-Me alegra que te guste.
Le miro, tiene la vista al frente y contempla el horizonte. Al darnos el sol, con esa luz sus ojos tienen un ligero tono celeste. Al darse cuenta de que le miro gira la cabeza y me sonríe. Yo hago lo mismo.
-¿Vienes mucho aquí? -Le pregunto.
-Sí, cuando tengo muchas cosas en la cabeza.
-¿Ahora las tienes?
-No, quería compartir este lugar con alguien.
Dejo de mirarle y fijo la vista al frente.
-Me alegro de que me escogieras a mí.
Por el rabillo del ojo noto que me está mirando otra vez y con una mano me acaricia la mejilla. Vuelvo a mirarle y él se acerca a mí.
-No deseo compartirlo con nadie más. -Dice antes de juntar sus labios con los míos.
Llevo mi mano a su mejilla y con el otro brazo le rodeo el cuello, atrayéndole hacia mí mientras sus labios se mueven insistentes con los míos. Bajo la mano hacia su pecho y noto sus fuertes músculos, tiene el corazón acelerado, igual que el mío. Oímos un ruido, como de alguien moviendo un arbusto y nos separamos inmediatamente. Yo le miro con expresión de pánico pero él al contrario me devuelve la mirada muy relajado. Seguidamente me da un suave apretón en el brazo para tranquilizarme.
-Rápido, yo bajo primero. -Me dice.
Retiro mis manos de él, que se gira mirando hacia el otro lado, yo hago lo mismo. Se impulsa hacia abajo y cae flexionando las rodillas. Se gira para mirar hacia arriba, en mi dirección y levanta los brazos hacia mí.
-Vamos, yo te cojo. -Dice en voz suficientemente baja para que le oiga.
Miro hacia abajo aterrorizada, habrá unos dos metros y poco de caída mas o menos. Pero tengo toda mi confianza en él así que me impulso y con un jadeo caigo con los ojos cerrados. En seguida noto el suelo bajo mis pies y sus manos sujetándome fuerte, amortiguando la caída. Al incorporarme oímos un ruido de pasos a nuestra derecha, los dos miramos hacia allí.
-Será un guarda, vámonos. -Me dice bajito.
Me coge fuerte de la mano y tira de mí, nos ponemos delante de las letras, esquivando el contacto visual con el guarda, o quien sea. El sol ya se ha puesto así que ahora se ve mucho menos. Andamos con paso apresurado evitando las plantas para no hacer ruido, ya empezamos a bajar la primera cuesta con cuidado de no caernos. Al llegar al súper escalón guay de tierra gigante baja él primero y yo me siento para tener el suelo más cerca. Se gira hacia mí, me coge por la cintura y me baja. Vuelve a cogerme la mano y al llegar a la zona llana de antes tira de mí hacia la derecha, al llegar detrás de un arbusto nos agachamos y observamos. No veo a nadie por donde hemos venido.
-No nos sigue. -Digo en un susurro.
-Ahora es el camino difícil -Me mira y yo hago lo mismo-. No te sueltes y quédate detrás ¿vale?
Asiento, nos dirigimos a la bajada saliendo de nuestro escondite, apenas hay luz ya. Le agarro de la mano y empezamos abajar, a paso lento. Porque nos resbalamos.
-¡Eh, vosotros! -Oímos que gritan desde arriba.
Yo giro la cabeza hacia atrás aterrada. "Nos van a pillar".
-Blair, no mires atrás. Vamos.
Tira suavemente de mi mano y seguimos bajando. ¿Cómo puede estar tan tranquilo? Le agarro fuerte de la mano, estamos ya casi abajo y yo, ansiosa por llegar hecho a correr confiada, tirándole de la mano. Ya es de noche y todo está oscuro.
-Espera no corr...
Me resbalo y por la velocidad caigo hacia atrás. Ian intenta cogerme y se cae al suelo conmigo encima, resbalamos hacia abajo lo poco que queda de cuesta. Al frenar él se empieza a reír a carcajadas. Me quito de encima de él y le miro levantándome. Sigue partiéndose de risa.
-Tranquila... Ya no nos siguen. -Dice entre carcajadas.
-¿Te estás riendo de mí? -Digo con fingido disgusto.
Él se limpia las lágrimas de los ojos.
-La escena ha resultado muy graciosa. -Dice mientras se levanta.
Reímos los dos y andamos hasta el final del camino, estamos a unos metros del coche. Me acuerdo otra vez de la caída y me echo a reír, ya estamos al lado del coche. Me mira curioso.
-¿Qué es tan gracioso?
-Lo de antes. -Sigo riéndome.
Se une a mi risa y al parar nos quedamos mirándonos dejando de reír, frente a frente. Vuelvo a notar esa electricidad entre los dos, que me atrae a él.
Veo la decisión en sus ojos, a pesar de la poca luz y él acorta la distancia entre los dos con una zancada, me coge la cara con las manos, con un jadeo, me besa. Yo cierro los ojos, y él me conduce hacia atrás. Pongo las manos en sus brazos para no caerme. Choco con un lado del coche de modo que quedo aprisionada entre él y el vehículo, sin poder moverme. Ian baja las manos hacia mi cintura, acariciándome el cuerpo a su paso. Mi corazón late enloquecido. Me explora la boca con la lengua y gimo, llevando mis manos a su pelo, besándole con más ansia. Nos abrazamos muy fuerte, como queriendo fundirnos en uno. Unos pasos apresurados pisando la tierra nos sacan de nuestra burbuja. Separamos nuestros labios y miramos hacia donde procede el sonido.
-Mierda, el guarda. -Se aleja de mí y va hacia el lado del conductor.- ¡Sube al coche!
-¡Deteneos! -Oigo.
Rodeo el coche corriendo mientras Ian arranca, en cuanto entro acelera y me pongo el cinturón. Da la vuelta derrapando y yo me agarro a los lados. Oigo como se ríe y conduce a toda velocidad. Al alejarnos aminora la velocidad. Mi respiración ya ha vuelto a la normalidad. Entre el beso y el susto... El beso, dios. Me pongo roja.
-¿Todas tus excursiones fuera de Los Ángeles son así?
-Más o menos.
Le miro y alzo una ceja.
-Es broma. -Me sonríe.
Alargo el brazo para encender la radio, pero ahora están en publicidad.
-Cuéntame algo de ti. -Dice con la vista fija en la carretera.
-¿Qué quieres saber?
Me entra el miedo, mi vida no es que sea muy interesante.
-¿Cuándo viniste a vivir aquí?
-Cuando cumplí los dieciocho.
-¿Y cuántos tienes ahora? Si no te importa la pregunta.
-Que va, veintiuno.
-Veintiuno... -Dice pensativo.
-¿Qué pasa? -Me río un poco-. ¿Cuántos tienes tú?
-Treinta y cinco.
Vaya, parecía mucho más joven. Pero no me importa en absoluto. Me mira para evaluar mi reacción, pero sigo tan normal.
-¿No te parezco mayor?
-No. -Digo seriamente.
Él se ríe.
-¿Y por qué Los Ángeles? -Noto curiosidad en su tono-. Está bastante lejos de donde vivías.
Ya hemos entrado en la ciudad.
-Siempre había querido venir aquí y porque... -Callo un momento.
-No tienes por qué decírmelo si no quieres.
-No, no, está bien. Quería cambiar de aires, no quería seguir allí cuando todo me recordaba a mi madre y aún no lo había superado del todo.
Le miro para ver su reacción, sigue con la vista al frente, concentrado.
-¿Piensas mucho en ella?
-Casi todos los días. -Contesto de inmediato-. Pero no como antes. Cuando estaba en Málaga pensaba en ella en la forma de... De lo mucho que la echaba de menos, en su pérdida. Al venir aquí... Me ayudó a superarlo. Empezar de nuevo. Claro que sigo pensando en ella, pero de una forma sana... No sé bien como explicarlo.
Observo como analiza mi respuesta, seguramente sorprendido por mi sinceridad.
-Pero hay días que me siento como si siguiera aquí, como si nunca se hubiera ido. Me encierro en esa burbuja y al salir de ella... Me derrumbo. -Se me quiebra la voz.
Ian acerca su mano derecha a la mía, que está en mi regazo y la coge.
-Siento haber sacado el tema. -Me acaricia con el pulgar los nudillos.
-No lo sientas. -Me estremezco ante sus roces-. Me viene bien sacar lo que siento.
Para en un semáforo y me mira. Levanto la vista de nuestras manos unidas hacia él y me encuentro con sus ojos. Sin dejar de mirarle muevo la mano que está cogida a la suya y entrelazo mis dedos con los suyos. Ian baja la vista hacia nuestras manos y me aprieta suavemente, me vuelve a mirar. Pero no consigo entender su expresión. Un pitido del coche de atrás nos saca del trance, el semáforo ya está en verde. Ian me suelta la mano y vuelve a mirar al frente. Acelera y en nada estamos delante de mi casa. "¿Le digo que suba? No quiero separarme de él..."
-¿Quieres subir? -Digo con voz nerviosa, mirando por la ventana.
Acto seguido le miro, él debe de notar mi nerviosismo y sonríe.
-Me encantaría, pero tengo que hacer un pequeño recado.
-Vale... -Digo con una punzada de decepción.
-¿Otro día? -Me sonríe.
No le devuelvo la sonrisa y miro sus labios. Me desabrocho el cinturón y me acerco a él. Al ver mi intención él también se acerca hasta que nuestros labios se unen. Estamos así, sin movernos unos instantes. Ian se separa un poco, roza con su labio superior el mío inferior de arriba a abajo una vez y se me acelera la respiración. Le miro los ojos a esa distancia, abrasadores.
-A... Adiós. -Tartamudeo.
Él sonríe y se separa un poco.
-Dulces sueños. -Me guiña un ojo.
"Espero que contigo". Salgo del coche y al llegar al portal me doy la vuelta. Me está mirando y le sonrío, despidiéndome con la mano, él hace lo mismo, sonriendo. Me vuelvo a girar y entro dentro.
Dejo el móvil en la mesita y me tumbo en la cama. Vale, me he enamorado de él. Así de rápido, así de simple. Y tengo miedo, miedo de acabar saliendo herida emocionalmente. Miedo de que se canse de mí, de no ser suficiente para él. Miedo de no poder seguir el ritmo al que va su vida. Debería dejar de preocuparme por cosas futuras que podrían pasar y vivir el presente.
Me levanto a por mi ordenador portátil y vuelvo a la cama, ya con el pijama puesto y me tapo con el edredón poniendo el ordenador sobre mi estómago. Entro en la Wikipedia haciendo algo que nunca habría pensado que haría, buscar en Internet sobre el chico con el que estoy, o no estoy, no lo sé. Esta es la única manera de verle otra vez aunque sea en una pantalla. Voy a la sección de filmografía saltándome toda la parrafada sobre su vida y algunas fotos con una chica que miro de refilón, ya las miraré más adelante. O no. Si leo todo esto siento como que estoy invadiendo su privacidad.
Escojo una película al azar y la busco; Wake. Espero a que cargue un poco y le doy al play. A los 5 minutos ahí está él. Vestido de traje, en un funeral, mirando pensativamente al frente.
A mitad de película está con la otra chica rubia protagonista, están en la cama dándole al asunto. Pongo los ojos en blanco. Me despreocupo totalmente de la chica y me fijo en él, su espalda, sus fuertes brazos, sus ojos cerrados y su expresión cuando llega a... Involuntariamente me abanico con la mano. Yo podría ser esa chica en algún momento, se me acelera el corazón.
Cuando acaba la película, mirando los créditos me quedo dormida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario