.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Capítulo 43.

Holly

Me dirijo a la cafetería más cercana y pido un café. No debería ilusionarme por como están yendo las cosas. Si luego resulta que esta pista no lleva a ningún sitio la decepción será enorme. Pero no puedo perder la esperanza, muy mal tiene que ir la cosa para que la pierda.
Te echo de menos Blair, vuelve por favor.

Al cabo de una hora y media, y otro café, me llama un número desconocido. Contesto.
-¿Si?
-Señorita Moore, si no le importa, ¿podría volver para hablar?
-Claro, estoy justo al lado. En seguida voy.
-Gracias.
Y cuelga. Dejo el dinero encima de la mesa y me apresuro para salir de la cafetería. Camino hasta el final de la calle, que es donde está la comisaría. Voy directa al despacho de Héctor. Llamo a la puerta y entro.
-Ya está aquí. -Dice Héctor a modo de saludo desde su mesa- Siéntese, por favor.
Obedezco y me siento en la misma silla de antes, espero a que hable, ansiosa por saber si yo estaba en lo cierto.
-Creo que puede tener razón. Todo lo que me ha contado antes y este diario tienen su lógica.
Por dentro me da un subidón de alegría, pero remite en seguida al recordar que Blair sigue desaparecida.
-He buscado en la base de datos y él aparece, Iván Ugarte. Muerto el 4 de agosto de 1989. Pero no demos por cierto ese hecho todavía. Primero he pensado que podría ir a hablar con Ángela Bernal para obtener respuestas y me gustaría que me acompañara.
-Por supuesto. -Contesto en seguida.
-He concertado una cita para mañana por la tarde. En una prisión a las afueras de Madrid.
Siempre he querido visitar esa ciudad, es una lástima que sea en estas condiciones. Asiento con la cabeza haciéndole saber que estoy de acuerdo.
-Esta noche le mandaré un mensaje con los detalles del viaje. Yo me encargo de todo.
-Estupendo.
Me levanto y él me imita. Me tiende la mano y se la estrecho.
-Gracias otra vez, Holly.
-De nada, señor.
-Llámame Héctor por favor.
-Héctor. -Sonrío.

Blair.

"Esto es una pesadilla. Una puta pesadilla". Me repito esto una y otra vez mientras hundo la cabeza en mi almohada. Quiero que acabe de una vez, no lo soporto más. No entiendo por qué me retiene aquí. Maldito hijo de puta, no le bastó con matar a mi madre y provocarnos un sufrimiento indescriptible a mi y a mi padre, ahora me tiene que torturar de esta forma.
De repente se me ocurre una idea. Me levanto rápidamente de la cama y salgo de la habitación. Busco a Iván por toda la casa y me doy cuenta de que se está duchando. Voy hacia su habitación, la puerta está cerrada, abro y busco su móvil en ella. Tiene que tener algo para llamar. Finalmente lo encuentro dentro del bolsillo de su chaqueta, colgada sobre el pomo de la puerta. Miro la pantalla. En lo primero que me fijo es que estamos a viernes. Llevo una semana aquí.
Desbloqueo la pantalla, que no tiene código y tecleo el número de Ian, que me sé de memoria. Mierda, no hay cobertura. Salgo de la habitación y recorro el pasillo, pero nada. Bajo al piso de abajo, y aparece una rallita. Bien. Vuelvo a marcar. Suena un pitido. Dos. Tres.
-¿Si? -Oigo su voz al otro lado.
Noto que está apagada, casi sin vida. Pero estoy a punto de llorar de alegría al oírle. Es como si estuviera a su lado. De repente desaparece el teléfono de mi oreja y suelto un grito ahogado. Me doy la vuelta. Iván está ahí plantado, con una toalla alrededor de la cintura y el pelo rubio mojado, le gotea sobre los hombros. Mi corazón empieza una carrera.
-¡¿Blair?! -Vuelvo a oír su voz desde el teléfono, antes de que Iván presione el botón de colgar.
Se acabó ahora sí que la he jodido. Iván me coge por el cuello y me empuja contra la pared más cercana, dándome un golpe contra ella en la cabeza. Pega su cuerpo al mío, sin dejarme hacer el mínimo movimiento. Su mano presiona mi cuello y me empieza a faltar la respiración.
-¡¿Así pagas lo bien que te estoy tratando?! -Me grita a la cara.
Con mis manos intento apartar la suya de mí, inútilmente. Me empiezo a marear por la falta de aire.
-¡Ahora tendré que deshacerme de este puto teléfono para que no lo rastreen! ¡JODER!
Aparta la mano de mi cuello, a la vez que su cuerpo y me doblo sobre mí buscando aire a grandes bocanadas. Tengo los ojos llenos de lágrimas por el esfuerzo y la garganta me arde. Me quedo mirando el suelo, respirando. No me atrevo a alzar la vista hacia él.
Al cabo de un momento oigo sus pisadas sobre las escaleras. Me tumbo sobre el parqué y me hago un ovillo. Ahora sí que no conseguiré salir de aquí.

Ian

-¡Blair! -Grito al teléfono, pero la comunicación se ha cortado.
Mierda, joder, mierda. Estoy seguro de que era ella. Algo ha pasado. Pero he reconocido esa respiración. ¡Era ella! Seguro que se puede rastrear la llamada. Recorro mi casa a la carrera y salgo de ella, me meto en mi coche y arranco. Giro con un derrape y conduzco como un loco hacia la comisaría.
Te voy a pillar, hijo de puta, desearás no haber nacido. Desearás no haberle tocado nunca un pelo de la cabeza.

Holly

El vuelo ha sido rápido y Héctor es una compañía bastante agradable. Porque no siente la necesidad de llenar el silencio y no le incomoda no tener nada que decir.
Nos encontramos en la prisión. Héctor está hablando con el encargado y este busca en una lista si estamos apuntados.
-Tiene que ser nuevo. En esta prisión todo el mundo me conoce. -Me dice Héctor en voz baja.
Pues ya debe de ser importante.
-Aquí están, Acosta y Moore, a las siete y media. -Levanta la vista hacia nosotros- Esperen un momento para que avise a alguien que les acompañe.
-No creo que haga falta.
El chico frunce el ceño, confundido.
-Señor...
-Inspector Acosta. -Le corrige él.
-Oh, lo siento. No lo sabía. -Nos tiende unos pases- Pasen por favor.
-Gracias. -Contesta él secamente y se encamina hacia el pasillo de detrás del mostrador.
Yo le sigo, nerviosa.

Antes de entrar a la sala de interrogatorios, Héctor se gira hacia mí.
-Cuando entremos, déjame hablar a mí primero. Cuando termine con ella podrás preguntar todo lo que quieras, ¿vale?
-Sí.
-Te lo digo porque creo que te pondrías en actitud protectora por descubrir donde está Blair. No conviene alterar a Ángela porque tenemos que conseguir que nos lo cuente todo.
-Sí -Repito- Lo entiendo.
-Bien.
Se vuelve a girar y un guardia situado al lado de la puerta nos abre, cuando entramos dentro cierra con llave. En lo primero que me fijo es que la sala es igual que en las películas, pero apenas empiezo a pensar sobre ello la mujer sentada en la mesa capta toda mi atención.
Tiene el pelo cortado por los hombros y castaño oscuro. Son visibles algunas canas en el nacimiento del pelo en la frente. Sus ojos son verdes muy oscuros, un color que no había visto nunca. Me doy cuenta de que no ha cambiado prácticamente nada desde la foto que vi de ella, en el lago, hasta ahora. Ella nos dirige una sonrisa forzada.
-Vaya vaya, Héctor. Cuando tiempo sin verte, ¿quién es tu amiga?
¿Se conocen? Puede que fuera él quien la pusiera entre rejas. Me fijo en que no tiene las manos atadas con esposas. ¿No la consideran peligrosa?
-Ella es Holly, trabaja conmigo en un caso.
-¿Y por qué crees que yo os puedo ayudar?
-Tiene que ver con Iván Ugarte.
Su expresión relajada se transforma en una completamente alterada. Pero en seguida se recompone.
-¿Te acuerdas verdad? -Sigue Héctor.
-Como olvidarlo. -Se apoya en el respaldo de su silla, intentado parecer despreocupada.
Héctor posa una mano en mi espalda y nos dirigimos a las dos sillas plateadas colocadas al otro lado de la mesa. Nos sentamos. Ángela vigila atentamente nuestros movimientos.
-Queremos que nos cuentes todo lo que paso desde que los Ugarte te contrataron para cuidar a sus hijos. No te saltes nada, por favor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario