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viernes, 13 de marzo de 2015

Capítulo 20.

Estamos ya sentados en el avión, esperando a que despegue. Me aprieto bien el cinturón porque estaba algo suelto y junto las manos en mi regazo, nerviosa, esperando. Noto por el rabillo que Ian me está mirando, giro la cabeza para devolverle la mirada.
-¿Estás bien?
-Sí, solo algo nerviosa.
Me coge la mano y me acaricia los nudillos con el pulgar, me relajo al instante. Va a ser un viaje largo.

Tras unas cinco horas de vuelo llegamos al aeropuerto de Nueva York a las 2 y media, en el horario de Los Ángeles. Esperamos otra hora en una cafetería hasta la hora de embarque del siguiente vuelo hacia Madrid. Me empiezo a adormilar y el café calentito en vez de despertarme me da más sueño. Cuando miro a Ian, al contrario él está tan radiante como siempre. ¿Cómo lo hace? Cuando suena nuestra llamada nos movemos con paso apresurado hacia la terminal. Una vez en el avión a los pocos minutos de haber despegado, me quedo dormida. Me despierto al notar que me sacuden el hombro suavemente. Abro los ojos, aún algo adormilada.
-Blair, despierta. Estamos llegando.
Me giro hacia Ian.
-¿Ya? Qué rápido. -Bostezo.
-Normal, te has pasado todo el viaje durmiendo. -Reprime una sonrisa.
-¿Tú no has dormido?
-Un par de horas, me cuesta dormir fuera de una cama.
Se oye la voz del comandante diciendo que estamos a punto de aterrizar en el aeropuerto de Madrid y me incorporo un poco, volviendo a bostezar. Mi reloj marca las 12 y media, aquí deben de ser las 6 y media de la tarde. "Verás para volverme a costumbrar al horario de aquí". Cuando recogemos las maletas nos dirigimos fuera del aeropuerto. Después de mandarle un mensaje a mi padre me pregunto, ¿cómo vamos a ir hasta Málaga?
-¿Y ahora qué? -Pregunto a Ian.
-He alquilado un coche.
-¿No vamos en autobús ni nada? Estarás cansado...
-Estoy perfectamente, no te preocupes. -Me sonríe y me da una caricia rápida en la mejilla.
Metemos las maletas en el coche que ha alquilado, un Audi A4 plateado y entramos dentro. Sigo preocupada porque él prácticamente no ha dormido y va a conducir durante 5 horas y pico. Arranca y antes de poner en marcha el coche me dirige una sonrisa, se la devuelvo en seguida, ya que le estaba mirando. Intento no dormir en todo el viaje, para hacerle compañía pero no lo consigo, cuando me despierto son las 11 y media de la noche.
-Buenas noches, bella durmiente. -Dice Ian.
Le miro.
-Buenas noches. -Contesto con una risita.
La luz del salpicadero me deja verle un poco la cara en la oscuridad y veo que tiene unas ligeras ojeras, debe de tener mucho sueño. De repente me siento fatal. Lo único que quiero ahora es verle dormir, un día entero si hace falta.
-¿Estamos muy lejos? -Pregunto.
-Quedan unos 45 minutos más o menos.
-¿Quieres que conduzca yo?
-No, tú duerme.
-He dormido ya bastante, estoy perfectamente y tú necesitas dormir. No me voy a quedar tranquila si no.
Él suspira.
-Además necesito ir al baño.
A los 10 minutos paramos en una gasolinera. Cuando salgo del baño, Ian está bebiéndose una botella de agua, cuando me acerco a él me ofrece otra que tenía.
-¿Tienes hambre? -Me pregunta.
-No. -Cojo la botella que me tiende y doy un largo trago.
Ian se dispone a ir a la puerta del conductor y corro para ponerme entre la puerta y él.
-Ah no no. Hemos quedado en que conducía yo, tú a dormir. -Señalo la puerta contigua.
Él pone los ojos en blanco.
-¿Cómo te sentirías si hubiera sido al revés?
-No te hubiera dejado hacerlo.
-¿Ves? Pues ya está. -Le sonrío.
Nos quedamos mirándonos unos segundos y me acaba devolviendo la sonrisa. Me acerco y le rodeo el cuello con los brazos.
-No te enfades. -Digo y le doy un beso en la mejilla.
-No me enfado. -Me rodea la cintura con los brazos.
-¿Seguro? -Le doy otro beso, más cerca de la boca.
-Segurísimo. -Dice en un susurro.
Le beso en los labios y nos quedamos así unos momentos. Cuando nos separamos le señalo el lado del copiloto. Él menea la cabeza pero sonríe. No suelo conducir muy a menudo, cuando llegué a Los Ángeles me compré un coche, pero tuve un accidente al cabo de medio año, no me pasó nada, pero el coche quedó bastante mal y no me pude permitir arreglarlo, así que me quedé sin coche. Estoy ahorrando para otro. Cuando llevo unos minutos conduciendo miro a Ian, que está dormido ya. Le sonrío con ternura, satisfecha y reprimo las ganas de acariciarle el pelo, por miedo a despertarle.
A las 12 y media de la noche llegamos a Málaga, conduzco por la ciudad hasta llegar a la casa de mi padre. Me vienen muchos recuerdos a medida que recorro las calles con el coche. Aparco en frente, donde hay un sitio libre y apago el coche. Ian sigue dormido, me duele en el alma tener que despertarle. Antes de nada llamo a mi padre para avisarle de que he venido. Contesta al tercer tono.
-¿Cielo? -Dice.
Parece que no estaba durmiendo.
-Hola papá, ya he llegado. Estoy abajo. -Digo en voz bajita.
-Pues sube, ¿a qué esperas? ¿Y por qué hablas así?
-Es que... Esto... No he venido sola.
-¿Quién está contigo? Bueno, da igual. Subid las dos y ya está, que no pasa nada.
¿Las dos? Se piensa que es una amiga. "Ay, papá...".
-Vale, ahora te veo.
Cuelgo. Sacudo el hombro de Ian con mucha suavidad, él se despierta en seguida y mira a su alrededor, por último a mí.
-¿Ya hemos llegado?
Asiento. Tiene el pelo despeinado y los ojos entrecerrados, aún así está tan guapo...
-¿Te quedas conmigo verdad?
-¿Cómo? -Dice confundido.
Señalo a nuestra derecha, al portal de mi casa. Bueno, antigua casa.
-No, no, no quiero molestar. Me quedo en un hotel...
-No hay discusión que valga, te quedas aquí. Además ya se lo he dicho a mi padre.
-¿Le has dicho que vienes conmigo?
-Bueno... Le he dicho que vengo con alguien.
En ese momento veo que mi padre sale del portal y mira a los lados para ver si me ve.
-Mira, es ese. -Señalo.
Salgo del coche y me localiza cuando le saludo. Cruza la calle para venir hacia mí y nos abrazamos.
-Te he echado mucho de menos. -Me dice.
-Yo a ti también. -Reprimo las ganas de llorar.
Oigo cerrarse la puerta del coche. Veo por encima del hombro de mi padre que Ian ha salido y se acerca a nosotros, el corazón se me acelera. Mi padre me suelta y se gira para ver a mi "amiga". Al verle se le ponen los ojos como platos.
-Papá este es... Ian... Mi novio. -Digo con voz temblorosa.
Espero no haberla cagado diciendo que es mi novio. Porque lo es ¿no?
-Ian, este es mi padre, Javier.
Ambos se estrechan la mano. Espero con el estómago en la boca a la siguiente reacción de mi padre.
-Encantado, señor. -Dice Ian.
Mi padre sigue con los ojos como platos.
-Por favor, llámame Javier. Tú... Eres el de Perdidos, la serie.
Ahogo una carcajada. ¿Es que todo el mundo sabe quien es menos yo?
-El mismo. -Dice Ian con una sonrisa.
-Vaya, vaya... -Contesta mi padre-. Vamos arriba, este no es el lugar ni las horas para charlar.
Mi padre es alto, de la misma altura que Ian, puede que un poquitín menos. Es ex militar, se retiró cuando yo cumplí 5 años. Aún está en buena forma, es castaño, como yo, pero sus ojos son marrones claros, al contrario que los míos, que heredé el color de los de mi madre. Mientras sacamos las maletas me pregunto si mi padre tendrá a alguien más en su vida, hace poco más de un año que no lo veo y en ese tiempo pueden pasar muchas cosas. Pero las veces que hemos hablado por teléfono no ha salido el tema. Subimos por el ascensor, pues vive en el último piso. Intercambiamos algunas frases sobre qué tal ha ido el viaje y mi padre le pregunta a Ian sobre la serie, pues al final él dejó de verla. Mientras yo me río. Me alegra saber que parece que se van a llevar bien. Cuando entramos en casa oigo unos pasos en el comedor, hay alguien más. Sale por la puerta una mujer alta, casi como mi padre, rubia con el pelo por los hombros y en ondas, con un flequillo recto. Cuando se acerca a nosotros, con una sonrisa, veo que sus ojos son verde oscuro. Me recuerda a mi madre, un poco.
-Cielo, ella es Elena. Elena, esta es mi hija.
Elena se acerca a mí y me da dos besos. Me cae bien al instante.
-Y él es Ian, el novio de Blair.
Hace lo mismo con Ian.
-Encantada de conoceros.
-Lo mismo. -Decimos Ian y yo a la vez.
Los cuatro reímos.
-Tu padre me ha hablado mucho de ti, tenía muchas ganas de conocerte. -Me dice Elena sin borrar la sonrisa.
-Seguro que todo lo que te ha dicho era mentira.
Todos volvemos a reír. Miro a Ian, en vez de estar nervioso, parece relajado. Me dedica una rápida sonrisa.
-Papá, voy a llevar a Ian al cuarto de invitados.
-Blair, ya eres mayor, no hace falta que le pongas en otra habitación por mí.
Me pongo roja como un tomate y veo que Elena se ríe.
-Ven, Javi, dejémosles que se instalen.
-Nosotros nos vamos ya a la cama, tenemos mucho sueño, solo estábamos esperando a que llegaras para recibirte... Recibiros en este caso. -Nos sonríe-. Buenas noches a los dos.
-Buenas noches papá.
-Buenas noches. -Dice Ian.
Elena se despide con la mano y desaparecen por el fondo del pasillo, a la habitación de... Mis padres.
-¿Cuál es el cuarto de invitados?
-Esto... Eh... No hace falta, podemos dormir en mi cuarto. La cama es grande. -Me vuelvo a ruborizar.
Ian ríe un poco.
-No es necesario, Blair. No te sientas obligada.
-Bueno, como quieras. -Me encojo de hombros, como quitándole importancia. Pero por otro lado me siento aliviada. Tengo miedo de meter la pata con él.
Avanzamos por el pasillo, la primera habitación a la derecha es el cuarto de invitados. Dejo mi maleta en el pasillo y entro encendiendo la luz. Ian me sigue.
-Esta es la tuya. -Digo con un movimiento de mano señalando la habitación.
La cama está justo en frente de la puerta, pegada a la pared, al fondo.Es de matrimonio y con dos mesitas de noche a cada lado, un armario en la pared de la izquierda y un escritorio en la de la derecha.
-Y el baño está ahí. -Señalo en frente de la habitación, al otro lado del pasillo-. ¿Necesitas algo más?
-No, todo está perfecto. -Me dedica una sonrisa de medio lado y suspiro por dentro.
Me acerco a él.
-Te veo... -Miro mi reloj-. Hoy. -Sonrío.
-Espero impaciente. -Dice y acto seguido me besa.
Le cojo la cara entre mis manos y movemos nuestros labios. No nos besábamos así desde la cena en su casa, tenía muchas ganas de volver a hacerlo. De repente me arrepiento de no haberle obligado a dormir en mi cama.

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