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martes, 24 de marzo de 2015

Capítulo 23.

-¿Alguna noticia? -Le pregunto a mi padre.
Estamos en la cocina, me apoyo de espaldas en la encimera y veo como hace la cena.
-No. La verdad, no tengo muchas esperanzas.
-¿Por qué? -Contesto algo enfadada.
-Si no encontraron nada la primera vez no van a encontrar nada ahora.
-No seas tan pesimista.
-Lo siento cielo. Es solo que... -Suspira-. En parte quiero creer que fue un simple accidente.
Me acerco a él y apoyo la cabeza en su hombro.
-Ya, yo también...
Noto que me da un beso en el pelo.
-¿Necesitas ayuda, Javi? -Se oye la voz de Elena, al entrar en la cocina.
Levanto la cabeza del hombro de mi padre y la miro.
-Pues no me vendría mal, siempre que intento hacer los huevos fritos se me rompen.
Elena y yo reímos y ésta se acerca para coger la espumadera de la mano de mi padre, empujándole en plan broma con un golpe de cadera. Ambos ríen y de repente siento que sobro, así que me voy al comedor. Ian está sentado en el sofá, haciendo zapping en la tele. Alza la cabeza cuando entro por la puerta. Yo me apoyo en el marco de la puerta y nos quedamos mirándonos unos momentos. No sé cuánto tiempo pasa hasta que habla.
-¿Qué tal estás?
Me encojo de hombros.
-Bien.
Da unas palmaditas en el sofá, a su lado. Para que me siente. Sin dudar voy hacia allí y me siento, pegada a él. Me acaricia el pelo y me da un beso en la frente, yo cierro los ojos mientras dura el beso. Suena mi móvil, que está encima de la mesa de café en frente del sofá y me estiro para cogerlo. Miro quién llama: Matt. Suspiro de alivio, me estaba empezando a preocupar al no tener noticias de él. Pulso "responder"
-¿Si?
-¡Blair! Siento no haberte llamado antes. -Habla tan rápido que se le atropellan las palabras-. No sé que hice con el móvil que lo deje por ahí por casa y se quedó sin batería. Entonces no pude llamarme a mi mismo y...
-¡Matt! -Le interrumpo con una carcajada.
Él ríe también.
-¿Qué tal todo? ¿Qué te han dicho de tu madre?
Le cuento la visita a Héctor Acosta, palabra por palabra, pues me acuerdo de todo. También le describo la foto del que creen que la mató. Al contarle esta última parte oigo que hace rechinar los dientes. Ian juega un un mechón de mi pelo durante toda la conversación y eso me distrae un poco.
-El viernes vuelvo para allí. -Le digo.
-Pensaba que te quedarías más.
-¿Pues?
-No sé...
Mi padre entra al comedor con un plato en cada mano, seguido de Elena.
-Te tengo que dejar, vamos a cenar ya...
-Vale, avísame cuando sepas algo más.
-Lo haré, adiós.
-Adiós. Te... Bueno, adiós.
Y cuelga. ¿Por qué ha dudado en decirme que me quiere? Ambos sabemos que nos queremos mutuamente. Me quedo con el teléfono en la oreja mientras pienso eso.
-¿Estás bien? -Me pregunta Ian sacándome de mi ensoñación.
-Sí. -Le dirijo una sonrisa algo forzada y me levanto en seguida para que no se dé cuenta.

Más tarde, estamos cada uno en su habitación. Estoy a punto de meterme en la cama cuando pienso que no quiero estar sola. Sin detenerme mucho a pensar en ello, salgo de mi habitación haciendo el menor ruido posible y me dirijo al cuarto de invitados. Toco la puerta con los nudillos suavemente dos veces y abro la puerta un poco.
-¿Si? -Dice Ian.
Abro la puerta del todo y me quedo ahí. Sin saber que decirle. Me da vergüenza preguntarle si puedo dormir con él. Él está sentado al borde de la cama, con el móvil en las manos y con unos pantalones cortos de deporte, sin camiseta. Intento apartar la vista de su torso.
-¿Blair?, ¿qué pasa? ¿estás bien?
Entro y cierro la puerta detrás de mí.
-Sí, es que... Bueno...
Se levanta y viene hacia mí, me coge la barbilla y la alza para que le mire. Noto que me he puesto roja.
-¿Qué pasa? -Intenta reprimir una sonrisa.
Me muerdo el labio pensando cómo decírselo. ¿Por qué me cuesta tanto preguntarle simplemente si podemos dormir juntos? Solo dormir... Ian alza una ceja, esperando a que le conteste.
-Eh... ¿Puedo dormir contigo?
Él sonríe.
-¿Por qué te ha costado tanto decírmelo?
Me encojo de hombros, aún algo colorada.
-No sé.
-No hacía falta ni que preguntaras. Con haber venido aquí y tumbarte a mi lado hubiera bastado.
-Bueno, pensaba que sería mejor avisar.
Vuelve a sonreír.
-Anda, vamos a dormir.
Me dirijo al lado contrario al que él estaba sentado y me meto en la cama. Ian hace lo mismo. Cuando estoy tumbada giro la cabeza a mi derecha para mirarle. Ian apaga la luz de la lamparita. La ventana está justo encima de la cama, y como no ha bajado la persiana se cuela la luz de la luna, que hoy está llena así que puedo verle perfectamente. Me parece que estamos demasiado lejos así que me arrastro hacia él y apoyo la cabeza en su pecho. Él me rodea con los brazos y me abraza. No decimos nada. Con el pulgar me acaricia el hombro durante no sé cuánto tiempo. Esa caricia me relaja y me voy adormilando, hasta que me quedo dormida.

Antes de abrir los ojos sé que algo va mal. No puedo moverme a pesar de estar sentada. Parpadeo para adaptarme a la poca luz que hay, una lámpara sencilla cuelga del techo justo encima de mí. Sólo hay un círculo de luz a mi alrededor de un metro de diámetro más o menos, más allá de él no veo nada. Tiro de mis manos y noto un dolor punzante. Bajo la vista y veo que tengo los tobillos agarrados a ambas patas delanteras de la silla con cuerdas, mis manos están atadas a mi espalda, de ahí la sensación de quemazón al haber tirado con fuerza. Oigo un ruido por delante de mí y entorno los ojos para ver mejor. Mi corazón late enloquecido. Una figura aparece de entre las sombras y entra en el círculo de luz. Distingo al tipo de la foto. Se acerca a mí y se agacha para quedar a mi altura. Me mira con esos ojos penetrantes que hacen que me estremezca de miedo. Alarga una mano para acariciarme el pelo. Intento apartarme pero no puedo, al estar atada.
-Eres igualita que tu madre...
Un escalofrío me recorre toda la espalda. De repente un pañuelo me rodea la cabeza a la altura de la boca y sofoca el grito que suelto.
-¡Blair!
Reconocería esa voz en cualquier parte. Pero, ¿de dónde viene?
-¡Blair! -Repite la voz. 
Cierro los ojos. Si este es mi final, estoy feliz de morir escuchando su voz...
-¡Blair, despierta!
Noto que me sacuden el hombro con fuerza. Abro los ojos de golpe y me incorporo rápidamente, jadeando. Miro a mi alrededor desorientada y por último a mi derecha. De donde provenía su voz. Ian me mira con cara de pánico. De repente recuerdo el sueño que me ha hecho despertarme así y empiezo a sollozar, las lágrimas bañan mis mejillas. Inmediatamente me lanzo sobre Ian y rodeo su cuello con los brazos, abrazándolo. Él me rodea la cintura y me abraza muy fuerte.
-Ya está, tranquila. Solo era una pesadilla. -Sube una mano para acariciarme el pelo-. No es real...
Su voz y su contacto me tranquilizan y los sollozos van remitiendo. Ian me separa un poco de él para cogerme la cara entre sus manos y me retira las lágrimas con los pulgares.
-¿Quieres contármelo?
-No... Ya está, no ha sido nada. -Intento sonreírle.
-Nada es precisamente lo que no parecía.
Miro hacia otro lado, rehuyendo su mirada para que no se preocupe.
-¿Estamos solos? -Pregunto al darme cuenta de que no se oye nada aparte de nuestras voces.
-Tu padre ha recibido una llamada... -Se interrumpe.
Vuelvo la vista a él, sabiendo ya a lo que se refiere.
-Se han ido poco después. -Sigue diciendo.
-¿Cuánto hace?
Agarra mi muñeca, donde tengo el reloj que olvidé quitármelo para dormir.
-Hace una hora y poco.
Aparto mi muñeca de entre sus manos bruscamente. Para suavizar el gesto le doy un beso en la mejilla y me levanto de la cama. Ian me mira con una ceja alzada ante mis prisas.
-Voy a ir allí, por supuesto.
-Lo imaginaba. -Me sonríe y se levanta también. Veo que esta vestido ya-. Voy contigo.
-¿Aún no te cansas de mí? -Digo en broma, pero mi tono está teñido de un ligero miedo.
Se acerca a mí hasta que nuestros cuerpos se tocan.
-Eso nunca. -Me dedica su sonrisa de lado y no puedo evitar sonreírle también.
Pongo mis manos a ambos lados de sus mejillas y le beso. Tras unos segundos así, me aparto. Él tarda un poco en abrir los ojos.
-Voy a vestirme. -Le digo y acto seguido voy a mi habitación.

Entramos en la misma sala de espera de la otra vez. Veo a Elena sentada en una de las sillas y voy hacia ella. Esta se levanta y viene hacia mí. Como si la conociera de toda la vida me lanzo a sus brazos y ella me rodea con los suyos. Las lágrimas amenazan con salir nuevamente, pero las retengo.
-No queríamos despertarte. Lo siento. -Me dice cuando nos separamos.
-No pasa nada... ¿Sabes algo?
Se encoge ligeramente de hombros.
-Nada, no me han dejado entrar.
-A mí seguro que sí.
Me doy la vuelta, dejando a Ian y Elena con expresión sorprendida y me dirijo al despacho de Héctor. Entro sin llamar y cierro la puerta detrás de mí. Mi padre y Héctor se sobresaltan con mi entrada. Sin darles tiempo a reaccionar me acerco a la mesa.
-Blair, hola. -Dice mi padre.
Hay unas fotos sobre el escritorio. Pero Héctor se inclina sobre ellas, cruzando los brazos y no puedo verlas bien.
-Hola, papá. -Le saludo sentándome a su lado. Me mira ansioso, como si yo estuviera en alguna clase de peligro.
-Señorita Cooper. -Me saluda Héctor a modo de saludo.
Le dirijo una sonrisa nerviosa.
-¿Saben algo?
Héctor no aparta la vista de mí y me revuelvo incómoda en la silla.
-Hemos encontrado un garaje privado. Otro registro de su antiguo apartamento nos llevó hasta allí. También está abandonado. Lo único que había dentro eran fotos por todas partes. -Se para en seco.
-¿Qué fotos?
Ninguno de los dos dice nada. Miro a mi padre, sigue con la misma mirada que antes, pero mantiene la vista clavada en la mesa.
-¿Qué fotos? -Repito mirando a Héctor.
Este retira los brazos de la mesa y se apoya en el respaldo. Me levanto de la silla y me inclino sobre la mesa para verlas mejor. Esperaba ver fotos parecidas a las que encontraron en su apartamento. Pero al verlas me quedo helada sobre la mesa. Todas son fotos mías, en Los Ángeles.

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