Camino por la calle, sin rumbo. Miro a mi alrededor y reconozco el sitio, es la calle donde vivo. Al cabo de unos cuantos pasos más miro a mi derecha, ahí está mi portal. Ian está dentro, observándome a través del cristal y yo le devuelvo la mirada. ¿Por qué no viene conmigo? De repente su expresión cambia, ahora su rostro refleja puro pánico. Mi corazón empieza a latir más rápido. ¿Por qué se asusta? ¿Qué pasa? Ya no está mirandome a mí, si no detrás mío. Lentamente sigo la dirección de su mirada. Pego un grito ahogado, ahí está el supuesto asesino de mi madre. Me sonríe, y viene hacia mí. Estoy paralizada en el sitio y no puedo retroceder.
Me despierto gritando. El grito es tan potente que me hace daño a los oídos. Cuando acaba respiro agitadamente. Mis pensamientos se alinean en seguida y recuerdo qué es lo que me preocupaba. La pesadilla ha sido un reflejo de eso. Recuerdo cuando Ian me llevaba hacia mi casa en brazos. Lo que vi por encima de su hombro, aquel hombre. Era él, Jorge Casares. Nos estaba observando. Estaba demasiado ida para pensar con claridad. He tenido al asesino de mi madre a unos cuantos metros. ¿Pero cómo ha podido estar tan cerca de mí? Se supone que estoy bajo la protección de la policía. Según Héctor, no podría ni acercarse a mí. Un ramalazo de pánico me recorre. Ian volvió a la calle después de dejarme aquí. Puede que Jorge le hubiera estado esperando. ¿Y si le ha pasado algo? ¿Si le ha hecho daño? Mi corazón empieza un sprint y busco desesperada mi móvil. Busco en la agenda el número de Ian y marco. No responde. Vuelvo a marcar, respirando con dificultad. Sigue sin contestar. Otro ramalazo de pánico. Sigo llamando unas 6 veces más y sigue sin contestar. Mis manos tiemblan de tal modo que no sé como no se me ha caído el móvil al suelo. Me levanto de la cama de golpe y con las prisas me golpeo el pie descalzo con una pata de la cama. Grito de dolor pero no me detengo. Me visto con lo primero que pillo y no me molesto ni en peinarme ni en lavarme los dientes. Salgo de casa a toda pastilla, recuerdo el camino hacia su casa. No hay tiempo para esperar el autobús, ni siquiera sé que hora es, así que hecho a correr. Al cabo de un rato me cuesta respirar de correr. Me paro unos segundos, para tomar algo de aire y sigo corriendo. Ya estoy cerca y me arden los pulmones. En estos momentos me cabreo conmigo misma por haber estampado mi coche hace tanto tiempo ya. Veo la puerta de entrada a lo lejos. Por alguna clase de milagro me acuerdo del código que tecleó y la puerta se abre con demasiada lentitud. Cuando hay un grosor lo suficientemente amplio para que quepa corro dentro, hasta llegar a la puerta de casa. Siento que el cuerpo me pesa como si fuera de plomo. Toco el timbre con una mano y con el puño derecho aporreo la puerta. Sin parar. Vale, no está. Le ha pasado algo. Ese hijo de puta le habrá hecho algo para hacerme daño a mí y no sé por qué. De repente la puerta se abre de golpe y aparece él. Ian me mira con pánico al reconocerme. Menuda pinta debo de tener. Me fallan las piernas y me tambaleo hacia él respirando con demasiada dificultad. Él me toma en sus brazos y comienzo a sollozar en su pecho.
-¡¿Blair qué te pasa?! -Le tiembla la voz.
-Pensaba que te había pasado algo yo... -Digo contra su camiseta.
-¿Por qué me iba a pasar algo? -Me intenta separar para mirarme pero yo sigo aferrada a él.
-Es que... Da igual, es una tontería... -Los hombros se me agitan por los sollozos.
Finalmente consigue apartarme de su pecho y me acaricia el pelo con las dos manos. Decido contárselo.
-Ayer, cuando me llevaste a casa... Hubo un momento que abrí los ojos y le vi... Cerca nuestro, mirándonos.
-¿A quién?
No quiero decir el nombre, así que me limito a mirarle mientras nuevas lágrimas recorren mis mejillas y él me las quita. Con mi mirada sabe a quien me refiero y él niega con la cabeza.
-Eso es imposible...
-Estoy segura de que era él. Luego tuve otra pesadilla... Él venía hacia mí. -Un escalofrío me recorre la espalda-. Y al despertarme me recordó a lo que vi cuando llegamos, que era él. -La voz me vuelve a temblar-. Tú volviste a salir después de dejarme y pensé que quizá él...
Me pone un dedo en los labios. De repente me doy cuenta de que lo que digo suena un poco estúpido y bajo la cabeza de vergüenza. Me coge la barbilla para que le mire.
-Blair, si me hubiera hecho algo. Estaría... De alguna forma contento de que fuera a mí y no a ti.
-¡No digas eso! ¡Ni siquiera lo pienses!
-Es la verdad.
-No para mí.
La idea de que él pudiera hacerle daño me duele más que si me lo hiciera a mí.
-¿Has venido hasta aquí corriendo?
Asiento con la cabeza y él me aprieta contra su pecho, abrazándome. Cada vez me doy más cuenta de que he actuado de un modo precipitado por el pánico y me siento completamente imbécil.
-¿Ian? -Se oye una voz desde dentro de la casa-. ¿Qué...?
Me aparto de él para mirar quién es y veo a Nina ahí plantada. La cara se me queda como si me hubieran puesto anestesia en el dentista, con la boca medio abierta.
-Vaya, lo siento. He oído gritos y... -Sigue diciendo ella.
¿Qué hace esta aquí? ¿Y por qué Ian me mira con cara de culpa? Hay dos cosas que quiero hacer. Primero, ir hacia ella y darle un guantazo, después darme la vuelta e irme. La primera no la cumplo, así que me pongo en marcha y me empiezo a marchar. Mientras bajo las escaleras veo que ellos dos discuten en voz baja pero no sé que dicen. Tampoco es que me importe mucho. Acelero el paso y una mano me agarra del brazo y me da la vuelta.
-¿A dónde vas?
-¿Tú que crees? -Le espeto.
-No es lo que piensas... Ella solo.
Me tapo los oídos como una niña pequeña.
-¡No quiero oírlo! Me da igual. Bueno, no me da igual pero ya me entiendes. -Estoy tan enfadada que ni me salen las lágrimas-. Desde el primer momento que os vi juntos sabía que aún pasaba algo. -El abre la boca para decir algo pero sigo hablando-. ¿Por qué estabas conmigo si la sigues queriendo?
-Blair por favor, yo no...
-Déjalo.
Me doy la vuelta pero Ian me vuelve a agarrar y estoy de cara a él otra vez. Suelto mi brazo de un tirón.
-Al menos déjame que te lleve, por favor...
Su mirada está cargada de dolor y por un momento temo que vuelva a lanzarme a sus brazos, pedirle perdón por comportarme así, decirle que me da igual lo que haga con Nina, pero que no me deje. No puedo hacer eso.
-Quiero estar sola. Además Matt no vive lejos.
Creo que eso es un golpe bajo así que me doy la vuelta rápidamente para irme, sin mirarle para no echarme a llorar de nuevo y me marcho con paso rápido.
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