, nerviosa, esperando. Noto por el rabillo que Ian me está mirando, giro la cabeza para devolverle la mirada.
-¿Estás bien?
-Sí, solo algo nerviosa.
Me coge la mano y me acaricia los nudillos con el pulgar, me relajo al instante. Va a ser un viaje largo.

Tras unas cinco horas de vuelo llegamos al aeropuerto de Nueva York a las 2 y media, en el horario de Los Ángeles. Esperamos otra hora en una cafetería hasta la hora de embarque del siguiente vuelo hacia Madrid. Me empiezo a adormilar y el café calentito en vez de despertarme me da más sueño. Cuando miro a Ian, al contrario él está tan radiante como siempre. ¿Cómo lo hace? Cuando suena nuestra llamada nos movemos con paso apresurado hacia la terminal. Una vez en el avión a los pocos minutos de haber despegado, me quedo dormida. Me despierto al notar que me sacuden el hombro suavemente. Abro los ojos, aún algo adormilada.
-Blair, despierta. Estamos llegando.
Me giro hacia Ian.
-¿Ya? Qué rápido. -Bostezo.
-Normal, te has pasado todo el viaje durmiendo. -Reprime una sonrisa.
-¿Tú no has dormido?
-Un par de horas, me cuesta dormir fuera de una cama.
Se oye la voz del comandante diciendo que estamos a punto de aterrizar en el aeropuerto de Madrid y me incorporo un poco, volviendo a bostezar. Mi reloj marca las 12 y media, aquí deben de ser las 6 y media de la tarde. "Verás para volverme a costumbrar al horario de aquí". Cuando recogemos las maletas nos dirigimos fuera del aeropuerto. Después de mandarle un mensaje a mi padre me pregunto, ¿cómo vamos a ir hasta Málaga?
-¿Y ahora qué? -Pregunto a Ian.
-He alquilado un coche.
-¿No vamos en autobús ni nada? Estarás cansado...
-Estoy perfectamente, no te preocupes. -Me sonríe y me da una caricia rápida en la mejilla.
Metemos las maletas en el coche que ha alquilado, un Audi A4 plateado y entramos dentro. Sigo preocupada porque él prácticamente no ha dormido y va a conducir durante 5 horas y pico. Arranca y antes de poner en marcha el coche me dirige una sonrisa, se la devuelvo en seguida, ya que le estaba mirando. Intento no dormir en todo el viaje, para hacerle compañía pero no lo consigo, cuando me despierto son las 11 y media de la noche.
-Buenas noches, bella durmiente. -Dice Ian.
Le miro.
-Buenas noches. -Contesto con una risita.
La luz del salpicadero me deja verle un poco la cara en la oscuridad y veo que tiene unas ligeras ojeras, debe de tener mucho sueño. De repente me siento fatal. Lo único que quiero ahora es verle dormir, un día entero si hace falta.
-¿Estamos muy lejos? -Pregunto.
-Quedan unos 45 minutos más o menos.
-¿Quieres que conduzca yo?
-No, tú duerme.
-He dormido ya bastante, estoy perfectamente y tú necesitas dormir. No me voy a quedar tranquila si no.
Él suspira.
-Además necesito ir al baño.
A los 10 minutos paramos en una gasolinera. Cuando salgo del baño, Ian está bebiéndose una botella de agua, cuando me acerco a él me ofrece otra que tenía.
-¿Tienes hambre? -Me pregunta.
-No. -Cojo la botella que me tiende y doy un largo trago.
Ian se dispone a ir a la puerta del conductor y corro para ponerme entre la puerta y él.
-Ah no no. Hemos quedado en que conducía yo, tú a dormir. -Señalo la puerta contigua.
Él pone los ojos en blanco.
-¿Cómo te sentirías si hubiera sido al revés?
-No te hubiera dejado hacerlo.
-¿Ves? Pues ya está. -Le sonrío.
Nos quedamos mirándonos unos segundos y me acaba devolviendo la sonrisa. Me acerco y le rodeo el cuello con los brazos.
-No te enfades. -Digo y le doy un beso en la mejilla.
-No me enfado. -Me rodea la cintura con los brazos.
-¿Seguro? -Le doy otro beso, más cerca de la boca.
-Segurísimo. -Dice en un susurro.
Le beso en los labios y nos quedamos así unos momentos. Cuando nos separamos le señalo el lado del copiloto. Él menea la cabeza pero sonríe. No suelo conducir muy a menudo, cuando llegué a Los Ángeles me compré un coche, pero tuve un accidente al cabo de medio año, no me pasó nada, pero el coche quedó bastante mal y no me pude permitir arreglarlo, así que me quedé sin coche. Estoy ahorrando para otro. Cuando llevo unos minutos conduciendo miro a Ian, que está dormido ya. Le sonrío con ternura, satisfecha y reprimo las ganas de acariciarle el pelo, por miedo a despertarle.
A las 12 y media de la noche llegamos a Málaga, conduzco por la ciudad hasta llegar a la casa de mi padre. Me vienen muchos recuerdos a medida que recorro las calles con el coche. Aparco en frente, donde hay un sitio libre y apago el coche. Ian sigue dormido, me duele en el alma tener que despertarle. Antes de nada llamo a mi padre para avisarle de que he venido. Contesta al tercer tono.
-¿Cielo? -Dice.
Parece que no estaba durmiendo.
-Hola papá, ya he llegado. Estoy abajo. -Digo en voz bajita.
-Pues sube, ¿a qué esperas? ¿Y por qué hablas así?
-Es que... Esto... No he venido sola.
-¿Quién está contigo? Bueno, da igual. Subid las dos y ya está, que no pasa nada.
¿Las dos? Se piensa que es una amiga. "Ay, papá...".
-Vale, ahora te veo.
Cuelgo. Sacudo el hombro de Ian con mucha suavidad, él se despierta en seguida y mira a su alrededor, por último a mí.
-¿Ya hemos llegado?
Asiento. Tiene el pelo despeinado y los ojos entrecerrados, aún así está tan guapo...
-¿Te quedas conmigo verdad?
-¿Cómo? -Dice confundido.
Señalo a nuestra derecha, al portal de mi casa. Bueno, antigua casa.
-No, no, no quiero molestar. Me quedo en un hotel...
-No hay discusión que valga, te quedas aquí. Además ya se lo he dicho a mi padre.
-¿Le has dicho que vienes conmigo?
-Bueno... Le he dicho que vengo con alguien.
En ese momento veo que mi padre sale del portal y mira a los lados para ver si me ve.
-Mira, es ese. -Señalo.
Salgo del coche y me localiza cuando le saludo. Cruza la calle para venir hacia mí y nos abrazamos.
-Te he echado mucho de menos. -Me dice.
-Yo a ti también. -Reprimo las ganas de llorar.
Oigo cerrarse la puerta del coche. Veo por encima del hombro de mi padre que Ian ha salido y se acerca a nosotros, el corazón se me acelera. Mi padre me suelta y se gira para ver a mi "amiga". Al verle se le ponen los ojos como platos.
-Papá este es... Ian... Mi novio. -Digo con voz temblorosa.
Espero no haberla cagado diciendo que es mi novio. Porque lo es ¿no?
-Ian, este es mi padre, Javier.
Ambos se estrechan la mano. Espero con el estómago en la boca a la siguiente reacción de mi padre.
-Encantado, señor. -Dice Ian.
Mi padre sigue con los ojos como platos.
-Por favor, llámame Javier. Tú... Eres el de Perdidos, la serie.
Ahogo una carcajada. ¿Es que todo el mundo sabe quien es menos yo?
-El mismo. -Dice Ian con una sonrisa.
-Vaya, vaya... -Contesta mi padre-. Vamos arriba, este no es el lugar ni las horas para charlar.
Mi padre es alto, de la misma altura que Ian, puede que un poquitín menos. Es ex militar, se retiró cuando yo cumplí 5 años. Aún está en buena forma, es castaño, como yo, pero sus ojos son marrones claros, al contrario que los míos, que heredé el color de los de mi madre. Mientras sacamos las maletas me pregunto si mi padre tendrá a alguien más en su vida, hace poco más de un año que no lo veo y en ese tiempo pueden pasar muchas cosas. Pero las veces que hemos hablado por teléfono no ha salido el tema. Subimos por el ascensor, pues vive en el último piso. Intercambiamos algunas frases sobre qué tal ha ido el viaje y mi padre le pregunta a Ian sobre la serie, pues al final él dejó de verla. Mientras yo me río. Me alegra saber que parece que se van a llevar bien. Cuando entramos en casa oigo unos pasos en el comedor, hay alguien más. Sale por la puerta una mujer alta, casi como mi padre, rubia con el pelo por los hombros y en ondas, con un flequillo recto. Cuando se acerca a nosotros, con una sonrisa, veo que sus ojos son verde oscuro. Me recuerda a mi madre, un poco.
-Cielo, ella es Elena. Elena, esta es mi hija.
Elena se acerca a mí y me da dos besos. Me cae bien al instante.
-Y él es Ian, el novio de Blair.
Hace lo mismo con Ian.
-Encantada de conoceros.
-Lo mismo. -Decimos Ian y yo a la vez.
Los cuatro reímos.
-Tu padre me ha hablado mucho de ti, tenía muchas ganas de conocerte. -Me dice Elena sin borrar la sonrisa.
-Seguro que todo lo que te ha dicho era mentira.
Todos volvemos a reír. Miro a Ian, en vez de estar nervioso, parece relajado. Me dedica una rápida sonrisa.
-Papá, voy a llevar a Ian al cuarto de invitados.
-Blair, ya eres mayor, no hace falta que le pongas en otra habitación por mí.
Me pongo roja como un tomate y veo que Elena se ríe.
-Ven, Javi, dejémosles que se instalen.
-Nosotros nos vamos ya a la cama, tenemos mucho sueño, solo estábamos esperando a que llegaras para recibirte... Recibiros en este caso. -Nos sonríe-. Buenas noches a los dos.
-Buenas noches papá.
-Buenas noches. -Dice Ian.
Elena se despide con la mano y desaparecen por el fondo del pasillo, a la habitación de... Mis padres.
-¿Cuál es el cuarto de invitados?
-Esto... Eh... No hace falta, podemos dormir en mi cuarto. La cama es grande. -Me vuelvo a ruborizar.
Ian ríe un poco.
-No es necesario, Blair. No te sientas obligada.
-Bueno, como quieras. -Me encojo de hombros, como quitándole importancia. Pero por otro lado me siento aliviada. Tengo miedo de meter la pata con él.
Avanzamos por el pasillo, la primera habitación a la derecha es el cuarto de invitados. Dejo mi maleta en el pasillo y entro encendiendo la luz. Ian me sigue.
-Esta es la tuya. -Digo con un movimiento de mano señalando la habitación.
La cama está justo en frente de la puerta, pegada a la pared, al fondo.Es de matrimonio y con dos mesitas de noche a cada lado, un armario en la pared de la izquierda y un escritorio en la de la derecha.
-Y el baño está ahí. -Señalo en frente de la habitación, al otro lado del pasillo-. ¿Necesitas algo más?
-No, todo está perfecto. -Me dedica una sonrisa de medio lado y suspiro por dentro.
Me acerco a él.
-Te veo... -Miro mi reloj-. Hoy. -Sonrío.
-Espero impaciente. -Dice y acto seguido me besa.
Le cojo la cara entre mis manos y movemos nuestros labios. No nos besábamos así desde la cena en su casa, tenía muchas ganas de volver a hacerlo. De repente me arrepiento de no haberle obligado a dormir en mi cama.

domingo, 8 de marzo de 2015

Capítulo 19.

Mañana siguiente, sábado. Bueno, más bien mediodía. Abro los ojos y me despierto muy animada, por la cena de ayer con Ian, lo que pasó después... Me ruborizo solo de pensarlo. De repente recuerdo que tengo que llamar a mi padre. Alargo el brazo para coger el móvil de la mesita y desbloqueo la pantalla. Tengo otras dos perdidas de él. Qué raro, ¿tantas ganas tiene de hablar conmigo? Tengo un mal presentimiento. Marco su número y espero, contesta al segundo tono.
-Blair. -Dice en tono ansioso.
Me aclaro la garganta, carraspeando.
-¿Papá? ¿Qué pasa? Te noto nervioso.
-Sí, es una cosa que...
-¿Qué? -Interrumpo.
-En seguida te lo cuento, lo primero. ¿Qué tal estás?
-Muy bien, ¿y tú? Pero, ¿qué es lo que pasa? Cuéntamelo ya.
-Bien, bueno. Es que... Es sobre tu madre.
Me da un vuelco al corazón. Me cambio el móvil de oreja con manos temblorosas.
-¿Mamá? ¿Qué... Pasa con ella?
-Bueno... La policía me llamó ayer... Cielo, creen que no fue un accidente.
Pierdo la capacidad de hablar. Tras medio minuto oigo la voz de mi padre.
-¿Cariño?
Sigo sin contestar, al cabo de no sé cuanto tiempo vuelvo a oír su voz.
-Blair, contesta por favor.
Me despejo la cabeza con una sacudida.
-Si... Sigo aquí... ¿Cómo que no fue un accidente? ¿Crees...? -Hago una pausa-. ¿Crees que la mataron? -Digo la última palabra en un susurro.
-Eso me dijeron. Yo no sé que creer. Me han dicho que mañana me volverán a llamar.
"Necesito ir allí. Tengo que ir allí. Ahora".
-Hago las maletas y voy para allá, cogeré el primer vuelo.
-Cielo, no hace falta, son solo conjeturas...
-Me da igual. -Le interrumpo-. Voy a ir.
-Vale, pero... No tengas prisa, ve con cuidado. No quiero que te pase nada de camino aquí.
-Estaré bien, nos vemos en... No sé cuanto, lo que me cueste.
-Me vas avisando cada vez que aterrices.
-Lo haré. Te quiero, papá.
-Y yo a ti, cielo.
-Nos vemos pronto.
Cuelgo y me quedo mirando la pantalla del móvil. Sigo tumbada en la cama, miro al techo. ¿Asesinaron a mi madre? No, no puede ser. Es imposible. Mi madre era buena, ¿por qué alguien querría hacerle eso? Y si fuera así, ¿por qué retomar el caso ahora? Me doy la vuelta, hundiendo la cara en la almohada y dejo que caigan las lágrimas.

No sé cuanto tiempo llevo así, los sollozos no cesan, ni las lágrimas. Puede que horas, no lo sé. Me escuecen las mejillas de llorar. Oigo que llaman al timbre. No me quiero levantar. Sea quien sea ya volverá, pensará que no estoy en casa. Loki ladra, seguramente en la puerta. Puede que pasen 5 minutos, el timbre vuelve a sonar. Me levanto a regañadientes y me seco las lágrimas mientras voy a la puerta. La abro sin mirar quien es. Ian está ahí, con dos vasos de cartón en un sujeta vasos y una bolsa marrón en la otra. Su sonrisa se cambia por la viva imagen del miedo, al verme. Entra en seguida y deja las cosas en la mesita del recibidor. Me coge la cara con las manos.
-¿Blair... Qué...? ¿Qué pasa...?
No puedo retener las lágrimas y rompo a llorar de nuevo, más desconsoladamente. Hundo la cara en su pecho y él me rodea con sus brazos. Le mojo el cuero de su chaqueta al llorar.
-Blair por favor, me estás asustando...
Levanto la cabeza para mirarle. Su mirada azul está cargada de preocupación y ansiedad. Sorbo por la nariz y le hablo con voz temblorosa.
-Es... Mi madre... He hablado con mi padre y... -Vuelvo a llorar, incapaz de hablar.
-Ven, vamos al sofá.
Me lleva hacia allí acariciándome suavemente la espalda. Nos sentamos y me apoyo en él, que me vuelve a rodear con un brazo.
-La policía ha hablado con mi padre, creen que lo que le pasó a mi madre no fue un accidente. -Digo ya un poco más tranquila.
Me coge la barbilla con la otra mano y hace que le mire.
-¿Cómo que no fue un accidente?
-Creen que la mataron.
Noto que se tensa debajo de mí, su pecho, su mano en mi barbilla. La retira y deja de mirarme, clava la vista al frente. Me incorporo un poco con cuidado de que no quite su otro brazo también de mi alrededor, para mirarle y veo que está... Como enfadado.
-¿Cómo...? ¿Qué clase de hijo de puta puede hacer algo así?
Se me hace raro verle hablar así, al ser siempre tan dulce y cuidadoso conmigo.
-No lo sé...
Me vuelve a mirar, esta vez suaviza su enfado, como hace cada vez que me mira. ¿Para no asustarme?
-Voy a ir a Málaga... Estaré unos días allí, con mi padre. A ver a que lleva todo esto. -Me miro los dedos.
-¿Quieres que vaya contigo?
Le miro otra vez. Por una parte que quiero decirle que sí, pero no quiero que me vea prácticamente llorando todos los días que esté allí. Al final le acabaré deprimiendo y se querrá largar de allí.
-Me encantaría que vinieras pero... No quiero que me veas así, como me has encontrado hoy.
-No me sentiría bien dejándote irte así, sin que este yo para abrazarte cuando lo necesites.
Me derrito por dentro. ¿Cómo me puedo resistir a eso?
-Pero no puedes dejarlo todo e irte así sin más.
-Sí que puedo, sobre todo por ti. -Me sonríe.
Ahogo un jadeo. Quiero decir algo pero no me salen las palabras. Ian ensancha su sonrisa de dientes perfectos.
-Entonces, ¿me dejas ir contigo?
Asiento.
-¿Cuando quieres salir?
-Hoy mismo, a poder ser.
-Vale, yo me encargo de todo. Tú solo haz las maletas.
-Pero también tengo que comprar los billetes...
-Ah no. -Me interrumpe-. De eso ya me encargo también.
-Pero...
Me pone un dedo en los labios.
-Sin peros. -Me vuelve a sonreír.
No le discuto y me limito a sonreírle también.
-Por cierto, hola. -Le digo y le doy un pico.
-Hola, preciosa. -Me acaricia la mejilla y me da otro, alargándolo un poco.
-¿Te apetecen donuts y chocolate caliente? Bueno, hace un rato estaba caliente.
Me río.
-Me apetece mucho.

Termino de poner la ropa interior en la maleta y la cierro. Creo que ya lo llevo todo. Ian ha ido a hacer unas cosas de última hora antes de marcharnos y ya ha reservado los billetes, el avión sale a las 9 y media de la noche, dentro de 3 horas. He convencido a Noah de que me cubra esta noche en el pub, y ha accedido sin rechistar. Sí es que es mas mono y está tan bueno... "Blair, por favor". Tras pensar esto me echo a reír. Ahora solo me queda alguien que me cubra en la cafetería, como no consiga a alguien la llevo clara. La cafetería lleva más trabajo que el pub así que no se lo puedo pedir a Emily, decido llamar a Holly. Tras contarle lo ocurrido le pregunto si puede estar la semana que viene en el Hard Rock unos pocos días, hasta que vuelva, ya que ha acabado los exámenes.
-Claro, sin problemas. -Me dice-. ¿Pero estás bien?
-Sí... Esta mañana estaba bastante chof, pero Ian ha venido y ya estoy mejor... ¿Sabes?
-¿Qué?
-Va a venir conmigo.
Holly suelta un gritito por el teléfono.
-¿En serio? Entonces se lo vas a presentar a tu padre.
-Sí, estoy de los nervios por eso. No sé que decirle...
-¿Qué te parece...? No sé, papá, este es mi novio Ian. Lo normal, ya sabes.
-Idiota... -Me río.

Más tarde, se lo cuento a Melanie y Olivia y por último a Matt.
17:00 Yo: una cosita más, ¿te puedes quedar con Loki hasta que vuelva?
17:00 Matt: Claro que sí, tú no te preocupes. Y vete contándome cuando sepas algo.
17:01 Yo: lo haré, espero que... Aquello no sea cierto.
17:01 Matt: Todo se solucionará. Estate tranquila, y ya sabes que estoy para lo que quieras :)
17:01 Yo: gracias por todo, te quiero muuuucho :D
17:02 Matt: Y yo a ti, cuídate mucho.
Es al único que no le he contado que voy con Ian, pero me da que él seguramente se lo cuente. Desde que fui a su casa y pasó aquello... No sé. No siento ganas de contarle mis cosas con Ian. Tengo una paranoia muy grande en la cabeza con eso. Me visto con unas mayas azul marino, una sudadera gris de deporte sin capucha y unas Nike negras de vestir para el viaje. Llevo la maleta al recibidor y espero viendo la tele a que Ian venga a recogerme.

viernes, 6 de marzo de 2015

Capítulo 18.

Para el coche ante una puerta de entrada bastante alta, sin barrotes, de modo que no se ve lo de dentro. Ian baja su ventanilla, me suelta la mano no sin antes acariciarme el dorso con el pulgar y teclea un código en un panel. La puerta se abre y avanza con el coche. Atravesamos un camino de tierra con césped y árboles cada 2 metros más o menos a cada lado del camino. Al final del camino llegamos a una entrada parecida a la de la casa de Matt, solo que es algo más grande y en el centro hay una fuente.
-¡Vaya! -Exclamo.
-¿Qué? -Contesta contento.
-Me encanta.
Le miro y veo que está sonriendo. Aparca cerca de la puerta de la casa y bajamos del coche. Ian lo rodea para ponerse a mi lado y me coge la mano.
-¿Vamos? -Dice.
-Vamos. -Contesto ansiosa.
Entramos dentro y observo el vestíbulo. Es prácticamente del tamaño de la mitad de mi casa y tiene forma circular, hay cuadros colgados en las paredes. En frente a la derecha está la escalera que lleva al piso superior, que sigue la forma circular del vestíbulo. Miro a mi alrededor embobada. Noto las manos de Ian en mis hombros.
-Dame tu chaqueta y el bolso.
Mientras me quita la chaqueta él desliza las manos por mis brazos a medida que la chaqueta cae. Me estremezco.
-Ves pasando si quieres, al comedor. -Señala a nuestra izquierda-. Ahora voy.
-Vale.
Le sonrío, él me la devuelve y se gira para irse. Yo voy hacia donde me ha dicho, al comedor. En lo primero que me fijo es en la gran mesa que hay en el centro, de unas seis personas, en un extremo de la mesa hay velas entre dos platos colocados uno frente al otro y una botella de vino al lado de estas. Oigo unos pasos a mi espalda y me giro para verle. El suéter que lleva no es ni muy ancho ni muy apretado pero deja ver lo bien que cuida su cuerpo. Se ha remangado un poco las mangas y observo sus antebrazos, no demasiado tiempo para que no lo note.
-¿Tienes hambre?
"De ti, sí". Al pensar en eso me pongo algo colorada.
-Mucha.
Creo que el tono de voz con que le he contestado y mi pensamiento de antes se han mezclado, porque veo que él hace un gesto nervioso, colocándose la mano detrás del cuello, como si saber que hacer. Le sonrío.

No paramos de hablar a lo largo de la cena. Voy perdiendo la vergüenza a medida que nos contamos cosas y a medida que se vacía la botella. Me pregunta por mi vida en Málaga antes de venir aquí y también cuando me mudé. Yo le pregunto acerca de su trabajo. Le comento la película que vi de él y me vuelvo a poner colorada al acordarme de... Aquella escena. También le pregunto sobre series, sobretodo la que hace ahora con... Nina. Por dentro me cabreo un poco al saber que su personaje y el de ella están enamorados. Él ríe al ver mi expresión, supongo que no sé disimular demasiado bien. Estuve a punto de preguntarle acerca de lo que tuvo con ella pero me contengo. La botella está a punto de acabarse y la vacía llenando nuestras copas. Estoy algo contentilla.
-¿Lo has hecho tú solo?
-¿El qué? -Me mira mientras llena su copa.
-Esto. -Señalo con un movimiento de copa las velas, nuestros platos ya vacíos y bebo.
-Bueno... Me ayudó una amiga. -Se aclara la garganta-. Mi mejor amiga.
-¿Tu mejor amiga? -Bebo otro sorbo.
-Sí, Kat. También forma parte de la serie. -Tuerce un poco los labios para no reírse-. Te pones celosa con facilidad ¿no?
Me atraganto con el vino y me pongo como un tomate. Al haber luz de ambiente espero que no se note mucho.
-Eh... No... Es que...
Ian ríe.
-Era broma.
Sonrío nerviosa. Él bebe un trago de su copa y se levanta. Miro a ver a donde va y se para en frente de la tele, toca el equipo de música que está encima de la estantería. Reconozco la canción, suena "I Do It For You - Bryan Adams" y se gira para mirarme. A continuación se dirige hacia mí, bebo un trago largo y me acabo la copa. Cuando ha llegado a mí, extiende su mano derecha, invitándome a bailar. Yo dejo la copa en la mesa y le sonrío. Cojo su mano y me levanto.
-No sé bailar.
Se encoge de hombros.
-Yo tampoco, pero nadie nos ve.
Nos alejamos un poco de la mesa, colocándonos en el centro del comedor, entre el sofá y la tele. Me rodea la cintura con un brazo y me pega a él. Se empieza a mover y yo me dejo llevar, siguiendo sus pasos. Nos miramos a los ojos mientras bailamos. Ya no noto mi movimiento, no oigo la música, ni siquiera noto su brazo, ni mi mano entre la suya, solo veo su mirada, que me absorbe, me atrapa. El corazón se me acelera. Ian me hace dar una vuelta sobre mí y eso me saca del trance. Me vuelve a acercar a él y nos sonreímos.
-¿A que no es tan difícil? -Me pregunta.
-Contigo no.
Entreabre un poco la boca, sorprendido por mi respuesta. La canción cambia y suena "Young & Beautiful - Lana del Rey". Siento una mezcla de emociones, todas hacia él, amor, deseo, nervios, más amor. No sé si lo que hago es por eso o simplemente que no deseo otra cosa más que estar con él de todas las formas posibles, pero acerco mis labios a los suyos. Suelto mi mano de la suya para tocarle la cara. Movemos nuestros labios haciendo el beso más intenso y juntamos nuestras lenguas. Ian baja sus manos al principio de mis piernas y me sube, de modo que rodeo su cintura con mis piernas. Noto que nos movemos, pero le sigo besando. Él muerde mi labio inferior y tira de él, gimo y me apreto más a él. Caemos y noto el sofá debajo de mí, y a Ian encima, entre mis piernas. Nos seguimos besando con fuerza, con nuestras respiraciones mezcladas. Sus manos me acarician los hombros y baja, pasando por mis pechos, mi cintura y me agarra los muslos. Desciende con su boca hasta mi cuello, jadeo y le agarro el pelo con una mano, con la otra agarro su brazo, noto su fuerte bíceps debajo de mis dedos. Vuelve de mi cuello a la boca, yo pongo mis manos en el bajo de su espalda y le apreto contra mí. Noto su erección entre mis piernas y el corazón se me acelera más. Dios, me desea. Meto mis manos debajo de su suéter y acaricio su espalda. Aprieta su cintura entre mis piernas y gimo. Con una mano empieza a desabrocharme los botones de la blusa... Vuelve a besarme el cuello y yo giro la cabeza para darle mejor acceso. Por un momento abro los ojos y veo un gato naranja ahí sentado que nos observa. Doy un respingo por el susto. Ian me mira y sigue la dirección de mi mirada, hacia el gato.
-¿Qué...? -Pregunto.
-Es... Moke.
Nos volvemos a mirar. Aún tiene esa mirada ardiente y su pecho sube y baja rápidamente por la respiración agitada, como la mía. Una pequeña parte de mí recuerda que tengo que trabajar. Miro la hora en mi reloj de pulsera. Le vuelvo a mirar, diciéndole con los ojos lo que no quiero hacer, irme. Ian me devuelve la mirada unos segundos y se incorpora, quitándose de encima de mí.
-Por un momento he perdido la noción del tiempo. -Dice.
Me pongo (cómo no) roja.
-Y yo. -Digo mientras me levanto.
Me coloco en frente de él que sigue sentado en el sofá, con los codos apoyados en las rodillas, mirándome. Mientras me abrocho los 3 botones de la blusa que antes me consiguió desabrochar. Él sigue con la mirada mis movimientos, botón a botón, mientras los abrocho. No estaría mal que me tirara en el sofá otra vez y me los volviera a desabrochar.
-¿A qué hora tienes que estar allí?
Vuelvo a mirar el reloj.
-Hace... 10 minutos. -Río.
-Pues entonces vamos. -Se levanta rápidamente.
Como estaba en frente de él nuestros cuerpos casi se tocan. Miro su pelo revuelto y sus ojos, que me miran con deseo. Nos quedamos así, callados. Desvío la vista a sus labios.
-No... Hay... Prisa. -Consigo decir, volviendo a sus ojos.
Mi respiración se empieza a acelerar debido a su cercanía. Soy consciente de que me estoy mordiendo el labio. Ian acerca su cara a la mía pero su boca queda a milímetros de mis labios, que están entreabiertos esperando su contacto.
-Si seguimos así no vamos a llegar nunca. -Dice en un susurro.
-Ahora mismo me da igual. -Le contesto en el mismo tono.
Noto esa electricidad entre nosotros que noté aquella vez en el ascensor, que me atrae a él. Suena mi móvil a lo lejos y cierro los ojos frustrada. No me quiero ir. Vuelvo a abrir los ojos y él está sonriendo. Se aclara la garganta.
-Traeré... Las cosas. -Me guiña un ojo antes de irse del comedor.
Suelto el aire que tenía contenido en una bocanada. Madre mía, qué noche.

Observo el coche de Ian alejarse, hasta que se pierde de vista y entro en el pub. Voy a la barra y me acerco por detrás a Noah, abrazándole. Él intenta mirar atrás y me ve de reojo.
-¡Hola! -Le digo con una sonrisa de oreja a oreja.
Le suelto y se da la vuelta, de cara a mí.
-Hola. -Me devuelve la sonrisa y mira su reloj, después a mi otra vez-. ¿Qué has estado haciendo?
-Pues... Estaba con Ian.
-¿El actor?
Asiento con la cabeza sin dejar de sonreír. Noah me sonríe con los ojos entrecerrados y se acerca más a mí. Pega su nariz a mi cuello, luego se aparta. Le miro con una ceja alzada.
-Hueles a colonia de tío. -Ríe-. Deduzco que no habéis estado jugando a las cartas.
Me pongo roja pero por la oscuridad del bar espero que no se me note.
-¡Idiota! -Le empujo y reímos los dos-. Voy a dejar las cosas.
-Vale. -Me guiña un ojo y se va al otro lado de la barra.