.

jueves, 30 de abril de 2015

Capítulo 31.

-¡No sé que coño ponerme! -Grito sola en mi casa mientras dejo el armario hecho un desastre.
Voy tirando la ropa que me pruebo por toda la habitación, me he cambiado unas diez veces y sigo sin convencerme de nada de lo que me pongo. Son las seis y en una hora tengo que estar en la exhibición de baile. ¿Pero por qué me como tanto la cabeza por la ropa? ¿Por volver a causar buena impresión a Isaac? "¿Hola? ¿Blair? Quieres a Ian ¿recuerdas?". Empiezo a pensar que estoy siendo un poco suelta, primero Matt -aunque ya está arreglado todo- y ahora a saber qué pasa con Isaac. El chico es guapo y creo... Que me puede llegar a gustar pero siento como que estoy engañando a Ian. Hace cinco días exactos que hemos cortado y no sé nada de él. Le conté lo que hice, me disculpé, le expliqué por qué y le dije por primera vez con palabras que le quería, aunque menudo momento elegí yo también... Hago un último intento con la ropa y acabo con unos leggins azul marino, una blusa de tirantes blanca y unas sandalias marrones. Voy al baño a maquillarme y cuando acabo ya son y media. Cojo un bolso marrón y me lo cuelgo al hombro. Le doy un beso a Loki entre las orejas y salgo de casa. Cuando estoy en la calle suspiro, tengo que comprarme un coche ya...

El autobús para en frente de Pershing Square Downtown y voy al paso de cebra más próximo para cruzar. Me invade una sensación de Déjà vu. Cuando estoy al otro lado me dirijo al centro de la plaza, miro mi reloj de pulsera, las siete y cinco. Me voy acercando a unas gradas que tienen toda la pinta de haberlas montado en un momento. La gente está sentada ya y voy a un sitio libre en las filas del medio. En cuanto me siento veo en frente una especie de alfombra en el suelo para bailar. Los bailarines están más atrás, hablando entre ellos. Hay muchos y no veo ni a Isaac ni a Marnie. Miro mi móvil por hacer algo y tengo un mensaje.
19:00 Mel: Qué tal? Has visto a tu chico?
19:08 Yo: Estoy ya en las gradas, pero no le veo...
Cuando bloqueo el móvil y levanto la vista están ya todos los bailarines sobre la alfombra, Isaac y Marnie están en la primera fila y me sorprende el pequeño infarto que me ha dado al verle. Veo que él recorre las gradas con la mirada y en cuanto me ve me sonríe, yo le saludo tímidamente con la mano. Una mujer de unos treinta y pico años adelanta a todos los bailarines y empieza a hablar, aunque no lleva micrófono ni nada se le oye perfectamente. No escucho lo que dice porque estoy embobada mirando a Isaac, lleva unos pantalones grises de chándal que acaban en puño en el tobillo, una camiseta negra ceñida de manga corta y unas Adidas. Esa camiseta hace que se le marquen los músculos de los brazos y del torso... De repente empieza la música y me sobresalto. Todos se mueven al unísono pero solo me fijo en una persona, aunque es un poco difícil cuando se va a la fila de atrás y los de detrás van adelante. En un momento de la canción todos se ponen rápidamente en parejas, él se pone con Marnie y bailan bastante pegados. Si no me cayera bien la chica me enfadaría un poco. Me imagino las manos de Isaac en la cintura de Marnie sobre la mía... Otra punzada de culpabilidad, "¿pero qué me pasa?". Cuando acaban de bailar el público se pone a aplaudir y hago lo mismo. Los ojos de Isaac se vuelven a posar en los míos y le sonrío un poco. Él me devuelve la sonrisa y me guiña un ojo. Noto como me sonrojo y bajo la vista. La mujer de antes vuelve a hablar animando a la gente a apuntarse a la academia y nos da las gracias por venir, Isaac no me quita la vista de encima y me toco el pelo nerviosa. La mujer termina de hablar y el público empieza a aplaudir, yo incluida, para no quedar mal aunque no me he enterado de mucho de lo que ha dicho. Todos se desperdigan, la mayoría de los bailarines vienen a las gradas a saludar a sus amigos. Marnie viene hacia mí, seguida de Isaac. Yo me levanto y nos encontramos en las escaleras para bajar.
-¡Has venido! -Me dice ella en cuanto está frente a mí.
-Te dije que lo haría. -Le sonrío.
-Bueno, aún así pensaba que lo hacías para no quedar mal diciendo que no. -Se sonroja un poco.
Río, sin saber qué más decir.
-Os dejo, que tengo que hablar con una amiga. -"¿Os?"-. Gracias por venir Blair.
-De nada.
Ella se marcha y Isaac ocupa el lugar de Marnie hace unos segundos. Como está una escalera más abajo estamos a la misma altura.
-Hola. -Me saluda con una sonrisa.
-Hola. -Sonrío tímidamente.
-Estoy sorprendido.
-¿Y eso por qué? -Ladeo ligeramente la cabeza.
-Bueno, has venido. -Se mete las manos en los bolsillos del chándal y no sé por qué pero está muy sexy en esa pose-. Y eso sin conocernos prácticamente de nada.
-Ya... Sí... No sé. -Me río nerviosamente por qué no sé qué contestar.
Isaac se ríe ante mi reacción.
-¿Damos una vuelta? -Pregunta.
Asiento con una sonrisa. La gente empieza a bajar de las gradas y como solo están estas escaleras nos apretujamos un poco. Isaac hace un gesto con la mano para que pase primero. Empiezo a bajar y noto que él me pone la mano en la espalda. Se me acelera el corazón ante ese contacto. En cuanto estamos abajo y no hay tanta gente retira la mano y se pone a mi lado. Caminamos en silencio unos instantes y pienso en algún tema de conversación que sacar.
-¿Hace mucho que bailas?
-Sí, desde pequeño. Siempre solía ver programas de baile en la tele. -Le miro mientras andamos y veo que mira al frente con expresión de nostalgia-. Intentaba imitar a los bailarines y no se me daba mal. Mi madre me animó a que me apuntara a bailar y aquí estoy.
-¿Y tu padre?
-Murió. En un accidente de avión.
Siento de repente una profunda compasión por él.
-Lo siento mucho.
-Gracias.
-Mi madre también murió.
Por el rabillo del ojo veo que me está mirando, supongo que se preguntará por qué.
-Accidente de coche. -Pongo demasiado énfasis en la palabra "accidente" espero que no se haya dado cuenta.
-¿Cuántos años tenías?
-Trece.
-Yo tenía nueve.
Y no decimos nada más durante unos minutos. Llegamos a un Starbucks y entramos, nos acercamos a la barra.
-¿Qué os pongo? -Dice la camarera.
Por su tono de voz se nota que está harta de su trabajo. Reprimo una sonrisa ante su tono, porque yo también lo estoy, al menos del de la cafetería.
-A mí un batido de chocolate.
-Dos. -Dice Isaac.
Cuando los tenemos, tras pelearnos cariñosamente por pagar, -al final ha pagado él- nos vamos a un mesa y nos sentamos uno en frente del otro.
-Perdona que te pregunte pero... -Dice él tras beber de su batido-. ¿Te... Te costó superarlo?
-Bastante. En realidad creo que aún no lo he superado del todo. Me mudé aquí para apartarme de todo aquello, que me recordaba a ella pero...
-Lo siento, es que nunca había conocido a nadie que supiera lo que se siente.
-No pasa nada. Yo tampoco.
Me dirige una pequeña sonrisa sin alegría.
-Si te digo la verdad, creo que yo tampoco he llegado a superarlo. Hay veces, cuando hablo con mi madre... -Se mira las manos, cruzadas encima de la mesa-. Que estoy a punto de decirle "mamá, ¿me pasas con papá? Quiero..." No sé por qué me pasa pero a veces se me olvida todo eso y pienso que aún sigue aquí.
Me quedo algo embobada escuchándole, es exactamente lo que yo siento. Me mira y recobro la expresión.
-¿Te parece raro si te digo que a mí también me pasa?
Nos miramos unos instantes sin decir nada y yo vuelvo a mi batido. Cojo la pajita y la chupo por abajo, para comerme la nata. Oigo que se ríe y le miro.
-¿Qué pasa? -Digo con una sonrisa.
Él no dice nada, alarga su mano derecha hacia mi cara. Con el pulgar me retira restos de nata de la comisura de la boca. Después se lleva al pulgar a la boca. "Oh, dios mío".  Involuntariamente me muerdo el labio pero él no me ha visto. Después el me mira.
-Te has puesto roja.
Me pongo aún más roja y se ríe, bajo la cabeza un poco para que no me vea.
-Me pasa mucho.
Cuando salimos me acompaña a la plaza de antes, pues mi bus solo pasa por allí. Nos detenemos en la parada y tras intercambiar los números nos despedimos.
-Pues ya nos veremos por ahí. -Dice.
-Sí, puede que te vuelva a encontrar en alguna otra batalla.
Reímos. El autobús se acerca a lo lejos, Isaac sigue la dirección de mi mirada y al verlo me vuelve a mirar.
-Bueno. Hasta otra.
-Hasta otra. -Repito y le sonrío.
Nos quedamos mirándonos intensamente y se acerca a mí. Me asusto un poco por dentro ante la idea que me bese, porque me viene la imagen de Ian a la mente. Pero él no se dirige a mis labios, sino a mi mejilla. Cuando sus labios entran en contacto con mi piel cierro los ojos. Son muy suaves. Estoy a punto de girar la cara para tocar mis labios con los suyos pero no lo hago. Abro los ojos mientras se aparta de mí y me dirige una última sonrisa. Yo se la devuelvo, algo colorada -cómo no- y entro en el autobús, que acaba de llegar. Cuando me siento en los asientos del fondo veo que él está esperando. El autobús se pone en marcha y yo me despido una última vez de él con la mano. Él asiente con la cabeza y me guiña un ojo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario