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viernes, 31 de julio de 2015

Capítulo 42.

Holly

Empiezo por las cajas de la izquierda, me aseguro de que todas tienen el nombre de Marta y comienzo. La mayoría son de ropa así que las cierro y sigo. Tras un buen rato sin encontrar nada útil acabo en el extremo derecho de la pared, se están acabando las cajas. Abro otra y dentro encuentro unos cuadernos simples con la palabra "diario" escrita en la portada. Los saco y abro por la primera página. Leo "1 de enero de 2005". Será mejor empezar desde el primero por lo que lo guardo y rebusco al fondo de la caja. Saco otro diario y abro otra vez por la primera página. "27 de julio de 1986". Calculo que tendría 7 años.
Hojeo las páginas sin encontrar nada que me pueda ayudar. Por lo que paso al siguiente diario, este es un año después. Repito el proceso y nada, pero descubro que tenía un hermano, Iván. Es algo que no sabía, Blair nunca me habló de él. Pero sigo leyendo. Al tercer diario, con 9 años empiezo a encontrar algo.

7 de marzo de 1989
Mamá y papá han contratado una niñera para que nos cuide a Iván y a mí. Se llama Ángela y su apellido es Bernal. Es un nombre bonito. Me gusta. Mamá y papá se han vuelto a ir de viaje y nos hemos quedado solos con ella. Nos ha hecho tarta y nos ha dejado quedarnos hasta tarde viendo la tele. Podría vivir con Ángela todos los días.

Adelanto las hojas.

10 de abril de 1989
Ángela ha vuelto a pegar a Iván. He sido yo quien ha tirado sin querer su bote de pintauñas al suelo y se ha roto. Pero ha sido sin querer. Iván lloraba y yo no se lo he dicho. Tenía miedo, no quería que me pegara a mi.

Frunzo el ceño leyendo esto y vuelvo unas páginas atrás.

26 de marzo de 1989
Hoy es el cumpleaños de Ángela y yo le he regalado un dibujo de ella, Iván y yo. Me ha dado las gracias y me ha dejado coger una natilla de la nevera. Iván no le ha regalado nada y ella le ha pegado, en la cara. Yo me he asustado porque ella es buena y no pensaba que hacía esas cosas. He ido corriendo a mi habitación pero ya no me he comido la natilla y la he dejado en la mesa de mi cama.

Tengo un mal presentimiento, pero sigo leyendo.

20 de abril de 1989
Mis papás han vuelto de su viaje. Al ver a Iván con ese moratón en la cara han preguntado a Ángela que ha pasado. Pero no parecían preocupados. Cuando yo me hago daño sí se preocupan. Ángela les ha dicho que se cayó jugando en el parque. Es mentira, fue ella. Le pegó con el cinturón. Pero no puedo decir nada, tengo miedo.

Después de aquello no vuelve a decir nada sobre Iván o la niñera. Sigo pasando páginas, la mayoría apenas escribe una frase. Un día me llama la atención porque ha vuelto a mencionarles a ellos dos.

1 de agosto de 1989
Mamá, papá, Iván y yo vamos a ir de vacaciones a la casa del lago. Tengo muchas ganas de ir. Pero han invitado a Ángela y ya no quiero. Ella es mala. No quiero que venga. 

4 de agosto de 1989
Estoy muy triste. Muy triste. Iván y yo hemos ido al lago y hemos jugado a hacer carreras. Él era más rápido que yo y me enfadé porque me ganaba. Me quedé en la orilla y el siguió nadando y no le vi más. Oí un grito, era la voz de Ángela. Di la vuelta a todo el lago y vi a Iván en el suelo con los ojos cerrados. Ángela le apretaba el pecho con las dos manos y me decía que él no respiraba. Después vinieron mamá y papá pero Iván no se movía. Decían que se había muerto. Pero no me lo creo, Iván no se puede morir. Mi hermanito tiene que estar conmigo siempre.

Ahora entiendo por qué Blair no me habló de él. Murió. Paso la página pero el diario acaba allí, las demás hojas están en blanco. De pronto me quedo mirando al vacío. Sigo pensando que el que tiene a Blair tiene que ver con su familia. ¿Podría ser él? ¿Iván? Tengo que encontrar a la niñera. Me da algo de miedo, esa mujer está trastornada, pero tengo que hablar con ella. Al final del diario encuentro una foto. Salen Marta, de pequeña, sus padres y una chica morena al lado. Supongo que será la niñera. ¿Por qué no sale Iván?  Guardo todo en la caja, menos ese diario con la foto. Después salgo del trastero. Tengo esperanzas.


Ian

No puedo más. Sencillamente no puedo más. Se sigue sin saber nada y yo aquí sentado. Me siento completamente un inútil, porque no puedo hacer nada. Encima Holly se pira a Málaga, no sé que espera encontrar allí, más que un padre destrozado. He estado a punto de acompañarla, pero no podía soportar ver a su padre, que se parece a ella. Ni siquiera salgo de casa, tampoco he ido al rodaje desde su desaparición. No puedo hacer nada, sólo sentarme en el sofá y pensar.
Me dirijo al cuarto de baño y me meto en la ducha, por hacer algo. Abro el grifo y el agua golpea mis hombros, está fría pero no me importa. Mientras se va calentando cierro los ojos y apoyo los antebrazos sobre la pared, a la vez que bajo la cabeza y cierro los ojos. El agua, ya caliente, casi ardiendo, se desliza por mi espalda y por todo el cuerpo. Reprimo las ganas de llorar, tengo que ser fuerte.
¿Dónde estás, Blair?


Holly

Tras mucho discutir conmigo misma, decido ir a la policía con esta. Pregunto a Javier con quien hablaron él y su hija cuando se enteraron de lo de Marta y voy hacia allí. Espero en una sala blanca y fría, con sillas bastante incómodas. Tras unos diez minutos un hombre sale de uno de los despachos.
Como soy la única de la sala dirige su mirada hacia mí.
-¿Holly Moore?
-Sí. -Respondo firme.
Tengo que parecer segura de mi misma, me tienen que creer en lo que he descubierto.
-Acompáñeme, por favor.
Me levanto y sigo a ese hombre, que me fijo en que es bastante atractivo. Entro en su despacho y él cierra la puerta.
-Soy Héctor Acosta. -Me tiende la mano.
Se la estrecho, sin decir nada.
-Siéntese. -Señala un par de sillas en frente de su escritorio y él se sienta detrás de él.
-Siento lo de su amiga.
-Gracias. -Digo por educación.
-¿Es muy amiga suya?
Asiento.
-Casi hermanas.
-Ya... -Se cruza de brazos- Me han informado de que tiene algunas sospechas, ¿le importaría compartirlas conmigo?
-Para eso he venido pero... Me preocupa que no me crea. Es bastante... -No sé como describirlo.
-He oído muchas historias señorita Moore, algunas muy creativas. No es fácil impresionarme.
-Vale... -Me aclaro la garganta- Vine aquí porque quería ver a su padre y necesitaba respuestas. Quiero encontrar a mi amiga y quiero aportar algo para ayudar a hacerlo. Estuve pensando y seguí una corazonada, creía y creo que Jorge Casares tiene algo que ver con la familia Cooper.
Acosta frunce el ceño, más interesado ahora. Me anima a seguir con un breve asentimiento.
-Hablé con su padre y le pregunté sobre él, pero no sabe nada sobre eso. Me llevó al trastero donde estuve mirando las cosas de Marta. Allí encontré diarios suyos. Empecé por el primero y descubrí que tenía un hermano. Blair nunca me habló de él, pero seguí leyendo.
-¿Cómo se llama su hermano? -Pregunta él.
-Llamaba... -Le corrijo- Iván.
Anota algo en su libreta.
-Siga, por favor.
Saco el diario de mi bolso y lo dejo sobre mi regazo. Héctor lo mira con curiosidad. Cuando empiezo a hablar me vuelve a mirar a mí.
-Los padres de Marta e Iván trabajaban mucho y a menudo fuera de casa. Así que contrataron a una niñera. Ángela Bernal...
-Perdone, ¿quién ha dicho? -Me interrumpe.
-Ángela Bernal.
Héctor entreabre la boca por la sorpresa. Mi corazón se acelera.
-¿Sabe quien es?
-Sí, está entre rejas. Por tráfico de niños y maltrato.
La bilis se me sube a la garganta.
-Eh... Ella... -Me tiembla la voz- Le pegaba... A Iván y poco a poco fue a peor. Aquí está todo. -Alzo el diario y de repente parece que pesa diez kilos- Un día estaban veraneando en una casa en un lago y Marta perdió de vista a su hermano. Escuchó un grito de la niñera y corrió hacia allí. Estaba intentando reanimar a Iván, que parece ser que se ahogó.
Héctor permanece mudo, totalmente concentrado. Su pecho sube y baja rítmicamente. Necesito que diga algo.
-¿Le importa dejarme el diario para analizarlo?
-Claro. -Se lo tiendo y él lo coge- Dentro hay una foto de la familia con la niñera, pero Iván no aparece.
-Estoy muy sorprendido. ¿Nunca ha pensado trabajar para la policía?
Sonrío sin muchas ganas.
-En realidad sí.
Héctor me devuelve una sonrisa cansada.
-Lo haría muy bien.
Permanecemos en silencio mientras él hojea el diario. Después mira su reloj.
-¿Le importaría esperar un par de horas mientras leo el diario? Quiero acabar con esto cuanto antes. Me refiero a llegar a alguna parte.
Asiento.
-¿Me da su número por favor?
Mientras le dicto los números el lo apunta en pósit.
-Gracias. No se vaya muy lejos, en cuanto acabe la llamo para volver a hablar con usted.
Me levanto de la silla y él se levanta también.
-Muchas gracias, de verdad. Esto es realmente importante y agradezco mucho su aporte.
-De nada.
A continuación salgo del despacho, con una esperanza mayor a la que tenía al salir del trastero.

Capítulo 41.

Llego a casa, por fin. He tenido un examen de matemáticas. Solo quiero tumbarme en la cama y leer algo. Papá ya está en casa, hoy llega pronto. Me acerco a él, que está en la cocina, preparando la comida.
-Hola papi. -Le doy un beso en la mejilla.
-Hola cielo, ¿qué tal en clase?
-Bien, bueno. He tenido examen y no me ha salido muy bien.
-¿Matemáticas?
Me río y asiento.
-Vete a tu habitación si quieres, cuando esté la comida lista te aviso. No quedará mucho para que llegue tu madre.
-Vaaaale.
Salgo de la cocina y voy a mi habitación. Me tiro encima de la cama y me quedo mirando el techo. Tengo que comprarle algo a mamá, dentro de poco es su cumpleaños. Pero no se me ocurre nada. Mientras pienso esto oigo el móvil de papá a lo lejos. Sigo dándole vueltas al regalo cuando oigo un estruendo, como una cazuela cayéndose al suelo y luego silencio. Demasiado silencio.
Me levanto rápidamente de la cama y corro a la cocina.
-¡¿Papá?!
Está con el teléfono en la oreja, apoyado sobre la encimera y prácticamente no respira. Me acerco a toda prisa a él y le sacudo el hombro.
-¡Papá! ¡¿Qué pasa?!
Finalmente me mira, tiene los ojos llenos de lágrimas que finalmente, cuando me mira y parpadea, se desbordan. Yo le miro espantada, esperando que me diga que pasa.
-Tu... Tu madre ha... Ha tenido un accidente con el coche.
El corazón se me acelera.
-¿Qué ha pasado? ¿Está bien? -Digo mientras las lágrimas acuden a mis ojos.
Mi padre cierra los ojos y las lágrimas inundan sus mejillas. Yo me quedo paralizada.
-Ha muerto. -Dice con voz rota..
Mi mundo se detiene. El corazón se me para. Mamá no. Ella no. Me dejo caer de rodillas en el suelo y rompo a llorar, los sollozos desgarran mi pecho. No puede ser verdad. Los brazos de mi padre me rodean y sus sollozos sacuden mi cuerpo. Me abandono al dolor.

Abro los ojos lentamente y recuerdo el sueño. Me doy cuenta de que estoy llorando y la almohada está empapada. ¿Dónde estoy? Miro a los pies de la cama, es la misma habitación. Pensaba que todo había sido una pesadilla y que seguía en mi cama, pero no. Entonces lo recuerdo, intenté escapar pero... Me desmayé. ¿Cómo?
Nunca saldré de aquí. Estoy segura. Al menos no sola. Necesito hacer saber a alguien que estoy aquí, pero no sé cómo. Ahora mismo quiero que todo termine de una vez. Que Iván termine lo que ha empezado, y rápido.


Holly

Han pasado tres días y aún no me hago a la idea de que mi mejor amiga ha desaparecido. Todos creemos que ha sido el asesino de su madre quien la tiene. ¿Pero dónde? Desde ayer he estado investigando por mi cuenta pero no se me da bien. Lo poco que sé de ese tío es lo mismo que la policía le contó a Blair en su momento. Si no lo han cogido ellos poco puedo hacer yo.
Cuando fui a la comisaría me encontré con Ian, que desde la noticia va todos los días. Estaba destrozado, su rostro era la imagen de un hombre consumido. Aún así se las arreglaba para estar guapísimo. No sé como lo hace.
Loki se acerca a mí gimoteando. Pobre. Hace días que no ve a su dueña. Fui a su casa para buscarlo, el pobre llevaba todo un día sin comer y estaba tumbado en su cama, sin moverse. Le rasco entre las orejas y él me mira fijamente.

Al día siguiente, al despertarme. Decido ir a Málaga para hablar con el padre de Blair. Alguna vez nos hemos visto, cuando él ha venido aquí a visitarla. No quiero hablar con él por teléfono, necesito hacerlo cara a cara. El problema es que no sé exactamente dónde vive. Ian lo sabrá, él fue con ella. Le mando un mensaje, en vez de llamarle, porque no quiero oír su voz, está demasiado rota y no quiero perder la esperanza.
10:13 Yo: Necesito que me digas la dirección del padre de Blair, en Málaga. Por favor.
Para mi sorpresa, contesta en seguida. El pobre estará con el móvil en la mano esperando noticias.
10:14 Ian: Calle ____, número 15, tercero A.
10:14 Yo: Gracias.
Me levanto de la cama y después de desayunar, llamo a Matt para que se encargue de Loki. Voy a mi habitación y saco una maleta de debajo de la cama. Suspiro. Va a ser un viaje largo.


Blair

Iván me ha traído el desayuno y al marcharse ha dejado la puerta abierta. No lo entiendo. Sin tocar la comida me levanto y salgo de la habitación. Recorro el camino del otro día al intentar escapar. Bajo las escaleras al primer piso y me encuentro a Iván sentado en un sofá del salón, de espaldas a mí, viendo la tele. Me fijo en la pantalla, está viendo las noticias. Aparece una foto mía y debajo el titular "aún desaparecida". Suelto un jadeo e Iván se gira hacia mí.
-No te preocupes, no te encontrarán. -Dice secamente.
Le miro horrorizada. Se levanta y se dirige hacia mí.
-He decidido dejarte suelta por aquí. Debe de ser aburrido estar todo el día encerrada. -Se va acercando mientras habla- No te hagas ilusiones, no podrás salir.
Abro la boca para decir algo pero él me interrumpe. Su cara ya queda a unos centímetros de la mía.
-Y como se te ocurra algo, como vuelvas a intentar escaparte. No seré tan bueno, te lo aseguro.
-¿Por qué no me matas ya?
-Oh Blair, lo haré. Te lo aseguro.
Cierro los ojos un momento, queriendo despertar de esta pesadilla. Cuando los abro él ya no está delante de mí. Me giro y observo su espalda desaparecer por la puerta de la cocina.


Holly

Al día siguiente por la noche, tarde, llego a la dirección que Ian me mandó. Durante el viaje he pensado que todo esto de Jorge Casares... Él tiene algo que ver con la familia, primero la madre y ahora va a por la hija.
Me acerco al portal y toco al telefonillo.
-¿Si? -Suena la voz de una mujer.
¿Me habré equivocado?
-¿Vive aquí Javier?
-Sí, ¿quien es?
Será su novia, claro.
-Holly, una amiga de Blair.
Se oye un zumbido y entro. Ya en el piso correcto camino hacia la puerta que está entreabierta. Enciendo la luz del rellano y una mujer me abre la puerta.
-Hola, soy Elena.
-Encantada... ¿Cómo está él?
Su rostro se entristece.
-Mal, muy mal... Por favor, pasa. -Abre la puerta del todo.
-Gracias. -Seguidamente entro en la casa.
Elena pasa delante de mí y se apoya en el marco de la puerta del comedor.
-Javi, cielo. Una amiga de Blair ha venido.
Su padre levanta la vista de lo que sea que está leyendo sentado en la mesa. Unas grandes ojeras enmarcan sus ojos y tiene el pelo despeinado. Su cara no refleja otra cosa que dolor. Elena nos deja solos y yo me acerco a la mesa.
-Siéntate, por favor...
Hago lo que me dice y me siento en una silla contigua a la suya. Señala con la cabeza hacia los papeles que tiene desperdigados encima de la mesa. Hay muchos recortes de periódicos, fotografías y documentos.
-Intento entender... Como es él, lo que hace, como actúa pero... Todo se me escapa, no llego a ningún sitio. -Su voz se quiebra en la última palabra.
-Yo también lo he intentado y obtengo el mismo resultado.
Se tapa la cara con las manos y tras unos segundos sus hombros se sacuden, está llorando. Apoyo una mano en su hombro, a modo de consuelo.
-Es culpa mía... -Sus palabras suenan amortiguadas al tener las manos sobre la cara y las retira, un surco de lágrimas recorre sus mejillas- Le dije que se quedara cuando vino, pero no cedió. Si lo hubiera intentado mejor ahora... No estaría...
-Lo que ha pasado no es culpa tuya, nadie podía saber que aquello iba a ocurrir.
Permanecemos un rato en silencio. Finalmente decido que no sirve de nada, tenemos que centrarnos en lo realmente importante. Encontrarla.
-Javier, necesito saber si Casares tiene algo que ver con tu familia. -Decido ir al grano.
-¿Por qué lo dices? -El me mira extrañado.
-Es una corazonada.
-Pues... No lo sé. No quiero pensar en él como tal.
Se calla un momento y sigue hablando.
-Marta llevaba escribiendo diarios desde niña, es una manía que no consiguió quitarse. -Sonríe con cariño y nostalgia- Tengo todas sus cosas guardadas, puede que te sirva de algo.
-Me ayudaría mucho.
Él se levanta de la mesa lentamente y me mira.
-Acompáñame por favor.
Salimos de la casa y nos dirigimos al ascensor, después subimos hasta el último piso. Salimos y se extiende ante nosotros un pasillo con puertas a ambos lados. Los trasteros. Sigo a Javier hasta llegar a una puerta situada más o menos a la mitad, en el lado izquierdo. Saca una llave de su bolsillo y abre la puerta. Me hace una señal para que entre pero él se queda fuera. Señala hacia el fondo de la pequeña habitación.
-En esa pared están todas sus cosas. Su nombre está en las cajas. -Después deposita una llave en mi mano- Cierra cuando salgas por favor.
-Lo haré, y gracias.
Javier asiente y se marcha. Oigo sus pasos y finalmente la puerta del ascensor cerrándose. Cierro la puerta del trastero y me dirijo a la pared del fondo. Esto va a necesitar tiempo. Bueno, todo es por Blair.

jueves, 30 de julio de 2015

Capítulo 40.

Ian

-¡¿Cómo que no se sabe nada?! -Golpeo la mesa con el puño, furioso.
Y asustado. Muy asustado. Necesito encontrarla.
Me encuentro hablando con el inspector Dayle, en su despacho. Han pasado 3 horas desde que Matt me llamó. Él también está a mi lado y estamos perdiendo el tiempo, estos payasos no saben nada. No sé que pintan ejerciendo este trabajo.
-Lo que le estoy diciendo. -Dice Dayle sin perder la calma. Como ya sabréis la estábamos vigilando, al estar bajo protección. Pusimos un agente en la salida del trabajo y otro cerca de su casa. Ella no llegó, por lo que pasó en medio del trayecto. Se nos escapó.
-Que se les... -Matt se interrumpe en medio de la frase y se coloca el puño cerrado entre los dientes, supongo que para no gritar.
-Miren no es un tipo fácil de coger. Desde su última detención, hace nueve años no se le ha vuelto a ver. Hacemos lo que podemos.
Matt se dispone a decir algo, a juzgar por su expresión, algo poco agradable. Le pongo una mano en el pecho.
-No, déjalo. Vámonos. -A continuación me dirijo a Dayle-. Llámenos si sabe algo, por favor. -Digo más calmado.
-Por supuesto.
Salimos del despacho y seguidamente al calor de la calle, en pleno Junio. No sé qué hacer, estoy totalmente perdido. Si la policía no ha podido hacer nada en todo este tiempo, ¿qué voy a poder hacer yo? Matt apoya la espalda en la pared.
-Voy a matar a ese hijo de puta. -Dice.
-¿Al inspector?
-No, el cabrón que la tiene. -Se pasa la mano por el pelo, nervioso.
La ama, y mucho. No sé si Blair lo sabrá pero Matt no ha dejado de quererla. Hace tiempo que lo sé.
-Lo único que podemos hacer ahora es esperar.
Matt suspira.
-Eso es lo que me mata.

Blair

Han pasado dos días y sigo en la misma habitación, sin poder salir. Por suerte la habitación tiene baño. Por la mañana Jorge me trae el desayuno, al mediodía la comida y por la noche, la cena. No me ha vuelto a dirigir la palabra y me estoy empezando a desesperar. ¿Qué es lo que alarga tanto? Si quiere matarme, ¿por qué no lo hace de una vez?
Me levanto de la cama y me dirijo a la estantería que hay encima del escritorio. Elijo uno de los libros, Orgullo y prejuicio, y vuelvo a tumbarme en la cama. Lo que me sorprende es todo esto, tengo libros en la habitación y un armario lleno de ropa exactamente de mi talla, incluso ropa interior. No entiendo nada. Si no fuera porque estoy encerrada con llave parecería que estoy de vacaciones. Aún así tengo miedo, siento que es peor que como si me tratara igual que en mis pesadillas.

Por la tarde, lo supongo por la posición del sol en el cielo. Oigo una llave girando en la cerradura. Cierro el libro y me incorporo en la cama. Aún no es la hora de cenar.
Jorge abre la puerta, con la misma expresión que no transmite nada. Es como si no sintiera. Le miro sin comprender, asustada por su mirada.
-¿De verdad no sabes quien soy?
Niego con la cabeza porque no me salen las palabras. Él entra en la habitación, sin cerrar la puerta. Gran error. Evito que mis ojos se dirijan allí, no quiero que adivine mi siguiente movimiento. Puedo salir corriendo, puedo escapar. Se sienta a mi lado en la cama y rehuyo su mirada, por lo que me miro las manos.
-¿Tu madre no te habló de mí? -Dice mirándome mientras le sube y baja el pecho muy rápido, se está empezando a enfadar.
-¿Por qué me hablaría de ti? -Digo con voz ronca, con rabia y me muerdo la lengua para no soltar una risa histérica, menudo cabrón.
Inesperadamente me coge del pelo y tira de él para obligarme a mirar esos oscuros ojos.
-Me llamo Iván Ugarte. ¿Te suena de algo?
Se me para el corazón. Claro que me suena. Iván es el hermano de mi madre, mi tío. Mi tío muerto. No puede ser él, este pirado que me retiene en su casa a saber dónde.
-Mi tío está muerto. -Mi voz apenas sobrepasa un susurro.
Él deja libre mi pelo y suelta una carcajada. Para en seco y se queda mirando el vacío. Entonces empieza a hablar.
-Esta casa... -Dice mirando toda la habitación- Esta casa lo vio todo.
Clava otra vez esa mirada en mí, un escalofrío me recorre la espalda.
-Tus abuelos nunca tuvieron tiempo para nosotros, al menos para mí. El trabajo era lo primero y cuando eramos niños lo comprendía, pero conforme pasaba el tiempo... Dejé de entenderlo.
>>Ángela fue contratada cuando yo tenía ocho años y tu madre nueve, para cuidarnos. Al principio todo fue bien, pero a medida que pasaba el tiempo, ella se enfadaba conmigo por cualquier tontería, siempre me echaba la culpa a mí y yo me callaba. Igual que Marta.
Yo ahogo un jadeo al oír el nombre de mi madre.
-Mas adelante Ángela empezó a abusar de mí, me pegaba. Con cualquier cosa que encontraba, lo que más le gustaba era el cinturón... Cuando me dejaba marcas a mis padres les decía que me había caído jugando fuera de casa. Tu madre lo veía todo, y no dijo nada. Yo no le dije nada a mis padres porque temía que la niñera se enterara y sus palizas fueran peores.
Su expresión no se altera lo más mínimo mientras cuenta la historia.
-Un día, estábamos de vacaciones en la casa del lago. -Señala la habitación-. Mis padres decidieron invitar al niñera como agradecimiento por cuidarnos. Mi hermana y yo fuimos a jugar al lago, nos metíamos dentro y hacíamos carreras. Ella se cansaba rápido y yo llegue al otro lado del lago sin detenerme. Me gire para mirar si Marta me seguía, pero no. De repente noté que algo me agarraba de la cabeza y me sumergía en el agua. Luché contra ello pero finalmente perdí el conocimiento.
>>Cuando lo recobré me encontraba en una especie de ataúd. Estaba tan confuso que ni sentía miedo. Poco después me sacaron de ahí, estaba en la morgue de un hospital, y vi el rostro de Ángela. -Se encoge al recordarlo, yo me quedo sorprendida por esa muestra de emoción- Sin decir palabra me agarró y me sacó del hospital a toda prisa. Yo no entendía nada. Cuando llegamos a un motel me dijo que se supone que yo estaba muerto. Nunca volvería a ver a mis padres ni a mi hermana. Todo fue a peor, ya no tenía que tener cuidado con dejarme marcas por si mis padres las veían.
>>En cuanto cumplí quince años me escapé. Conseguí sobrevivir a base de robar. Se me daba bien y cuando me pillaban bueno, soportaba bien el dolor.
Escucho con expresión de espanto la historia y no sé que responder. Iván se vuelve para mirarme. Carente de emociones de nuevo.
-Tu madre siempre fue la favorita. Incluso lo fue de Ángela y por eso se ensañó conmigo. Ella tuvo una vida perfecta y yo vivía día a día aterrado por lo que pasaría después.
Tengo un mal presentimiento de lo que va a venir a continuación.
-Pasaron los años e investigué sobre mi hermana. Tenía una vida perfecta, con un marido perfecto y una hija perfecta. Mientras que yo no tenía nada, por su culpa. No se lo merecía, por lo que un día, cuando volvía del trabajo la intercepté en la carretera. Ya está, se acabó, tuvo lo que le correspondía.
Las lágrimas. Lágrimas de dolor, de rabia, empiezan a acumularse en mis ojos. Finalmente se desbordan y me empiezan a temblar las manos.
-Mas adelante pensé, en ti, llevas su sangre, estás igual de maldita que ella. No podía dejar que hicieras algo parecido a lo que ella me hizo a mí. Así que aquí estás. -Se encoge de hombros, como si todo esto fuera natural.
Está loco, es un monstruo, es una persona vacía. Pienso en mi madre y en lo que le hizo, lo que nos provocó a mi padre y a mí. Alargo la mano izquierda hacia el libro que estaba leyendo, y cogiendo todo el impulso que puedo, lo estampo contra su cabeza, haciendo que caiga al suelo, rápidamente cojo la lámpara de la mesita y la tiro con fuerza otra vez contra su cabeza. Sin detenerme salgo por la puerta y corro hacia las escaleras, que recuerdo cuando me sacó de la habitación vacía.
Bajo al piso de abajo, pero la puerta no está ahí, corro hacia la izquierda y me topo con un salón enorme. Tampoco está la puerta ahí. El pulso me late en los oídos y me impide oír si me sigue. Miro a mi alrededor y encuentro una puerta corredera, al fondo del salón, será la puerta de atrás. Corro hacia allí y me enredo con el pestillo, la abro con fuerza y corro al exterior. No sé dónde estoy pero sigo corriendo dejando atrás árboles y más árboles. En un momento noto una punzada en la espalda, pero no le hago caso y sigo corriendo. A medida que corro se me va nublando la vista y me fallan las piernas. No, no, tengo que salir de aquí. Finalmente caigo sobre la tierra y pierdo el conocimiento.

lunes, 27 de julio de 2015

Capítulo 39.

"¿Dónde estoy?". Es lo primero que pienso cuando recupero la consciencia. Debe de haberme hecho algo al subir al coche porque a partir de ahí lo recuerdo todo negro. Estoy en el suelo, tumbada de lado. Me incorporo. Estoy en una habitación, bastante grande, pero vacía. Las paredes son color crema y con solo una ventana doble. Me levanto rápidamente y corro hacia allí. Solo veo bosque, estoy en un segundo piso, o primero no lo sé. Mas adelante, no muy lejos, observo un lago, rodeado de árboles, "¿Dónde estoy?".
 Me doy la vuelta rápidamente al oír un ruido al otro lado de una puerta, justo en frente de la ventana, al otro lado de la habitación. El pomo empieza a girar.

Ian
-¡Corten! -Se oye la voz del director.
Separo mis labios de los de Nina. Esta es la peor parte de mi trabajo. Tener que besar a mi ex cuando estoy con otra.
-Buena escena. -Me dice ella antes de darse la vuelta y marcharse.
Por fin se ha acabado el rodaje de hoy. Se me estaba haciendo eterno y este no es precisamente uno de los mejores episodios de la serie. Lo único que quiero es salir de aquí y ver a Blair. No le voy a avisar de que voy a verla para darle una sorpresa.
Salgo del estudio y me meto en mi coche. Conduzco pensando en ella todo el camino. Sus ojos, su pelo, su boca, su sonrisa, sus caricias... Por poco me la pego en una esquina al pensar en esto último.
Aparco debajo de su casa y camino hacia el portal. Abro la puerta, que sigue sin arreglarse y subo por las escaleras. Llego a su puerta y toco al timbre. Loki se acerca a la puerta ladrando, como siempre que vengo. Nadie abre la puerta. ¿Estará durmiendo? No. Si no ya se hubiera despertado. Habrá salido. Me invade una punzada de decepción. Suelto un suspiro y me dispongo a volver a mi coche.

Blair
No he llegado a ver quien era el que estaba al otro lado de la puerta. Solo he visto una mano con una bandeja. La dejaba en el suelo y volvía a cerrar la puerta, con llave. La bandeja tiene un plato de ensalada y un vaso de agua. Tengo mucha hambre por lo que voy corriendo hacia allí. Me acabo la comida en un momento y me apoyo sobre la pared, al lado de la puerta. Por extraño que parezca, no tengo miedo. Si yo estoy aquí, las personas que me importan están a salvo.
Más tarde, no sé cuanto tiempo pasa, vuelvo a oír ruidos al otro lado de la puerta. Estoy al lado por lo que a gatas corro al otro lado de la habitación, asustada ya. Al abrirse la puerta aparece el hombre que me secuestró. Mira a sus pies, la bandeja vacía y sonríe.
-No pensaba que tocarías la comida.
No le contesto, me quedo mirándole, paralizada. Se acerca lentamente a mí y se agacha, a la altura de mis ojos. Es él, Casares, estoy completamente segura. No tiene la misma cara pero son sus ojos. Esa mirada no es algo que se pueda olvidar fácilmente. Ahora tiene el pelo algo más largo y rubio, los pómulos están mas rellenos, al igual que los labios. Por eso el FBI no consiguió encontrar nada, porque no lo perseguían a él. Si no al Casares de antes, o como se llame.
-¿Qué es lo que quieres? -Digo en un susurro.
Él suelta una carcajada, sin ganas.
-Evitar que hagas lo mismo que tu madre.
¿Qué coño significa eso?
-No menciones a mi madre.
-Se merece lo que le pasó y más.
Alargo el brazo rápidamente, decidida a pegarle pero me agarra la muñeca. Cierro los ojos, esperando un golpe que no llega y los vuelvo a abrir. Jorge me sigue mirando unos instantes, finalmente suelta mi muñeca y vuelve hacia la puerta. Coge la bandeja y se va, cerrando la puerta.

Si no fuera por la ventana abierta hubiera perdido la noción del tiempo, es de noche. Muy tarde ya, por el tiempo que llevo observando la luna. Me levanto, la ventana no tiene manilla para abrirla. ¿Será porque puedo saltar? Miro hacia abajo, hay césped pero aún así no estoy muy segura de que mi torpeza me ayudara a sobrevivir. Pero podría intentarlo. Qué puedo perder.
El problema es que no tengo con que romper la ventana, ya que la habitación está vacía. La puerta se vuelve a abrir.
-Ven. -Dice Jorge desde el umbral.
Decido que obedecer será lo mejor así que lentamente me acerco a él. Cuando llego a la puerta me coge del brazo y salimos a un pasillo. Al mirar a la derecha veo unas escaleras que conducen hacia abajo pero me gira hacia el otro lado bruscamente y no consigo ver más. Una alfombra granate recorre todo el pasillo, paso por una cómoda con un jarrón encima y más adelante otra exactamente igual, pero esta vez el jarrón tiene flores. Llegamos a otra puerta y la abre, también cerrada con llave.
-Tu habitación. -Dice al hacerme pasar dentro.
Sin apenas mirarla me vuelvo hacia él. Confusa.
-No te hagas ilusiones, niña. Aún estoy pensando la mejor forma de acabar con esto. -Y cierra, dejándome sola de nuevo.

Ian
¿Por qué no coge el teléfono? Me empiezo a preocupar de verdad. He vuelto a ir a su casa y no hay nadie, a excepción de Loki. Si le ha pasado algo yo... No, no, no. Está bien, seguro que está bien. Puede que hoy necesite un poco de espacio. Mañana será otro día, la veré y todo volverá a la normalidad. En el fondo no pienso eso, sé que algo va mal. Pero necesito tener esperanzas.
Salgo a la parte de atrás de mi casa, a la piscina. Necesito tomar el aire. Me siento en una de las hamacas colocadas al lado de la piscina y pruebo a llamarla otra vez. Una, dos veces, nada. Con los codos apoyados sobre las rodillas me cubro la cara de las manos y reprimo las ganas de gritar. Le ha pasado algo. Le ha pasado algo. Mi móvil suena y pegando un bote lo cojo, esperando ver el nombre de Blair en la pantalla. Sin embargo, es Matt. Con un gruñido cuelgo y vuelvo a la misma posición de antes. Vuelve a llamar, lo ignoro. A la tercera vez, cabreado pulso responder.
-Qué. -Digo cortante.
-Ian -Dice ansioso, con la respiración entrecortada- Es Blair ha...
-¿Ha qué? -Digo temiéndome lo peor.
Le ha pasado algo. Le ha pasado algo. Blair, te quiero. Por favor, que estés bien.
-Ha desaparecido.

jueves, 23 de julio de 2015

Capítulo 38.

Ha pasado una hora y aún no se nos ha bajado el alcohol. Decido llamar a Ian. Son las once y media de la noche, no es tan tarde. Marco su número.
-Oye, tu novio no se enfadará porque estés conmigo ¿no? -Dice Isaac nervioso, paseándose por delante del coche.
-Claro que no. -Río, me sale risa de borracha.
Al reírme yo Isaac se ríe también. Ian me coge al tercer tono, en mitad de mi risa.
-Vaya, si que debo de ser gracioso, ni si quiera he dicho nada. -Oigo su voz.
Eso hace que me ría aún más.
-Hola.
-Hola.
-Tengo un problema.
-¿Cuál? -Pregunta preocupado.
-Pueeeeees, estaba con Isaac, un amigo. Y decidimos beber un poquitín poquitín de nada y nos hemos dado cuenta de que no podemos conducir.
Al otro lado Ian se empieza a reír.
-¿Qué pasa? -Sonrío al teléfono.
-Resultas muy graciosa cuando te emborrachas.
-No lo estoy.
-Claro, lo que tú digas. -Dice divertido- ¿Dónde estás?
-Pues no lo sé, es la primera vez que vengo, ¿te mando la ubicación por mensaje?
Nos reímos los dos.
-Vale.
-Vale.
-Venga, Hazel Grace. Cuelga ya.
Río más alto.
-Vaaaaaale. -Y cuelgo.

-Cada vez vas pareciendo menos un tipo duro. Ahora tiene que venir un chico a rescatarte.
Isaac se ríe.
-Bueno, como a ti también te tienen que rescatar no cuenta.
En ese momento unas luces iluminan el camino, es el coche de Ian. Aparca al lado de mi coche y yo me acerco al lado del conductor mientras sale, apenas le doy tiempo a cerrar la puerta cuando me lanzo sobre él, subiéndome a sus caderas. Él en un acto reflejo me rodea la cintura. Me mira sonriéndome.
-Te he echado de menos.
-Y yo a ti, borrachilla.
Suelto una risita y junto mis labios con los suyos. Se oye un carraspeo al otro lado del coche. Separamos nuestras bocas a regañadientes y me dispongo a fulminar a Isaac con la mirada, pero no es él.
-Él es Paul, mi compañero de rodaje. -Dice mientras me baja.
Rodeamos el coche para colocarnos al lado de Paul e Isaac se acerca a nosotros.
-Hola. -Le digo con timidez.
Es rubio y alto, guapísimo. De hombros anchos y brazos fuertes. Se me queda cara de tonta y me recompongo en seguida.
-Hola Blair. -Dice divertido- Me han hablado mucho de ti.
Miro de refilón a Ian.
-¿Ah si?
-Sí. Todo el día Blair por aquí, Blair por allá...
Ian le da un puñetazo en el hombro, interrumpiéndole.
-Ya vale. -Se ríe.
De repente me acuerdo de Isaac. Me separo de Ian para colocarme a su lado.
-Él es Isaac.
Ian le estrecha la mano y después le sigue Paul.
-Nos dimos cuenta de que no podríamos volver a la ciudad algo tarde. -Dice culpable.
Los cuatro nos reímos.

Suena la alarma y me despierto, pero no abro los ojos. Tengo resaca, genial. Algo me ciñe la cintura con fuerza. El brazo de Ian. Recuerdo que se quedó a dormir conmigo, después de frenar el arrebato de pasión que me dio hacia él. Decía que estaba borracha y que al día siguiente tenía que trabajar. Me da un poco de vergüenza. Después de eso me enfurruñé y le di la espalda, intentando dormirme. Pero él se acercó y me abrazó por detrás. Como no me puedo resistir a él, no le aparté.
Ian se remueve a mi lado y aparta el brazo de mí. Me siento mal por hacer que se despierte tan pronto. Cuando abro los ojos para mirarle me encuentro con su mirada azul, observándome.
-Buenos días. -Me dice.
-Malos días.
Él se ríe, algo dormido.
-Siento que por mi culpa te tengas que despertar tan pronto.
-Bueno, en realidad dentro de una hora me hubiera tenido que despertar igual así que no pasa nada.
Bostezo y me estiro, a mi lado Ian se levanta de la cama.
-¿A dónde vas?
-A preparar el desayuno.
Mientras sale por la puerta observo su espalda desnuda y suspiro, encantada.

Al salir del trabajo tengo una extraña sensación. Como si alguien me siguiera. Supongo que estaré paranoica. La sensación empezó cuando atendí a un hombre en la cafetería. Me dirigió una mirada... Con unos ojos penetrantes. Recuerdo que es el mismo hombre que habló con aquellos policías cuando Casares me había estado vigilando en mi casa. No, no puede ser él, no se parecía en nada. "Blair, necesitas una buena siesta". Intento pensar en otra cosa, por ejemplo en Ian, durante el camino a casa.
A dos calles de llegar un coche para a mi lado. Un Sedán negro con los cristales tintados. Por un momento me quedo paralizada, cuando el mismo hombre sale del lado del conductor. Hacia mí. Todo mi cuerpo me pide que eche a correr pero mis piernas no responden.
-Hola Blair. -Dice con una sonrisa inquietante, acercándose a mí.
En un acto reflejo doy un paso atrás. Miro a ambos lados de mí.
-No no, no corras. Te he estado esperando mucho tiempo. No me dejarás aquí cuando he estado tanto tiempo esperando, ¿no? -Sigue hablando como si esto fuera la cosa mas natural del mundo.
Mis piernas reaccionan y empiezo a correr pero él me agarra por el brazo y me gira.
-Ahora mismo vas a entrar en el coche. Piensa en tus amigos, o en tu novio. O en la poca familia que te queda. Piensa en todos ellos. Ahora entra en el coche.

martes, 21 de julio de 2015

Capítulo 37.

-¿Y qué ha pasado contigo estos últimos días? -Me pregunta Isaac.
Nos encontramos a las afueras de Los Ángeles, en una pequeña colina desde la que se ve toda la ciudad. Sentados sobre el capó de mi coche.
-Muchas cosas. Hay algo en especial que te quería contar porque... No lo sé. Pero es sobre mi madre.
-¿Sobre tu madre? -Se pone serio-. Cuéntame.
Me abrazo las rodillas y miro al frente.
-Fui a Málaga, donde vivía, por una llamada de mi padre. Era sobre el caso de mi madre y no fue un accidente.
Le miro par ver su reacción y él abre un poco la boca para decir algo y la vuelve a cerrar. Sin saber que decir.
-Hablamos con la policía y nos enseñaron la foto del sospechoso. Desde entonces tengo pesadillas prácticamente todas las noches. -Me miro las manos- el segundo día que fuimos me enseñaron unas fotos. Todas eran mías, aquí en Los Ángeles.
Recuerdo todas las fotos que había, o al menos las que Casares quería que encontráramos y Isaac no salía en ninguna, lo cual es un alivio.
-¡Joder! -Contesta y me mira- Joder... -Repite.
-Lo sé...
-No entiendo como... Alguien puede hacer algo así, quitarle la vida a alguien con familia, con personas que le quieren. Cómo puede... -Deja de mirarme y aprieta la mandíbula, a la vez que los puños- Sé lo que es perder a un padre pero no me imagino...
-Lo sé... -Repito.
Nos quedamos unos minutos sin decir nada.
-Espero que lo cojan pronto. -Rompe Isaac el silencio.
-Cada vez tengo menos esperanzas.
-No digas eso Blair, es lo último que puedes perder. No lo hagas.
-Pero es difícil... -Me empieza a temblar la voz al asomar las lágrimas.
Respiro hondo intentando tranquilizarme, estoy harta de llorar.
-Eh... -Isaac pone una mano en mi hombro- Lo siento, no llores. Hablemos de otra cosa.
Le miro y sonrío, me sale una sonrisa algo patética y nos reímos los dos.
-¿Sabes lo que necesito? -Le pregunto.
-¿Qué? -Contesta intrigado.
-Beber. Alcohol. Pillarme una borrachera.
-Pues bebamos.
-¿Si? -Contesto animada.
-Sí. -Me sonríe.

Volvemos a la ciudad en busca de un supermercado y compramos una botella de vodka, después pasamos por un McDonald's y cogemos la cena. Decidimos volver al mismo sitio de antes.
-Dios, que gustazo da tener coche. -Digo cuando aparcamos en la colina, exactamente en el mismo sitio.
-¿Es el primero que tienes? -Pregunta mientras se desabrocha el cinturón.
-No, el primero que tuve lo empotré. -Me río.

Más tarde, hemos vaciado media botella de alcohol y decidimos jugar a contarnos nuestros secretos. Isaac me pasa la botella.
-A ver. -Digo arrastrando un poco las palabras- Tengo envidia de la ex de mi novio. -Bebo un trago.
-Ah, ¿habéis vuelvo? -Coge la botella cuando se la ofrezco.
Asiento.
-Te toca.
-Cuando me levanto en mitad de la noche para ir al baño tengo que encender todas las luces de la casa. -Bebe un trago.
Se vuelve para mirarme y yo intento aguantarme la risa.
-Venga, ríete si quieres. -Dice divertido.
-Lo siento es que no me lo imaginaba, pareces un tipo duro.
-Bueeeeeeno, pues estando en casa por la noche no lo soy tanto. -Se ríe.
Me pasa la botella y la cojo. Pienso durante unos instantes.
-A veces quiero desaparecer por un tiempo sin avisar a nadie. -Bebo.
-Bueno, si alguna vez desapareces me avisas.
Nos reímos y me coge la botella. Isaac respira hondo.
-Me siento atraído por ti desde el primer momento que te vi. -Bebe un buen trago y seguidamente me mira.
Le devuelvo la mirada sin saber que decir. Él me sonríe para tranquilizarme.
-Tenía que decirlo, de eso va el juego ¿no? -Me pasa la botella y la cojo en un acto reflejo.
-Sinceramente, también me siento atraída por ti desde ese momento pero... -Se me va la vista, casi hemos acabado la botella.
Bebo un trago y seguidamente bebo otro.
-Me alegra saberlo. -Me guiña un ojo Isaac.
Que fácil es hablar con él.
-Toma, termínala. -Le tiendo la botella y él lo hace.
-Mierda. -Digo de repente mirando al frente, hacia la ciudad.
-¿Qué?
-¿Cómo volvemos ahora?
-Mmm, ¿en tu coche? -Me dice como si fuera tonta.
No puedo evitar reírme.
-Estamos como cubas por si no lo has notado.
-Mierda, es verdad.
Nos empezamos a reír los dos a carcajadas. No puedo parar de reír y me tengo que tumbar sobre el capó. Me quedo mirando las estrellas y paro de reír en seco.
-Mira. -Le digo a Isaac señalando el cielo.
Él se tumba a mi lado y mira hacia donde señalo.
-Solía mirar las estrellas con mi madre -sigo- ahora cada vez que veo una estrella fugaz pienso que es ella que me saluda desde allí, para decirme que está bien.
Isaac sigue a mi lado en silencio, mirando el cielo. En ese momento pasa una estrella fugaz.
-Hola mamá. -Digo mientras me corre una lágrima por la mejilla.
-Hola, papá.
Giro la cabeza para mirarle, también está llorando.
-Los dos están bien.
-Sí, lo están.
Me acerco más a él y apoyo la cabeza sobre su hombro, él me pasa un brazo alrededor de los míos y nos quedamos así, mirando el cielo.