Empiezo por las cajas de la izquierda, me aseguro de que todas tienen el nombre de Marta y comienzo. La mayoría son de ropa así que las cierro y sigo. Tras un buen rato sin encontrar nada útil acabo en el extremo derecho de la pared, se están acabando las cajas. Abro otra y dentro encuentro unos cuadernos simples con la palabra "diario" escrita en la portada. Los saco y abro por la primera página. Leo "1 de enero de 2005". Será mejor empezar desde el primero por lo que lo guardo y rebusco al fondo de la caja. Saco otro diario y abro otra vez por la primera página. "27 de julio de 1986". Calculo que tendría 7 años.
Hojeo las páginas sin encontrar nada que me pueda ayudar. Por lo que paso al siguiente diario, este es un año después. Repito el proceso y nada, pero descubro que tenía un hermano, Iván. Es algo que no sabía, Blair nunca me habló de él. Pero sigo leyendo. Al tercer diario, con 9 años empiezo a encontrar algo.
7 de marzo de 1989
Mamá y papá han contratado una niñera para que nos cuide a Iván y a mí. Se llama Ángela y su apellido es Bernal. Es un nombre bonito. Me gusta. Mamá y papá se han vuelto a ir de viaje y nos hemos quedado solos con ella. Nos ha hecho tarta y nos ha dejado quedarnos hasta tarde viendo la tele. Podría vivir con Ángela todos los días.
Adelanto las hojas.
10 de abril de 1989
Ángela ha vuelto a pegar a Iván. He sido yo quien ha tirado sin querer su bote de pintauñas al suelo y se ha roto. Pero ha sido sin querer. Iván lloraba y yo no se lo he dicho. Tenía miedo, no quería que me pegara a mi.
Frunzo el ceño leyendo esto y vuelvo unas páginas atrás.
26 de marzo de 1989
Hoy es el cumpleaños de Ángela y yo le he regalado un dibujo de ella, Iván y yo. Me ha dado las gracias y me ha dejado coger una natilla de la nevera. Iván no le ha regalado nada y ella le ha pegado, en la cara. Yo me he asustado porque ella es buena y no pensaba que hacía esas cosas. He ido corriendo a mi habitación pero ya no me he comido la natilla y la he dejado en la mesa de mi cama.
Tengo un mal presentimiento, pero sigo leyendo.
20 de abril de 1989
Mis papás han vuelto de su viaje. Al ver a Iván con ese moratón en la cara han preguntado a Ángela que ha pasado. Pero no parecían preocupados. Cuando yo me hago daño sí se preocupan. Ángela les ha dicho que se cayó jugando en el parque. Es mentira, fue ella. Le pegó con el cinturón. Pero no puedo decir nada, tengo miedo.
Después de aquello no vuelve a decir nada sobre Iván o la niñera. Sigo pasando páginas, la mayoría apenas escribe una frase. Un día me llama la atención porque ha vuelto a mencionarles a ellos dos.
1 de agosto de 1989
Mamá, papá, Iván y yo vamos a ir de vacaciones a la casa del lago. Tengo muchas ganas de ir. Pero han invitado a Ángela y ya no quiero. Ella es mala. No quiero que venga.
4 de agosto de 1989
Estoy muy triste. Muy triste. Iván y yo hemos ido al lago y hemos jugado a hacer carreras. Él era más rápido que yo y me enfadé porque me ganaba. Me quedé en la orilla y el siguió nadando y no le vi más. Oí un grito, era la voz de Ángela. Di la vuelta a todo el lago y vi a Iván en el suelo con los ojos cerrados. Ángela le apretaba el pecho con las dos manos y me decía que él no respiraba. Después vinieron mamá y papá pero Iván no se movía. Decían que se había muerto. Pero no me lo creo, Iván no se puede morir. Mi hermanito tiene que estar conmigo siempre.
Ahora entiendo por qué Blair no me habló de él. Murió. Paso la página pero el diario acaba allí, las demás hojas están en blanco. De pronto me quedo mirando al vacío. Sigo pensando que el que tiene a Blair tiene que ver con su familia. ¿Podría ser él? ¿Iván? Tengo que encontrar a la niñera. Me da algo de miedo, esa mujer está trastornada, pero tengo que hablar con ella. Al final del diario encuentro una foto. Salen Marta, de pequeña, sus padres y una chica morena al lado. Supongo que será la niñera. ¿Por qué no sale Iván? Guardo todo en la caja, menos ese diario con la foto. Después salgo del trastero. Tengo esperanzas.
Ian
No puedo más. Sencillamente no puedo más. Se sigue sin saber nada y yo aquí sentado. Me siento completamente un inútil, porque no puedo hacer nada. Encima Holly se pira a Málaga, no sé que espera encontrar allí, más que un padre destrozado. He estado a punto de acompañarla, pero no podía soportar ver a su padre, que se parece a ella. Ni siquiera salgo de casa, tampoco he ido al rodaje desde su desaparición. No puedo hacer nada, sólo sentarme en el sofá y pensar.
Me dirijo al cuarto de baño y me meto en la ducha, por hacer algo. Abro el grifo y el agua golpea mis hombros, está fría pero no me importa. Mientras se va calentando cierro los ojos y apoyo los antebrazos sobre la pared, a la vez que bajo la cabeza y cierro los ojos. El agua, ya caliente, casi ardiendo, se desliza por mi espalda y por todo el cuerpo. Reprimo las ganas de llorar, tengo que ser fuerte.
¿Dónde estás, Blair?
Holly
Tras mucho discutir conmigo misma, decido ir a la policía con esta. Pregunto a Javier con quien hablaron él y su hija cuando se enteraron de lo de Marta y voy hacia allí. Espero en una sala blanca y fría, con sillas bastante incómodas. Tras unos diez minutos un hombre sale de uno de los despachos.
Como soy la única de la sala dirige su mirada hacia mí.
-¿Holly Moore?
-Sí. -Respondo firme.
Tengo que parecer segura de mi misma, me tienen que creer en lo que he descubierto.
-Acompáñeme, por favor.
Me levanto y sigo a ese hombre, que me fijo en que es bastante atractivo. Entro en su despacho y él cierra la puerta.
-Soy Héctor Acosta. -Me tiende la mano.
Se la estrecho, sin decir nada.
-Siéntese. -Señala un par de sillas en frente de su escritorio y él se sienta detrás de él.
-Siento lo de su amiga.
-Gracias. -Digo por educación.
-¿Es muy amiga suya?
Asiento.
-Casi hermanas.
-Ya... -Se cruza de brazos- Me han informado de que tiene algunas sospechas, ¿le importaría compartirlas conmigo?
-Para eso he venido pero... Me preocupa que no me crea. Es bastante... -No sé como describirlo.
-He oído muchas historias señorita Moore, algunas muy creativas. No es fácil impresionarme.
-Vale... -Me aclaro la garganta- Vine aquí porque quería ver a su padre y necesitaba respuestas. Quiero encontrar a mi amiga y quiero aportar algo para ayudar a hacerlo. Estuve pensando y seguí una corazonada, creía y creo que Jorge Casares tiene algo que ver con la familia Cooper.
Acosta frunce el ceño, más interesado ahora. Me anima a seguir con un breve asentimiento.
-Hablé con su padre y le pregunté sobre él, pero no sabe nada sobre eso. Me llevó al trastero donde estuve mirando las cosas de Marta. Allí encontré diarios suyos. Empecé por el primero y descubrí que tenía un hermano. Blair nunca me habló de él, pero seguí leyendo.
-¿Cómo se llama su hermano? -Pregunta él.
-Llamaba... -Le corrijo- Iván.
Anota algo en su libreta.
-Siga, por favor.
Saco el diario de mi bolso y lo dejo sobre mi regazo. Héctor lo mira con curiosidad. Cuando empiezo a hablar me vuelve a mirar a mí.
-Los padres de Marta e Iván trabajaban mucho y a menudo fuera de casa. Así que contrataron a una niñera. Ángela Bernal...
-Perdone, ¿quién ha dicho? -Me interrumpe.
-Ángela Bernal.
Héctor entreabre la boca por la sorpresa. Mi corazón se acelera.
-¿Sabe quien es?
-Sí, está entre rejas. Por tráfico de niños y maltrato.
La bilis se me sube a la garganta.
-Eh... Ella... -Me tiembla la voz- Le pegaba... A Iván y poco a poco fue a peor. Aquí está todo. -Alzo el diario y de repente parece que pesa diez kilos- Un día estaban veraneando en una casa en un lago y Marta perdió de vista a su hermano. Escuchó un grito de la niñera y corrió hacia allí. Estaba intentando reanimar a Iván, que parece ser que se ahogó.
Héctor permanece mudo, totalmente concentrado. Su pecho sube y baja rítmicamente. Necesito que diga algo.
-¿Le importa dejarme el diario para analizarlo?
-Claro. -Se lo tiendo y él lo coge- Dentro hay una foto de la familia con la niñera, pero Iván no aparece.
-Estoy muy sorprendido. ¿Nunca ha pensado trabajar para la policía?
Sonrío sin muchas ganas.
-En realidad sí.
Héctor me devuelve una sonrisa cansada.
-Lo haría muy bien.
Permanecemos en silencio mientras él hojea el diario. Después mira su reloj.
-¿Le importaría esperar un par de horas mientras leo el diario? Quiero acabar con esto cuanto antes. Me refiero a llegar a alguna parte.
Asiento.
-¿Me da su número por favor?
Mientras le dicto los números el lo apunta en pósit.
-Gracias. No se vaya muy lejos, en cuanto acabe la llamo para volver a hablar con usted.
Me levanto de la silla y él se levanta también.
-Muchas gracias, de verdad. Esto es realmente importante y agradezco mucho su aporte.
-De nada.
A continuación salgo del despacho, con una esperanza mayor a la que tenía al salir del trastero.
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